EL SALTO DE LA CABRA
"Cuando el alcalde se acercó al cañón supimos que deberíamos convocar elecciones. Se empeñó en demostrar que tirar la cabra desde el campanario era un festejo del todo inocuo y que el pobre bicho no sufría ningún daño ni dolor al estampanarse contra el suelo. Asi que, para demostrar que llevaba razón, se apostó con los ecologistas del pueblo que se arrojaría al cañón por donde serpenteaba el río y que, si salía indemne y por su propio pie, ellos mantendrían la boca cerrada cada vez que, en los festejos del pueblo, los mozos se dispusiesen a arrojar la cabra o, en su defecto, cualquier animal que determinaran para tamaña azaña, inclusive el morlaco al que hubiese que asaetar en el camino que llevaba a la era. El infeliz saltó desde lo alto con la sonrisa burlona del que cree estar en posesión de la verdad. Nada más lejos. Se estrelló contra las rocas quedandose inmovil, desmadejado. Hecho un guiñapo entre los matorrales y las lagartijas.
Las fiestas del pueblo se suspendieron y se declararon tres días de luto por la muerte del insigne alcalde. Finalmente su puesto lo ocupó uno de los ecologistas,más que nada porque se quedasen las cosas zanjadas y no se tuviese que volver a repetir la misma disputa.
Cuando finalizó el entierro tan solo se escuchó la exclamación del Eustaquio: "Cagondios¡¡ al menos a la cabra nos la comíamos¡¡
Cuanta razón tenía el condenao.








encontrada dijo
jajajaja. Igual tampoco estaba mal el alcalde en salmorejo, todo es probar. Un beso
18 Septiembre 2008 | 08:50