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Bitácora de Charly

Un caminante incansable en busca de la verdad y un trabajador por la felicidad colectiva

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Humor trágico

(Tomado de Rebelión)

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  • La novelista que fue venerada por la derecha financiera de EEUU

    Muy popular en Estados Unidos y venerada por Ronald Reagan, la filósofa y novelista Ayn Rand (1905-1982) da vida en sus obras de ficción a héroes solitarios, limitados por sus semejantes. Tal elogio al “creador incomprendido” permite dar crédito a la visión de un individuo que no encuentra salvación más que en sí mismo.

    por François Flahault (*)

    Aprovechando una reunión del FMI en 2004, el consejero económico de Putin, Andrei Illiaronov, abordó a Alan Greenspan, en ese momento presidente de la Reserva Federal estadounidense, regocijándose de poder conversar con él acerca de una mujer que ambos admiraban y que Greenspan frecuentó durante mucho tiempo: Ayn Rand (1).
    Pocos han oído hablar de ella en Europa, aun cuando es autora de dos inmensos best-sellers en Estados Unidos, The Fountainhead (El Manantial)(1943) y Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas)(1957). El último es una saga donde se mezclan grandes empresarios estadounidenses, investigación y utopía. Individuos excepcionales desaparecen misteriosamente, unos después de otros. El resultado es el derrumbe de la civilización estadounidense. La investigación gira en torno a aun ingeniero, John Galt, que también ha desaparecido. Una desaparición particularmente intrigante porque deja tras él, inacabada e inexplorada, una invención revolucionaria, un motor que se alimenta de una fuente inagotable, omnipresente y gratuita: la electricidad estática contenida en la atmósfera. Luego nos enteramos de que John Galt se ha retirado voluntariamente de la sociedad. En efecto, considera que sus miembros improductivos chupan la sangre de los individuos que crean y producen, ejerciendo un poder abusivo cuya posta toma el Estado. Las otras desapariciones también se explican, porque John Galt había incitado a un cierto número de espíritus superiores a seguirlo, llevándolos así a la huelga más desastrosa de la historia de Estados Unidos.
    John Galt y sus compañeros fundan la ciudad de Galt-Gulch en una región aislada y montañosa de Estados Unidos, donde esos al margen de la ley económicos (economic outlaws) pudieran expresar con toda libertad sus capacidades de crear, de inventar y de emprender. Se encuentra en preparación una película basada en Atlas Shrugged; y se dice que Brad Pitt y Angelina Jolie (admiradora de Ayn Rand) tendrán los papeles principales.
    Como la popularidad de Ayn Rand es comparable a la de Ron Hubbard, el fundador de la Iglesia de la Cienciología, no resulta sorprendente que un grupo de discípulos haya querido realizar la utopía. En 1995, trece años después de la muerte de Ayn Rand, apareció en The Economist y Time Magazine una página doble de publicidad: la gran idea del “genio profético” (prophetic genius) ya no era sólo un sueño, era una entidad viva y legal, Laissez Faire City; voluntarios del mundo entero fueron llamados a unirse a ella. En 1998, los miembros de Laissez Faire City proyectaban comprar tierras en Costa Rica. Luego, ante las dificultades encontradas, se orientaron hacia la idea de un territorio virtual en Internet. Finalmente como, en el fondo de lo que se trata es de no pagar impuestos (una exacción inmoral, según Ayn Rand, mediante la cual el Estado se apropia del dinero de los particulares), los promotores de la utopía terminaron por comprender que ya había sido realizada, bajo una forma ciertamente menos apasionante, pero cada vez más floreciente: los paraísos fiscales.

    Filosofía “objetivista”

    El itinerario de Ayn Rand explica sin duda su ideología. Nacida en Rusia a comienzos del siglo XX, con el nombre de Alice Rosenbaum, huyó de la Unión Soviética en 1926 para ir a Estados Unidos. Ahora bien, tanto la ideología comunista como la doctrina que defiende lo contrario, cada una a su manera, son tributarias del mito de Prometeo. Al emigrar, Ayn Rand pasó de un país que desnaturalizaba la ambición prometéica y la utopía, a otro que, según ella, encarna el éxito. Se mantuvo activa hasta el final de los años ’70 (murió en 1982), y ejerció una influencia considerable en la vida intelectual y política estadounidense, especialmente en la alta administración republicana; Ronald Reagan integraba la lista de sus discípulos más fervientes. Un Ayn Rand Institute (2) se dedica a difundir su filosofía “objetivista”, con el fin de promover el libre mercado, el individuo, la libertad y el ejercicio de la razón como antídotos contra el multiculturalismo, las políticas ambientales, las corrientes de pensamiento que le otorgan una importancia exagerada al Estado, y otras manifestaciones de irracionalidad. Ochocientos mil ejemplares de las obras de Ayn Rand se venden cada año. Pero de allí a compararla, como lo hacen algunos de sus discípulos, con Hanna Arendt…
    The Fountainhead (El manantial) es su otro gran best-seller y su título representa la fuerza creadora que se origina en el corazón del individuo. Es la historia de un arquitecto genial e intransigente, en conflicto con la incomprensión y el conformismo. Hacia el final de la novela, el arquitecto Howard Roark comparece ante un tribunal porque ha sido acusado de haber dinamitado un conjunto de edificios recién terminados. ¿Por qué destruye su obra? Porque fue desnaturalizada, bastardeada: a pesar de la garantía formal de que sería realizada tal como él la había concebido, el aspecto de los edificios había sido modificado con el fin de adaptarlo al gusto del público.

