Leo y los evangelistas pentecostales II
No volví a hablar con él hasta un tiempo después. Estaba yo en mi casa comiendo pipas y leyendo "Crimen y Castigo" cuando me volvió a sonar el móvil.
-Donde estás?
-En mi casa.
-Perdida y sales, pasamos a buscarte.
-¿Quién?
-Piiiiiii piiiiiii piiiiii.
Al cuarto de hora se sucedió la esperada llamada perdida y yo salí hacia la esquina de mi calle donde había aparcado un enorme coche negro al que para subir tuve que dar un gran salto. En el asiento del conductor había un chaval de casi dos metros, a su lado mi amigo Leo, y detrás y a mi lado un adolescente pijo. Tuve que apartar tres evangelios para sentarme. Tras las presentaciones y saludos de rigor nos encaminamos hacia una cantina mexicana donde tomarnos algo. Una vez allí Leo nos hablaba de sus progresos. No había vuelto a probar la cocaína ni los porros, pero fumaba como un carretero y quería dejar el tabaco también. Para ello se había apuntado a un curso gratuito que ofrecía su centro de estudios. Bromeando sobre ello le sugerí una terapia hipnótica de las que están de moda, esas en que dejar de fumar solo supone x tiempo de hipnosis y ningún esfuerzo personal. Noté que mientras yo hablaba sobre el tema a los dos misteriosos acompañantes les cambiaba la cara. Tras mi inocente intervención uno de ellos, el que podría ser jugador de la NBA, espetó:
- No se debe hacer eso, la hipnosis es mala.
-Oh, claro- dije yo, creyendo comprender-, te refieres a que existe peligro de sugestión.
- No, te pueden entrar espíritus malos.
- Ah...
- Por cierto, Diana, ¿cuales son tus creencias?
Había llegado el momento clave, no iban a dejarme así, una atea sin convertir, ellos debían salvar mi alma.
- ¿Te refieres en si creo en algún ser superior?
- Sí.
- Pues no.
- Yo te puedo demostrar, mediante los evangelios...
- Perdón, pero no quiero que me demuestren nada. Si por cualquier razón existiera algún dios, ya saldaremos cuentas en su momento, pero mientras no tenga seguridad sobre su existencia no pienso preocuparme sobre ello.
- Buena respuesta.
- Diana ha leído la Biblia- dijo Leo, a traición.
- Bueno, de hecho, no toda... Empecé a leerla- le eché una mirada de esas que deberían pulverizar al adversario.
- ¿Y que es lo que has leído?- Se interesó Goliat.
- Pues... empecé por el génesis, y me atasqué tras el segundo libro de reyes.
- ¡Eso es malo!- repuso de nuevo.
- ¿Porqué no continué mi lectura?
- ¡No! El antiguo testamento es malo.
La verdad, yo ya me estaba cansando de ese diálogo absurdo cargado de memeces, y parece ser que estos chicos se tomaban en serio mi evangelización a pesar de mis respuestas.
(Continuará)

July dijo
Jajaja! Está explicado todo muy bien, me gusta mucho, al igual que muchos de tus historietas del antiguo blog, deseoso saber que pasa con Leo y con esta aventura que promete buenas entradas. Un saludo!
12 Octubre 2006 | 03:06 PM