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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

1 Enero 2007

Del tiempo de cerezas al frío invierno, de Floren Aoiz en Gara

En marzo de este año tuve el honor de publicar en este mismo periódico un artículo en el que celebraba la noticia del alto el fuego de ETA, un elemento importante dentro de una sucesión de factores positivos que apuntaban un horizonte esperanzador. Pasados nueve meses, y ante la noticia del atentado en Barajas atribuido a ETA, creo que es imprescindible situar cada fenómeno en su contexto. Lo era entonces y lo es ahora.

Vaya por delante que, como decía Bergamín, yo soy un sujeto ­no un objeto­ y, por tanto, cuanto escribo es subjetivo. Es más, aclaro que este artículo es un manifiesto por el éxito futuro del proceso frente a quienes quieren darlo por finiquitado. Mis reflexiones parten de una gran preocupación por lo mal que se han hecho las cosas en el pasado y pasan por una notable inquietud acerca de este presente convulso, pero miran hacia un futuro que no está escrito. Esa es, precisamente, una de sus ventajas: es posible hacer bien lo que se ha hecho fatal. Pero sólo si realmente se quiere hacerlo.

La declaración de ETA de marzo era consecuencia de una serie de movimientos previos en los que el Gobierno español participó. Es imposible entenderla en otros parámetros. La versión oficial, que apuntaba a una decisión unilateral de ETA movida por su supuesta debilidad, ha quedado desmentida de un modo rotundo por los hechos posteriores. Lo ocurrido en Barajas no puede analizarse al margen del contexto, y ­sobre todo­ de las bases sobre las que se asentaba la declaración de marzo, unas bases que el Gobierno español ha derrumbado con su pésima gestión política del proceso.

Un gobierno que dice buscar la paz no tendría que tener miedo a reconocer que ha trabajado para lograrla. La falta de sinceridad del Gobierno español en esta cuestión parecía, en marzo, un mal menor. A lo largo del tiempo transcurrido desde entonces ha aparecido como síntoma de un problema realmente grave: el Gobierno español quería un proceso de liquidación del independentismo vasco, y tan pronto como contó con la baza propagandística del alto el fuego de ETA echó el freno y fue perfilando una estrategia basada en la persistencia e incluso el agravamiento de la represión y una tan cansina como funesta insistencia en que no estaba dispuesto a pagar ningún «precio político».

Podría apuntar numerosos argumentos contra esa posición, pero dejaré que lo haga “El País”. Algunas de las más penetrantes descalificaciones de esta estrategia se han publicado en ese diario. El pasado día 10 de diciembre varios «expertos» que el periódico no identificaba apuntaban que «el proceso amenaza con derrumbarse debido a la falta de determinación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y a la incapacidad del entorno de ETA de comprender que en una democracia como la española el Ejecutivo no tiene poder absoluto». No merece la pena perder tiempo desmontando la segunda parte del enunciado; nos quedaremos con la primera, que era reforzada con esta idea: «el motivo por el cual el proceso está en crisis es la percepción de ETA y su entorno de que no se les está permitiendo, ni se les permitirá, perseguir sus objetivos por la vía democrática», o con esta otra: «Uno de los entrevistados cuya experiencia negociadora ha estado más vinculada al lado gubernamental de los conflictos afirma que es ‘ridícula’ la idea de que se podía llevar a cabo un proceso de paz serio (...) sin que el componente político de ETA pudiese participar de manera legal en la política. ‘Sencillamente, no se puede’, afirma».

Podríamos añadir a estas reflexiones otros datos, como el de la sentencia inquisitorial contra Iñaki De Juana, ahora mismo al borde la muerte, pero quien mejor ha resumido la actuación de Gobierno español ha sido el propio Rodríguez Zapatero, que se ha jactado de no haber dado un solo paso. El PSOE ha llegado incluso a elaborar un vídeo para acusar al PP de haber realizado movimientos el año 1998.

Y, sin embargo, todavía la víspera del atentado Rodríguez Zapatero hacía un balance positivo del año 2006 y adelantaba que el 2007 sería mejor. De nuevo una ración de optimismo como mecanismo de manipulación de la sociedad y estrategia para eludir responsabilidades. La contraposición entre las palabras huecas de Rodríguez Zapatero y el atentado de unos pocas horas después ha descubierto esta maniobra propagandística. Hace escasos días Rubalcaba convocó con urgencia una rueda de prensa para no desmentir ni confirmar una supuesta reunión con ETA y lamentar una filtración unánimemente atribuida a su propio Gobierno. Sabían que el diálogo entre partidos políticos se había bloqueado y sin duda tenían datos sobre sus relaciones con ETA que los demás desconocemos. ¿A qué ha estado jugando el Gobierno de Rodríguez Zapatero, un gobierno que, es mejor no olvidarlo, llegó a La Moncloa por el hundimiento de un PP que mentía descaradamente?

La inmensa mayoría de la sociedad vasca desea un auténtico proceso democrático que permita la superación del conflicto. Ese proceso es necesario y por eso debe hacerse posible. Ya sabemos cómo no deben hacerse las cosas. También sabemos que la apuesta de la izquierda abertzale no es coyuntural ni superficial, sino un decidido compromiso con el proceso. El Gobierno español y las fuerzas políticas que están a su lado podrían ahora agarrarse al atentado para justificar un inmovilismo que ya era constatable antes de este acontecimiento. Podrían dar por roto un proceso que ellos mismos ya habían hecho inviable. Pero también podrían cambiar de actitud y hacer viable el tiempo de cerezas que tanto anhelamos.

