Categoría: Literatura
20 Septiembre 2007
50 AÑOS DE EL ETERNAUTA
Marcó a varias generacione. Su escafandra, sus antiparras, su traje aislante y su fusil colgado del hombro derecho lo conviertieron en el icono más emblemático de la historieta argentina. Se trata de Juan Salvo, el célebre personaje que vivía plácidamente en un chalet de Vicente Lopez cuando Ellos iniciaron su invasión total sobre Buenos Aires, y que se convirtió en El Eternauta, el viajero de la eternidad. Todo comenzó el 4 de septiembre de 1957, cuando la legendaria revista Hora Cero, comenzó a publicar la tira en entregas semanales, escrita por Héctor Germán Oesterheld, nacido en 1917 y desaparecido en 1977 durante la última dictadura militar, e ilustrada por Francisco Solano López.
Rápidamente, El Eternauta se convirtió en un suceso de popularidad y toda una generación se sintió identificada con esos cuato amigos que jugaban apacibles al truco cuando una tenue nevada mortal acabó con lo que era su vida para siempre. Heroés -siempre en plurar y en colectivo- la fuerza. Juan Salvo, el profesor Favalli, el tornero Franco, entre otros, comenzaron a "resistir" -corría el año 1957, en pleno gobierno de la Revolución Libertadora, la fecha no es vana- la invasión extraterrestre que hacía centro de operaciones en una Buenos Aires detallada casi con obsesión por Solano Lopez.
El combate de River Plate (en el que los hombres son vencidos por visiones terroríficas), los hombres-robot (dominados por un teledirector que les vaciaba el cerebro), los Manos (la avanzada de los invasores, dominados por un glándula del terror que les impide rebelarse), y la mostruosa base operativa de los Ellos (en plena Plaza de los Dos Congresos) son algunos de lo detalles que le dieron a la historia una veracidad y al mismo tiempo una fuerza matafórica comparable a la algunas grandes obras literarias.
Con los años, El Eternauta se convirtió en un mito y Oesterheld escribió una segunda parte, que ya no tenía la riqueza estilística ni metaforica de la original -Juan Salvo ya era un héroe con superpoderes- y una tercera parte que ya no fue completada por él debido al secuestro y posterior asesinato a manos de la represión militar de la dictadura liderada por Jorge Rafael Videla. Es decir, finalmente, a Oesterheld también lo alcanzó la nevada mortal.

(Revista ACCION - segunda quincena de septiembre de 2007 - Año 42 - Número 986)
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21 Junio 2007
Este cuento lo escribi despues de darme un vuelta por este blog: www.lacoctelera.com/elsexometro
Asi que podriamos decir que fue mi inspiracion. Se lo dedico al muchacho del blog ^^ (no se tu nombre T__T) y a todo aquel que le quepa =P
A ver si gusta ^^.
Tren
Espero tranquilamente en el andén para poder subir al tren. Cuando finalmente llega –tarde como siempre-, la lucha entre los que queremos subir y los que quieren bajar se desata. Algún pisotón, alguna tocada. Nadie se salva. Al final la manada logra llevarme a un lugar seguro cerca de la puerta. En el vagón el aire esta pesado, húmedo, enviciado. No hay nada peor en este mundo que viajar en tren los días de verano. Las puertas se cierran y la formación avanza. En cuatro, cinco minutos llega a la próxima estación.
La estampida de fieras es considerablemente menor. Las puertas están a punto de cerrarse cuando escucho una voz pidiéndome que las trabe. Las trabo y la voz se materializa en una muchacha. Ella me mira y me agradece antes de subir y quedarse enfrente mío. Las puertas se cierran de inmediato y el tren cambia de vías.
El vagón esta lleno de cuerpos calientes y de un momento a otro mi cuerpo comienza a tomar temperatura. Ella esta de espaldas frente a mi, puedo entrever su cuello medio escondido entre su cabello, su musculosa me deja ver sus hombros desnudos y me lleva hasta la piel de sus caderas donde la espada se curva y empieza su minifalda. Una inmoral pieza de lencería se asoma imprudente por encima del jean de la mini.
¡Ahhh! ¡Tentación!
Percibo un sutil movimiento en sus cabellos. Me siente endureciéndome contra ella. Gira la cabeza, me mira, me sonríe y con disimulo apoya su cuerpo contra el mío.
