Los minutos basura, de Juan Neira en El Comercio
En los minutos basura del fin de año -como se diría en la jerga futbolística-, Zapatero ha pedido la palabra para hablar sobre el llamado 'proceso de paz'. El presidente ha asegurado que dentro de doce meses estaremos mejor que ahora. No es un juicio muy arriesgado, porque si se reduce el campo de análisis a la fórmula, 'mejor/peor', tiene un 50% de probabilidades de acertar. Esto en teoría, porque en la práctica, como el proceso está a cero, es muy fácil que las cosas vayan mejor, sobre todo si se hacen algunas concesiones a la banda. El presidente no ha querido confirmar o desmentir un hipotético acercamiento de presos ni ha dado su parecer sobre el escondite (hablar de zulo es aceptar la mística del lenguaje de ETA: muga, zulo, ekintza, gudari) con explosivos localizado cerca de Bilbao. Entrar a analizar esas cuestiones sería valorar el proceso de paz en términos concretos, pero Zapatero, al igual que De la Vega, siempre prefiere referirse en términos abstractos («no regatearemos esfuerzos para alcanzar el fin de la violencia») o brumosamente morales: «La paz es incompatible con cualquier forma de terror». De esa forma parece que está diciendo todo y no dice nada.
La gente quiere que le cuenten cosas concretas, como ese médico de Madrid que auscultó a Fidel Castro y dijo que no padecía ninguna enfermedad mortal, sino las complicaciones de un síndrome menor, propias de un octogenario. Con el proceso de paz ocurre lo mismo, tras nueve meses de manosear los términos estamos como al principio: buscando la cara del fantasma. Y entonces llega Zapatero y nos habla tras la bola de cristal: dentro de un año estaremos mejor. Tú sabrás.
En los minutos basura, Zapatero también se refirió a la economía, lo que es casi una novedad. En dos años y medio de mandato, el presidente no habló más de media docena de veces de la economía española, pese a estar en una fase de creación de empleo masiva. Lo que más le tocaba airear al Gobierno socialista es lo que más se silencia desde La Moncloa, porque siempre tiene prioridad una declaración sobre la memoria histórica, la Ley de Igualdad, la alianza de las civilizaciones y, por encima de todo, el proceso de paz. Tanto hablar de hoja de ruta para el proceso y aquí falta un guión para gobernar.