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1 Enero 2007

Un proceso más necesario que nunca, del Editorial en Gara

Un proceso más necesario que nunca

Las situaciones duras y complicadas, y ésta sin duda lo es, requieren, si cabe, un mayor esfuerzo de todas las partes para no frustrar un proceso que hoy es más necesario que nunca. Más allá de las trágicas consecuencias que el atentado perpetrado a primera hora de ayer en el aparcamiento de la terminal número cuatro del aeropuerto internacional de Barajas, en Madrid, pueda tener, urge hoy trabajar con denuedo y altura de miras para recuperar estados y situaciones de responsabilidad y confianza, sin caer en tentaciones partidistas o electoralistas demasiado obvias o en un fácil y estéril juego de acusaciones mutuas por lo hecho y no hecho desde que arrancó el actual proceso abierto en Euskal Herria, especialmente desde que ETA declarara, hace nueve meses, un alto el fuego permanente. Por acción u omisión, según los casos, el proceso político se encuentra hoy estancado. Y urge reflotarlo, sentar bases sólidas (como tantas veces se ha reclamado desde este espacio editorial), demostrar voluntad real de avanzar en un proceso democrático de resolución del conflicto y ganar la confianza imprescindible entre todas las partes para garantizar que los acuerdos, los compromisos renovados, van a poder ser desarrollados y cumplidos por todos.

La situación crítica del proceso hace que hoy sea más necesario que nunca dar los pasos que en estos nueve meses no se han dado, de forma que el mismo pueda responder a las causas reales que mantienen en el tiempo el conflicto; lo que equivaldría, en definitiva, a responder de forma positiva a la voluntad manifestada por una gran mayoría de la sociedad vasca. Obviar las dificultades no ayuda en absoluto; la forma de dar la vuelta a esta grave crisis no es dejar que la oportunidad se pudra, sino afrontar el momento, más allá de poses declarativas o meramente voluntaristas.

Toca apelar a la responsabilidad de todos los agentes para que trabajen con decisión y valentía con el fin de eludir el riesgo de que el conflicto quede enfangado en un círculo vicioso que no llevaría sino a una escalada del mismo. Es preciso sumar voluntades y compromisos en ese sentido, evitar repetir errores y enterrar los viejos bloqueos estructurales. La mayoría social y política de Euskal Herria ha expresado clara y repetidamente la exigencia de que el proceso democrático se ponga en marcha para superar el conflicto político, por encima de los altibajos que surjan en el camino.

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1 Enero 2007

La sonrisa de un mundo nuevo, de Xuan Bello en El Comercio

El hombre que se agazapaba hace unas horas entre las sombras heridas por la maleza, que desconfiaba mirando a un lado y a otro del reflejo chivato de la luna en los charcos y sentía el frío como una puñalada

en su espalda, no recuerda que mañana será, si no se desmanda el mundo, 1 de enero de 1953. Ahora ya está en una casa, en medio del monte, y ha puesto su fusil ametrallador en una esquina de la sala donde, en épocas mejores, harían el San Martín del cerdo. A golpes, sin cuidado del ruido, ha destrozado una mesa de madera y en un rincón ha encendido con ella un fuego que alimenta, de vez en cuando, con tablas húmedas que arranca del dudoso suelo. No sabe de quién pudo haber sido aquella casa abandonada que le ofrece, decide el hombre que en su última noche, calor y abrigo. Mañana bajará a Turón y se entregará en el cuartel de la Guardia Civil. Es posible, razona, que la fuerza que consiguió burlar al oscurecer en la collada de Nandiel.lo esté ahí afuera, esperando, viendo tras las ventanas desvencijadas el resplandor de las llamas y oliendo el humo blanco de la hoguera. «Que se jodan», piensa, mientras imagina la mano blanca de la helada posándose en sus tricornios, las órdenes musitadas del teniente y el estrépito de la puerta al abrirse de un golpe. Dispararán con miedo, casi sin mirarle, y él se dormirá para siempre en aquella esquina cosido a balazos. Eso es todo.

Mañana, si esta noche no sucede nada, bajará a Turón y se entregará en el cuartelillo. Está cansado de estar cansado. Hace catorce años, siguiendo las órdenes del partido, se tiró al monte con nueve compañeros. Tres cayeron bajo el fuego enemigo; a uno hubo que matarlo porque se descubrió que los había delatado; todos los otros, menos él que se quedó en el camino, habían conseguido embarcarse en una bonitera que los llevó, o eso espera el hombre, a Francia. El guerrillero que atiza la hoguera en la sala, y que ya no ausculta el silencio de la noche buscando el latido sordo del miedo, se ha quedado solo. Es su destino. Catorce años son muchos, demasiados, y sabe lo que le espera: la tortura primero y después un tiro en la nuca. Podría matarse él mismo, en aquella casa, junto a aquel fuego improvisado, pero descubre que no tiene valor para ello; o sí lo tiene y lo que quiere es mirar cara a cara, y que vea que mata a un hombre, a su verdugo.