El calor crece por dentro. Siento el olor de su cabello, de su cuerpo, un lejano perfume a shampoo, a jabón que no lograron ocultar su verdadero perfume. Su aroma. El aroma de su sexo, de mujer, de hembra. Puedo imaginarme la revolución que esta teniendo lugar entre sus piernas. Puedo imaginarme entre sus piernas. Me esta quemando.
Mi mano indiscreta roza la tela de la minifalda. Espero alguna reacción de su parte, una cachetada por ejemplo, pero nada ocurre.
Esta vez con un poco más de decisión, mi mano se atreve a levantar la mini por uno de las lados. Su piel es tan suave como la seda. La curva de su muslo es perfecta, la curva de su culo es perfecta. Perfecta.
Me atrevo un poco más y llevo mi mano por los caminos internos. Su piel quema como un delicioso infierno. Abre las piernas un poco, invitándome a traspasar las puertas de su infierno. Las puertas no son más que puertas de tela que cuidan celosas el jardín de mis juegos de este viaje. Paso mi mano por la delicada prenda haciendo presión suavemente. Inclina la cabeza y la veo sonreír con disimulo. La tela se humedece. La corro a un lado. Mis manos se humedecen. Estoy seguro que con mi calor podría dejarla seca.
El tren se sacude quitándome mi juego. Vuelve a cambiar de vías. Ella se aleja un poco de mi. Acomoda su minifalda y cuando el tren se detiene y abre sus puertas ella camina al encuentro de un muchacho.
La envidia cruza por mis pensamientos. Él va a disfrutar de lo que yo comencé.
Las puertas vuelven a cerrarse. La formación se pone en movimiento. Ella se vuelve hacia el tren y me sonríe, pícara la mirada.
Debo corregir mis pensamientos. Ella va a pensar en mi disfrutando lo que comencé.
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19 Mayo 2007
Mujer
La lluvia cae afuera en pesadas gotas y el viento golpea la ventana. Yo te tengo adentro, dormida entre mis brazos, tu cabeza en mi pecho, tu tersa piel junto a la mía, tu frágil cuerpo junto al mío. Cómo desearía que este momento no terminara, que el tiempo se detuviera y quedáramos así para siempre, felices los dos, sin nada ni nadie entre nosotros.
Siento que te moves. No, no te muevas, no lo hagas, pienso como si con mi pensamiento detuviera tus movimientos.
–No, no te muevas – te digo en un murmullo y acaricio tu tentadora piel.
-Te amo – te escucho decir en un susurro casi imperceptible y siento tus manos acariciando mi abdomen. El leve contacto de las yemas de tus dedos en los lugares correctos de mi cuerpo me estremece y estoy seguro que ahora sonreís por eso.
Rozas tu cuerpo caliente contra el mío y yo ardo. Sabes lo que me gusta y te aprovechas de mis debilidades. Mujer manipuladora, ¡cómo te amo! Hechicera. Con tus embrujos de hiciste presa de tu amor y ahora no puedo liberarme. Me cautivaste con tu cuerpo mortal y me sentí en el Paraíso al morder tu fruta prohibida. Sos cruel mujer... y tu crueldad me gusta...
Levantas la mirada y tus ojos están llenos de deseo, pasión, lujuria. ¿Cómo resistirme a una de esas miradas?, no puedo... no puedo... mujer, vos haces que todas mis defensas sean vanas, que me quede desarmado ante una sola de tus miradas. Soy el ejecutor de aquel deseo primigenio, el más profundo y elemental de todos.
Mujer, me hiciste desearte, conseguirte, amarte, pero jamás me dijiste que el pecado de la lujuria era tu amante, ¿cómo puedo competir contra eso?, enseñame mujer, y seré tu más fiel y dedicado aprendiz.
Tus labios besan los míos y es el sabor más dulce que probé en mi vida, como un rico elixir que me da la vida o me la quita... Te acaricio la espalda, la recorro con mis manos moviéndome lentamente, grabando en mi memoria cada centímetro de tu ser, cada detalle de tu piel; no quiero olvidarlos, de todas formas sé que no podría ni lo intentaría, sería incapaz porque tu recuerdo me acompaña siempre. Podría pintarte con los ojos cerrados sin temor a equivocarme, pero la pintura sería tan imperfecta en comparación con tu belleza natural.
