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<title>Domingueros de sábado. </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/07/10/domingueros-sabado</link>
<pubDate>2008-07-10T12:28:18+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Si me quedo boca arriba el sol me escuece demasiado en la pupila y el sudor se desliza como si fuera un manantial que nace en la escarpada y desierta frontera que existe entre mi rostro y el nacimiento de mi pelo, negro y endurecido como un futuro sin amor. Si me pongo de lado un ejército de hormigas desfila como un batallón de soldados del Ejército Rojo, con las panzas encarnadas y miradas voraces, sanguinarias e ininteligibles. Opto por recostarme boca abajo, y tumbarme y dormirme son un solo gesto, la toalla separa mi cuerpo del campestre suelo, con sus palitos, sus piedras, sus juncos agostados y sus recovecos que suelen ser madrigueras, propios de un terreno abrupto del que emergen robles robustos y de ramas nudosas como los nudillos de Matusalén. </p>
<p>Me duermo y sueño con un verano tórrido, en el que el clima es un actor secundario y cincuentón, que lo mismo un día interpreta el papel de su vida, como otro te hace pensar que traspasada la barrera de los sesenta años uno ya está para sopitas y buen vino. Impredecible y tormentoso, con manías que sólo un agujero en la capa de ozono -me la imagino de raso negro con forro rojo como al capa de un nazareno o un tuno- puede modificar. Las del clima, las del actor y las de cualquiera, porque cuando estás frito -del verbo freír- no tienes manías conocidas. El planeta se calienta y los que estamos dentro nos quemamos un poco más, especialmente los científicos impotentes, y los impotentes a secas. </p>
<p>Un verano con su solsticio, que coloca al sol sobre el Trópico de Cáncer. Es un término que a mí siempre me ha parecido un nombre propio "ha venido mi tío Solsticio el del pueblo". En mi sueño, tres deportistas, corredores de fondo, hablan entre ellos. Son dos hombres y una mujer. La mujer mira los ojos oscuros de uno de los hombres y sonrié, han compartido muchas horas de entrenamiento, algunos viajes y han sudado en compañía más de una camiseta. Cuando entrenaban juntos no lograron subirse a ningún pódium ni llevarse a casa ningún trofeo, pero lo llevaban con mucha deportividad, que es como se deben llevar las cosas en el amor. El otro deportista, corredor mucho más veterano, se acerca y se coloca al lado de la mujer. Ella se mueve dos pasos hacia él y mira sus ojos azules. En el deporte y en el amor unos milimetros de distancia son decisivos. Es imposible escuchar qué le dice él corredor de ojos oscuros a ella, pero debe de ser algo así como "me alegro mucho".  </p>
<p>Me desperté lenta y desubicada, como una abuela demente y me quedé escuchando la charleta desenfadada de dos robles próximos, de voz ronca y con resonancia cóncava. Comenzaron hablando sobre la crisis económica del país, le dieron vueltas al vomitivo encuentro de los más poderosos del mundo, agitando sus copas en señal de protesta, discutieron sobre si debería decirse árbol y árbola y al final deduje que eran pareja, porque  empezaron a astillarse y se escupían hojas vociferando en su idioma arbóreo. La que debía de ser la chica lloró resina en silencio.  </p>
<p>El olor de la tortilla de patata me hizo olvidarme de cualquier crisis. Había mesas colocadas en fila de a uno, manteles de hilo deshilachados, niños creciendo ante mis ojos y dando la coña, neveras albergando en sus entrañas manjares empanados o en conserva, lazos sanguíneos estrechándose entre risas y birras, una matriarca despeinada y sonriente, vegetación sin medida y un pantano rebosante. </p>
<p>La puesta de sol fue colosal, como era predecible y el domingo amaneció con el aire lleno de feromonas alocadas, así que regresé contemplando el hipnótico y relajante giro de las aspas de los molinos de viento. </p>
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<title>Viva la vida.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/07/01/viva-vida</link>
<pubDate>2008-07-01T15:06:39+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Hacía mucho que no incluía una canción. Pero esta vez va a ser diferente, lo sé. Esta siendo.</p>
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<title>La jauría humana. </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/30/la-jauria-humana</link>
<pubDate>2008-06-30T22:49:18+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>No hace falta ser futbolero para que te diviertas viendo un partido de la Eurocopa. Tampoco hace falta ser patriota para alegrarte infinitamente por la victoria de España, al fin y al cabo son tus congéneres. No es necesario ser español para sumarte a la alegría colectiva y salir a las calles a celebrarlo. Pero hace falta ser un salvaje descerebrado para arruinar la celebración multitudinaria o al menos enturbiarla haciendo uso de la violencia como si fuera un modo más de divertimento. En la Glorieta de Bilbao había ayer cientos de personas, con sus banderas de España y sus vítores, chapoteando en la fuente como si fuera una bañera comunitaria, algunos bailaban, otros como yo se acercaban sólo a mirar, sin involucrarse mucho,  las familias se mantenían en un segundo plano y pequeños grupos de jóvenes se divertían cortando el tráfico de los vehículos que circulaban y coreando al unísono estrofas de homenaje al gran equipo.</p>
<p>Al principio la muchachada alocada simplemente balanceaba los coches, o se subía en el capó de manera temeraria aunque aparantemente inofensiva, o todo lo inofensivo que pueda resultar algo así. Pero rápidamente el bulto amorfo e incontenido de la violencia comenzó a extenderse, parecía que podías sentirlo colándose entre la multitud, en sentido envolvente, como una serpiente que va avanzando en zigzag y entonces en manadas cada vez mayores y demenciadas comenzaron a sacudir con fuerza a los coches, emitiendo sonidos guturales que ya nada tenían que ver con las sanas ovaciones iniciales. Se quitaban las empapadas camisetas y sacudían a bocajarro en las lunas, el capó, las puertas o donde atinasen en su alucinamiento litúrgico. El asfalto estaba mojado y refrescaba los pies en medio del axfisiante calor del centro de la urbe, ya pasada la medianoche. El calor perturbador y pegajoso del aglutinamiento. </p>
<p>Sentí miedo, un temor controlado y subliminal, a medio camino entre la sonrisa estúpida y la carcajada nerviosa, pero podía notar la mecha encendida del salvajismo, veía con claridad la delgada línea que separa la celebración desenfrenada de la violencia gratuita, animal e injustificada y sentía cierto estremecimiento en mis estructuras internas. Imaginé cómo me sentiría si fuera dentro de uno de esos coches y de pronto me viera rodeado de un grupo de tarados sudorosos enfervorecidos sacudiendo o pegándole patadas a mi auto sin motivo aparente. ¿Qué coño tiene que ver eso con el sano triunfo de nuestro equipo? </p>
<p>En esos momentos no puedo evitar sentirme ajena y asqueada a esa masa ignorante y asilvestrada que merecerían estar atados de pies y manos con cinta aislante en la boca. Así, los demás podríamos celebrar a nuestras anchas la victoria sin que ningún niñato perturbado nos jodiera la fiesta. Y hoy me ha molestado leer en la prensa, junto a las crónicas del triunfo, las noticias de las hordas aberradas. Producto español. </p>
<p>En fin, yo soy después de esta Eurocopa un poco más futbolera -el amor mueve montañas-, y también más entusiasta con el deporte y con nuestra selección. El orgullo patrio se quedó en la calle flotando en un charco en el suelo, cerca de la fuente. Esta mañana ya se había evaporado en forma de polución. </p>