El hombre que atiza una hoguera en una casa abandonada la noche del 31 de diciembre de 1952 ha decido olvidar su miedo. Lee. En una alacena, comida alguna de sus páginas por los ratones, ha encontrado un libro antiguo, las 'Advertencias a la historia del padre Juan de Mariana', por Gaspar Ibáñez de Segovia, Peralta y Mendoza, Marqués de Mondéjar, impreso con licencia en la imprenta real de Madrid en 1795. Lee y se pierde en las razones prolijas como si otro mundo, en el fondo de la conciencia, existiese más real que el que le rodea. Primero pensó en echar al fuego el libro, que le olía a sacristía, pero en los relatos del Marqués de Mondéjar encuentra los caminos secretos que llevan al sosiego del olvido. Los dedos de sus manos y de sus pies recobran, poco a poco, la vida: un bienestar dulce, como de siesta veraniega junto al río, lo inunda mientras se concentra en la lectura; disfruta en cada paso viendo que aquel marqués sacude de lo lindo a un jesuita mientras se entera que siempre sucede lo mismo: «Tenían los Navarros tomados los puertos y estrechuras de los Pyrineos. Dieron sobre el fardage y sobre los tesoros de Francia: saqueáronlo todo con que Carlo Magno sin poder tomar enmienda del daño, fue forzado de volver á Alemania con poco contento y honra». También había visto él a los requetés navarros, con sus boinas rojas, entrar en Xixón y desfilando por la Calle Corrida; los había visto, meses antes, en la batalla del Mazucu; también él, con poco contento y honra, se había tirado al monte catorce años atrás.

El hombre que atiza el fuego y lee sin tener ya cuidado de su vida, con el fusil ametrallador en una esquina y una granada de mano sobre la mesa, mañana bajará a Turón, por los senderos de su infancia, a entregarse en el cuartelillo. Se esconderá para que nadie lo vea dándose y no por miedo ni por vergüenza: sabe que no faltará quien le quiera ayudar y no quiere comprometer a nadie. El hombre que lee mira de vez en cuando el fuego e imagina que la historia del mundo es así y no hay más vueltas que darle: una danza de llamas que nadie puede mirar sin ver un Dios enloquecido dentro de ellas.

Las historias, además de la aparente, siempre tienen una resolución distinta que muchas veces se nos escapa por falta quien sabe si de atención, de fe o de cuidado. Aquella noche, ya llevaba una hora andada el enero de 1953, once guardias civiles y el delator entraron, por puertas y ventanas, en una casa abandonada en medio del monte donde se guardaba en su última noche Ángel Gamallo Quintana. Consta en el atestado, con letra que no condesciende al temblor, que opuso feroz resistencia; lo cierto es que estaba dormido con un librote entre las manos junto al fuego. También es cierto que soñaba en ese momento que las horas habían pasado lentamente, leyendo y releyendo, y que cuando el fuego ya estaba casi consumido había amanecido. Se puso el capote, cogió sus armas y salió de la casa dispuesto a su muerte. Conocía muy bien los caminos. Escondiéndose, para no comprometer a nadie, llegó hasta el Cuartel de la Guardia Civil. Se extrañó de que no hubiese nadie de guardia vigilando. El guardia de puertas, medio dormido, no se fijó que había dejado el fusil y la granada sobre un banco.

-¿Qué desea usted?- preguntó.

-Vengo a entregarme- contestó el hombre-. Soy Ángel Gamallo Quintana, miembro del Partido Comunista y soldado de la República Española.

-Ande, váyase a dormir la mona. ¿A usted le parece bien empezar el año dando la lata?- dijo el guardia bostezando.

-¿Morrió'l gochu?- preguntó para corregirse inmediatamente-: ¿Franco ha muerto?

-Ande, váyase usted a dormir la mona -repitió el guardia sonriendo.

El guerrillero que se venía a dar vio, en la pared, un calendario con una fecha imposible: 2007. Vio los ojos interrogantes y divertidos del guardia de puertas. No sintió el estrépito de los guardias entrando en la casa, ni los gritos, ni el silbido de las bombas lacrimógenas en medio de la noche helada.

Cuando se acercaron, y golpearon con sus botas heladas el cuerpo muerto, no lograron explicarse aquella sonrisa que se dibujaba en el rostro de Ángel Gamallo Quintana. La sonrisa -la luz desnuda tanteando con su pie los peldaños de la alegría- de un mundo nuevo.

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1 Enero 2007

La incompetencia lastra el proceso, de Juan Neira en El Comercio

La bomba en Barajas deja al desnudo las carencias del Gobierno en la negociación con ETA

El patinazo ha sido histórico; a las pocas horas de haber declarado Zapatero que dentro de un año estaríamos mejor en el llamado proceso de paz, llega ETA y hace estallar un coche bomba en la T-4 de Barajas, con el resultado de más de una docena de heridos y dos desaparecidos (¿muertos?). El golpe ha sido tremendo, porque deja la credibilidad del Gobierno por los suelos.

El primer análisis surge del humo de la terminal de Barajas y tiene que ver con el nivel de información del Gobierno sobre los planes de la banda armada. A lo largo de la etapa democrática, todos los gobiernos, a través de los servicios secretos, trataron de saber lo que tramaba ETA. En los tiempos de Felipe González, el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, mantenía algún tipo de contactos con el entorno de la banda, siguiendo una política que se conoció con el nombre de «tomas de temperatura». Previamente, cuando gobernaba la UCD, ya había hecho una cosa parecida el ministro del Interior, Juan José Rosón. En la época de Aznar, Mayor Oreja rompió con la política de las «tomas de temperatura», pero entonces fue el PNV el que jugó ese papel, que fue decisivo para la declaración de la tregua de ETA y la posterior negociación, en Zurich, de los dirigentes de la banda con los emisarios de Aznar.

