El año del molino… y las buenas migas, de Mario Gaviria en La Vanguardia
COYUNTURA
Los jóvenes viven el éxito económico mirando hacia otro lado y sin acabar de entenderlo
En China es el año del cerdo. Nuestro nuevo animal totémico, que tampoco tiene desperdicio, es el aerogenerador símbolo sostenibilidad: produce sin consumir ni contaminar. El plato del año van a ser las migas, pan reciclado con aceite sostenible, las buenas migas: la reconciliación que ya está en marcha.
El último año ha sido, una vez más desde hace veinte, el mejor de nuestra historia. La población joven vive el éxito mirando hacia otro lado sin acabar de entenderlo y al ministro Solbes le miran con condescendencia como si fuera el abuelo batallitas.La historia española en los últimos 50 años es el cuento de la lechera con final feliz.
Cuando el CIS pregunta a los españoles sobre los problemas señalan el paro, terrorismo, inmigración y vivienda. Para mí el paro y la vivienda son ya dos falsos problemas herederos no del pensamiento único sino del pensamiento inercial y rutinario. Se sigue hablando de paro a pesar de existir una situación de pleno empleo, veinte millones de cotizantes en alta de la Seguridad Social y tres millones de inmigrantes trabajando, cazados al lazo por empresarios agobiados por falta de brazos. Del paro se irá hablando cada vez menos como sucedió con la Inquisición, la España negra, la guerra de Cuba, la autarquía, los caciques, los señoritos, la reforma agraria o los sindicatos verticales. En España, como en Europa y en EE. UU., faltan muchos técnicos y científicos con muy alta preparación y de eso no se habla. El éxito económico de las empresas españolas y de la propia Administración, incluida la autonómica y municipal, es que, contra todo pronóstico, España es un país de excelentes gestores; ni somos especialmente violentos ni crueles ni ignorantes ni desorganizados. La gente llana paga religiosamente los impuestos y los corruptos y chorizos irán acabando en la cárcel.
No estamos ante un problema de vivienda sino de insolvencia de un 10% de la población que se quedó sin chollo en propiedad. España tiene la mayor tasa del mundo: una vivienda cada dos habitantes. Tenemos ciudades excelentes, unas 150 mayores de 50.000 habitantes. La calidad de las viviendas están entre las mejores del mundo. Tenemos magníficos arquitectos e ingenieros, albañiles e incluso promotores. Solo así se pueden fabricar 17 viviendas cada 1.000 habitantes y año, record mundial aquí erróneamente vivido como un fracaso. A la población no se le explica que la vivienda no es un consumo sino ahorro e inversión, una producción, la producción del espacio que es más importante que la producción de otros bienes (automóviles, por ejemplo).
El 90% de los españoles habitan viviendas de su propiedad (el 30% aproximadamente pendiente de acabar de pagar las hipotecas). La revalorización de la vivienda, como la revalorización del Ibex 35 no puede ser vivida como un gran mal sino como un gran éxito. No había ningún argumento razonable para que las ciudades, las viviendas o las empresas españolas estuvieran infravaloradas con respecto a Francia, Inglaterra o Alemania. La ventaja de la vivienda en propiedad es que la revalorización ha llegado como el buen sorteo del gordo, muy repartido, bien distribuido. Al 10% de españoles que todavía no tienen vivienda en propiedad, ni la van a heredar de manera inmediata, y a los cinco millones de inmigrantes hay que integrarlos en la sociedad española implantando un nuevo derecho, el Duvipro, el Derecho Universal a la Vivienda en Propiedad, como la salud, la educación y los servicios sociales: que accedan a la vivienda con precios del 2000 financiados con un pequeño impuesto de plusvalía sobre las viviendas de los demás ya revalorizadas.
La inmigración es el otro éxito español en los últimos diez años. Han llegado cinco millones de personas que están arrimando el hombro y que se quedarán, como uno más, entre nosotros. Vamos a llegar a sesenta millones de habitantes que van a disfrutar del capital público, de los más modernos equipamientos e infraestructuras acumuladas. Los judíos hablan de la tierra prometida de Israel, los musulmanes de Al Andalus pero la verdadera tierra, no prometida sino sudada a pulso, es la península Ibérica, la tierra de María Santísima, el luminoso objeto de deseo residencial de nuestros compatriotas europeos que también bienvenidos sean. España es para los inmigrantes, tierra de poblamiento, espacio de integración, una máquina de asimilar. Para los turistas clínica de rehabilitación de la fuerza de trabajo y un geriátrico soleado, el goce merecido. La producción del espacio va a continuar. La ministra de Medio Ambiente acierta cuando propone limitaciones, exige honradez, y un gran debate sobre la Ordenación del Territorio y los recursos naturales.
En el 2007 entramos en la generalización práctica y concreta de la idea de sostenibilidad. España está entre las tres primeras potencias mundiales en tecnología y producción de energías renovables que van a crecer exponencialmente gracias a un hecho nuevo en la historia económica y energética de España: los beneficios, los excedentes, las plusvalías de las grandes empresas constructoras e inmobiliarias, gente dinámica y audaz, se están pasando a las energías renovables (Acciona, Ferrovial, ACS, etcétera). TheEconomist viene advirtiendo que va a llegar el boom mundial de las renovables. En España ya llegó gracias, entre otras cosas, a la continuidad y acertada colaboración entre el PP y el PSOE en la política de tarifas para las renovables en los últimos 25 años. La Unión Europea la ha reconocido como el mejor modelo y las constructoras y las inmobiliarias también. El ladrillo produce kilovatios sostenibles. A final del año 2007 habrá en España 15.000 megavatios eólicos de potencia instalada, doble que la energía nuclear.
Tanto crecimiento y tanta riqueza generados por el mercado han agravado las desigualdades en España, especialmente para el 5% de la población en situación de exclusión social, gran parte de los cuales son inmigrantes africanos-musulmanes incrustados, la pobreza y marginación que más debe preocuparnos y sobre la que hay que intervenir de manera urgente antes de que sean insostenibles.