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<title>Excuse me, are you dancing tonight?</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/24/excuse-me-are-you-dancing-tonight</link>
<pubDate>2008-06-24T01:03:40+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>“En el futuro, todos seremos mundialmente famosos durante 15 minutos”.<br />
Andy Warhol.</p>
<p>Un blog es un reducto de egocentrismo globalizado, el sonrojo de la discreción, un diario sin candado, una mesa de operaciones emocional, una memoria externa o la copia de seguridad de nuestros recuerdos relevantes. La diferencia con respecto al disco duro interno que alberga nuestro cráneo es que aquí seleccionamos aquello acerca de lo que queremos tener la mayor cantidad de detalles. No lo contamos <em>todo</em>. Yo no, al menos. Me reservo algunas piezas para que nadie pueda terminar el puzzle de Ciberia. Un puzzle terminado ya no tiene sentido alguno. Lo de ponerle pegamento y enmarcarlo es sencillamente ridículo. </p>
<p>Sin embargo, algunas anécdotas se insinúan todo el tiempo, intentan convencerte de ser contadas, para retroalimentar la naturaleza ególatra de ésta mi memoria virtual. Aunque en el fondo me despierte sentimientos vergonzantes, como si estuviera mendigando admiración. Nada más cerca.  </p>
<p>Era jueves, alrededor de las 15 h. Alfa, Beta y yo buscábamos un sitio donde comer cercano al <strong>Palais</strong> des Festivals donde se celebra el anhelado certamen de publicidad. La mañana había sido interesante, la presentación de nuevos directores creativos de la agencia Saatchi&amp; Saatchi de Londres fue brillante. Ver tanto talento provoca una punzada en la boca del estómago y te obliga a abrir la boca, lo que te da un aspecto lamentable, que se disimula aplaudiendo con ritmo y sonoridad de grupo y moviendo la cabeza en todas las direcciones. Esas cosas distraen. </p>
<p>Nos decidimos por un restaurante a pie de playa, informal y cómodo pero también elegante y sofisticado. En perfecto equilibrio con nuestras personalidades. Pertenecía a un hotel lujoso, hecho que ignoramos por completo hasta que nos sentamos en la mesa. Afortunadamente, ninguna teníamos que preocuparnos por la cuenta. Alfa y beta leían el menú de la entrada, yo juguetaba con la cámara de fotos. Un chico y una chica se acercaron sin que me diera cuenta. La chica me abordó directamente, preguntándome si sabía hablar inglés, a lo cual respondí con una sonrisa forzada y un "just a little". Se llamaba Mariana y era una brasileña impetuosa, que gesticulaba muy deprisa. El chico era japonés, discreto y con cierto halo friki (o quizá ser japonés lo lleva implícito). </p>
<p>Representaban a Brasil en el concurso Young Lions, aspiraban a obtener un león en la categoría de TV, tenían 48 horas para llevarlo a cabo y yo encajaba perfectamente -me adularon con insistencia- para el papel protagonista de su spot. No tendría que cambiar nada de mi estética, ni siquiera maquillarme. La propuesta consistía en irme con ellos y el resto de personas que actuaban como extras. Se rodaba en "La Casa Burbuja" de Pierre Cardin -jamás hasta entonces había oído hablar de ella- y apenas me robarían dos horas -en realidad fueron más de cuatro-. Para recompensarme -no me podían pagar obviamente- me invitaban esa misma noche a una fiesta VIP, celebrada en ese mismo espacio, con actuación privada de Morcheeba. Alfa y Beta me animaban excitadísimas, yo trataba de entender la conversación y estaba algo desconcertada, así que les pedí diez minutos, que me fueron concedidos sin cesar de insistirme con halagos en que yo era la persona que buscaban. Más tarde entendí el porqué.</p>
<p>Llamé por teléfono a Gamma para contárselo; hubiera llamado hasta al rey, pero como el teléfono sí lo pago yo, me decidí por él, sus ojos azules y su sonrisa ocupan estos días la mayoría de mis creativos pensamientos. Mi comida fue frugal, el nudo de nervios me había llenado el estómago como si tuviera una reunión de ejecutivos vociferando dentro y además tenía prisa. Mariana me llamó enseguida y aún si verla imaginé vívidamente el movimiento nervioso de sus muñecas, y detrás de ellas su brazos alocados apuntando en todas direcciones, al confirmarle mi participación. Quedamos a la entrada del Palais en apenas media hora. Alfa y Beta me despidieron contentísimas, estaban más alteradas que yo, me animaban y deseaban suerte. Saben que soy una carpe diem sin remedio. </p>
<p>Acudí presurosa, Mariana me explicó agitadamente lo que tenía que hacer. Mi inglés fluía minuto a minuto como el chorro de un grifo abierto totalmente pero con las tuberías atrampadas: a trompicones y con cierta resonancia gutural. Se trataba de promover la idea de la importancia que tiene no derrochar las fuentes de energía naturales, sino utilizarlas de manera sensata. Transmitir un concepto amigable y cool de un modo de vida ecológico, dirigido a un target joven e insensato.  El concepto de los brasileños -a mi juicio enrevesado- consistía en mostrar cómo las personas que acudían a bailar a un club nocturno generaban, a través de su baile, la energía necesaria para mantener la fiesta activa. El mensaje de cierre lo ignoro, aún no he visto el anuncio terminado. Pero imagino que algo así como "lo que mueve el mundo eres tú" o "conservar la energía es cool" o similares. </p>
<p>Yo era la clubber que estaba en la puerta del garito contándole ese rollo a cuantos acudían a bailar. Sí amigos, con mi bagaje cultural y mi vocabulario redicho, mis quince minutos de fama, esos que Andy Warhol magnánimamente nos concedió, los viví como icono de la modernez noctámbula. No me pesa, la realidad es que mi estética no llama precisamente a interpretar a una maestra de provincias. </p>
<p>Apenas conocí a todos los participantes, en su mayoría brasileños, hombres y simpáticos, nos dividimos en dos coches. Me dormí como un tronco durante el trayecto, viajando con cuatro desconocidos y con mi primera -y probablemente última- experiencia como actriz como futuro inmediato. Ha sido la prueba evidente de mi capacidad de adaptación a cualquier circunstancia y de mi ausencia de pánico escénico. Y también de mi preocupante confianza en la especie humana.  Los pocos minutos que no daba cabezadas mis ojos contemplaban un paisaje de villas construidas sobre el verdor frondoso de las montañas, a pie de costa, con el mar azul cobalto salpicado de barquitos blancos como si fueran trocitos de nubes extraviadas. La maldita cámara encendió la señal de batería baja para fastidiarme.</p>
<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030633-1.jpg" class="imgCen" height="446" width="595">A pesar de que Julie, una encantadora francesa que se ocupaba del making off me avisó, no podía imaginarme el lugar increíble donde íbamos a rodar. "La Casa Burbuja" es una construcción retro futurista alucinante, que rompe con el paisaje límpido y sosegado de la apacible costa francesa. Construida por el diseñador Antti Lovag en los años setenta, parte de la idea de la agresividad de los ángulos, sus formas son sinuosas, apenas tiene habitaciones y las estancias se separan por puertas ovaladas. La luz penetra a través de fantásticos ventanales y si de mi dependiera, me hubiera quedado a vivir allí para siempre.</p>
<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030651-1.jpg" class="imgCen" height="446" width="595"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030652.jpg" class="imgCen" height="446" width="595"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030653.jpg" class="imgCen" height="446" width="595"><br />