Lo que acaba de ocurrir revela que la calidad de los contactos y las informaciones del Gobierno era pésima, por eso el presidente hizo un brindis al sol («dentro de un año estaremos mejor») en la víspera del atentado. Alguien ha realizado muy mal el trabajo encomendado, al transmitir la idea de que ETA tenía una voluntad decidida de dejar la violencia. Sin un trabajo previo riguroso adentrarse en una negociación con ETA no conduce más que a la decepción. Resulta patético contemplar cómo el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, declaraba tras el atentado que el Gobierno estaba sorprendido porque ETA nunca había actuado así, ya que siempre había avisado, con antelación, cuándo iba a romper las treguas. Ese tipo de razonamientos parecen más propios de la guerra de Gila. El presidente Zapatero ha declarado que se suspenden todas las iniciativas de diálogo porque no se dan las condiciones. ¿Se dieron alguna vez? Antes de responder a este interrogante conviene remontarse unos años atrás y recordar que fue el presidente del Partido Socialista de Euskadi (PSE), Jesús Eguiguren, el que inició en el año 2000 los primeros contactos con los dirigentes de Batasuna para «tratar de arreglar las cosas».

Años de conversaciones y la caída del jefe máximo de la banda, Mikel Antza, el 2 de octubre de 2004, pusieron a Zapatero en la tentación de la negociación. Los responsables del Ministerio del Interior, hasta dónde sabemos, estuvieron al margen, de forma que el proceso de paz vino inspirado por los análisis y las valoraciones de la cúpula de los socialistas vascos, un grupo político arrinconado en su país, y con ganas de reeditar los gobiernos transversales (PNV-PSE) de los años ochenta y noventa del siglo pasado, pero dentro de una atmósfera más favorable al desaparecer la violencia. La hegemonía política de Patxi López y su equipo en el socialismo vasco se afianza bajo la política de no confrontar con el nacionalismo, de ahí que la vía de la negociación con ETA surgiese como una necesidad. Una posición muy subjetiva, basada más en sus necesidades políticas y electorales que en los intereses de España.

Sobre esa base, Zapatero sacó sus propias conclusiones sobre la conveniencia de impulsar el llamado proceso de paz, algunas de ellas muy tentadoras: arrinconar al PP y lograr el mayor éxito político desde la transición, con la disolución de ETA. Cuando se intercambian los mensajes entre el Gobierno y la banda, antes de la declaración del alto el fuego, Zapatero no mantiene un punto de vista objetivo, porque entrevé en el horizonte la mayoría absoluta socialista para su segunda legislatura (los dirigentes del PSOE dicen coloquialmente que Zapatero no conduce por la carretera como los demás porque «va con las luces largas»). Así se fraguaron las condiciones del proceso de paz.

La iniciativa de ETA

El presidente asegura que ahora no se dan las condiciones de ausencia de violencia, pero en realidad nunca se dieron: cartas de extorsión a empresarios en las semanas posteriores a declarar el alto el fuego, kale borroka desde el verano, robos de pistolas, explosivos descubiertos en escondites, etcétera. La posición del Gobierno respecto a la ausencia de violencia fue siempre muy voluntarista, como si la violencia de estos meses pasados fuese un rasgo de la idiosincrasia de los vascos.

Ahora bien, dónde más naufragó la estrategia del Gobierno fue en la forma de encarar la negociación, al dejar que fuese ETA quién llevase la iniciativa. El 22 de marzo, tres encapuchados hacen girar la política nacional con su manifiesto. El 7 de junio, desde las páginas de 'Gara', la banda da un plazo al Gobierno para que verifique las condiciones del alto el fuego, y Zapatero sale el día 29, de aquel mes, diciendo que se cumplen las condiciones cuando faltaban sólo 24 horas para expirar el plazo. En agosto, ETA se niega a sentarse con el Gobierno porque no se cumplen sus exigencias y activa la kale borroka. Hace unas semanas, ETA lanza un ultimátum al Gobierno, con fecha 20 de diciembre, con el objeto de empezar la negociación. Y ayer, reanuda la táctica del coche bomba.

Zapatero suspende las iniciativas de diálogo, pero no clausura el proceso de paz. No podía darle carpetazo, porque el proceso de paz es el corazón de la política del Gobierno. Clausurar el proceso es darle la razón a Rajoy. Pero Zapatero sigue en manos de ETA. ¿Qué hará el presidente si la banda realiza más atentados para relanzar el proceso?

Entramos en un año electoral y los efectos de los coches-bomba sobre la opinión pública son temibles. Alcaldes y presidentes autonómicos socialistas pueden sufrir los daños colaterales de una política que no ha sido diseñada por ellos, sino que ha sido fruto de los intereses de un grupo de socialistas vascos en sintonía con los deseos y las ambiciones del presidente, y que ha sido ejecutada con una falta de profesionalidad y rigor alarmantes. Como ocurre con las reformas autonómicas.

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1 Enero 2007

De las infraestructuras a la comunicación, de Fernando Lastra Valdés en El Comercio

HEMOS anticipado, varias veces, el final del debate sobre las infraestructuras en Asturias. Parece una afirmación demasiado rotunda para que no merezca una explicación. Lo que quiero decir es que en la discusión respecto a la construcción de nuestras grandes infraestructuras de comunicación ha desaparecido, en buena medida, la incertidumbre. En efecto, no hace mucho tiempo parecía más un asunto dependiente de la prodigalidad de nuestros gobernantes que de la acción planificada, ordenada técnica y presupuestariamente.

Las infraestructuras existían en las notas de prensa del Ministerio de Fomento, que nunca nos ahorraba el anuncio de la autorización del gasto para realizar el proyecto, o el contrato del mismo; también conocíamos cuándo se hacía la licitación y, por supuesto, eran espectaculares las primeras piedras, sin olvidarnos de los alardes tipográficos con que se representaban las diferentes alternativas de los estudios de trazado. Últimas piedras hubo menos, esa es la verdad, pero hemos contado hasta siete acontecimientos publicitarios sobre un mismo tramo de autovía. Háganse ustedes una idea: el tramo Occidental de la autovía del Cantábrico entre Tamón y Vegadeo se subdividió en 18 tramos, multiplique por siete y se harán una idea de lo que digo. La realidad es que aún no se ha finalizado. Y no porque haya sufrido retrasos. No. Se está ejecutando de acuerdo a las previsiones establecidas tanto técnica como financieramente, a excepción del tramo Querúas-Otur, que ha sufrido un cambio reclamado por los vecinos y afectado por una sentencia que hace que el cambio sea recomendable y conveniente.