Hundo mi cara en tu pecho y besó tu piel con ternura, probando su dulzura, una dulzura que no empalaga nunca, pero que es harto deliciosa. Jamás me cansaría de besarte, gastaría tu piel al hacerlo si eso fuera posible, pasaría mis días, mis horas en tan satisfactoria tarea.
Paso una de mis manos por el delicado valle que es tu cintura mientras la otra se enreda en el mar de tu pelo castaño. Mis manos y mi boca expertas conocedoras de toda tu adorable geografía. Apoyo mis labios suavemente sobre los tuyos como si temiera que el simple contacto de las bocas deshiciera el hechizo y desaparecieras de mi lado. Pero al abrir los ojos todavía estas ahí, con el mentón levantado y los labios apenas separados, implorándome que no termine el beso, urgiéndome a que les enseñe a ser besados.
Mujer, si tan solo supieras cuán débil es la carne (a veces creo que la mía particularmente lo es).
No puedo negarme a tan atractiva invitación y vuelvo a juntar nuestras bocas. Las lenguas hablan en un idioma antiguo, arcaico, imposible de entender pero tan claro al mismo tiempo y se mezclan en una danza rítmica para terminar enfrascándose en una lucha pareja en donde, sin saberlo, ambos estamos ganando. Son tus manos las que siento me acarician con descarada desvergüenza y el temor al contacto. Son tus manos las que me avivan y me encienden y también las únicas capaces de apaciguarme.
Por un momento me parece que tus labios dejan escapar algunas palabras pero soy incapaz que comprenderlas. Las mezclo con mis pensamientos, con el golpe de las gotas de lluvia sobre el techo y las hago hundirse en el espiral de mi mente que desearte me provoca. Por la forma en que me miras parece que notas mi incomprensión ante tus palabras. Tiras tu cabeza hacia atrás y una ligera y encantadora risita sale de tu garganta y llega hasta mis oídos, empapándolos como una delicada, sensual y melodiosa música que no los abandona.
Y en medio de tu risa me sonreís. Una sonrisa dulce, casi infantil pero llena de deseo. Un deseo que a veces creo más allá de lo humanamente posible, que me encanta y me fascina. Es la sonrisa del final. Es la sonrisa del triunfo. De tu triunfo sobre mi carne. Sé que lo sabes, estoy seguro que mi cara me delata, pero cómo no permitirse sufrir de esta manera si sos vos la que imparte el castigo.
Es la sonrisa que me deja saborear la muerte de entre tus manos.
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14 Marzo 2007
¡¡¡Holaaa!!! ^^
Bueno, otro de mis bebes (si, soy una madre orgullosa =P). Espero guste ^^
Cacería
Esta es una de esas noches en donde el mundo deja de serlo y la oscuridad es más absoluta. Una de esas noches en donde la luna se esconde y permanece oculta detrás de las espesas nubes que la tapan. Es cuando dejamos de obedecer a la ética, a la moral, a las leyes que rigen nuestra monótona vida de seres humanos y nuestro instinto animal, aquel primitivo instinto de supervivencia que evolucionó hasta convertirnos en lo que somos hoy, comienza a funcionar, a tomar control sobre nosotros. Nuestros sentidos se agudizan al máximo, como cuando éramos primates y andábamos vagando por planicies llenas de depredadores dispuestos a darse un festín con nuestra carne.
Pero ahora los depredadores somos nosotros.
Salimos a la calle en busca de nuestra primer víctima de la noche. Caminamos en la sombra de la calle, evitando la luz de los faroles. Olemos el aire, espeso, mezcla de hollín y perfume de las flores de los árboles, pero ningún olor que nos alerte de la presencia de comida. Seguimos caminando. Un perro ladra a nuestro paso. Y luego la vemos.
Nuestra víctima.
Nos quedamos en la sombra, nos gusta la cacería, jugar un poco con la presa, divertirnos con ella. Nos acercamos. Parece sentirnos. Gira como buscándonos, tratando de distinguir algo entre las sombras, pero no nos ve. Mucho mejor... Como una especie de miedo psicológico. Sale corriendo, se pierde en las sombras, pero hoy las sombras son nuestro elemento y la perseguimos, rápido pero con sigilo, no queremos que nos escuche.