    El genio incomprendido y solo

    El lector asiste entonces a una de esas escenas de procesos judiciales, tan frecuentes en las ficciones estadounidenses. Howard Roark hace su propia defensa. E inicia así su alegato:
    “Hace miles de años, un hombre hizo fuego por primera vez. Probablemente fue quemado vivo sobre la hoguera que había encendido. Fue considerado un malhechor que había robado al demonio un secreto al que la humanidad temía. Pero, gracias a él, los hombres pudieron calentarse, cocinar sus alimentos, iluminar sus cavernas. (…) A ese hombre, el pionero, el precursor, lo volvemos a encontrar en todas las leyendas que el hombre ha imaginado para explicar el comienzo de todas las cosas. Prometeo fue encadenado a una roca y descuartizado por buitres porque había robado el fuego de los dioses. Adam fue condenado a sufrir porque había comido del fruto del árbol del conocimiento. (…) Los grandes creadores: los pensadores, los artistas, los sabios, los inventores, se han levantado siempre, solitarios, contra los hombres de su tiempo (3)”.
    La destrucción de los edificios, aboga Howard Roark, no es un delito, porque el artista, dueño de su obra, tiene derecho a destruirla cuando no corresponde a su idea creadora. Es precisamente el rechazo del artista a conformarse a las exigencias de la sociedad, lo que le procura las mayores ventajas. Howard Roark, como un nuevo Prometeo, defiende los valores del individuo; y los valores del individuo son los de Estados Unidos. El jurado dio su veredicto: inocente.
    En 1949, King Vidor llevó al cine The Fountainhead, con Gary Cooper en el papel del arquitecto. Ayn Rand escribió ella misma el guión de la película, que fue presentada en Francia con el título El Rebelde. Cuando uno la descubre -por casualidad, una tarde en la televisión- la mira como a otras películas de Hollywood: Gary Cooper, héroe solitario e indomable en medio del conformismo reinante o ante hombres poderosos y cínicos; cambios de situación desde el éxito al fracaso y a la inversa; una heroína seductora e independiente, pero finalmente conquistada: todo está allí.
    El espectador europeo no percibe forzosamente la dimensión propagandística que encubre la película. Porque Ayn Rand incluye en ella, como en sordina, el mensaje político que había sido formulado claramente en su novela. No trata de obligar a aceptar sus ideas, sino, más hábilmente, de mostrar la realidad de tal manera que el público, cautivado por el cuadro que se le ofrece, las perciba como una consecuencia natural de ese cuadro. Como ocurre generalmente con las películas estadounidenses de intención patriótica, religiosa o política, El Rebelde le reconoce al espectador el derecho a gozar de la ficción en sí misma y por sí misma. La propaganda hollywoodense comprendió que al incluir la prédica de manera sigilosa, la comunicaba mejor que al pregonarla. Roark, como creador, sigue su propio camino. Sólo cuenta su trabajo; nadie lo domina. No tiene ni Dios ni amo. A través de Roark, lo que se reconoce y se pone en foco es el deseo universal de existir libremente.
    En Europa, el tipo romántico del genio se ilustra con poetas, escritores y músicos. Pero el genio creador, modernizado y a la estadounidense, ya no trata de evadirse del mundo material sino de transformarlo. El arquitecto es un artista, pero también un constructor. Los artistas románticos europeos eran gente de salón. Los del Nuevo Mundo no llevan chaleco rojo ni usan puntillas. Roark es un obrero, un hombre de trabajo, un Stajanov estadounidense. El hombre se afirma en su relación con la materia: control, dominio, fuerza brutal, virilidad. Desde la primera página de la novela, Ayn Rand anuncia el tono: Howard Roark se yergue, desnudo, en la cumbre de un acantilado.
    “Todo lo que es real existe de manera independiente.” Ayn Rand piensa, como Nietzsche, que la humanidad está justificada por sus grandes hombres ¡allá ellos los personas comunes!, entre las cuales, con toda seguridad, ella no se incluye). Comparte su crítica de la filantropía, su desdén por la multitud y, sobre todo, su fe en el individuo que existe por sí mismo, que no tiene necesidad de los otros y que saca lo que crea de su propio interior. El prometeísmo de Ayn Rand no hacía presagiar la mojigatería de la que se rodeó la revolución conservadora estadounidense. Se mantiene cerca de la rebeldía romántica y de su neo-paganismo (4). El alegato de Roark es, en realidad, un largo elogio de sí mismo:
    “El creador no sirve a nadie ni a nada. Sólo vive para sí mismo. Y al vivir únicamente para sí mismo se entiende que sea capaz de realizar las obras que constituyen el honor de la humanidad. El creador ha hecho más de lo que el altruista puede imaginar para suprimir en la tierra todas las formas de sufrimiento, tanto morales como físicas. El hombre que se esfuerza por vivir para los otros es un hombre dependiente. Él mismo es un parásito y transforma a los otros en parásitos. […] El objetivo del creador es la conquista de los elementos; el objetivo del parásito es la conquista de los demás hombres. El creador vive para su obra. No tiene necesidad de los otros. El parásito vive por dependencia. Necesita de los otros”.
    El panadero, según Adam Smith, no fabrica su pan por filantropía, sino por interés. Al vivir sólo para sí, al realizarse como un puro individuo, cada uno concurre involuntariamente y por añadidura al bien general. Este optimismo se basa, a su vez, en la creencia de que la interdependencia no es un rasgo constitutivo de la condición humana sino sólo una patología, ciertamente difundida, pero que por contraste destaca la verdadera naturaleza del hombre sano. Por eso la única forma de relación que existe entre seres independientes es, según Ayn Rand, el librecambio: “Los intereses racionales de los hombres no se contradicen, y… no puede haber conflictos de intereses entre hombres… que tratan los unos con los otros sobre la base de un intercambio libremente consentido” (5).
    Ayn Rand justifica así una ética que resulta notable por el hecho de que no supone ningún deber hacia los otros, sino únicamente respecto de sí mismo. Así desaparecen, mágicamente, las múltiples formas de interdependencia, las relaciones de fuerza, los abusos de poder, las injusticias y las violencias que envenenan la existencia de la humanidad y contra las cuales, en la vida real, el recurrir a la razón se revela desgraciadamente como ineficaz.
    La ideología de Ayn Rand está dirigida en primer lugar a los “dominantes”. Los conforta en la ventajosa idea que ellos tienen de sí mismos, y les permite trasladar a un segundo plano lo que en realidad son: personas para las cuales es esencial pertenecer a redes poderosas y que hacen esfuerzos para ocupar en ellas su lugar. Pero se prodiga también –y esto constituye su gran fuerza- entre aquellos que ocupan posiciones más modestas. Éstos están sin duda más aislados, lo que constituye para ellos una fuente de dificultades, pero el modelo que les proponen Howard Roark o John Galt les ofrece, en la medida en que se identifiquen con él, una compensación imaginaria y una fuente de estima de sí mismos. Les permite estar orgullosos de aquello que, en realidad, los debilita. Como la fe en el individuo se apoya en el ejemplo de aquellos que tienen éxito, el capital social con que éstos gozan se mantiene en silencio con el fin de resaltar su valor personal. El fracaso de aquellos que siguen estando en la parte más baja de la escala social, es imputado a la falta de cualidades personales.
    Entre las formas inevitables pero saludables de dependencia, evidentemente hay que considerar, en primer lugar, los vínculos que unen a cada generación con la precedente. En relación con esto, resulta sintomático que en los dos grandes best-sellers de Ayn Rand, que son muy voluminosos, no haya lugar para el personaje de un niño. Y es que la sola existencia de los niños y, por lo tanto, de la relación entre las generaciones, habría bastado para arruinar el modelo de individuo que Rand exalta. El individualismo radical de Ayn Rand implica, en el fondo, que la sociedad, como decía Margaret Tatcher, no existe.
    “Todas las ‘economías mixtas’, escribió Ayn Rand en 1963, están en un estado de transición precaria que hace que, en última instancia, deban dirigirse hacia la libertad o terminar en la dictadura (6).” El papel de un país libre como Estados Unidos es hacer que las cosas vayan en el buen sentido, que es el de una alianza entre democracia y capitalismo radical. “Cualquier nación libre tenía el derecho de invadir a la Alemania nazi, y hoy tiene el derecho de invadir a la Rusia soviética, a Cuba o a cualquier otro enclave de esclavitud (7)”. Desde el momento en que “los conquistadores establecen un sistema social libre, la invasión de un país esclavista está moralmente justificada (8)”.