No quiero decir que el debate se acabe porque se acaba la propaganda, lo que digo es que el debate decae en el momento en que desaparece la incertidumbre sobre la ejecución, cuando esta depende de una planificación seria, rigurosa y ordenada. Cuando los Presupuestos Generales del Estado consignan las partidas sin que tengamos que ponerle una vela al ministro y deshacernos en loas a su consideración por nuestra tierra. Al fin y al cabo, debe de ser un alivio no estar pendiente de hacer la pelota semanalmente a un ministro. Hoy estamos en condiciones de conocer la previsión de ejecución de toda la autovía del Cantábrico, incluido el tramo Unquera-Llanes que se iniciará en 2007, conocemos sus previsiones presupuestarias consignadas de manera clara y objetiva en los Presupuestos Generales del Estado. El ritmo de licitación de obra pública, gracias a esta planificación alcanza, en palabras de la Confederación Asturiana de la Construcción, niveles históricos; y 2010 es el horizonte más probable, sin contingencias imprevistas, para la finalización de la parte asturiana de la autovía del Cantábrico.

Conocemos las previsiones de ejecución de la autovía Oviedo-Grado-La Espina y estamos trabajando en la definición de su trazado continuando en dirección Ponferrada por Cangas del Narcea. Esta actuación, propuesta, en este caso por el Gobierno asturiano, cuenta con la aportación de una partida a cargo del Fondo de Cohesión. Justamente gracias al acuerdo sobre perspectivas financieras de la UE en el periodo 2007-2013. Hemos conseguido mantener a nuestro país como beneficiario, en condiciones extraordinarias, del Fondo de Cohesión cuando superamos el 90% de la renta media comunitaria, que es el límite para ser beneficiario de ese Fondo.

Han comenzado los estudios para la prolongación de la autovía desde La Espina a Canero, que conecta la autovía de la Costa con la del interior. Todo sin demasiadas alharacas.

El ferrocarril, especialmente la construcción del AVE, es otro asunto sometido permanentemente a polémica. Contrasta el escepticismo de algunos ahora, cuando se está ejecutando la variante de Pajares, con la ilusión que eran capaces de transmitir cuando no se estaba haciendo. Recuerdo el entusiasmo de la primera dobela, un año antes de poder iniciar realmente la obra en un acontecimiento exclusivamente electoral y polémico, con suspensión incluida por la Junta Electoral Provincial en la Comunidad vecina, recurrida y aceptada 'in extremis' por la Junta Electoral Superior.

Polémico y publicitario, sin duda, pues era materialmente imposible comenzar la obra en ese momento. Pero no fue eso lo más curioso. Recordemos que en 1994 se aprobaba en el Congreso una iniciativa legislativa -lo hacían PP e IU, el PSOE no contaba con mayoría absoluta- para darle prioridad a la variante de Pajares en el PDI (Plan Director de Infraestructuras) elaborado por el ministro Borrell. Aprobaron su prioridad en 1994, eso fue todo. No que el PSOE se opusiera a la variante como se dijo, ya que la variante de Pajares figuraba en el PDI, en la planificación del Gobierno socialista vinculada a al ejecución de la variante de Guadarrama entre las actuaciones ferroviarias del cuadrante Noroeste. Nos opusimos a la oportunista y falsa iniciativa legislativa que pretendía una prioridad que nunca hubo. Hagan ustedes las cuentas, si tal decisión se toma en el 94 y el PP gobierna 8 años, desde 1996, y la variante se inicia en 2005 con un Gobierno socialista nuevamente, la ejecución de la misma se ajusta a la previsión del PDI, y se vincula claramente a la solución de Guadarrama como es lógico, pues resuelve el estrangulamiento de todo el cuadrante, lo que no puede hacer Pajares, que sirve en exclusiva a la comunicación de Asturias.

Así son las cosas. Ahora cuestionan que sea un tren de alta velocidad, con consideraciones tales como que se caracterizará por tener «altas prestaciones». Todo el mundo puede entender que las altas prestaciones -¿o las tienen bajas?- son una cualidad de los AVE. La Red de Alta Velocidad se ha planificado en el nuevo Plan Estratégico de Infraestructuras (PEIT) que ha tenido tramitación parlamentaria. Afortunadamente, otra vez la planificación y la previsión presupuestaria. Para lo demás, lo diré a la manera hegeliana: «la verdad serán los resultados».

El PDI contempla que nuestra capital, Oviedo, tenga conexión AVE en la línea que finaliza en Gijón. Los estudios del difícil trazado entre Lena y Gijón ya se han iniciado. No será un asunto fácil atravesar una zona, densamente urbanizada, con una infraestrutura de esta naturaleza y no estará exento de polémica. Quizás por eso el PP nunca se atrevió a plantearlo. Les bastaba la idea, la concreción suele ser siempre problema de otros. Como en la quimera del AVE Transcantábrico. Una ocurrencia al calor de una desgracia que requerirá un riguroso estudio ambiental y una seria reflexión sobre la sostenibilidad de la actuación. No es sólo un asunto de comunicación: está por ver qué comunica y con quién, ya que no nos conecta con ninguna red transnacional de comunicación.