<img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030654.jpg" class="imgCen" height="446" width="595"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030660.jpg" class="imgCen" height="446" width="595"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030664.jpg" class="imgCen" height="595" width="446">Mariana nos organizó rápidamente, intercambiando miradas con el japo, que asentía de manera sumisa. A mí me colocaron en la puerta de una de las habitaciones, como si fuera la entrada de un club nocturno y el resto de los chicos iban pasando de uno en uno, como si quisieran acceder al local imaginado. Yo tenía que ir parándoles y preguntarles "Are you dancing tonight?" Ante su extrañeza yo soltaba el rollo energético, les pedía una demostración de baile y finalmente les dejaba pasar. Repetimos varias veces, nos fuimos relajando, yo me sentía cada vez más clubber y mi sentido del ridículo se ahogó en el Mediterráno. Después rodamos un par de escenas más en una amplia sala, que hizo las veces de pista de baile. Afortunadamente no tuve que bailar. Hubiera sido tirar de la cuerda demasiado. Fue divertido y a esas alturas y tras reconciliarme con la cámara, que me permitió dejar una aceptable prueba fehaciente de que aquello no era un delirio publicitario, estaba pletórica y sujetándome las ganas de llamar al mundo entero para contárselo. Tiré de sms, tecleado a ritmo de música progresiva.</p>
<p>Además de nosotros, un equipo de montaje pululaba con los preparativos de la fiesta. Los montadores parecían afables, nos sonreían y yo me sentía, con razón, en una burbuja. Cuando terminamos aún tardamos un rato en irnos, así que me paseé a mis anchas por todas partes, parpadeando a ritmo de disparo fotográfico. Mi memoria lo registró todo en modo automático. No necesité flash con ese derroche de luz natural.</p>
<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/P1030663.jpg" class="imgCen" height="595" width="447"> Me dejaron en el Palais de nuevo y caminé paseando hasta el hotel. Me sentía extrañamente relajada y ajena a mi vida, y en cierta manera orgullosa de mí misma. También muy afortunada, la vida me sonríe con frecuencia y me enseña una dentadura impecable, donde puedo verme reflejada, sonriendo también. A pesar de lo tentador de la invitación a la fiesta, decidí no ir. No conseguí que apuntaran a Alfa y Beta también. Y además al día siguiente me esperaba la short list. Y más tarde ya en mi Madriz me esperaba Gamma. Ya nada es lo mismo y eso me gusta. Me alivió enterarme de que Morcheeba en directo no mola tanto. Y las cinco horas seguidas de spot que visualicé el viernes me terminaron de convencer de que la decisión fue más que acertada.</p>
<p>Todavía no tengo en mi poder el spot, del que hicimos una versión extra en español. Lo que sé es que no ha obtenido ningún premio. Aunque lo tuviera no lo pondría lógicamente. Y en realidad no sé si quiero verlo, prefiero quedarme con el recuerdo fluorescente de que una vez en Cannes, sin pisar la alfombra roja, me sentí como una auténtica estrella.</p>
<p><a href="http://www.canneslions.com/winners/younglions/index.cfm?medium=film&award=GOLD" title="http://www.canneslions.com/winners/younglions/index.cfm?medium=film&award=GOLD" id=link_0>Young Lions Films </a></p>
<p><del></del><strong></strong><del></del>
</p>
]]></content:encoded>
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<title>Cannes o el triunfo de la modernez. </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/18/cannes-o-triunfo-la-modernez</link>
<pubDate>2008-06-18T08:06:37+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>La gata ha ronroneado al tiempo que el café borboteaba impetuoso. Para no ser menos he bostezado. El Festival de Publicidad de Cannes arranca esta semana, queridos contertulios y la arriba firmante estará presente allí, en plena Riviera Francesa. Cannes está hermanada (Wikipedia dixit) con las siguientes ciudades: Madrid, (España), Royal Borough of Kensington and Chelsea (Reino Unido), Beverly Hills (Estados Unidos), Shizuoka (Japón), Acapulco (México), Sanya (China), Bogota (Colombia). No sé a qué prebendas se obtendrán por el hecho de hermanar a dos ciudades. ¿Y el padre quién es? Ja. </p>
<p>Viajar es fantástico, colosal, lo mejor que un humano puede hacer en su corta y anodina existencia como minúsculo punto en medio de la inmensidad del universo. Dicho esto, ya puedo explayarme sin ser vilipendiada y decir que me estoy cansando de viajar con tanta frecuencia últimamente. Extraño las cosas pequeñas como mis raídas zapatillas de andar por casa, mi aburrimiento dominguero que precede a ataques de actividad incensantes, los paseos matutinos, mis aperitivos caseros, a saber: botellín de Mahou, una tostadita de salmorejo, un poco de queso de oveja en pan, mi suplemento en mi sofá incómodo. Mis libros, mis pelis, hasta las que nunca visualizaré. Un poco de amor por aquí y otro poco de risas por allá. Y al final mi felina y yo en silencio. O los tres. </p>
<p>El derroche de horas, comida, bebida y conversación, excesos inherentes a las vacaciones a los que jamás supe enfrentarme, me abruman un poco. Aún no he terminado de sacudir la arena de la playa de mis querencias, todavía tengo el marisco vigués centrifugándose y ahora me esperan tres días de boato publicitario que es, creedme, algo espeluznante. </p>
<p>El lado bueno es innegable y lo aprovecharé como hago siempre. Soy lo bastante inteligente como para languidecer por los rincones del glamour. </p>
<p>Pero no me dejo deslumbrar fácilmente, que quede claro. </p>
]]></content:encoded>
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<title>Toma el mechero y corre.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/12/toma-mechero-y-corre</link>
<pubDate>2008-06-12T00:21:47+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Esta tarde, mientras compraba en el súper, han sorprendido a un hombre robando. Era un tipo insignificante, bajito, vestido con un chándal de ese tejido ignominioso, el táctel, con una calva a lo Jesús Puente. Por un momento pensé que quizá había robado unas latas de atún Calvo en pack. En escabeche, seguro. El dependiente, un veinteañero simpaticote que tiene una entrega vocacional al oficio que da un poco de miedo, le ha increpado con muy malos modos. Me he puesto roja sin querer. Ha sido porque a veces yo también robo cosas pequeñas, pero claro, nunca en el supermercado donde me abstezco, no sea que me vayan a sorprender con una minucia y me prohíban la entrada. Los ladrones profesionales nunca roban en su barrio, para no disgustar a su madre y para no "dar que hablar". Lo cierto es que no tengo ningún conflicto ético, porque siempre llevo a cabo mis hurtos en gigantes del comercio. Y ya se sabe que "quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón". </p>
<p>Es emocionante la verdad, te proporciona una sensación efímera de poder y placer, como un polvo rápido en en el baño de un garito con un desconocido. Y encima no te despeinas. Cada uno tiene su "modus operandi", yo suelo llevar una bolsa cuadrada en una mano, o bien unas bermudas anchas de grandes y profundos bolsillos. Y casi siempre compro algo pequeño, para despertar menos sospechas. No es que sea estrictamente necesario, pero como disto mucho de ser "Marnie la ladrona" me hace sentir más segura en mi choricez intrínseca.</p>