    1 Alan Greenspan, The Age of Turbulence, Nueva York, Allen Lane, 2007, p. 323.
    2 www.aynrand.org
    3 Esta cita y las que siguen están extraídas de la traducción francesa, La Source vive, Plon, París, 1997.
    4 Paganismo, religiones paganas. El neo-paganismo preconiza el culto de la fuerza, del jefe o de la raza.
    5 «La ética objetivista », conferencia dictada en la Universidad de Wisconsin en 1961 y reproducida en La Vertu d’égoïsme, Les Belles Lettres, Parsi, pp.78-79.
    6 “Les ‘Droits’ collectivisés“, en La Vertu d’égoïsme, p. 172.
    7 Ibidem, p. 170. Puede verse cuál habría sido la posición de Ayn Rand sobre Irak.
    8 Ibidem, 171. Aquí, Ayn Rand retoma uno de los argumentos más utilizados en el siglo XIX por los partidarios de la expansión colonial.
    F.F

    (*) Director de investigacones del Centre National de la recherche Scientifique (CNRS). Autor de Crépuscul de prométhée (a publicarse en noviembre próximo por la editorial Mille et une nuits, París, de donde se extrae este texto). Traducción: Lucía Vera

    (Publicado por Diplo)

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  • La decisión del Ministerio de Salud Pública se opone a la norma constitucional


    Insólita y absurda aparece la prohibición del Ministerio de Salud Pública, que pretende impedir la circulación de publicaciones extranjeras que contengan en sus páginas publicidad sobre cigarrillos. Insólita, porque a esta altura de los acontecimientos que aparezca en el ámbito público una decisión de este calibre, creando un foco de atención nuevo, pero que pone al país dentro de las zonas del mundo donde – por una razón u otra – se cercena la libertad de expresión.

    Pero además la prohibición se basa en una norma legal aprobada por el Parlamento, que prohíbe la publicidad de los cigarrillos, destinada a evitar la difusión del tabaquismo, la que reglamenta el decreto anterior del Poder Ejecutivo de prohibir fumar en lugares cerrados de uso público. Por ello es absurda, porque la decisión del Departamento Jurídico del Ministerio de Salud Pública está pisoteando una norma constitucional que establece que la libertad de expresión y la circulación de las ideas estarán garantizadas en el país. Cómo puede oponérsele una norma legal a la propia Constitución de la República sin, además, tener en cuenta que la prohibición afecta a todo tipo de publicación con que muchos uruguayos están al día de lo que ocurre en el continente.
    Por lo tanto, además de insólita y absurda, la resolución ministerial es burda, gravísima en su contenido y en su esencia oscurantista. No solo viola la Constitución de la República, sino que cercena la circulación libre de la información y de las ideas en base a la decisión de una Ley cuya efectividad es dudosa. ¿El Ministerio de Salud Pública tiene idea, acaso, de lo que ha descendido el vicio del tabaquismo con la aplicación de las antedichas prohibiciones? Seguramente no tiene en cuenta que, según las empresas tabacaleras, estas no han sentido en sus ventas una caída sensible que coincida con el hecho de que la ley antedicha defienda el derecho de quienes no fuman lo hagan en un ambiente libre de humo.
    Sin duda, una buena medida sanitaria, que circunscribe a los adictos al tabaco a ámbitos específicos, alejándolos de los lugares de utilización común, como bares y restaurantes, además de edificios públicos, oficinas, etc. Eso, sin duda es positivo, pero lo que no lo es la aparición del “sectarismo fundamentalista” de algunos funcionarios que enceguecidos por hacer “méritos” arremeten en contra libertades esenciales, que están vinculadas al funcionamiento mismo de nuestra democracia.
    No sea cosa, que luego de la anunciada Ley que se aprobaría regulando la venta de alcohol, algún funcionario adoptara medidas similares en contra los medios de comunicación que, más allá de tener de clientes entre los vendedores y productores de estos productos, son un vehículo informativo de primera necesidad.

