He leído artículos del catedrático de Metafísica Ángel Gabilondo Pujol, y nunca me ha dejado indirerente, y más que por el tema tratado, por el estilo de su lenguaje, que ha hecho siempre que me acerque a lo sencillo desde una perspectiva mucho más profunda, y dejándome siempre con la sensación de que en algún momento, en algún lugar, dentro de mí, yo he pensado y he sentido eso mismo, y exactamente con sus mismas palabras. Sólo llevo unas veinte páginas de su Alguien con quien hablar, y ya sé que es una joya de esas que hacen compañía, como un amigo.
"Nunca olvidaremos a alguien con quien hemos reído. Quizá no recordemos su nombre, ni podamos recrear concretamente la situación, pero la memoria aún tiembla al compás de una carcajada"
Si alguien me hace reír se ha ganado algo muy importante dentro de mí. Compartir una carcajada, de esas que nacen de dentro, espontánea y totalmente inocente, es uno de los mejores regalos que se pueden recibir. Es el presente en estado puro, como un orgasmo.
Y provocar la risa, provocarla es de pronto un abrazo.
Yo no lo puedo evitar, si un hombre me hace reír, se vuelve de pronto un ser muy atractivo para mí. Si un hombre me hace reír me tiene en el bote.
"Puede parecer poco, pero a veces necesitamos sencillamente oír la voz de alguien concreto. (...) Es como si al llegar viniera vida. Tantas veces nos alcanza de lejos y todo cobra otro sentido. Si se silencia, nada nos dice nada (...) No recordamos siempre tanto lo que dijo cuanto la mano de su voz que tocaba nuestra alma"
A veces me asusto cuando en mi memoria se desvanece una voz. Tengo una memoria prodigiosa para algunas cosas, pero para las voces soy un desastre. Y me asusto cuando quiero recordar una que casi se ha ido. Porque es como sentir que te estás quedando un poco sola. Ya sentí eso una vez y lo odio.
Por eso a veces se vuelve imperiosa una necesidad de reforzar, aunque sólo sea con unas pocas palabras, esa reminiscencia de la voz en la memoria, y se necesita escuchar la voz, para que vuelva a palpitar dentro de nuevo, y se haga fuerte, y pueda darnos lo necesario para seguir adelante un poco más, abrazados al eco.
"Si no hay mucho que decir, al menos, tu voz. Léeme, siquiera un texto ya dicho. Llama, aunque sea por error para preguntar equivocadamente. Recita, canta o cuenta esa historia que es ya la leyenda de vidas siempre por vivir. Pero dame tu voz, que es poético decir que no necesita remitir a contenido alguno. La voz es ya en sí misma un sentido singular. Déjame dormir en ella. Y, cuando sea preciso, fallecer al arrullo de su despedida"
¡Que te pire ya!