<p>Cuando estás en otra ciudad te crees que es mucho más fácil, a pesar de ser una estupidez, parece que es más difícil que te pesquen, y si lo hacen tu conciencia seguirá sin mácula, porque lo archivarás como un hecho aislado, alejado de tu rutina y además es casi imposible que vuelvas a visitar el mismo sitio, si puedes evitarlo. </p>
<p>Me acuerdo de la peli de Woddy Allen, "Toma el dinero y corre". La hilarante confusión caligráfica mientras está robando en un banco, o cuando empieza a llover mientras empuñaba una pistola de jabón. Y sus padres avergonzados, prestando declaración con unas gafas y un bigote postizos. Genial. </p>
<p>Ahora heme aquí, liando un canuto mientras tecleo esto, y me doy cuenta de que no tengo mechero. Lástima de estanco abierto, con la buena noche que hace para salir por patas.
</p>
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http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/12/toma-mechero-y-corre#comentarios
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<title>Mucho Alphonse Mucha.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/11/mucho-alphonse-mucha</link>
<pubDate>2008-06-11T16:11:18+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Una recomendación. Esta exposición en el Caixa Fórum. La belleza tangible. Sólo hubiera cambiado mi generación por haber nacido en la fascinante época en la que el Art Noveau irrumpió en la cotidianidad. </p>
<p>Bueno, o cualquier etapa de ebullición de vanguardias artísticas. </p>
<p><img src="myfiles/ciberia/papel-de-fumar-job.gif" class="imgCen" height="479" width="360">                             ¿Se puede encontrar un pelo más impresionante que este? Dudolo.</p>
]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/11/mucho-alphonse-mucha#comentarios
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<title>6:10 am (una hora menos en Canarias). </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/03/6-10-am-una-hora-menos-canarias</link>
<pubDate>2008-06-03T06:18:48+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>"El quedarse en el mismo lugar durante demasiado tiempo puede producir una acumulación de pésimos sedimentos, fermentos, mohos, podredumbres. Una señal inequívoca de que ha llegado la hora de ponerse en camino, emprender un viaje, sentir el viento en la cara y respirar aire puro". </p>
<p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ryszard_Kapuscinski" title="http://es.wikipedia.org/wiki/Ryszard_Kapuscinski" id=link_0>Ryszard Kapuscinski.<br />
</a><br />
<img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535247393_4169fa549a.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535255423_4e9f4d18df.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535263855_86262562bf.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535263927_679d053bbc.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535264065_1421978a44.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535264179_22aafd3dd4.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535266309_03232776af.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535259241_483af61c1a.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535268377_d6b6384d80.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535268673_67911034d3.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536070634_44df71ed1c.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536070722_a69e57168d.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536071568_922dd94df4.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536071946_27ca8c6b78.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536074594_aac62694d9.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536079640_cac04c2dcd.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536079814_4188049915.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536079910_fc38a9d40c.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536080032_ec0aaba8a9.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536082504_62edf7b2ed.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536082544_88cc5708bf.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2536082908_589c0be8e9.jpg" class="imgCen" height="500" width="375"></p>
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<title>Come back.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/06/01/come-back</link>
<pubDate>2008-06-01T20:57:15+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Llovía en Madrid el día de mi regreso, cuando salimos del aeropuerto, alrededor de las 13 h de un miércoles, situado en el epicentro de la semana. Los miércoles son días simpáticos porque uno siente que ha traspasado el umbral del comienzo laboral y porque si te sitúas en su extremo inferior -alrededor de las 20 h-, atisbas el fin de semana en la lejanía, como se intuye la costa africana desde las Canarias; puede que no se vea nítidamente, pero se sabe que su perfil es incipiente. </p>
<p>Desde la ventana del piso en el que nos alojamos en Las Palmas se veía el mar, situado a tan sólo unos escasos 50 m de nosotras. Por la mañana me despertaba la primera -todos conocemos mi naturaleza insomne- y bajaba a comprar bollería fresca para desayunar. Antes de llegar a la cafetería desviaba mi camino para decirle buenos días al océano, contemplar cómo se desperezaban las olas chocando contra la orilla vomitando espuma con olor a salitre, que a mí me parece que huele a red de pescar y a barba rala. A esas horas el mar es de color azul oscuro, lapislázuli, moteado de brillos espumosos, como si fuera un reflejo de la noche estrellada. A esas horas del alba sólo algunas personas pululaban por la playa, entre ellas yo. Me caían simpáticas a priori, probablemente porque los presumía insomnes y sensibles como yo. Quizá también porque no crucé palabra con ellas, evitándome así irritabilidades matutinas. </p>
<p>Uno de los mayores placeres/ órdenes que incluyo en mi lista de "Consignas para hedonistas vulnerables" es la de remangarte los bajos de los pantalones y caminar -mejor solo-  por la orilla del mar, dejando una coreografía de huellas a tu paso, arbitraria o creativa, eso depende del tiempo y del sentido del ridículo. Yo caminaba en línea recta unos metros y después zigzagueaba para sacar locas a las olas que desperezándose lamían la impronta de mi pies, como un amante ansioso y torpe. Al poco me los secaba en la arena, me calzaba las chanclas y caminaba presurosa, pensando ahora en otro olor irresistible, que es el de un croissant recién horneado. Sólo el olor a sexo, también recién horneado, me faltaba algunas de esas mañanas. </p>
<p><img src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/2535267791_8f49ea5291.jpg" class="imgCen" height="375" width="500"><br />
Han sido días canallas -me ahorro el juego de palabras facilón con las islas-, intensos, sensuales, divertidos, reveladores y febriles. Días en tecnicolor y a ratos en sepia, días derrochadores, lascivos algunas veces y otras ávidos de contemplar la puesta de sol apoyando mis ojos en otros ojos y mi mano danzando sobre otra piel. </p>
<p>La escasez de horas de sueño propició que al tercer día ya albergara una memoria histórica importante, ahora que está tan de moda, un back-up emocional repleto y muchas agujetas, algunos moratones y ganas de más. Está bien eso de tirarse a la piscina sin que sea metafórico. Y me encanta la arena volcánica, mucho más que la arena blanca, la convencional, como me gusta más el presente que me rodea que el presente que pudo ser a un océano de distancia, aunque a veces gire la cabeza hacia atrás en un ejercicio que en el fondo es puro vicio, vicio sentimental. Soy lo que soy. </p>
