Carlos Mora Vanegas
Sufrir celos de forma moderada es una respuesta emocional normal pero, sentirlos de manera exagerada y descontrolada lo convierten en algo patológico.
¿Ha sentido alguna vez celo? ¿Por qué de ello? ¿Cuales han sido la causa? ¿Como ha reaccionado al respecto? ¿Como lo ha manejado? ¿Que ha aprendido de ello?, son algunas preguntas que se manifiestan ante la aparición de los celos y su repercusión en el ego personal. Muchas personas han afrontado la manifestación de los celos en forma equivocada y han originado problemas no solo a las personas que lo han generado, sino a uno mismo, muchas veces fatales, hasta llegar al daño físico, desesperación, y aun daño psicológico. No nos debe sorprender que se escriba que en el ámbito sentimental, el rasgo más acusado de los celos es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros. Aurelio Mejía al referirse al problema de los celos expone, que se reflexione sobre el hecho de que si se ama a una persona —o por lo menos se piensa que la amas. Si realmente la amas, entonces es de suponer que confías plenamente en ella, y en tal evento, los celos, reclamos y comparaciones no tienen por qué existir. Desde luego, es válido, por que se supone se ha venido depositando confianza en la persona, se conoce su comportamiento, conducta. Sin embargo comenta Mejía, en el común de los casos esto no ocurre, porque se confunde el amar con el querer y con el poseer. Y por ello, si uno “ama” a una persona, significa que él o ella no puede “amar” ni mirar a nadie más, pues consideras que no te es fiel, que te está insultando, que está probando que eres inferior, que hay mejores personas y más adorables que uno. Y puesto que tu concepto de amar es más bien un querer todo para ti, sientes herido tu ego y posesividad. Y ello se convierte en el detonante para que salgan a relucir los celos, lo cual hace que la relación comience una etapa de degradación, pues el uno pierde la confianza en el otro. Sin duda alguna, uno debe tener seguridad de uno mismo, estar atento de cómo se manifiestan cultivan las acciones, como se manifiesta la relación, más cuando se supone se ha identificado el amor, se le ha reconocido y ambas partes se han comprometido compartir. Mejía nos recuerda, que el amor verdadero permite libertad. Si amas a la persona, no interfieres en su privacidad. No intentas transgredir su ser interno. Respetas sus espacios, sus momentos de soledad y silencio interior. Si amas de verdad, no hay razón para buscar doble sentido a sus palabras, ni escuchar en sigilo oculto sus conversaciones, ni leer con maliciosa intención sus correos, ni revisar sus bolsillos o los números telefónicos en su agenda. El amor verdadero no cabe la menor esta impregnado de cargas asertivas, de respeto, de confianza y no puede dejarse mancillar por las dudas que pueden dar paso a la manifestación de los celos. La revista.consumer.es nos aporta al respecto, que cuando se muestra en su forma aguda, el origen de los celos hay que buscarlo en situaciones neuróticas o, en general, psicopáticas. Algunos autores creen que el sentimiento de los celos es universal e innato. Linton, por ejemplo, ve una prueba de esta tesis en el hecho de que en las Islas Marquesas, donde la libertad sexual es prácticamente total, los indígenas manifiestan sus celos sólo cuando están ebrios; es decir cuando su control voluntario, su raciocinio, ha disminuido. Por el contrario, otros psicólogos (como O.Klineberg) señalan que este sentimiento es de origen cultural, y que los celos no dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino del "estatuto" social. En las sociedades monogámicas, como la nuestra, y siempre según este autor, el adulterio sólo provoca reacciones celosas en la medida en que origina inseguridad (material o afectiva) o afecta al prestigio y al honor. Son dos teorías relativamente antagónicas, pero como ocurre con frecuencia, perfectamente complementarias. De aquí, que se señale, que podemos pensar por tanto, que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y, a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi. Mejía en su análisis nos sugiere considerar, que tome en cuenta, que si dos personas realmente se aman, no van a tener disgustos por cosas sin importancia, ni el uno tratará de imponer cualquier idea en el otro, ni estará pendiente de lo que mira, cómo lo mira, de lo que hace ni cómo lo hace. El requerimiento básico del amor es: "Acepto a la otra persona como es". El amor nunca trata de cambiar a la persona según la propia idea de uno. Como lo hemos ya señalado el amor esta avalado de asertividad, de respeto en todos los derechos de la persona que comparte su sentimiento con nosotros. Es por eso dice Mejía procurar amar al otro tal como es, y no a la imagen que en nuestros sueños hemos idealizado. . No hay que dar vida moldes, ni patrones ni ejemplos. Siempre habrá alguien mejor en algún sentido, y esa frase “deberías ser como tal o pascual”, irrita en vez de agradar. Si amas, entonces no es un asunto de condiciones: amas a la persona tal como es. Si no amas, entonces tampoco habría por qué imponer condiciones, pues es de suponer que él o ella no es nadie para ti. Sólo intenta ver lo que en realidad está en ti para la otra persona, y los celos desaparecerán Por último, tenga presente lo manifestado por la revista consumer.es, las personas muy celosas son, frecuentemente, apasionadas, ansiosas, un poco sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. Buscan con avidez todas las pruebas de su presunto infortunio y se muestran refractarios a los argumentos racionales que les trasmiten las personas cercanas con las que se sinceran. Los celosos delirantes que se sienten abandonados, menospreciados y burlados, pueden llegar hasta la tragedia de perseguir con odio a su "amor" y no vacilarán en atacarlo. De ahí que este sentimiento de los celos genere tantos problemas, no sólo en la seguridad física de las personas directamente afectadas por casos criminales sino también en el equilibrio emocional de otras muchas cuyo bienestar psicológico se ve amenazado. Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos
Muchas personas que piensan que son amantes, están continuamente acosándose, intentando hacer realidad la imagen que ellos desean. Es evidente que no aman, pues sólo quieren a la otra persona como una marioneta que puedan manejar con las cuerdas que tienen en sus manos. Tarde o temprano resultará un conflicto que les ha de causar tristeza y dolor.


chatozu
21 jun 2008 | 03:34 PM
Los celos son siempre INMOTIVADOS...
Lo contrario se llamaria cuernos... : )