Saltamos sobre ella. Cae de boca al piso. La damos vuelta y le cortamos la garganta con nuestras afiladas uñas antes que pueda reaccionar, gritar y alertar de nuestra presencia. Nos acercamos a su cuello y olemos la sangre. Nuestra lengua pasa sobre ella. Esta caliente, como nos gusta, fresca. Sentimos como resbala por la comisura del labio y nos limpiamos. Lamemos un poco más de la sangre que gotea de su cuello. No queda mucha, el cuerpo ya se esta poniendo tieso.
La luna asoma un poco entre las nubes. Ya es hora de volver a casa.
Hoy no fue una buena noche.
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7 Noviembre 2006
Nada, empieza la semana y ya estoy cansada del trabajo =P
Les dejo otro cuento, a ver que les parece ^^
Tormento
(…) As you can see, when you look at me, I'm pieces of
what I used to be (...)
(..) Nothing's what it seems to be,
I'm a replica, I'm a replica
Empty shell inside of me
I'm not myself, I'm a replica of me... (…)
Replica - Sonata Arctica
Llueve afuera de la casa. El hombre acurrucado contra la cama y la pared. El sudor baña su frente. Las manos le tiemblan y le cuesta mantener la cabeza erguida. Abraza sus rodillas y descansa la cabeza sobre ellas.
Las gotas caen sobre el techo de tejas y parecen las balas que todavía ve por todos lados y los truenos en la distancia semejan el ruido de los motores de los helicópteros.
Esta asustado.
Como un animal.
Acechado.
La luz de la calle entra en pequeñas fracciones por las rendijas de la persiana, pero dentro, en el cuarto, esta oscuro. Es de noche. Y esta perdido en la espesura. Enredado en las sábanas.
Le duelen los oídos. Los cubre con sus manos pero es inútil. El sonido de la lluvia es fuerte. Perforan sus tímpanos. Las balas martillan su cabeza. Destrozan su cerebro. Y no tiene forma de escapar de ellas. A menos que corra hacia aquella luz. Sí, aquella luz que parece ser el campamento. Se tropieza con el pasto. Las sábanas se le enredan en los pies y tropieza.
Correr.
Más rápido.
Las balas se acaban.
Se agarra del marco de la puerta del baño y la cálida luz lo envuelve. A salvo por ahora.
Nadie.
Tomaron el campamento.
La cortina de la ducha se agita. Él salta fuera del baño. Las balas regresaron. Ahora son más. Llueve fuerte afuera. La luz del relámpago entra por la claraboya. El trueno le sigue. Los helicópteros del enemigo lo encontraron.
Esta asustado.
Como un animal.
Acorralado.
No caería en sus manos. No sería prisionero de ellos. Preferiría suicidarse. Un arma. Rápido. Necesitaba un arma. Destrozaría todo el lugar, pero la necesitaba. Los remedios cayeron del botiquín. Los frascos se hicieron añicos cuando chocaron contra el piso.
Tomó el arma. La jeringa ya no se resbalaba de sus manos como al comienzo. La cargó. La heroína estaba preparada desde antes que lloviera.
Buscó desesperadamente la vena y clavó la aguja. Descargó el arma en su sien. Se desplomó contra la pared del baño. La sangre manándole de la herida. La droga entrando en su organismo.
El alivio al fin.
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2 Noviembre 2006
No se si alguien habra leido esa partecita chiquitita que habla sobre mi (bue', "habla", porque tampoco puse demasiado, ¿vio? =P), si nadie la leyo no importa, la cosa aca es que me encanta escribir.
Me encantan las palabras, poder transmitir algo o solamente contar las locuras que salen de mi cabeza y pasar el rato. Si a alguien le gusta mucho mejor =D, pocas cosas se sienten tan bien como saber que lo que haces le gusta a alguien mas ^^
Fue complicado decir en mi casa que quiero estudiar Letras. Todos me miraron con cara de "nena, ¿estas enfermita?". Pocas veces me senti tan mal. Saber que lo que mas te gusta hacer en el mundo para las personas que te rodean es un estupidez fue horrible >_<
¿Pero sabes que?, ¡fuck the system, fuck everything!
¡Es lo que me gusta y lo voy a seguir haciendo!