<p>El regreso afortunadamente ha sido más que grato, porque sigo contemplando el mar en otros ojos.    </p>
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<title>V de vacaciones.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/18/v-vacaciones</link>
<pubDate>2008-05-18T08:35:17+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Robinson Crusoe tomaba el sol a la orilla del mar, como cada día desde hace 36 años. ¡Viernes, viernes! -llamó a gritos al salvaje que le acompañaba en su retiro, pagado por el Inserso- ¿Qué es eso que atisbo en la lejanía? ¿Ese puntito del horizonte que parece acercarse más y más? Uhm, juraría que son cinco esculturales hembras, mi amo. Lo veo en los contornos -apuntó el salvaje sonriendo con cara de celebración.<br />
¿Hembras? -rugió el naúfrago. Tendremos que avisar a tus familiares para que las reciban como se merecen.<br />
Pero mi amo, mis parientes son caníbales -el salvaje miró con extrañeza al hombre del que estaba enamorado-. Pues por eso, mi asilvestrado amigo. Para que se las coman. </p>
<p>Entretanto, las mujeres charlaban animadamente sobre sus vacaciones paradisíacas y sobre los autóctonos del lugar que las esperarían, sin duda, con los brazos abiertos. </p>
<p>(Continuará).</p>
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<title>De órdago. </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/16/de-ordago</link>
<pubDate>2008-05-16T14:58:08+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>La resaca de alcohol bloquea los circuitos neuronales, como si se me hubiera borrado el disco duro que albergo en mi cráneo, quedando sólo algunos recuerdos, los más innecesarios y además los pisotea con ímpetu como si hubieran abierto en uno de mis hemisferios una sucursal de El Corral de la Morería, regentada por un ex-luchador de sumo reconvertido a bailaor. Ayer me bebí la pradera de San Isidro, me bebí la terraza del Dos de Mayo, me bebí un concierto inclasificable, me bebí el último garito y llegué a casa con el ilustre honor de ser la última. Nunca tuve vocación de primera de la clase. </p>
<p>No he ido a trabajar en un ejercicio de irresponsabilidad sin precedentes, y ahora Pepito (Grillo) me está abrasando la oreja con muy malos modos. Tengo cosas que hacer, cosas reales y tangibles que puedo posponer o puedo afrontar. Se trata de escoger entre sentirme bien ahora echándome una siesta por ejemplo y expulsar a Pepito (Grillo) con cajas destempladas de mi pabellón auditivo o invitarle a un café y que me sermonee mientras cumplo con mis deberes domésticos. </p>
<p>Hagan sus apuestas. </p>
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<title>Domótica.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/13/domotica</link>
<pubDate>2008-05-13T12:38:46+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>A las 9.30 del día de mañana, dos hombres altos y con unos cuerpazos de escándalo -la imaginación es libre-,  algo sudorosos -pero recién duchados-, probablemente extranjeros -al menos uno de ellos- y presumiblemente solícitos con una chica soltera, llamarán a la puerta de mi apartamento para proceder a instalar un aparato de aire acondicionado que contribuirá a hacerme el verano más llevadero. El aparato (de aire) es gigantesco, tan grande que dentro de él bien pueden caber un lote de vientos variados: algo de cierzo seco, un poco de tramontana, unos aullidos de galerna y en el modo bomba de calor un surtido de alisios, sirocos y solanos. Casi hasta cabe un depósito donde incluir efectos especiales como masas de aire frío, nubes altas y otros fenómenos climatológicos a domicilio. O a Paco Montesdeoca perfectamente plegado. Mi felina dormita ahora sobre la caja de Pandora que alberga al gigante eólico-mecánico. </p>
<p>Me fascinaría chascar los dedos y que las luces se apagaran, o que fueran sensibles a mi estado de ánimo o a la circunstancia. Imaginémonos que llego a acasa acompañada de un apuesto maromo y que la urgencia del amor, mejor dicho del sexo, no nos permite perder el tiempo en tales fruslerías. Mi apartamento inteligente captaría el grado de excitación y bajaría las luces hasta una tonalidad anaranjada, que me hiciera parecer más morena y apetitosa doquiera que se me mirase. Comenzaría a sonar una música melosa, propicia para la carnal ocasión y las paredes esponjarían el aislante de sus entrañas para que mis vecinos no escucharan los sonidos guturales del placer. Soplaría una suave brisa marina con rumor de olas y se ajustaría el grado de humedad. </p>
<p>O para esos domingos en los que lluvia y soledad son una misma cosa, sería fantástico si un viento cálido se colara por los espacios libres, las luces brillaran en modo sol de justicia, e incluso los interruptores y el equipo de música al unísono me ofrecieran un espectáculo audiovisual a domicilio, encendiéndose y apagándose para ofrecer una coreografía doméstica. Quizá también podría intervenir la vitrocerámica, en un aporte de sofisticación. Los azulejos del cuarto de baño se autolimpiarían y los pelos de la gata se acumularían en una sola pelusa, empujados por cierto grado de electricidad estática inteligente.</p>
<p>No me importaría ser una ciborg (de cuerpo perfecto), siempre y cuando el corazón continuase sintiendo y pudiera tener orgasmos.</p>
<p><img style="width: 502px; height: 446px;" src="http://www.lacoctelera.com/myfiles/ciberia/Cyborg.jpg" class="imgCen"> </p>
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<title>Vísperas.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/12/visperas</link>
<pubDate>2008-05-12T18:08:50+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>La impaciencia no es una virtud, pensó ella, mientras contaba los minutos que le acercaban a la hora de salida del trabajo, las horas que habían pasado desde que él se fue, las que quedaban para que partiese ella, las que tenían que pasar para que fuese apropiado llamarle, los días que faltaban para el encuentro entre las cinco amigas, los meses que hacía que no le veía, los años que llevaba sin pensar en plural, el tiempo que aún tenía que tragarse al tiempo para que ella pudiera cerrar con doble llave la puerta de casa, subir en un avión de alas grandes y llenas de plumas y desde sus tripas contemplar las nubes que le transportarían hasta el borde mismo del océano. Al llegar caminaría a su encuentro, entonces sí sola, mucho mejor, al menos durante un tiempo, el suficiente para que la espuma del mar la volviera a reconocer, se cambió el pelo hace unos meses y esas cosas se notan. Ella se acercaría, dejando huella, a veces pensaba que no dejaba tanta huella en algunos corazones como le gustaría, pero aquí, en la orilla del mar, lo olvidaba todo y además hasta un tonto dejaría la marca de su camino sobre la arena mojada. La espuma se acercaría sinuosamente a darle la bienvenida, empujada por el oleaje marino, algo cansado del atardecer y de los turistas ingleses y alemanes, los que más abundaban, de mecer sus barrigas inmensas y sus carnes flácidas de jubilados ociosos. El agua burbujeante haría un esfuerzo para colarse entre sus dedos, mezclándose con la arena volcánica formando grumos de oscuro barro que desaparecerían empujados por la marea otra vez, borrando los vestigios de otras pisadas, sobrantes, porque era a ella a quien estaba recibiendo. Ella estaría descalza, obviamente, y miraría la línea del horizonte respirando hondo y justo entonces, en el momento en que el sol de la tarde se proyectase completamente sobre su cuerpo, como un amante exhausto, ella se dejaría despeinar por la brisa marina, respiraría hondo y dejaría de contar. En ese momento perdido, se detendría el tiempo.