El Corredor Cantábrico es ambientalmente muy valioso. Las actividades socioecónomicas que tienen lugar en la rasa costera exigen mucha seriedad en la planificación de infraestructuras y equipamientos que les afectan. Hay que discutirlo con los ciudadanos que solamente verían pasar un tren que casi nadie diría que va a alguna parte.

Hemos dedicado siempre mucha atención a las infraestructuras de transporte por carretera y ferrocarril. Mucha atención y mucho esfuerzo discursivo; era nuestra asignatura pendiente. La 'incomunicación' de Asturias, el déficit de comunicación ha operado como una seña de identidad. Pero ahora nuestros ojos deben ponerse en otras infraestructuras. Estudios recientes (Consejo Económico y Social: 'Ciudades, crecimiento y especialización territorial', de Fernando Rubiera Morollón) nos hacen valorar la importancia de la comunicación interna, especialmente en el área central, ideas como el metrotrén, o el tren-tranvía, deben dar respuesta a las necesidades de comunicación en la zona central de Asturias, incluyendo las dos comarcas mineras centrales, y su importancia, la que supone la interrelación en un área de unos 800.000 habitantes, aumenta en la misma medida que lo hace la necesidad de incrementar las relaciones, intangibles en este caso, de cooperación municipal, que entiendan el espacio urbano central de Asturias como una unidad política y económica enriquecedora para todos.

Mención aparte merece el puerto, dicho en singular; un gran puerto que nos aproxima a España y a Europa «más que ninguna otra infraestructura». Quizás por su importancia merezca otra opinión más experta y autorizada que la mía, yo me conformaría ahora con destacar las otras infraestructuras, las que tienen que ver con las nuevas tecnologías de la comunicación o las grandes redes de transporte energético. Por eso, Asturias apuesta por una regasificadora, y porque queremos seguir siendo productores de energía, con sistemas de transporte y evacuación de la misma, modernos y seguros, que den respuesta a un reto demandado desde hace años en Asturias.

FERNANDO LASTRA VALDÉS. PORTAVOZ DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA.

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1 Enero 2007

Comandos, de Kepa Aulestia en El Comercio

La pregunta sobre quién manda realmente en ETA sólo permite una contestación: los comandos. Es cierto que se trata de una respuesta demasiado prosaica para que la tengan en cuenta las decenas de observadores, analistas, mediadores o tertulianos que intentan cada día desentrañar los secretos etarras. Lo peor es que tampoco suelen tomarla en consideración los gobiernos cuando tratan de convencer a la banda para que lo deje. El adanismo propio de cada nuevo gobernante hace que se vea obligado a imaginarse a ETA como a un grupo con cabeza y extremidades, dando por supuesto que las segundas responden fielmente al dictado de la primera.

Frente a la hipótesis que presenta el atentado de Barajas como un golpe dado por Josu Ternera sobre la mesa de negociaciones, o a esa otra hipótesis que situaría tanto la furgoneta-bomba de ayer como el robo de armas en Francia en el capítulo de las acciones descontroladas, sería más recomendable pensar en una situación intermedia. Ni los comandos alcanzan a dirigir las conversaciones que los interlocutores de ETA pueden mantener con el Gobierno, ni los interlocutores de ETA saben exactamente qué pueden hacer mañana mismo los comandos. Lo que se dibuja no es necesariamente un colectivo indisciplinado. Ocurre que el desconcierto se apodera del colectivo cuando éste intenta adentrarse por un camino distinto al que ha conocido hasta entonces.

La pregunta inicial podría formularse de otra manera: ¿quién ha decidido en ETA las treguas y quién su ruptura? Es permisible que quien se dedique a comentar, sin más, las incidencias del terrorismo etarra soslaye esa doble incógnita o la despeje echando mano de algún estereotipo. Pero un gobierno debe hacérsela muy seriamente antes de intentar siquiera el contacto más inocuo con el entorno de la banda. La respuesta, por simple que parezca, no puede ser otra: las treguas se abren desde la cúpula y se cierran desde los comandos. Son los "terneras" los que dan cauce a una vía de diálogo, y los "cherokees" quienes acaban haciéndolas volar. Claro que cuando los "cherokees" deciden que se acabó, los "terneras" no tienen otra opción que asumir la ruptura. Así, la impresión que queda tanto dentro como fuera de ETA es que ha sido toda ella y de manera jerárquica y disciplinada la que decidió lo uno y su contrario. Una imagen que no se corresponde exactamente con el proceso de decisión real. Digamos que Ternera no pudo más que tragar con la resuelta decisión de los comandos de atentar ayer en Madrid. Y, posiblemente, se acabó Ternera.

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31 Diciembre 2006

El espejo roto, de Antonio Elorza en El Comercio

PARA amigos y enemigos del Gobierno socialista debiera ser éste ante todo un triste final de año. Una cosa es el juicio que pueda formarse acerca de la gestión llevada a cabo por el presidente Zapatero desde la declaración de 'alto el fuego permanente' y otra la valoración de lo que representaban las expectativas de normalización política, que no de paz, en Euskadi y en el conjunto de España. Muchos tuvimos la sensación de que tales esperanzas se asentaban mucho más en la debilidad estratégica de ETA, y en la eficacia del cerco policial trazado con la colaboración de Francia, que en el acierto de los negociadores gubernamentales. No ha sido así y resulta necesario reflexionar sobre ello, más allá del caso ETA.