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  • En Uruguay se lo recibió a Daniel Ortega como a un héroe. La izquierda compatriota en general y la Intendencia de Montevideo en particular, le hicieron reverencias cuando condecorara a algunos políticos y al propio Intendente de Montevideo. Quizás no estaban al tanto de quién es este éste seudo revolucionario, “líder” del sandinismo, que se alió con la derecha más recalcitrante en Nicaragua, para conseguir ser urgido de nuevo presidente de uno de los países más pobres del continente. La Corte Interamericana de Derechos Humanos admitió la denuncia en que la hijastra de Daniel Ortega le acusa de abusos sexuales durante 20 años. En Nicaragua el caso había sido rechazado. Con la indulgencia del diario español “El País”, dueño de los derechos exclusivos de los trabajos del escritor peruano, Mario Vargas Llosa, nos atrevemos a publicar esta denuncia que desenmascara a este personaje siniestro que todavía sigue siendo halagado en este continente, aunque su popularidad ha descendido en su propio país a niveles invalidantes. El alto tribunal de la OEA es renuente en condenar a este triste personaje por ser un jefe de Estado en ejercicio.

    por MARIO VARGAS LLOSA (*)

    El miércoles 16 de julio, decenas de miles de nicaragüenses se manifestaron en las calles de Managua para pedir la renuncia del presidente Daniel Ortega, a quien acusan de estar convirtiendo la frágil e imperfecta democracia que vive su país en una dictadura tan corrompida y autoritaria como la que padeció Nicaragua bajo Somoza. La manifestación fue convocada por la Coordinadora Civil, que reúne a unas 600 organizaciones cívicas, partidos y movimientos de todo el espectro político, muchos independientes, asociaciones feministas e intelectuales.
    Es la primera buena noticia que nos llega desde ese desventurado país -el segundo más pobre de América Latina, después de Haití- desde que, en un acto de verdadero desvarío colectivo, los electores eligieron el año pasado a Daniel Ortega para ocupar la primera magistratura de la nación, olvidando su catastrófica primera gestión (1985-1990) y legitimando su pacto mafioso con el ex presidente "liberal" Arnoldo Alemán, condenado a 20 años de cárcel en el año 2003 por haber entrado a saco en las arcas del Estado despilfarrando y robando la vertiginosa suma de 250 millones de dólares. El supuesto reo multimillonario cumple ahora su sentencia en una finca particular, viviendo a cuerpo de rey, recibiendo todas las visitas que le place y viajando a Managua cuando le da la gana a dar consignas a su bancada parlamentaria que, unida a la sandinista, detenta la mayoría del Congreso. Esta alianza mafiosa y antinatura de una supuesta izquierda y otra supuesta derecha -en verdad, dos bandas gansteriles disfrazadas de partidos políticos- ha permitido la desnaturalización de la justicia, sentado las bases de una nueva dictadura, y abierto la puerta para que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán se salgan con la suya y se libren de pagar por los delitos que se les imputan. Los electores que, por ingenuidad, ignorancia o fanatismo, sacramentaron este contubernio están ya arrepentidos de su error, pues, según las últimas encuestas, la popularidad del presidente Ortega ha caído en picada desde que asumió el poder en enero de 2007. Ahora sólo lo respalda un 21% de los nicaragüenses.
    Todavía es muchísimo si se tiene en cuenta el prontuario del "comandante" Ortega. Resumo la historia de su hijastra Zoilamérica Narváez, tal como aparece en dos publicaciones que me merecen absoluta credibilidad (EL PAÍS, de Madrid, 29-06-08, y Búsqueda, de Montevideo, 5-06-08), pero quien tenga estómago para ello puede leer en Internet el testimonio completo de esta peripecia que parece extraída de una novela del Marqués de Sade.
    Zoilamérica es hija de Rosario Murillo, esposa de Ortega, Coordinadora de los Consejos del Poder Ciudadano y, según algunos, el verdadero poder detrás del trono nicaragüense. El 22 de mayo de 1998, Zoilamérica, militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, hizo público su testimonio contra su padre adoptivo, revelando que, desde la edad de 11 años, "fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega Saavedra, manteniéndose estas acciones por casi 20 años de mi vida". Las precisiones, detalles y circunstancias del relato de Zoilamérica son escalofriantes y revelan en su verdugo, acosador y violador, un cinismo y una crueldad poco menos que patológicas. El vía crucis de la niña comenzó en 1979, cuando el revolucionario andaba en la clandestinidad, en Costa Rica. Cada vez que se ausentaba la madre, aquel aprovechaba para "manosearme y tocar mis partes genitales. Hasta hace poco recordé que también ponía su pene en mi boca".
    El terror y la vergüenza hacían que la niña soportara todo aquello sin denunciarlo a la madre, quien, por lo visto, entregada en cuerpo y alma a la política, andaba en la luna sobre las malandanzas que protagonizaba su marido a sus espaldas. El "comandante" se metía al baño cuando Zoilamérica estaba duchándose y se masturbaba mirándola y acariciando sus ropas. En las noches, se introducía en el cuarto que la niña compartía con su hermano Rafael, "procedía a separarme parte de la cobija de mi cuerpo, continuaba con manoseos y luego concluía masturbándose. Me decía que no hiciera bulla para no despertar a Rafael... y me decía: '¡Ya verás que con el tiempo esto te va a gustar!".
    Cuando los sandinistas derrocaron a Anastasio Somoza en 1979, la familia Ortega Murillo se trasladó a Managua. Allá le asignaron a Zoilamérica un cuarto para ella sola. Fue, dice, una pesadilla todavía peor. En las noches, el comandante se deslizaba en la cama de la niña de 12 años y se refocilaba a su gusto. Ella comenzó a padecer "escalofríos, náuseas y temblores de quijada". Vivía con una sensación de pánico constante, por los abusos de que era objeto, y por la perspectiva de que todo aquello se supiera y se convirtiera en el centro de un gran escándalo. Robándole tiempo a sus responsabilidades de gobierno, el "comandante" aparecía de pronto en la casa a las horas que sabía que Zoilamérica estaba sola y le exigía que participara en sus juegos sexuales: "Me indicaba que me moviera, que así sentiría rico. 'Te gusta, ¿verdad?', me decía, mientras yo permanecía en absoluto silencio sin tener fuerzas para gritar ni llamar a mi mamá. El miedo no me dejaba. Sentía en la garganta resequedad, atorada y con temblores. Su contacto me transmitía intensos fríos y malestares, me provocaba asco y me creía sucia, muy sucia, pues sentía que un hombre al que rechazaba me ensuciaba toda. Comencé a bañarme muchas veces durante el día, para lavarme la suciedad".
    Las audacias del "comandante" se incrementaron con el tiempo. Obligaba a su hijastra a que viera con él películas pornográficas y le mostraba revistas eróticas, como Playboy. Un día se apareció en la casa con un vibrador que pretendió que Zoilamérica usara, pero el aparato no funcionó. El año 1982, la violó, tirada en la alfombra de su cuarto. "Lloré y sentí náuseas. Él eyaculó sobre mi cuerpo para no correr riesgos de embarazos y así continuó haciéndolo repetidas veces: mi boca, mis piernas y mis pechos fueron las zonas donde más acostumbraba echar su semen, pese a mi asco y repugnancia. Desde entonces, para mí la vida tuvo un significado doloroso. Las noches fueron mucho más temerarias, sus pasos los escuchaba en el pasillo con su uniforme militar; recuerdo clarito el verde olivo y los laureles bordados en su uniforme".
    El testimonio sigue así, muchas páginas más, con infinidad de pormenores en los que es difícil determinar si es peor la cobardía del todopoderoso mandatario "revolucionario" que mantuvo por 20 años de su vida a su hijastra convertida en su esclava sexual o la villanía del aparato militar y político a su servicio que amparaba aquellos abusos impidiendo que la joven denunciara a su verdugo.
    Cuando el escándalo estalló, la señora Rosario Murillo tomó la defensa de su marido y acusó a su hija de complotar con los enemigos del sandinismo. Hace algunos años, en 2004 -urgencias de la política-, la esposa del "comandante" representó en una radio una reconciliación con su hija, la cual, sin embargo, mantuvo todas las acusaciones contra su padre adoptivo. Pero éste ya había tomado todas las providencias debidas para burlar a la justicia. El Juzgado Primero del Crimen de Managua, a cargo de la guerrillera Juana Méndez, fiel militante sandinista, sobreseyó el caso. Ante la recusación de la denunciante, la titular del Juzgado Segundo del Distrito del Crimen de Managua, Ileana Pérez, otra probada sandinista, necesitó sólo un día para rechazar el expediente. Pero la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha admitido el caso contra el Estado de Nicaragua por "denegación de justicia". ¿Prosperará allí la acusación contra el "comandante" violador, incestuoso y pedófilo? A juzgar por la lentitud geológica con la que los jueces examinan el caso, se diría que el alto tribunal de la OEA es más que renuente a condenar a un jefe de Estado en ejercicio, y, además, progresista y revolucionario.
    Eso es también América Latina todavía, por desgracia. No sólo eso, felizmente. Hay otra realidad latinoamericana que va dejando atrás estos extremos de brutalidad y de barbarie, donde la justicia ya comienza a ser digna de ese nombre y donde una mujer no puede ser atropellada y abusada a lo largo de dos décadas por un matón con pistolas y uniforme verde olivo sin que los jueces actúen en defensa de la víctima. En la propia Nicaragua, muchos sandinistas decentes, como los hermanos Mejía Godoy -que han prohibido a Ortega utilizar sus canciones revolucionarias-, han pasado a militar contra el nuevo déspota y sus desafueros, a la vez que muchas agrupaciones feministas tomaban la defensa de Zoilamérica. Pero que alguien capaz de haber cometido semejantes iniquidades se halle de nuevo en el poder, ungido por los votos de sus conciudadanos, en vez de estar pudriéndose en una cárcel, dice leguas sobre lo mucho que le falta aún a la tierra de Rubén Darío y de Sandino para salir de ese pozo de horror y vergüenza que llamamos subdesarrollo.

