Los seres humanos
Ayer volví a casa, tras un mes en Granada, para pasar el fin de semana con mis padres. Nunca hago las maletas salvo una hora antes de salir. Soy incapaz de hacerlas antes; y eso provoca que siempre vaya con prisas. Sieeempre. Las prisas y yo. Soy incorregible. La mañana de ayer la tenía perfectamente planificada. Tras el desayuno (L tenía un examen pero le robé un poco de tiempo para tomar unas tostadas, cosa que luego me hizo sentir culpable), tenía tiempo de sobra para lo que "debía" hacer hasta llegar a la estación. Comprar unos regalos, mirar el correo, escribir algo en Blogdecine y preparar las dos maletas.
A las 14:00 debía estar esperando el bus (línea 10) para ir a la estación, almorzar algo a eso de las 14:20, y esperar con tiempo, leyendo, la llegada del otro bus, el que me llevaría a Cádiz, que salía a las 15:30. Pero no. Ése no soy yo. A las 14:37 salía apresuradamente de mi piso, con dos maletas más cargadas de lo que pensaba en un principio y con unos inesperados 20 grados que aportaban un calor idóneo para la ocasión. Tras recorrer unas calles, estaba sudando, acojonado. Realmente no era tan tarde, pero había roto mi plan y tenía que considerar las particularidades del bus nº10. Puede llegar a la hora que le dé la gana, tarda muchísimo en llegar a la estación y siempre está lleno de gente con maletas enormes, lo que a veces ha ocasionado que pase de largo en algunas paradas, dejando a gente con de gilipollas. Afortunadamente, el destino hizo que, en el tercer semáforo con el que me crucé, un taxi pasara por delante. ¡Que le den al bus!
Son curiosos los taxistas. El año pasado (el curso pasado, mejor dicho) tuve que subirme a muchos taxis; vivía en una zona muy alejada del centro y los autobuses dejan de circular a partir de las 11 de la noche, así que cuando salía o iba al cine a una sesión tardía, tenía que buscar esas lucecitas verdes entre el tráfico. Algo que no soporto es subirme al taxi y no hablar con el taxista. Me resulta tan violento... Y digo yo que el hombre (ahora que lo pienso, ¿no hay mujeres taxistas?) no estará cómodo subiendo a una persona a su coche y tenerle ahí en silencio durante todo el trayecto. Así que intentaba iniciar conversaciones con la primera tontería que se me ocurría o con algo que decían en la radio, si es que estaba encendida. Normalmente, te siguen la conversación, animados.
Como decía, son curiosos los taxistas. El que me tocó ayer, definitivamente. Tras unos minutos de intentos fallidos para iniciar una conversación, me pregunta a dónde voy (ya sabía que iba a la estación, así que supuse que se refería a mi destino posterior). Le dije que a Chiclana, a pasar el fin de semana y tal. Como habíamos comentado el calor que hacía (primer intento, hablar del tiempo), y como hay playa en esta localidad desde escribo ahora, le dije, bromeando, que había considerado llevarme un bañador e ir playa, estando aún a primeros de febrero. Esto, que le hizo gracia, me lo respondió primero con un "no soporto el agua fría" (yo tampoco, estaba de coña) y luego, aprovechando otro semáforo, tras pensar unos segundos, con un "no sé si lo sabrás, pero hay un dicho popular que me acaba de venir a la cabeza". Me estaba sonriendo, pensaba que me iba a decir una frase, pero no, su "dicho" era una especie de chiste... o eso parecía. Os lo cuento, más o menos como me lo contó a mí:
Están un grupos de amigos, viejos, en un parque. Entonces uno de ellos se acuerda de cuando era joven y dice "yo podía cargar 80 kilos a la espalda". Otro asiente y responde "yo podía correr y saltar como un caballo". Así van diciendo todos, ya sabes, van recordando "machotadas". Al rato, se van levantando y se marchan, sólo queda uno. Mira a su alrededor y ve que no hay nadie, que está solo. Y entonces dice: "yo era una mierda... y sigo siéndolo". Eso es lo que somos todos. Una mierda.
No supe qué decirle. El tío me miraba como antes, sonriendo. Obviamente, nos quedamos en silencio algo así como unos segundos, que me parecieron siglos. La estación estaba ya cerca, menos mal. Varias frases sueltas, aparca, pago, saco las maletas y despedida cordial. Mientras camino hacia las puertas de la estación, una frase se repite en mi cabeza... ¡¡¡Joer, qué tío más raro!!!
Pero es que curiosos somos todos. El ser humano es la hostia. Os cuento. Tras almorzar (un bocadillo de tortilla y un zumo de naranja, para los que controlan mi dieta), y tranquilizar a mi madre vía telefónica, convenciéndola de la imposibilidad de perder el autobús, me dirijo a la zona de los andenes, llena de gente nerviosa, por supuesto. Las caras que ponemos en esa situación da para otro post, ni que fuéramos a Irak transportando una bomba nuclear... En fin, a lo que iba.
Tenía sed y quería comprar un botellín de agua. Voy a la máquina más cercana y resulta que hay dos personas justo delante, pero de espaldas al cacharro, es decir, simplemente impidiendo la posibilidad de insertar la moneda y retirar el botellín. Me quedo unos segundos mirando, pero no se apartan. Están esperando su autobús, delante de la máquina, en lugar de justo al lado, donde no hay nadie. ¿Qué hacen ahí parados, mirando los andenes, si no van a comprar? Será que trabajan para otra marca de agua y están haciendo un boicot, bloqueando la venta, pensé.
Así que me voy a la siguiente máquina, a unos metros. Y otra vez igual. Varias personas justo delante, incluso apoyadas en ella. Por fin, la tercera máquina estaba libre. Un euro. Mi botellita de agua de medio litro. Doy un trago. Miro los autobuses. Miro la gente. Otro trago. Guardo la botella. Miro a la gente. Mi andén, vacío aún. Miro el móvil. Pienso en escribir a L para darle ánimos y decirle que coma algo antes del examen. Miro los autobuses. Miro a la gente. Y entonces me doy cuenta de algo... ¡¡¡estoy parado justo delante de la máquina!!! Increíble. Como hormigas.
Lo que lleva a preguntarme lo de siempre... ¿habrá algo que nos controla inconscientemente? Una conexión invisible que nos une a todos. Tengo pendiente un post sobre algo así, el camino que recorremos y las decisiones y los hechos que nos van condicionando a lo largo de los años. ¿Somos productos del azar, del destino? ¿Existe el destino? Y lo más importante, ¿podremos demandarle algún día? En fin, creo que necesito un colacao bien calentito...


Chico Viejo es el alter ego de cierto 

aereon dijo
Si se puede demandar al destino, sería la primera en hacerlo. No me gusta, lo que hasta ahora me ha deparado el susodicho.
Y lo de los taxistas, sin comentarios, conozco a un par de ellos, y seguro que con alguno te lo pasabas bomba, porque es empezar a hablar y es que no paran.
Que te lo pases bien el finde en el pueblo.
Karelia
P.D: Lacoctelera va fatal y se han publicado dos post iguales, te lo digo porque si no lo ves, si que estan.
9 Febrero 2008 | 08:38 PM