La crítica al Gobierno no debe centrarse en lo que le demandaban la mayoría de los españoles: hacer todos los esfuerzos posibles dentro de la ley para que el paso dado por ETA se tradujera en el abandono definitivo del terror. Sin duda ésta será la línea seguida por el PP en sus comentarios, exhibiendo el acierto de las propias razones para rechazar cualquier tipo de negociación, ya que con los terroristas sólo cabe el aplastamiento por medio de la actuación policial respaldada por la ley. Era tanto como olvidar que ETA nada tenía que ver con el terrorismo grupuscular de las Brigadas Rojas o de la Baader Meinhof. Había que encauzar, no sólo a los terroristas, sino también a un 15% ó 20% de la sociedad vasca, hacia la democracia, y para ello era preciso abrirse con concesiones hasta el borde de la ley.

Siempre, claro, que se diese una presunción razonable de que ETA estaba dispuesta a efectuar su conversión sin alcanzar los objetivos previamente fijados desde la llamada Alternativa Democrática. Es en este tema donde las señales de peligro se pusieron muy pronto en rojo, ya que una y otra vez los voceros de la banda, así como su brazo político, insistieron en reclamar la autodeterminación, la territorialidad y la conquista de Navarra. En la cuestión de los presos, nada tenía que extrañar la discreción, pues se trataba de un tema subordinado en el cual las soluciones debían venir de la negociación Gobierno-ETA aún por iniciarse.
Lo que resultaba difícilmente admisible era la ausencia del lado del Gobierno, no ya de explicaciones sobre la marcha de los contactos, sino del cuadro general de vías previstas desde La Moncloa para llegar al doble acuerdo, sobre la relación bilateral Gobierno-ETA y sobre la mesa de partidos. ETA y los suyos hablaban, eran la única parte visible del conflicto. Ocupaban en exclusiva el centro del escenario, con lo que esto supone en una democracia moderna. Del Gobierno podían apreciarse gestos de benevolencia, como el de Zapatero al afirmar que De Juana estaba «de acuerdo con el proceso» o las iniciativas del fiscal general, pero de ideas claras, ninguna. Se repetía en este sentido lo que había pasado en el curso de la negociación del Estatut. Había que confiar en la reconocida capacidad de maniobra de Zapatero para prolongar el optimismo.

En efecto, si ETA-Batasuna mantenía el jaque al rey, en cuanto a sus reivindicaciones, y el Gobierno no iba a ofrecer una modificación sustancial del marco definido por la Constitución, ¿cómo podía esperarse nada positivo de un 'alto el fuego' convertido en fase de preparación de una nueva etapa de lucha? Así las cosas, las declaraciones del día 29 de Zapatero con el lenguaje del Día de San Valentín, 'hoy más que ayer y menos que mañana', no representan como alguien ha dicho la expresión de un 'ridículo', sino de una política de información que, o bien pone de manifiesto una total ignorancia de cuanto está sucediendo en la relación con ETA, o, lo más probable, contempla su papel como un espejo destinado de repercutir imágenes falsas. Un espejo ahora roto.

Y ahora, ¿qué hacer? Hay dos posibilidades. Una, que ETA explique el atentado como respuesta inevitable y no deseada, pues las fieras como se sabe quieren la paz, por la negativa del Gobierno a cumplir los compromisos que les llevaron a declarar el 'alto el fuego'. Ante ello, por parte del Ejecutivo, habrá protestas de haber sido vilmente engañado, acusaciones contra el PP que sembró el malestar, etcétera, pero sin otro remedio que volver a la vía policial. Otra posibilidad es que con todo cinismo ETA presente la bomba como una advertencia del deterioro a que se ha llegado. El Gobierno se contentaría entonces con una declaración grandilocuente, volvería la acción policial, pero las puertas seguirían abiertas. Y el futuro, cerrado.

Es también la ocasión para revisar de una vez por todas la forma de hacer política, y de presentar esa política, por parte de Zapatero. Aae problemas graves, el principio de que 'gracias a mí todo va mejor en el mejor de los mundos' sólo sirve para agravarlos. ZP debió anunciar que 'la paz' no iba a ser aceptada por ETA si él mantenía la legalidad constitucional en la negociación, con las consecuencias previsibles, poniendo en guardia a la opinión pública. Cuando las cosas son tan claras, las maniobras no sirven. Lo mismo sucedió con el Estatut, cuyos efectos disgregadores, Galicia incluida, apenas han empezado a sentirse.
Y en otro terreno, otro tanto ocurre con el planteamiento de la famosa Alianza de Civilizaciones, rico en imágenes para la galería y de encefalograma plano en cuanto al análisis. Si el problema es el Islam ofendido por las caricaturas y no ante todo el terrorismo del 11-S o el 11-M, parecería que Zapatero acierta, pero ni eso, ya que la insistencia en que reina la islamofobia en Occidente y que el Islam se encuentra 'humillado', sin que exista 'terrorismo islámico', alienta un giro de nuestra comunidad musulmana -pensemos en Córdoba-, no hacia la búsqueda de una creciente integración en la España democrática, sino a la propia afirmación en nombre de 'dar al-islam' frente a su estatus actual. En una palabra, las buenas intenciones no bastan, y nadie duda de las albergadas por Zapatero y su Gobierno en relación al Terror, vasco o de Al-Qaida: de análisis erróneos y de informaciones desviadas sólo cabe esperar una política que a medio plazo nada resuelva y siembre el desaliento entre los demócratas. Ojalá me equivoque.

ANTONIO ELORZA. CATEDRÁTICO DE PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA COMPLUTENSE.

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31 Diciembre 2006

Ya vienen los Reyes Magos, de Víctor M. Vázquez en La Nueva España

Como siempre, el cíclico devenir navideño, cargado de turrones, loterías, "saudades", regalos, cavas y demás familia, finaliza con la tradicional noche mágica de Reyes Magos. Este tiempo infantil de buenas intenciones y promesas de enmienda, para colectar cuantos más presentes mejor, tiene cierto paralelismo con la cuatrienal cita electoral en la que se ponen en juego los gobiernos democráticos españoles. Ahora, en este 2007 que se acerca galopando, se dirimen las siglas municipales y autonómicas.