    (*) Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario EL PAÍS, SL, 2008.

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  • El placer de los etruscos (*)

    1)

    “Varios siglos antes de Cristo, los etruscos enterraban a sus muertos entre paredes que cantaban júbilo de vivir.
    En el 66 bajamos a las tumbas etruscas y vimos las pinturas. Había amantes disfrutándose en todas las formas, gente comiendo y bebiendo, escenas de música y celebración.
    Los que como yo habíamos sido católicamente preparados para el dolor, se quedaban bizcos ante este cementerio, que era un placer” (**)

    2)
    Comprar la vieja tapera que en la inmobiliaria de Punta del Este ofrecían tan barata, con tres hectáreas de terreno y junto a la chacra de un amigo de Carlitos, era para mí más que una operación, el inicio de una aventura lisa y llana. El vicio edificio, junto a un camino de tierra, rodeado de añosos árboles, había sido construido con piedra y ladrillo, dejándose un gran patio interior sobre el que tenían sus puertas la mayoría de las habitaciones. Se decía que allí había funcionado un almacén que luego se convirtió en un lugar de baile adonde concurrían muchos habitúes de los extramuros de la zona balnearia.
    Lo lamentable era que yo, un viejo jubilado, con los hijos desperdigados por el mundo, iba a usar ese lugar para recordar el pasado, para renovar a mis padres enterrados en una historia también de campo, en donde el trabajo de sol a sol era la constante.
    Por eso la decisión fue clara y terminante, sin los contrastes remolones de otras actitudes mías, en donde la costumbre o el miedo a lo desconocido me hacían ser mucho más lento en adoptar una posición.
    Esa tarde corrí hacia la península, arreglé el pago con la inmobiliaria, firmamos el respectivo boleto y comencé a ser el propietario de la vieja tapera, en donde nunca imaginé que tendría compañía.

