Carlos Mora Vanegas

No nos debe sorprender que en algunas empresas se manifiesten gerentes con mucho narcisismo, comportamiento que en algunos casos ha dado paso a rechazo, conflictos, generándose un clima organizacional negativo para la organización.

Pero, en ¿que consiste la personalidad narcisista?, ¿como se le reconoce? ¿Cuáles son sus efectos,¿ ¿ Cómo incide en las interrelaciones de los grupos de trabajo?

Se ha escrito, que un narcisista centra todo su interés sobre su propia persona. Es un ser egocéntrico que se cree el centro del universo. Sinónimos de narcisismo pueden ser egolatría y egocentrismo.

El término proviene de la mitología griega: la leyenda cuenta que Narciso era un bello joven que iba todos los días a observar su reflejo en la superficie de un lago, el cual estaba cerca de su casa; sin embargo, Narciso no conocía su profundidad. Estaba tan obsesionado con su propia imagen que un día la intentó abrazar y se cayó al lago mientras la intentaba alcanzar. Como no sabía nadar, murió ahogado. Freud retoma la leyenda para hablar de una etapa temprana de la vida del niño, caracterizada por el amor a sí mismo.

Lo cierto, que se indica, que la Personalidad de los narcisistas, es caracterizada por conductas y actitudes indicativas de un exagerado amor por uno mismo. La persona que la posee se encuentra centrada y absorbida en sí misma; hay una acusada tendencia hacia la irrealidad en lo referente a las propias virtudes y objetivos, y el comportamiento oscila entre la idealización y la devaluación de los demás y, en general, se anteponen los propios derechos en las relaciones interpersonales. Consultar la voz narcisismo

Se dice además, que el Narcisismo involucra:

1. Exagerado interés por uno mismo, especialmente por el propio cuerpo y los atributos sexuales; autoerofismo. 2. (Psicoanálisis). Autointeres sexual normal en la fase falica del desarrollo psicosexual, debido a la adquisición de la libido por el yo infantil. En el adulto se considera anormal, representando una fijación o regresión al citado estadio de desarrollo. Consultar la voz egoísmo.

En un interesante escrito al respecto, José Enebral Fernández, comenta, que casi todos hemos digerido mal algún logro y, desde luego, muchos de nosotros dedicamos una significativa parte de nuestra atención a cultivar el ego; pero en algunos casos, este consumo de atención parece realmente excesivo y nuestro rendimiento profesional se resiente. Para quienes, tras algunos éxitos iniciales, llegan al extremo de perfilar una personalidad narcisista, lo que viene después suelen ser sucesivos traspiés. En el entorno del narcisista hay personas a quienes consigue engañar, pero también hay otras que le perciben casi como es, y hasta sienten algo de vergüenza ajena. A veces se acompaña de algún grado de corrupción, pero el narcisismo ha de ser visto como un trastorno de la personalidad, como un grave e indecoroso exceso de autoestima.
Resulta curioso que sea precisamente la atención al ego lo que les desactive el sentido del ridículo, aunque no todo el mundo les percibe impecablemente absurdos o extravagantes, ni –obvio esto todos los que hacemos el ridículo somos narcisistas. El narcisista es una persona que se sobrestima en muy visible medida, y precisa ser admirado por los demás, a los que considera inferiores y desprecia. Fantasea sobre sus logros y méritos pasados y aun futuros, muestra falta de empatía, se manifiesta de forma arrogante y no tolera las críticas; el culto a sí mismo le lleva además a cuidar en extremo su aspecto e indumentaria. Con su falsa imagen propia, ya se ve lo peligroso que puede ser un narcisista en puestos directivos. Llega a considerar que sus subordinados están a su servicio en vez de al de la empresa, y su propio interés predomina sobre la legitimidad. Piensa que las normas no están para él y se las salta sin conciencia de culpa. Aunque sean muchos los estirados, los arrogantes o los engreídos, el narcisismo parece ciertamente algo más grave, sobre todo en quienes administran poder.

Agrega Fernández, que ha leído, que el Narcisismo, es la enfermedad de nuestro tiempo en el mundo empresarial, y parece ciertamente una enfermedad, porque, con juicio sano, un posible narcisista podría pensar casi lo mismo de sí, sin quedar tan en evidencia. Creo que vale la pena que dediquemos unos minutos a reflexionar sobre esta perturbación de la personalidad, en prevención de la misma o, en su caso, persiguiendo una posible, aunque difícil, toma de conciencia. Pero también podemos reflexionar juntos sobre la forma de convivir con un directivo narcisista, porque, en ese caso y según reaccionemos, nos puede ir bien o podemos correr serios riesgos. Diría ya que me sorprende que las organizaciones no se prevengan más contra estos trastornos, pero sea el lector quien llegue a sus conclusiones

¿Cómo reconocerlos? Fernández nos señala

  • El sujeto posee una idea grandiosa de su propia importancia.
  • Le absorben fantasías de éxito ilimitado y de poder.
  • Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido por otras personas especiales.
  • Tiene una necesidad excesiva de ser admirado.
  • Tiene un sentido de “categoría”, con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable.
  • Explota a los demás y se aprovecha de ellos para conseguir sus fines.
  • Carece de empatía.
  • La envidia, por pasiva o activa, reside en su conciencia.
  • Se manifiesta prepotente y arrogante.

Fernández agrega en su escrito, que pensando en que hemos de convivir con un jefe a tope narcisista, ¿qué podemos hacer? ¿Hay realmente que hacer algo? desde luego, el narcisista genera emociones en sus testigos. Si, por muy profesional que se sea, uno carece del estómago adecuado, parece natural que se reaccione de alguna manera, no siempre adecuada. Como yo lo he hecho muy mal cuando me he visto ante un jefe así, creo poder apuntar algunas cosas que sí podrían ser más válidas.
Antes de hacerlo y aunque el lector se preguntará quién estaba más tocado, déjenme recordar algunas cosas que yo hacía, no sabiendo qué hacer. Hace ya tiempo de esto pero tuve, en efecto, un jefe que parecía encajar en el perfil que estudiamos. Recuerdo que cuando se acercaba a mi zona de trabajo, y aunque no se dirigiera a mí, yo me ponía de pie; noté que volvía la cabeza al irse, para comprobar si también coincidía su marcha con que yo me volviera a sentar. En la misma intención, cuando él me llamaba a su despacho, yo cogía mi chaqueta del respaldo de la silla, iba deprisa a su despacho, me paraba en la puerta y, ante sus ojos, me ponía apresuradamente la chaqueta antes de entrar; a veces, hasta me colocaba el nudo de la corbata. Nunca me dijo que dejara de hacer tonterías. Sigo creyendo que no se daba cuenta de que le estaba tomando el pelo, pero confieso mi irreverencia mientras lo recuerdo con cierta sonrisa.

Como sugerencia, le recomendamos no dejarse atrapar por el narcissimo, más, si usted se ha propuesto ser un gerente proactivo, participativo, estratega, un verdadero símbolo para su recurso, humano, de lo contrario se verá siempre atrapado por su ego y cuando este es lastimado, los efectos son muy negativos.