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Categoría: Reseñas de Stan

22 Noviembre 2006

'LA MATANZA DE TEXAS: EL ORIGEN' o entre el sopor y la indignación

Cuando vi los estrenos de la semana, alguien debió maldecirme para que optara por ver esta película. Confié en que en esta precuela se enmendarían los errores del primer remake: el desfile de modelos, la absurda profusión de planos cortos, el puritanismo americano.... Sobra decir que no es así. Se ve que el director Jonathan Liebesman lo único que saca en clave es que deben aparecer más planos entintados de sangre (especial mención a esos sobre bordados, conté tres, lo juro) sacando personajes de la manga tan sólo para poder asesinarlos de las formas (más) menos variopintas…

El argumento…(por llamarlo de alguna forma) consiste en dos parejas que deciden hacer un viaje por el sur de los U.S.A. y bueno…¿hace falta mas? Prosigamos, al parecer los dos varones son hermanos, el mayor acaba de regresar de Vietnam de comprar toallas (perdón me pierdo, de la guerra) mientras que el menor ha recibido una carta de alistamiento. El valiente a la par que guapo hermano mayor decide volver para estar con su cobarde y menos parecido hermano pequeño, sin saber que éste desea desertar dirigiéndose con su novia a México (es cobarde pero no tonto, pues la chica en cuestión debe padecer de una angina de pecho…si no, no me lo explico).

La chica con angina de pecho. Visto lo visto, a ver quien es el "valiente" que deja a esta chica y se va a Vietnam...

Por cierto, esta subtrama no tendrá más peso en la película, imagino que Mr. Jonathan Liebesman debió creerse Woody Allen al crearla. Casi puedo verlo conversando en una cena con John Carpenter y Takashi Shimizu vacilando de su maravillosa visión de la guerra de Vietnam y lo que esto provocó en la sociedad americana, en especial a los jóvenes que viajan por Texas a punto de convertirse en ingredientes para pizzas.

Finalmente y por motivos que desafiarían la cordura de David Lynch se ven envueltos en una nueva masacre de la familia Hewitt… Por cierto, la sensación que me embargó durante toda la película es la de tener algún poder pre-cognoscitivo, porque todo sucedía al ritmo que dictaban todas mis sospechas. El súmmum de lo predecible. Esta parodia de película se quedaría en 20 minutos si eliminaran todas las caras que aparecen repentinamente junto a un estridente chaaaan. Y el final…alegoría al topicazo.

Lo único que se puede sacar en limpio de todo este desrpropósito es que R. Lee Ermey (el inmortal sargento de “La chaqueta metálica”) se lo pasa bomba disfrazado de militar/sheriff con ganas de excederse en sus obligaciones. Y es que el histriónico actor es de las poquísimas cosas (junto con los descarados planos del trasero de las chicas) que consigue mantener mínimamente la atención del espectador, que a estas alturas de la película sólo espera que vuelva a salir para ver qué genuina frase dedica a cualquiera de los sufridos jovencitos. Parece increíble que un personaje tan, en principio, poco importante, pueda arrebatarle protagonismo al mismísimo “Cara de cuero”, un psychokiller que gracias a estos remakes, precuelas o como leches quieran llamarlos se ha convertido en una sombra de lo que fue. Incluso en la escena más brutal (por llamarla de algún modo...) uno no siente la más mínima inquietud.

El sheriff Hoyt, indudablemente lo mejor del film. El incombustible R. Lee Ermey... todo un crack.

¡Que traición a la original!, ¡Qué traición a la memoria del pobre Ed Gein! Aun recuerdo cuando la vi por vez primera, pasé dos meses sin ir a comprar a la carnicería: terror para toda una generación. ¡Ah!, y que no se ponga la excusa del director novel, nada de “está obligado a hacer lo que mandan los de arriba porque es su primer film”…no, eso le pudo valer cuando sacó la desternillante “En la oscuridad”, ésa basada en la tradición del ya ultrajado Ratoncito Pérez… Aunque parezca increíble, este señor ha sido capaz de firmar una película aún más aburrida, light, tonta y típica que el anterior remake que pudimos ¿disfrutar? hace un par de años. Como esto se convierta en costumbre me veo llevando a mis hijos a ver 'La matanza de Texas 20', supongo que por aquellas alturas, producida por Disney y Pixar.

En fin, ver esta película en el cine es firmar un contrato con la muerte para que venga a recogerte 90 minutos antes, es decir, tiempo perdido. Y por cierto, encima debes pagar por ello.

Sólo una palabra: Hollywood.

Lo mejor: El sheriff Hoyt (R. Lee Ermey) y su aportación a la cirugía improvisada.

