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Caffè Reggio

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1 Enero 2007

Luego del tsunami, la vida sigue en reconstrucción, de Bill Clinton en Clarín

Se cumplieron dos años desde que el tsunami del 26 de diciembre de 2004 llevó devastación y sufrimiento a las comunidades costeras del Océano «índico. Sus consecuencias fueron trágicas: más de 200.000 muertos, dos millones de personas desplazadas, 370.000 viviendas destruidas o dañadas, unos 8.000 kilómetros de costa devastados y 3.000 kilómetros de carreteras arruinados.

El tsunami también fue algo sin precedentes en lo relativo a la magnitud de la respuesta de los donantes, los gobiernos afectados y sus ciudadanos. Los que se quedaron sin hogar recibieron refugio; se alimentó a quienes tenían hambre; se evitaron las enfermedades y en el transcurso de los últimos veintidós meses se logró una importante recuperación. Se reconstruyeron o repararon casi 150.000 viviendas y hay 80.000 más en reconstrucción. Se construyeron más de 1.600 escuelas y centros de salud. Gran número de turistas vuelve a vi sitar la región y el índice de crecimiento económico experimentó un notable aumento.

Al mismo tiempo, las tareas pendientes son de importancia, tanto por su magnitud como por los costos. Todavía quedan 200.000 viviendas por reconstruir o refaccionar. En la provincia indonesa de Aceh, sobre todo, los desafíos de rehabilitar la infraestructura e impulsar el desarrollo económico siguen siendo muy grandes. Resulta alentador que tantos donantes hayan persistido, lo que hizo que las promesas de alrededor de 13.000 millones de dólares se convirtieran en unos 11.000 millones de dólares concretos destinados a proyectos vitales.

Acabo de realizar mi tercer y último viaje a la región afectada como enviado especial del secretario general de la ONU para la recuperación tras el tsunami. En India, Tailandia e Indonesia comprobé una vez más la fuerza que tiene el espíritu humano, así como la decisión de construir un futuro mejor.

Mañana concluye el mandato que me confió el secretario general y mis responsabilidades se transferirán a las Naciones Unidas, el Banco Mundial y otras instituciones. Dado que el trabajo continúa, considero que cuatro enseñanzas derivadas de la reconstrucción luego del tsunami contribuirán al manejo de futuros desastres naturales.

En primer lugar, tenemos que mejorar en lo que respecta al manejo del riesgo. El cambio climático y la conducta humana producirán más catástrofes naturales devastadoras en el futuro. La buena noticia es que los funcionarios de los países a los que afectó el tsunami avanzaron en lo relativo a un sistema regional de advertencia precoz, a legislación de prevención de desastres naturales, a entrenamiento de personal de reacción rápida y a educación pública.

Sin embargo, el financiamiento de la prevención es mucho más difícil de conseguir que el destinado a asistencia después de una catástrofe. Los donantes y los gobiernos de los países en riesgo deben invertir más dinero para garantizar que los sistemas de advertencia precoz lleguen a las comunidades costeras, que se desarrollen e instrumenten códigos de construcción segura y que se hagan evacuaciones.

En segundo término, tenemos que impulsar prácticas de recuperación que impulsen la equidad y contribuyan a revertir el subdesarrollo. En el Distrito Cuddalore de India, por ejemplo, los funcionarios trabajaron con organizaciones no gubernamentales a los efectos de extender el programa de viviendas posterior al tsunami de modo tal que comprendiera hogares nuevos para los dalits y los integrantes de otras comunidades pobres. Muchas de esas personas no perdieron bienes como consecuencia del tsunami, sino que ya vivían en condiciones paupérrimas. Las autoridades de Aceh analizan soluciones similares para ex ocupantes ilegales e inquilinos que no eran propietarios de la vivienda que perdieron en el tsunami.

En tercer lugar, debemos reconocer que la paz resulta imprescindible para todo proceso de recuperación. En Aceh, los grupos en conflicto hicieron a un lado sus diferencias y crearon un entorno positivo para la reconstrucción. Lamentablemente, el tsunami no tuvo un impacto de reconciliación similar en Sri Lanka, donde la recuperación seguirá estancada hasta que las partes reanuden un diálogo serio y restablezcan un cese del fuego.

Por último, tenemos que hacer más por respaldar el talento de los emprendedores locales y las empresas establecidas, tanto nacionales como extranjeras, en lo que respecta a impulsar la economía. Compañías estadounidenses y del mundo entero contribuyeron con generosidad a los esfuerzos de reconstrucción luego del tsunami, pero tenemos que hacer más para que los filántropos se conviertan en inversores y en proveedores de acceso a nuevos mercados.

Hace dos años, millones de personas de todo el mundo respondieron generosamente ante una tragedia de dimensiones históricas. El desafío que tenemos ante nosotros es el de sostener la recuperación, usar las lecciones que aprendimos para mejorar cada vez más nuestra respuesta y reaccionar ante futuras catástrofes. Esa será la forma más adecuada de honrar la memoria de los centenares de miles que murieron como consecuencia del tsunami y de alentar a los millones que sobrevivieron y están reconstruyendo su vida.

Bill Clinton. EX PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS.

Copyright Clarín y Los Angeles Times, 2006. Traducción de Joaquín Ibarburu.

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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