</p>
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<title>Etienne de Crecy.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/11/etienne-crecy</link>
<pubDate>2008-05-11T21:51:31+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Una instalación  absolutamente fascinante, compuesta de una estructura cúbica iluminada, para el espectáculo de este deejay parisino que podré disfrutar en el próximo <a href="http://www.summercase.com/" title="http://www.summercase.com/" id=link_1>Summercase.</a> Ha sido realizada por un colectivo llamado <a href="http://www.exyzt.net/tiki-index.php" title="http://www.exyzt.net/tiki-index.php" id="link_0">Exyzt</a>. Me la descubrió el chico curioso. </p>
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<title>Good bye, salmorejo.  </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/05/08/bye-bye-salmorejo</link>
<pubDate>2008-05-08T16:46:55+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p><strong>SALMOREJO</strong> (by Ciberia):</p>
<p><em>Pan del día anterior (preferiblemente de pueblo)<br />
Tomates maduros<br />
Aceite de oliva virgen<br />
Ajo (sin corazón)<br />
Sal</em></p>
<p>Tenía que suceder que, siendo como soy una mujer de ímpetus, de las que acostumbran a patinar emocionalmente, agarradas al guardabarros de algún corazón de segunda o tercera mano, siendo insomne y, por ende, madrugadora y, por ende, noctámbula, siendo despistada, de buen comer y mejor beber y amiga de sus amigos hasta el infinito, siendo alguien a quien le gusta tanto mirar el cielo azul que a veces los pulmones se me tiñen de añil, siendo así tenía que pasarme lo que me ha pasado esta mañana, mientras la lluvia plateada golpeaba en los cristales y despertaba a medio Madrizzz. Por excesiva.</p>
<p>El caso es que, cuando ha sucedido lo que voy a narrar en breves, apenas he alterado un músculo o he hecho ningún aspaviento. No la he emprendido a golpes con los objetos que me rodeaban ni tampoco he increpado a mi felina, único testigo del infierno rojo. Aún me quedaban ecos de carcajadas de los días pasados en Soria con mis íntimos y debía de albergar todavía en mi interior algún resquicio de la dulzura que emanaba mi sobrinita el día de su comunión. Tan linda y tan seria. Digo yo. Porque si no, si hubiera venido a mi cabeza la carta recibida por el Arzobispado de Osma-Soria, en respuesta a mi solicitud de apostasía, si en ese preciso instante en que la debacle culinaria ha tenido lugar hubiera pensado en la jeta del vicario firmando la desabrida misiva, probablemente hubiera aparecido en forma de suceso doméstico en Gente o algún pseudoprograma similar. Mis quince segundos de fama, merecidos, como veréis.</p>
<p>Ayer iba a cenar con Landa, un ángel de ojos verdes y nombre maravilloso, una amiga a quien conocí en mis años tardíos de universidad, diez años menos que yo aunque sospecho que mucho más sabia en algunas lides de la vida. El caso es que ambas estábamos derrotadas y decidimos posponer la cenita y tomarnos sólo una caña, sin parar de hablar por supuesto. Por una vez ella más que yo. Por una vez alguien más que yo, podría decir también. Era su cumpleaños, así que era de ley. </p>
<p>Así que subí a casa antes de lo planeado, cené algo ligero y proteínico y después de mis pertinentes abluciones me hice un canuto, cogí mi último libro y me fui a la cama, porque -pensé- ¿qué hacer levantada pudiendo crear un universo nocturno a mi medida sobre 1,40 m? Y cenicero-mechero-canuto, botella de agua, felina, libro, periódico, portátil y yo cambiamos de escenario. Y una lámpara cenital situada estratégicamente me dio luz y calor, como un abrazo en la playa.</p>
<p>Menos de diez minutos más tarde mi idílico escenario estaba en tinieblas y yo profundamente dormida. Soy insomne -repetimos- quizá sea por eso que cuando veo venir a ese hombre esquivo e inestable que es mi sueño, me agarro a su cuello y le doy un beso de tornillo con el que literalmente nos desmayamos ambos. Luego se pira, en mitad de la noche, como casi todos los hombres de mi vida. Una vez quedé con mi vecino -sí Chipi, yo sí tengo un vecino apolíneo- para que me dejara en casa una china de porros, -tiene llaves-, ya que yo no estaría. Al final resultó que no salí y que me fui a dormir y tenía tanto sueño que no me detuve a pensar en que él vendría. Bien, él vino, entró y se sobresaltó al oír ruidos (espero que no ronquidos) procedentes del dormitorio -casi es una única estancia-. Me dejó la china, apagó la luz y salió sigilosamente. Yo no me enteré de nada. Bien podría haberse aprovechado de mí. Bien podría. </p>
<p>Ya, ya, ya bajo de la rama del árbol, y doy un salto hasta mi cocina en esas horas del alba en que los pájaros me acompañan y me ayudan a tender la ropa. He madrugado, ¿las siete es madrugar? No sé, ya he perdido el norte horario, a veces a las siete de la mañana empieza para mí la noche. Y he decidido hacerme salmorejo, que me encanta, me fascina y me apetece constantemente, tanto como me apetece echar un buen polvo. He puesto a remojar pan de pueblo que ayer dejé, a propósito, en la encimera. Mientras se hacían unos largos las rebanadas en el barreño de agua he descuartizado a los tomates, he colocado la batidora de jarra en la posición idónea para que funcione -no es asunto baladí-, he arrimado amorosamente al salero con el aceite de oliva virgen y he dejado sin corazón a un diente de ajo, con cierta saña pero sonriendo, relajada. </p>
<p>Después y con infinito gusto he colocado en la jarra taimada ora rebanadas de pan de hogaza húmedas y blanditas, ora tomates desangrándose. Finalmente el aceite, la sal de la vida y el pequeño y descorazonado ajo. La máquina se ha encargado de que fueran uno, de un precioso color salmón y <em>líquido, demasiado</em><em> de hecho</em><strong></strong><strong></strong>. Como rebosaba he decidido parar el fascinante proceso y vaciar un poco en una jarra aparte. Al hacerlo he pensado que quizá estaba demasiado líquido y necesitaba un poco más de miga. Y entonces ha ocurrido algo entre mis manos y el maldito cachivache, alguna reyerta biónica o quién sabe qué demonios ha pasado, para que la parte inferior de la jarra, que la sustenta, se abriera de pronto ante mis ojos y un torrente de salmorejo rojo y <em>demasiado líquido</em>, lo inundara todo, como si mi cocina fuera Pompeya y la maldita jarra el Vesubio, armarios, paredes, tazas, vasos, escoba, frigorífico, sillas plegables, suelo, camiseta, zapatillas, ojos, boca, brazos y piernas cubiertos de salmorejo, apestoso salmorejo. Huelga decir que nadie ha venido a ver qué pasaba.</p>