Ojala algun dia pueda ver publicado algo de lo que hago, seria muy hermoso, no cabria en mi de la alegria =D
Asi que para que vayan conociendome un poquito mas les dejo una de las primeras cositas que hice. Uno de mis bebes, un cuento corto muy a lo Poe =P
Espero que les guste ^^. Se aceptan criticas constructivas =)
El Pacto
La daga cayó con un golpe seco sobre el piso de madera de la habitación, la sangre, que aun teñía de rojo la afilada hoja salpicó delicadas gotas sobre él. Aun se encontraba apoyada en sus rodillas sobre la cama, encima mío.
Su angelical rostro se deformaba con la llama de las velas encendidas en la habitación. Sus pupilas casi blancas le daban una expresión vacía a sus ojos. La miré, estiré mis brazos para abrazarla, pero no llegaba... ¿por qué ahora me parecía tan lejana?
Su mirada estaba perdida en algún lugar del mar de mis ojos, como solía decirme; su boca entreabierta se movía en la mueca de una leve sonrisa, se humedeció los labios... esos labios que se convirtieron en mi adicción; sus pequeños y firmes pechos se movían al compás de su respiración... el goteo de la sangre caliente sobre mi pecho me sacó de mis pensamientos.
“Un pacto de sangre...”, me había susurrado al oído, “Claro”, le conteste esa vez, medio entre borracho y drogado, mientras la tiraba sobre el sofá del living y rompía sus ropas, totalmente excitado al sentir su voz, como un ronroneo, en mi oreja... Y ahora me lo vuelve a decir.
–Un pacto de sangre mi vida... me lo prometiste - me dice clavando sus casi inexpresivos ojos en los míos... y yo me quedo sin habla. No puedo articular palabra cuando me mira de esa manera tan... sugestiva y es cuando empiezo a sentir esa ardiente sensación que me quema vivo por dentro y unas desesperadas ganas de hacerle el amor surgen dentro mío.
Apoya los codos al lado de mi cabeza y acerca peligrosamente su cara a la mía. Pero esta demasiado lejos como para besarla y demasiado cerca como para sentirla. Acerca sus labios a los míos, pero no los besa, apenas si alcanza a tocarme con la punta de su nariz la mejilla... pero el suave roce de su piel me hace estremecer.
Ella es perversa, sádica y me gusta. Sabe que sufro sin el contacto de su piel y disfruta haciéndome desearla cada vez más. A veces maldigo el día en que la conocí, pero es ella la fuente de mis placeres, la que cumple mis más mórbidas fantasías... Es mía, no puedo dejarla ir, no después de haber probado su sabor, ella es mi adicción, sin ella no viviría... y pensar que pronto cumplirá solo 17 años.
Ella estira una de sus manos y levanta la daga del piso. Vuelve a apoyarse solamente sobre sus rodillas, toma una de mis manos con la suya libre y empuña el arma con la otra. En una fracción de segundo siento como la hoja corta las capas de mi piel y mis venas y siento como la sangre chorrea por mi brazo. La daga vuelve a golpear el piso con su ruido seco al escurrirse de sus manos. Junta nuestras muñecas y comienza a murmurar algo, como una oración, en palabras incomprensibles, pero suena antiguo, muy antiguo. Cuando termina, pasa sus manos por las heridas de ambos limpiando la sangre.
Ahora me mira, sonríe maliciosamente, parece una gata en celo y no puedo evitar comenzar a acariciarle las piernas, recorrer suavemente sus muslos... Una de mis manos sigue por la suave curva de su cadera, sube hasta sus pechos y los aprieta, los masajea mientras la otra desciende y juega con su sexo, indecisa si entrar o dejar sufrir un poco más a la dueña de tan encantadora mercancía. Ella se muerde los labios, se agacha hasta mi cara, siento sus pezones duros sobre mi pecho y me excito más. Enreda sus delicadas manos en mi pelo, muerde mi boca y su lengua se abre paso entre mis labios para jugar con la mía. Luego baja por mi cuello, por mi pecho, mordiéndome suavemente. Llega hasta mi cintura, siento sus uñas rasguñarme el pecho y luego acariciarme las piernas. Levanta la mirada y sus ojos son rojos.
No, no me importa haber hecho un pacto con el demonio con tal de tenerla para siempre conmigo.
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