En realidad, si dejamos volar la imaginación, podríamos pensar que Melchor (FSA-PSOE), Gaspar (PP) y Baltasar (IU y sus coaligados) a los que acompañará el Príncipe Aliatar (URAS más PAS), llegarán el 27 de mayo. (No, no hay intencionalidad ninguna en este orden, simplemente lo he establecido por el número de diputados autonómicos actuales). Y además, como quiera que en este mundo consumista los catálogos de regalos de los grandes almacenes sustituyen prácticamente a la histórica prospección de escaparates y la consiguiente típica carta a Sus Majestades, podemos pensar que los programas electorales de las diferentes formaciones políticas cumplen el mismo papel y que, casi antes de meter el sobre en la urna, podríamos marcar con cruces las respectivas ofertas .

El único problema radica en que, a diferencia de los catálogos de juguetes, los programas electorales ofertan y los ciudadanos demandan realizaciones, mientras que en aquellos, aunque no se reciba lo solicitado, la responsabilidad del cumplimiento no le corresponde al ofertante. Así, por ejemplo, en el caso de nuestra Asturias y en los temas ambientales, como quiera que los ciudadanos decidieron que las falanges de Melchor con apoyo de Baltasar tomaran las riendas del Gobierno, nos vamos a ver en la obligación de acudir a las hemerotecas, antes de emitir nuestra carta en forma de voto.

Abriendo un paréntesis y a raíz de la reciente puesta en marcha de una nueva página web del Gobierno regional, debo referirme al marginal papel que se le ha reservado a la información ambiental (que aparece entre las materias secundarias, sin ventanilla de color ni nada), a pesar de que por la correspondiente directiva europea y ley estatal, los gobiernos han de priorizar estas cuestiones de cara a sus ciudadanos y de que en el correspondiente programa electoral de 2003 se ofertaba específicamente una garantía de acceso a la información ambiental. (¡Éste parece ser nuestro sino!).

Pero qué decir de ofertas como la profunda revisión del plan de ordenación de los recursos naturales del Principado de Asturias, el PORNA, cuyo primer borrador -esperemos que no haya costado ni un euro- sólo ha servido para que se detecte una extraña intencionalidad de diluir cualquier restricción de carácter urbanístico, amén del gran desconocimiento de la gestión ambiental que tienen los redactores, cualesquiera que hayan sido. Programas de tramas verdes, planes de protección de ríos y humedales, planes directores de la red de espacios protegidos, planes de gestión del agua, programas de adquisición de terrenos de interés ambiental, estrategias de desarrollo sostenible e, incluso, leyes de protección ambiental, que fueron sometidas a información pública, duermen el sueño de los justos y es difícil que despierten antes de mayo.

Ante estas cuestiones, qué podemos pensar. ¿Será que aunque el catálogo de regalos estaba hecho por personas bienintencionadas, los «pajes» no supieron entregarlos a tiempo? ¿Será que algunos regalos, a la manera de algunos destinos de Air Madrid -según dicen-, eran a priori inabordables? El problema radica en que ahora, el fabricante, si repite ofertas, queda retratado ante la competencia.

Valga, a modo de ejemplo, el tan manido embalse de Caleao, que aparecía en uno de esos catálogos de ofertas de forma torticera -¿podríamos hablar de publicidad engañosa?- y que de repente se convirtió en irrenunciable para pasar a ser casi martillo de herejes, y sus detractores dogmáticos demagogos de ciudad, y que ahora por intervención divina (léase ministerial), parece que va a ser aparcado «sine die». ¿Qué ofertarán ahora los tres Reyes Magos y su Príncipe acompañante a este respecto? ¿Volverán los quiebros y requiebros dialécticos para jugar a todas las cartas?

¿Y qué dirán de los lobos? (seres casi míticos que aunque mueran masivamente a balazos, se refugien en lo más recóndito del territorio, se alimenten de jabalíes y un largo etcétera, cada cuatro años surgen de sus cenizas e invaden el espacio mediático para mayor gloria y subvención de los que gritan). ¿Y de los guardas rurales? (colectivo profesional a quien los programas de ofertas casi siempre les dedican algún párrafo y que ahora algunos «pajecillos» se dedican a desorientar, desorganizar, desprofesionalizar, perseguir y ningunear). ¿Y de los salmones? (joya biológica en nuestras latitudes que acumula en su gestión los mayores e inimaginables vaivenes normativos, contradictorios incluso año a año, gracias a la intervención de cuanto iluminado ande por este mundo del río). ¿Y de «Paca» y «Tola»? ¿Y de «Picoteru»? ¿Y del Espartal? ¿Y de...? ¡Los ciudadanos estaremos expectantes!

Una gran amiga y colaboradora, funcionaria ella por más señas, me revela que ya es militante del voto en blanco (o sea Papa Noel) y que lo único que les pide a los Reyes Magos es que en su parcela laboral -gobierne quien gobierne- al menos sitúen a jefes con experiencia y criterios que no aparquen a sus subordinados para esconder sus propias frustraciones y disimular su falta de conocimientos. Bueno, parece que de aquí a mayo tendremos tiempo a repasar catálogos (programas), mirar ofertas (promesas) y escuchar el por qué de muchas vacilaciones históricas. En fin, ya vienen los Reyes Magos / caminito de Belén. / ¡Olé y olé y olá!

Víctor M. Vázquez es miembro de número del RIDEA.

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