Categoría: Hábitos sociales
3 Marzo 2007
Este jueves pasado pude acudir a un laboratorio de Cadius gracias a una amiga. Ella no era la única que estaba nerviosa por estar en la organización (siempres deseas que algo así salga como la seda). También los que ibamos por primera vez nos sentiamos igual.
Lo más divertido fue llegar al sitio. Uno con su mochila parecía que había bajado de los Apeninos como Marcos a ver lo que exponían dos grandes profesionales: GK VanPatter y Elizabeth Pastor . Todo fueron flashes continuos, desde registrarse en la puerta hasta que estás en la sala. Allí reconocías a caras o voces de personas que gracias a Internet han estado cerca de uno en los últimos tiempos. Comienzas a comprender que Cadius como comunidad creada en un espacio virtual, une a sus miembros en lo real.
Los motivos que han hecho que Cadius perviva, y siga desarrollándose de forma tan exitosa, se pueden encontrar en varios factores desde mi punto de vista. Por un lado, ha sabido adaptarse a los cambios que se han ido produciendo en las mentalidades de sus miembros, se mantiene el interés común que forjo su creación, y siguen creciendo los deseos de relacionarse unos con otros más allá de lo que diga un mensaje en la pantalla.
Todo esto hace recordar lo que en un primer momento afirmaron los miembros de la primera comunidad virtual, The Well : ""un pozo de agua para pensadores con diferentes tipos de vida, sean ellos artistas, periodistas, programadores, educadores o activistas". Cadius es así de heterogénea.
Gracias a este laboratorio he aprendido cosas que eran impensables antes de iniciar mi viaje hacia el labo. Y, sobre todo, repensar mi opinión sobre las comunidades virtuales que hice hace años.
Lo más importante y bonito es que detrás de un nombre hay una persona.
Nota: una excelente descripción del laboratorio de la gente de NextD en Itakora (vía Macadamía )
servido por chanquete
2 comentarios
compártelo
favorito
4 Febrero 2007
La noche como carne desnuda, la noche cruda, aterida y limpia. La noche fija, sin el tinte de la plata débil y vieja de las estrellas lejanas. El tiempo varado en la playa de la quietud oscura. Quedan los brazos desnudos atando nuestro cuerpo, uno a otro, uno sobre otro, para que no escape la poca nada que nos queda en el pecho.
Como la luz que no alumbra y no llega, como la negra noche que todo lo traga, como lo que se va por el desague absurdo de la historia mal cerrada, tiemblo. Tiemblo porque no sé, porque no entiendo, porque sólo a temblar acierto con la boca abierta y naufrago en el mismo silencio. Tiemblo porque los días tiemblan conmigo, porque el viento que agita las ramas del árbol que aún me mira desde la ventana que ya nunca habrá de mirar jamás, tiembla como conmigo, como con el frío, como con el mundo, y como con el Dios que todo lo tiembla. Tiemblo porque Cesar Vallejo dijo que hay golpes tan fuertes yo no sé, tan fuertes como la ira de Dios. Y tiemplo porque no tiendo que no entiendo.
De las tristezas ques dejan llagas en el alma, de la carcoma que nos llena de agujeros el corazón que se nos queda madera. De los grito mudos para los sordos ciegos. De seguir tan solo aquí.
Y aunque tiemblo en la porfia de que aun mañana llegue, y de que la noche no se vuelva eterna, y de que, también, los niños cuelguen mañana sonrisas los álamos que los cercan. También de que los ojos del recuerdo aun vean. Y porque tiemblo por todo eso, y por mucho más que pudiera encontrar sin esfuerzo en el salado tintero de las lágrimas negras, es el propio temblor el que me avisa de que no temo. Porque no temo la esperanza, ni a que los clarines resuenen ya tan cercanos de la llegada de los heraldos de la palabra ajada. Y aunque tiemblo y desconfio ante todo sordo rumor de la fanfarria, no temo la figura de la vacia palabra, porque sé que nace de la fuente del temor.
Y pienso que no dejaré de temblar jamás, que el escalofrío del cuerpo propio no me abandone. No hay que dejar de temblar jamás, no hay que perder nunca el escalofrío del cuerpo propio, la alerta misma de que, mientras tiemblo, vivo!.
servido por chanquete
sin comentarios
compártelo
favorito
25 Enero 2007
Desayunar, una de las actividades básicas e importantes en el ser humano. Posiblemente en los funcionarios desempeña un papel mucho mayor. No por los nutrientes que aporta la ingesta, sino por el tiempo libre extra que les da la maldita excusa del desayuno.
Todo esto ha venido después de ver un correo masivo (de funcionario a funcionario por supuesto, no podía ser de otra forma) de Borges describiendo la vida de los empleados públicos con su típico humor irónico.
La palabra mágica es desayuno. Primero, nada más llegar al curro viene el primer café con alguna que otra pastita de las que están de oferta en el supermercado. La duración es relativa; puede ser la ida y vuelta a la máquina de café, o también casi plantar una tienda de campaña en la dichosa máquina a lo Camera Café. Este primer desayuno seguro que será para limpiar el tubo digestivo después de una noche movida, fijo.
Cuando ya se ha macerado todo en el estómago, comienza el tiempo de tomar otro. En teoría este es el auténtico, a realizar entre las 10 y las 11:30 con una duración de no más de 25 minutos más o menos. En la práctica creo que los que hicieron la norma se equivocaron. Duración: casi todo el intervalo.
Que decir tiene la ceremonia que surge alrededor. Como en las tribus, todos los miembros se llaman unos a otros. De 5 a 10 minutos todos han respondido a la pregunta "¿vamos a desayunar?. Presentes salen con paso firme y de procesión (paso lento donde los haya).
Una vez un Jefe de Servicio me comentó que por la calle se podía distinguir a los funcionarios del resto de trabajadores. La razón se encontraba en la forma de caminar a esas horas de la mañana. Los mortales vamos rápido a solucionar nuestros asuntos y demás, para ellos su problema más inmediato es encontrar un sitio para desayunar.
Al acabar el desayuno se puede volver al trabajo, pero nunca estará mal echar un vistazo a esas cosillas que uno ha visto interesantes en las tiendas de los alrededores.
Menos mal que esto sólo es una gran minoría como dirían en Documentos TV.
P.D.: mamá quiero ser funcionario
servido por chanquete
6 comentarios
compártelo
favorito
25 Octubre 2006
Asistí al entierro de mi disco duro del portatil. Un flamante Toshiba de 60 Gb. Murió a la tierna edad de 3 años y medio por culpa de un despiadado Pentium IV, alias la tostadora. Generaba tanto calor que no hacia falta enchufar el aire caliente en la habitación.
A pesar de que todos mis recuerdos, fotos, y apuntes de las oposiciones estaban ahí, y ahora que han pasado al cielo virtual de los datos, he descubierto lo que verdaderamente echaba de menos cada día que no tenía ordenador.
Macadamia habló en cierta ocasión de la similitud entre algunos weblog y su encuadre en algún tipo de programas. Imaginar que algunos de ellos son como programas de televisión. Ahora me he dado cuenta que tenía mono por ver esos weblog al no tener ordenador en casa. Y es que estoy el 60 % de mi tiempo delante de un ordenador, la ausencia hace valorar más las cosas ;-)
Larga vida a mi disco duro, viva mi disco duro!!!!
P.D.: Por cierto he descubierto mi propio Aqui hay tomate pero con seriedad
servido por chanquete
5 comentarios
compártelo
favorito