¿Cuándo se acaba una tregua?, de Roberto L. Blanco Valdés en La Voz de Galicia
EL PRESIDENTE del Gobierno proclamaba anteayer solemnemente, hablando del fin de ETA, que «dentro de un año estaremos mejor que hoy». Rodríguez Zapatero no sabía entonces, como es obvio, que menos de veinticuatro horas después de trasladar a la opinión pública esa animosa previsión ETA iba a hacer estallar una furgoneta bomba potentísima en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas.
El optimismo del presidente procedía, probablemente, de la información que le habían trasladado los representantes que en su nombre se habían entrevistado el 15 y 16 de diciembre con Josu Ternera y otros miembros de la cúpula de ETA: que la tregua seguía, pese a las reiteradas amenazas de los terroristas de romperla. Aunque el ministro del Interior no desmintió ni confirmó la celebración de la reunión, las informaciones publicadas al respecto, con todo lujo de detalles, en medios muy cercanos al Gobierno no dejaban lugar a dudas sobre el hecho de que aquélla tuvo lugar en los términos que posteriormente hemos podido conocer.
Así las cosas, para explicar el gravísimo atentado de Barajas -que lo sería más aún si se confirmase la muerte de las personas que se dan por desaparecidas cuando escribo- sólo caben dos opciones: o bien que estamos ante otra tregua trampa, utilizada por ETA para recolocar sus efectivos tras el acoso que la puso al borde de la desaparición; o bien que los terroristas consideran que las bombas no afectan a la tregua y que es posible, pese a ellas, que el Gobierno siga conversando con ETA y Batasuna.
En la primera hipótesis, el Gobierno hará lo único que cabe: tomar nota y actuar en consecuencia. Es la segunda hipótesis la que plantea más problemas, pues la tentación que Rodríguez Zapatero ha de superar es la de considerar, de hecho, y más allá de lo que ayer por la tarde proclamó, que puede seguir buscándose una solución dialogada al terrorismo sin exigir a los terroristas que, de verdad, abandonen previamente la violencia de un modo definitivo e irreversible.
Por más que ese fuese teóricamente el planteamiento de partida del Gobierno, plasmado en la resolución de mayo de 2005 del Congreso, lo cierto es que en la práctica se ha mantenido abierta durante meses la negociación con ETA-Batasuna pese a las cartas de extorsión, el atentado de Barañáin, la creciente violencia callejera, los disparos al aire en Oyarzun, el robo de pistolas en Francia y la preparación de zulos en España. Algunos dijimos, desde el principio, que seguir hablando en esas condiciones era enviar a ETA el peor mensaje imaginable. Los terroristas lo confirmaron, de un modo dramático, ayer por la mañana.
