LA EPOPEYA DE MELQUIADES RESTREPO
Cuando Melquíades Restrepo se dio cuenta de que, de los diez mil sueños que había albergado a lo largo de su existencia, tan solo le quedaban mil intactos, decidió preservarlos a toda costa.
Como aún no le había alcanzado ni la desidia ni el desencanto, emprendió un proyecto tremendamente ambicioso. Compró mil inmensos globos de colores, de un brillo sublime, igual a los globos que acostumbran a llevar los payasos a las fiestas de cumpleaños de aquellos niños cuyo cuerpo anda armado por ilusiones y fantasías, y es por ello que aún no les han salido los huesos, los únicos responsables de enviarlas al exilio de la desidia y el desencanto.
Una vez los tuvo todos, se dispuso a inflarlos uno por uno con la misma ilusión que si fuese un niño vestido con los zapatos más flamantes que hubiese soñado en todos los sueños de su infancia, y con cada soplo se le agrandaba la sonrisa, que dejaba ver algunos huecos oscuros que tenía en el lugar de sus dientes perdidos.
En cada globo fue depositando todos y cada uno de esos sueños y, cuando estaban bien dentro y el globo resplandecía con su exultante redondez, los hacía un buen nudo para que no se escapasen y se perdiesen por caminos tristes y olvidados.

-Este rojo bermellón protegerá el sueño de viajar en barco, este azul añil el sueño de encontrar un hada violeta, este globo negro me llevará a conocer al mejor payaso-actor del mundo, éste amarillo le traerá infinidad de monedas al mendigo de la esquina, el rosa encerrará el sueño de un bebé recién nacido, el verde me llevará a la isla esmeralda...
Así hasta mil.

Cuando hubo inflado el último los agarró con lazos de seda de mil colores y los ató con lazadas inmensas a su cuerpo, elevándolo a las alturas por encima de las nubes. Y allá, en el cielo, se sintió satisfecho de su hazaña porque no encontró lugar mejor para pasear sus sueños que entre nubes de algodón.
Pero el pobre Melquíades Restrepo no calculó que mil sueños no alcanzan a soportar el peso de un hombre con el cuerpo relleno de huesos, que han desplazado las ilusiones y las fantasías al exilio de la desidia y el desencanto, donde se esconden los nueve mil sueños restantes, y, antes de que pudiese darse cuenta, los lazos de seda de mil colores distintos se aflojaron y soltaron su cuerpo para precipitarse en el vacío.

El cuerpo de Melquíades Restrepo se estrelló contra el asfalto produciendo un ruido espantoso, como si nueve mil huesos huecos hubiesen estallado en nueve mil pedazos de cristal, y allí quedaron desparramados en silencio.

Sin embargo, todos los presentes pudieron contemplar como, de los nueve mil huesos hechos añicos, salían nueve mil brumas de intensos y brillantes colores que se elevaron, contoneándose, cual bailarinas, por todo el cielo, hasta encontrarse con una infinidad de puntitos brillantes de mil colores por encima de las nubes.
Y es por eso que los niños acostumbran a dej ar volar sus globos, para cuidar que sus sueños no se pierdan antes de que les crezcan los huesos y se queden en el olvido. Porque allá, entre las nubes, los sueños de Melquíades Restrepo velan para que no se nos pierdan del todo.
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Gracias a La luz en mi que me regaló una noticia que ha inspirado este cuento, cuento que ya tengo para contarle a mi enana, que me los pide a menudo, y que siempre le dejan una sonrisa enorme y luminosa.
Para mi niña de color esmeralda que es la que me inspira cada día.











sevillan dijo
Que bonito cuento, que bonita esperanza, es un cuento increible, gracias por hacer volar un globo aqui en la coctelera
23 Abril 2008 | 08:35 PM