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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

27 Diciembre 2006

El increíble caso del médico de Fidel, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia

¡QUÉ país más entretenido tenemos! ¡Qué arte demuestran algunos para obtener rentabilidad política de los acontecimientos más nimios! Resulta que el entorno de Fidel Castro pidió auxilio a un médico español: el jefe de cirugía del hospital público de Madrid Gregorio Marañón. Reclamó sus servicios para que acudiese a Cuba a hacer un diagnóstico del anciano dictador. El médico acudió, vio a Fidel y descubrió que no padecía cáncer, sino una hemorragia derivada de la última intervención quirúrgica. Arreglado eso, el estado de salud del comandante es tan bueno que podría volver al poder.

Ahí debería terminar la noticia. Para unos, la buena noticia, porque Castro no está muerto, como decía el rumor. Para otros, la lamentable noticia, porque la parca se resiste a privarnos de otro dictador. Pero estamos en España, y la polémica se abrió ayer, cuando salió nada menos que el portavoz de Exteriores del PP, el muy valioso Gustavo de Arístegui, a elevar el asunto a rango de derechos humanos: hay que reconocérselos incluso a un ogro como Fidel, pero eso no impide que sea un dictador cruel. Y remató la faena Esperanza Aguirre, que lamentó que el régimen de Castro haya pedido esa ayuda.

Con lo cual, apunten ustedes el tsunami que la aventura del doctor ha provocado. Acentuó el carácter nacionalista de Madrid, que utiliza el episodio casi con la misma fe con que Arzalluz reivindicaba el RH de los vascos. Instiga los impulsos reivindicativos del contribuyente madrileño, que pregunta si sus impuestos se usan para socorrer a dirigentes extranjeros, y la presidenta Aguirre tuvo que explicar que el viaje no fue pagado por su Gobierno. Sirvió para una nueva condena del comunismo, que tiene que pedir ayuda al podrido capitalismo. Se usó para hacer propaganda contra el régimen de Castro, que presume de una magnífica Sanidad, pero es incapaz de diagnosticar la enfermedad de su fundador. Y revela el comportamiento de nuestros dirigentes más espabilados, como Esperanza Aguirre, que aprovechan el suceso para la caza de votos: «¿Qué ocurrirá -se preguntó- con los demás habitantes de la isla y especialmente con sus presos políticos?».

Hay que sospechar que, cuando Zapatero se ponga a tiro de periodista, será interrogado también por el episodio. Ya puede tener una respuesta preparada. Y si no, se lo preguntarán a Fernández de la Vega al término del próximo consejo de ministros. Somos especialistas en convertir pequeños acontecimientos en asuntos de Estado. El próximo debate ético, ya lo verán, consistirá en discutir si la medicina puede salvar la vida de dictadores. La comparación preferida ya es ésta: ¿qué habría ocurrido si le hubiéramos mandado un médico a Pinochet?

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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