<p>Menos mal que yo no le echo vinagre. ¿Qué hubiera sido entonces de mi sentido del humor? </p>
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<title>Belleza fractal.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/04/30/belleza-fractal</link>
<pubDate>2008-04-30T12:03:02+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>La imagen del día, los fascinantes fractales. Trataré de encontrarlos mañana,  en el paisaje que la Naturaleza me ofrece durante el trayecto en bus hasta el terruño. </p>
<p><img src="myfiles/ciberia/20080430elpepifut_1.jpg" class="imgCen" height="456" width="620"></p>
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<title>Insultos innombrables</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/04/27/insultos-innombrables</link>
<pubDate>2008-04-27T10:41:44+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Era más de medianoche cuando lo escuché. Mi madre y yo hablábamos por teléfono desde hacía casi una hora.  La llamé yo para leerle un editorial escrito para una revista soriana en la que colaboro habitualmente. A ella le gusta que le llame y se los lea antes de que se publiquen, dice que es como conocer lo que hay dentro del envoltorio de un regalo antes de abrirlo. Los editoriales que escribo casi siempre son miradas nostálgicas o divertidas –también críticas - a mi pasado soriano, la infancia o la adolescencia que son los períodos vividos allí. Y, claro, mi madre y mis hermanos aparecen con frecuencia citados. Eso es para ella todo un regalo: sus compañeros de trabajo le preguntan: “¿esta debe de ser tu hija ¿no Pepi?”. Y casi siempre, o eso me dice ella, le felicitan. </p>
<p>Mi madre trabaja como educadora en un centro de educación especial desde hace más de treinta años. Le encanta su trabajo, y “los niños” como ella los llama a pesar de que muchos rondan la tercera edad, le adoran. Cuando yo era pequeña a veces mi madre me llevaba con ella cuando tenía que pasar por allí a recoger algo o tramitar algún papeleo laboral. Para mí era horrible, nunca sabía como dirigirme a esos medio hombres, medio niños con miradas torvas y deformidades, que me agarraban la mano y me sonreían y hacían muchos aspavientos porque estaban contentos de ver a su educadora favorita. Mi madre entonces me parecía otra madre, otra persona, la descubría en un papel irreconocible para mí, y supongo que me sentía un poco celosa de que repartiese tanto amor también hacia ellos. Sonreía sin cesar, se dirigía a cada uno por su nombre o su apodo con la dulzura infinita que le caracteriza, ese hablar cantarín y meloso, les abrazaba, les daba besos y les reprendía suavemente, sabiendo exactamente qué decirle a cada uno de ellos. Yo me quedaba en un rinconcito apartada y temía el momento en que ella reparase en este hecho y me buscase con la mirada y dijese: “Pero Myriam, hija, ¿qué haces ahí? Ven aquí a saludar a los niños ¿no te acuerdas de (fulanito o menganito que por supuesto sí recordaba ¿cómo olvidarles)? </p>
<p>Jamás en mi casa mi madre consintió que nos insultásemos entre nosotros llamándonos “retrasado” o “subnormal” o cualquier palabra que aludiese directamente a los disminuidos psíquicos. Tengo cinco hermanos, así que los insultos creativos han sido un hecho en la batalla por la supervivencia fraternal, sin embargo teníamos muy presentes los “Insultos Innombrables”, si no queríamos ver a mi madre quitarse la zapatilla.  </p>
<p>La conversación telefónica había dado para mucho, como siempre. Con ella hablo de prácticamente todo lo que acontece en mi vida ya desde hace muchos años. Es una extraña sensación, la de reírnos de alguna de mis andanzas amorosas y compararnos –ella tampoco tuvo ninguna suerte en el amor-, como dos amigas cualesquiera hacen, y al rato yo poner voz meliflua y con cierta resonancia infantil para quejarme de algo y que ella me devuelva palabras maternas que me haga sentir que tengo razón y que sigo siendo su niña mimada y protegida. </p>
<p>Si me parase a pensar la suerte inmensa que tengo de tenerla como madre probablemente me echaría a llorar de alegría y de emoción. Porque es un ángel, una heroína, una jabata, un ser sensible y atípico, melómana como no podía ser de otra manera y una luchadora que ha peleado con uñas y dientes para sacarnos adelante a su tropa. Y somos seis. Y se quedo sola, con la impagable ayuda de otro ángel que ya se fue, mi abuela, con nosotros –los seis- a los 36 años. El más pequeño tenía dos años y la más mayor doce. </p>
<p>Le pregunté sobre qué iba a hacer ahora que le quedan pocos meses para jubilarse. Quiero hacer muchas cosas –me contestó- quiero viajar, quizá me matricule en la Universidad de la Experiencia y aprender informática para hablar contigo por el ordenador y mirar cosas de música en Internet. Yo tengo mucha fuerza –proseguía- me siento con ganas de hacer de todo, hija, a tu madre ya sabes que no se lo pone nada por delante. </p>
<p>Resuenan estas palabras en mi mente esta mañana, no sé por qué. Y ahora me voy al Rastro. </p>
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<title>Memoria residual</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/04/26/memoria-residual</link>
<pubDate>2008-04-26T11:13:25+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>No sé en qué momento decidí marcharme de Soria. Debió de ser uno de esos días gélidos en que lo único que ves de color es el intenso azul del cielo raso y el amoratado de tus nudillos. Probablemente los árboles de la Dehesa ya no tenía hojas y las Garrapinchas, las señoras del carrito de golosinas, ya se habían jubilado, trauma éste del que aún no me he recuperado, porque significó el fin de la infancia. Nostalgia de Peta-zetas con sisas previas al monedero materno. Quizá me asomé más de la cuenta a la línea del horizonte, más allá del Pico Frentes, el monte que perfila el skyline soriano a falta de rascacielos, y me gustó la sensación de pasear más de veinte metros sin saludar a alguien. </p>