    3)
    “¿Cuántas veces hemos confundido la bravura con las ganas de morir? La histeria no es la historia. La muerte, que un par de veces me tomó y pie soltó, a menudo me llama todavía y yo la mando a la... (**)

    4)
    Entrar en la tapera fue toda una aventura en la que intervenía también el coraje. Empujé la puerta de la principal habitación y con la luz de una linterna batiré todos los rincones haciendo escapar a una serie de habitantes propios de las casas de campo largamente abandonadas. Sin embargo, algo raro observé en la puerta de enfrente, en un agujero que la misma tenía en su parte inferior, entre el listón de madera que la cruzaba y el piso. Era una forma difícil de definir, repugnante a primera instancia, pero lógica y adecuada.
    El intruso era yo y aquella víbora, comía el sapo sin haberlo tragado todavía porque el pobre bicho era muy grande para la crucera, saliendo de la boca del ofidio, extrañamente hinchada, parte de su alimento, especialmente las patas, todavía se movían.

    Mi primera impresión fue de repugnancia. La crucera no podía, por el sapo que tenía en su boca, escapar del cepo que le significaba el agujero de la puerta y pareció que sus ojos me miraban sin miedo, como comprendiendo que yo tenía mis derechos en el lugar y que el único camino que le quedaba era dejármelo libre.
    Luego de una limpieza superficial que trate de hacer, barriendo las piezas y sacando las telas de araña, advertí que la víbora había desaparecido, por lo que, en un momento, pensé en las virtudes alimenticias del sapo.
    Cansado, sudoroso, encendí un farol que había llevado conmigo para alumbrarme hasta lograr que conectaran la corriente eléctrica.
    El círculo amarillento se extendió, bañando la habitación por los cuatro costados. Miré a mi alrededor y advertí que la crucera se había arrollado en un rincón, seguramente bien alimentada.
    Era una compañía repugnante, tal vez, pero lo era al fin. Creo que Felipa, como la bauticé, también lo
    entendió dándome la bienvenida a su reducto con esa quietud que me tranquilizó.

    5)
    Infinitamente, le di las gracias, sabiendo de verdad que no tenía con quién estar. Aquella noche, traté de rehacer el mundo, cada lugar que me habían dado, cada fábula. Dejé de recordar cuando hubo algo de luz en la ventana.

    6)
    Lentamente me desperecé, tenía una larga jornada: proyectar mi reducto en ese lugar de las sierras de Piriápolis. Lentamente salí del saco de dormir sin recordar a Felipa, la compañera nocturna, mi intrascendente compañera, que sin duda podía vivir en un mundo menos cruel que el de los humanos. Sin embargo, cuando di un paso, ella se hizo sentir con un leve crujido de su piel escamosa y un deslizarse lento.
    Al agacharme y tratar de tornar una de las botas sentí la mordida en una mano.
    Felipa me estaba haciendo lo que yo nunca pensaría hacerle: quería matarme, usando su terrible veneno, incrustando sus colmillos en mi carne.
    Mi primera reacción fue lanzar lejos a la víbora, y luego, violento, con una pala que había traído para los trabajos, le corté la cabeza de un solo golpe.

    7)
    Caminando a los tropezones, encendí la lámpara del cuarto. En el reloj, eran las ocho y media de la noche. Abrí de par en par la puerta. La luna llena excitaba a los perros que ladraban a la distancia. No podía dormir, no por los ladridos, sino por esperar a la muerte.
    Estar parado me mareaba. Me recosté sobre el saco de dormir, que parecía hervir. Soplaba una brisa caliente que dejaba caer a mis pies, hojas de los eucaliptos.
    Aquel había sido un día importante para mí. En la vieja tapera estaba muriendo y nadie, absolutamente nadie, podría darme un certificado de resurrección.
    Tal vez ahora viviría en otro mundo, tan pletórico de placeres, como el de los etruscos.

    (*) Cuento de Carlos Santiago publicado en el libro “Contornos imprecisos y otros cuentos”, Libros del Astillero (1983)

    (**) Textos de Eduardo Galeano


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  • Terciando en una polémica inconclusa (*)

    «El hombre de este tiempo vive delante de lo que
    acontece en el mundo entero. Y lo hace a través de
    los periodistas; ellos son los testigos, quienes
    nos narran los acontecimientos. Por supuesto que
    cada uno de ellos a través de su cultura, de los
    medios que tienen en sus manos para analizar.»
    Ernesto Sábato

    ¿Es verdad lo que sostiene Giovanni Sartori, que en la actualidad proliferan las mentes débiles, las que son el producto de una sociedad en que las personas tropiezan con un mecanismo, también el de los medios, para que esa degradación involución humana sea una norma universal?¿El público es adiestrado para que consuma y no para pensar?¿Es ello también responsabilidad de la tendencia homogeneizarte de los medios electrónicos, de la mass-media regimentada en la globalización, ello sumado a la enseñanza que también actúa con esquemas de entrenamiento puntual, de acuerdo a intereses globalizados?