<p><img src="myfiles/ciberia/pico-frentes.jpg" class="imgCen" height="427" width="568">Pero la impronta patria perdura con ahínco en la memoria y un día cualquiera  te sorprendes en medio de la polución urbana entreteniéndote en sacar parecidos razonables entre los transeúntes y fulanito o menganito que conoces de Soria. O comentando, junto a un íntimo amigo enmarcado también en la clasificación de Soriano Errante, la distancia recorrida entre un punto y otro de la urbe en unidades de longitud inventadas: los Collaos (es el nombre del paseo más conocido, donde se sitúa la modesta zona commercial). “He andado muchísimo, no sé cuántos Collaos me habré hecho esta tarde” –le digo sonriendo a lo ancho. Y él asiente con la cabeza y la céntrica calle se dibuja al mismo tiempo en las mentes de ambos, perfectamente nítida y en perpetuo devenir.</p>
<p>Otras veces cantamos sanjuaneras a destiempo, son canciones compuestas ad hoc para las Fiestas de San Juan que se celebran en junio, el santo pagano, en medio de cualquier sarao, y bailamos agarrados ante la atónita mirada de cuantos nos rodean, que jamás han escuchado esas melodías. Y bromeamos diciendo que tienen mucha suerte de tener amigos sorianos, porque, les decimos, somos raras avis y nuestros páramos se encuentran entre los más despoblados de Europa. Una excentricidad aquí, en medio de este ajetreo de brazos, piernas y vehículos. </p>
<p>Mi madre trata de inculcarme un amor a mi tierra que nunca he sentido, a pesar de ese fascinante paisaje yermo de parques eólicos y sierras calvas. Pero algunos días, como hoy, me despierto temprano y me recuerdo tumbada en la orilla del río Duero, sobre incómodos y flexible juncos agostados, con el sol de verano luciendo insolente en medio de un cielo azul eléctrico, no hay nubes, se escucha el murmullo del agua al deslizarse por la presa, el zumbido de los feroces tábanos y el de la suave brisa que agita levemente, como una caricia, las ramas de los árboles. De vez en cuando se oyen rumores de voces y carcajadas que se acercan y después se van alejando, entre crujidos de ramas que se quejan de ser pisoteadas y el gorjeo de algún pájaro, que a esas horas se echan la siesta para después adornar el cielo con sus coreografías de alas y plumas. Debe de ser la hora de comer, y pronto tendré que regresar al trabajo, con mi fiel Vespino trucada y achacosa, pero apuro los minutos sentada bajo un majestuoso álamo de hojas doradas, inmersa en la lectura de algún libro y esperando a que el bikini termine de secarse antes de vestirme y, entonces, sí, amando en secreto a esos parajes arrabaleros que me ofrecen tanta belleza y quietud y ahora también, añorándolos. </p>
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<title>El gran puzzle cózmico</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/04/24/el-gran-puzzle-cozmico</link>
<pubDate>2008-04-24T10:07:32+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Mi querido amigo Orate y yo habíamos visto esto en nuestros sueños, lo prometo. Absolutamente genial. Tienen <a href="http://www.myspace.com/puzzlecozmico" title="http://www.myspace.com/puzzlecozmico" id=link_0>myspace</a> por si a alguien le interes.</p>
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<title>En el Día del Libro yo quisiera.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/ciberia/post/2008/04/23/en-dia-del-libro-yo-quisiera</link>
<pubDate>2008-04-23T23:37:26+00:00</pubDate>
<content:encoded><![CDATA[<p>Pasar página. Eso es lo que yo quisiera hacer exactamente hoy o, para ser más exactos, saltarme todo un capítulo o borrarlo del libro inconcluso de mi vida. Reescribir un episodio que comenzó hace más de una semana, en el que la pluma del destino me otorgó un papel secundario y para colmo, desgraciado, porque he sido al mismo tiempo narrador y personaje, esto es, conocedora de entresijos oscuros de la trama que no debiera conocer y que me acercan demasiado a un final dramático, además de revelarme aspectos de otros personajes, los protagonistas, que hubiera preferido ignorar para siempre.</p>
<p>Cualquiera que me conozca sabe que a mí no me gustan las historias farragosas ni las miradas esquivas. Tampoco me gustan las medias verdades porque ensucian la textura de la amistad, del mismo modo que no me gusta doblar las esquinas de los libros para que no queden marcados. Y siempre los firmo en la segunda página, más o menos hacia la mitad y en el extremo superior derecho pongo la fecha en que fue comprado, y el lugar. Son pequeñas pistas que me ayudan a retomar el hilo de mi propia historia, para esos domingos lluviosos en que me dan ganas de releérmela, a falta de tener cerca mío un buen ejemplar de tapas duras. </p>
<p>Ayer, día de vísperas literarias, me compré un libro de Ian McEwan, llamado “Chesil Beach”, en la Casa del Libro que hay junto a mi casa y que tiene una cafetería en su piso superior con unas cristaleras enormes a la calle Fuencarral. Pedí una coca-cola light y un brownie de chocolate y me quedé allí, leyendo y mirando a la gente a través de los cristales, hasta que me invitaron amablemente a irme, porque era la hora de cierre. Es su última novela, una historia de amor y sexo, ambientada en una época, 1962, en que hablar en voz alta sobre esos temas todavía era indecoroso. Vista desde fuera la historia parece una impecable historia costumbrista: una pareja de recién casados jóvenes e inexpertos en su noche de bodas. Pero en realidad tiene un trasfondo de horror impregnado en los personajes, en sus temores y en su incapacidad para enfrentarse a aquello que más temen, aunque se sientan en el deber moral de hacerlo.</p>
<p>En realidad, me volvieron a engañar las apariencias, porque la compré pensando que serviría de bálsamo para aliviar mi ¿o de ellos? inconclusa historia, pero en el fondo ambas tienen muchos paralelismos, porque nada es lo que aparenta ser. Los protagonistas de esta historia, al menos, actúan con buena fe, a juzgar por los sentimientos que les mueven. De la mía no puedo decir lo mismo, tristemente. Es una novela demasiado compleja de principio a fin. Y ni siquiera tiene sexo. Y la de Ian McEwan está maravillosamente escrita, además. Sin embargo, apretar el libro contra mi pecho de camino a casa consiguió sujetar las lágrimas que asomaban cada pocos pasos. </p>
<p>Lágrimas muy poco literarias, por cierto. </p>
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