    ¿Qué papel juegan en ello los medios concentrados tras las grandes corporaciones informativas?
    Es evidente que ese proceso, abonando la concentración, favorece a ese círculo vicioso que lleva al pensamiento confuso - a los estrambóticos, a los excitados, a los exagerados y a los charlatanes. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al "homo insipiens" [1]. Por ello, en este momento, cuando el tema está sobre la mesa, es bueno tratar de contribuir con algún granito de arena al gran edificio que debemos construir entre todos para afianzar, desde las libertades y la difusión de las ideas, a nuestra democracia.
    Sin embargo, debemos decir que el panorama es apocalíptico.
    Que el tema de la información está en la mesa de discusión, es más que evidente. En el mundo se están incentivando los debates que oponen, como los avisados han detectado, a quienes buscan concretar el camino de la información, sin adjetivos, que le sirva a la gente, enfrentados a quienes la han convertido en un elemento más de dominación ideológica, para lo que se utilizan espectáculos de entretenimiento periodístico (también las guerras integran el paquete), muchos de ellos globalizados, convirtiendo ese todo en un negocio -económico o político- con un solo objetivo: dejar las cosas en la superficie y, además, propender al afianzamiento del status quo [2].
    En pocas palabras, afianzar la dominación del capital monopólico a través de un modelo globalizado de exclusión y marginación de importantes sectores de la población del mundo que en muchos países se expresa de manera dramática.
    Por supuesto, es de una obviedad infinita aclararlo, que en estas líneas no estamos criticando al espectáculo como expresión cultural humana, sino a la infinita "tilinguearía" metodológica de algunos o al pretendido juego "serio" de otros, que son dos caras de la misma moneda, la que se utiliza para desinformar y homogeneizar el pensamiento.
    Algunos programas que se tildan de periodísticos, encaran la información, fundamentando el "gancho" en efectos de producción, que muestran realidades con una insoportable ligereza epidérmica que, obviamente, cuestiona a la información misma. También un subrayado a la manipulación informativa, sin duda, otro fundamento malsano que se utiliza abiertamente y cada vez con una sutileza mayor, con el objetivo de desinformar.
    El tema que encaramos hoy es difícil y con perfiles infinitos. Pero es bueno, a esta altura de los acontecimientos, tratar de desentrañar algunas verdades o, por lo menos, exponer situaciones que muestren como el tema de la información es de fundamental importancia para la sociedad humana.

    Información sin adjetivos
    En el primero de los grupos, el de la información sin adjetivos, la libertad de informar está en juego. Con ella y por ello debemos batallar por una democratización plena y el elemento que la caracteriza, que es la lucha por la diversidad.
    Recordemos que en 1973 la UNESCO lanzó la discusión de cómo organizar el nuevo orden mundial de la información y la comunicación, con el objetivo de hacerla más democrática. (El norte del planeta controlaba entonces el 80% del sistema informativo.)
    La idea de la UNESCO era dotar de reglas éticas y profesionales capaces de promover una circulación de una información más equitativa, a fin de equilibrar las distorsiones producidas en el libre mercado. El debate concluyó en 1981 en una crisis que se expresó con el retiro de Estados Unidos, el Reino Unido y Singapur de la UNESCO y con el cese de iniciativas sobre políticas de información para los países subdesarrollados que, desde ese momento, fueron considerados como protagonistas de una indebida injerencia estatal en el libre mercado. Siguió rigiendo, por lo tanto, la ley de la selva.
    "Hoy nos encontramos ante un nuevo orden mundial de la información, muy distinto al discutido en los años 70, pues es impulsado y guiado por el mercado y se caracteriza por una concentración creciente tanto de los medios de comunicación como de las empresas de telecomunicaciones. El otro ingrediente es la homogenización de los contenidos [3].
    A nivel planetario observamos que el sistema informativo se está concentrando a un ritmo cada vez más acelerado y las grandes corporaciones - como las de Rupert Murdoch o Silvio Berlusconi - que ocupan posiciones dominantes y exclusivas en el mercado, de hecho impiden la diversidad, el necesario y verdadero pluralismo informativo.
    Cualquier observador atento puede observar que los contenidos de la prensa estadounidense tienen un enfoque cada vez más homogéneo. Es tan así que hoy, cuando faltan pocos meses para las elecciones presidenciales estadounidenses, el 61% de la población cree que Sadamm Hussein tuvo participación en los atentados del 11 de septiembre. Sin embargo como consecuencia de otros hechos, como el de las torturas a los presos iraquíes -cuya difusión masiva todavía debemos interpretar- la figura del presidente de EEUU comenzó a derrumbarse en la opinión pública y su delfín John McCain pelea con dificultades con el inesperado candidato del partido Demócrata, Barack Obama.
    ¿Cómo entender la difusión de las fotografías de contenido atroz, que muestran como los soldados estadounidenses torturaron a prisioneros iraquíes? ¿Por qué las grandes cadenas informativas participaron de ese juego informativo?
    Obviamente a Bush le preocuparon en aquel momento más esas fotografías, no la acción de sus tropas, pues la tortura es moneda corriente para los ejércitos de todas las latitudes. En nuestro pequeño país por más de una década se torturó a miles de uruguayos que habían cometido el delito de pensar distinto al gobierno de la dictadura. Y esa tortura no era otra cosa que la aplicación de una doctrina, la de Seguridad Nacional, emanada del Departamento de Estado, para imponer, en el país, la aplicación del modelo económico que determina la exclusión y la marginalidad de buena parte de la población. Hasta hoy, en razón de legislaciones de “impunidad”, la información sobre la magnitud de estos hechos, no ha trascendido oficialmente. Sin embargo la práctica de la tortura, integrada a una cultura de la violencia, todavía no pudo ser erradicada totalmente de los calabozos policiales.

    Los "abogados del diablo"
    La "objetividad" es un elemento de construcción opinable, a la que se puede acercar en círculos sucesivos, en base a un camino tan diverso como contradictorio. En esto no hay recetas ni fórmulas mágicas.
    Hablamos de diversidad, la que permite a los medios independientes crecer en el marco de sociedades que tienden a la madurez, pero la que está siendo jaqueada por las grandes corporaciones que pretenden a través de los medios arribar a su paradigma, el del pensamiento único.
    Pensamiento único que necesita que se recorra un camino complaciente y simplista, el que emprenden muchos medios que en lugar de actuar en su papel de "abogados del diablo", no incomodan al informante. Ello tiene poco sentido para una democracia, que necesita de la confrontación de ideas para su crecimiento consolidación.
    Es un camino malsano, utilizando para el debate la expresión de intereses subalternos que llegan a los receptores del mensaje, por razones inherentes al método utilizado, sin la fecundidad imprescindible para que el milagro de la comunicación se produzca.
    El hombre de este tiempo vive -como dijo alguna vez Ernesto Sábato- delante de lo que acontece en el mundo entero. Y lo hace a través de los periodistas; ellos son los testigos, quienes nos narran los acontecimientos. Por supuesto que cada uno de ellos a través de su cultura, de los medios que tienen en sus manos para analizar. De ellos depende el cariz con que interpretamos los hechos, el partido que asumamos frente a lo que nos pasa como Humanidad.

    El camino de la diversidad
    Son esenciales para la construcción de una sociedad cada vez más justa y democrática, la libertad de prensa, la libertad de expresión y el derecho a la información, mediante la promoción de la ética, la investigación, la precisión y el uso de nuevas tecnologías en el ejercicio periodístico, así como la protección de los periodistas.
    Democratizar la información permite que una sociedad que se reconoce en la diversidad confronte ideas, en contraste con los intentos por imponer la homogeneidad conceptual, en un camino que de prosperar llevaría a un deleznable pensamiento único.
    "Pocos derechos fundamentales pueden asociarse hoy de manera tan natural al desarrollo armónico de las sociedades como el derecho a la información, no sólo recogido implícitamente por los ordenamientos que sobre derechos humanos han promulgado los principales organismos internacionales, sino vinculados por ellos mismos a la democracia" [4].
    Este ha sido el papel de la prensa independiente en la sociedad industrial y que se consolidó a lo largo del siglo pasado. Las sociedades terminan por admitir que los periodistas no sólo pueden sino deben ser los "guardianes" de la democracia, en el sentido de vigilar a sus propias instituciones; "velar por que las instituciones democráticas funcionen correctamente y que nadie cometa excesos en contra de los intereses de los ciudadanos amparándose en los privilegios que indudablemente otorga el ejercicio de cualquier tipo de poder".
    La libertad de expresión ("incluida la crítica a los funcionarios públicos, al gobierno, al régimen, al sistema socioeconómico y la ideología prevaleciente") y la variedad de fuentes de información ("que no sólo existen, sino que están protegidas por la ley") y son fundamentos de la democracia moderna.
    Hay que enfatizar el compromiso de los comunicadores con el derecho a la información, que por un lado significa el total y libre acceso a todo tipo de noticia y por otro la posibilidad de que los medios se hagan eco de la diversidad de opiniones, sin impedimentos de ninguna clase.
    Sin libertad de expresión ni derecho a la información "como derechos, instituciones y procesos efectivos, no como meramente nominales", no puede existir una sociedad capaz de gozar de ninguna de las instituciones ni, tampoco, habría manera de maximizar el debate público. Y ello implica pluralismo, que sólo es visible cuando la prensa recoge y difunde tanto el discurso político como la crítica al discurso político y las demandas sociales.
    Al informar, los medios colaboran al necesario tránsito que debe existir entre los que hacen política y aquellos sobre los que esa política se ejecuta.
    La vinculación entre la democratización del ejercicio del poder público (mediante el acceso de la ciudadanía a la información, como mecanismo de control y rendición de cuentas) y la articulación de la sociedad civil (mediante la expansión de una cultura democrática), se complementan con la actuación social de una prensa democrática que ejerza una constante vigilancia de la legalidad en la actuación del poder público, lo que de suyo enriquece con información de calidad el debate público en el que participa la sociedad civil.
    A su vez, el grado de democratización de las sociedades es determinante para la eficacia de la investigación periodística, concebida como elemento que construye la realidad social a partir de su participación en determinar el marco cognitivo de la opinión pública.
    Creemos que los periodistas, como los militantes políticos y todos los que participamos en el quehacer social, tienen la obligación de reconceptualizar permanentemente su papel en el marco de la sociedad.
    La prensa no debe ser funcional a determinados proyectos políticos; esa es tarea de quienes asumen directa y abiertamente ese compromiso.
    Tampoco es posible creer en una prensa sin valores. Eso sí, en el trabajo riguroso, sin prejuicios, el que hace el máximo esfuerzo para entender y reflejar cabalmente la realidad.

    ________________________________________
    [1] Giovanni Sartori.
    [2] Suplemento Bitácora.
    [3] Roberto Savio, presidente emérito de la agencia IPS y miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial (FSM) Italia.
    [4] Extraído de un documento, titulado "La libre información, un derecho humano y una herramienta para la democracia", del departamento de Información e Imagen del PS de Uruguay.

    (*) Publicado el domingo 20 de julio en el suplemento Bitácora del diario LA REPUBLICA.

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    logo Nombre: Carlos Santiago. Fecha de Nacimiento: olvidada Profesión: periodista y escritor. Una persona que quiere estar comprometida con la libertad y particularmente la que me "impongo en cada una de mis notas periodísticas" Como escritor me gusta volar, caminar por un mundo imaginario, en el que me sumerjo con pasión, involucrándome con mis personajes que generalmente me llevan de un lado al otro sin respetarme en lo más mínimo. En lo formal estoy preparando algún nuevo libro, tarea de siempre - casi eterna - y en lo menos etéreo, integré la mesa de la secretaría de redacción del diario LA REPUBLICA de Montevideo. También la secretaría de redacción del suplemento Bitácora (http://www.bitácora.com)
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    "Microbiología: básica, ambiental y agrícola", de la doctora Lillian Frioni, profesora de Microbiología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, de Montevideo, responsable de la Unidad Asociada Ecología Microbiana de la Facultad de Ciencias, de la misma Universidad, e investigadora del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (PEDECIBA). Fue profesora titular de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Rosario (Argentina) y de la Universidad Nacional de Rìo Cuarto (Argentina). Este último libro de Frioni tiene fecha de ediciòn de mayo del 2006 y fue publicado por el Departamento de Publicaciones de la Facultad de Agronomìa.(464 páginas) Email de contacto: (lfrioni@fagro.edu.uy) o/y (aeapublicaciones@fagro.edu.uy) Facultad de Agronomía (Avenida Garzón 780, Montevideo, URUGUAY)  Bitacoras.com

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