Lo peor: “La matanza de Texas: El origen”

Nota: 1/10

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Fdo: El Barón Munchausen (artista invitado) & Stan

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31 Octubre 2006

THE WICKER MAN: Cage contra las mujeres

Si algo se puede decir de ‘Wicker Man’ es que es una película desconcertante. Y lo es porque la cara que se te queda al finalizar la proyección es una mezcla entre incredulidad y extrañeza. No sabes muy bien si todo ha sido una cara y elaborada broma o si, por el contrario, acabas de ver un film muy malo, peor de lo que te esperabas. Sí, puede sonar raro, pero es mi sincera impresión. Neil LaBute, director que suele trabajar a millas de distancia del terror fast food, parece haberse choteado pero bien de todos aquellos productores que pusieron en sus manos el remake de este ‘Hombre de Mimbre’.

La trama del film es bastante simple: un agente de policía un poco depresivo debido a un trágico accidente en el que murieron una mujer y una niña, recibe una carta de su antigua prometida, que le solicita su ayuda para encontrar a su hija desaparecida. Aún sin tener jurisdicción y bajo los efectos de una depresión de caballo decide viajar hasta el lugar, una siniestra comunidad de apicultores muy poco abiertos a inferencias extranjeras y donde nadie parece conocer a la desparecida. Como veis, toda esta premisa tiene un fuerte aire de deja vu, sobre todo a la vista de la reciente Silent Hill, con la que guarda similitudes evidentes: un progenitor en busca de su hijita perdida en medio de un lugar inhóspito en el que una líder espiritual maneja el cotarro de mano de un libro de rituales con muy mala pinta. El protagonista tiene que ir recorriendo el lugar en busca de pistas que le lleven hasta su objetivo mientras sortea toda clase de peligros y situaciones misteriosas.

Lo único que diferencia a ‘The Wicker Man’ del resto de su clase es cierto toque de humor socarrón, negro a más no poder, que deja sobrada cuenta en los últimos veinte minutos, de absoluta locura. Nicolas Cage se encuentra en su salsa para desarrollar todos sus tics de sobra conocidos y recalcar, aún más si cabe, ese tono cómico que tan poco casa (en principio) con una producción enmarcada en el thriller. De modo que si algo mereció la pena fue su interpretación. A pesar de que muchos le consideren un actor bastante limitado (creo que tiene tantos seguidores como detractores) en este film transmite a la perfección la evolución emocional de su personaje, un hombre que pasa desde la más profunda depresión hasta un estado de locura y desesperación pasando por la violencia física. Digamos que lo peor que podía haber hecho para relajarse mentalmente era buscar a la niñita de marras. Por si las maneras del actor no fueran suficientes, el guionista (que debe de ser un cachondo de aupa) introduce la complicación de que la misteriosa comunidad se dedique a la apicultura y el protagonista sea alérgico a las abejas, una situación que sirve para ver las impagables posturas y caras de agobio de Cage así como para acrecentar el desasosiego y cabreo del personaje, que no es que no quiera solucionar el caso, sino que casi preferiría poner tierra de por medio con tanto insecto venenoso suelto. De modo que, visto lo visto, una vez puestos los naipes sobre la mesa a uno sólo le queda esperar a ver cómo se las han ingeniado para poner fin a tan extraña propuesta. Y es precisamente el final, lo mejor y más descaradamente divertido que he visto este año tal y como adelantamos antes. Lógicamente, este final ya estaba presente en la cinta original, pero un servidor, que no la había visto, encontró en él una grata sorpresa, la única quizás argumentalmente hablando.

Parece que hasta ahora la película tampoco pinta tan mal, ¿eh? Pues no es esa la impresión que quiero transmitir, porque estamos ante una película muy mediocre, original en algunos de sus planteamientos pero aún así, pobre. Poco o nada hay de terrorífico en el largometraje, escasos sustos aguardan al espectador y los que hay no son gran cosa. Por eso, la película se hace monótona, sin interés y casi absolutamente predecible. La mayor parte del metraje sigue la misma tónica de interrogatorios a las hoscas habitantes del lugar, que tratan al pobre policía con visible desprecio, ya que se trata de una sociedad matriarcal en la que los hombres somos meros bueyes de carga que sólo sirven para trabajar y procrear. Nuestro sufrido protagonista irá resolviendo el misterio sin saber en qué lío se está metiendo.

Técnicamente tampoco deja de ser un film de lo más convencional, de factura correcta si obviamos sus innumerables fallos de raccord (no sé cuantas veces hay cambios injustificados en la vestimenta de Cage). A nivel interpretativo, aparte del protagonista, tampoco encontramos nada del otro mundo. Ellen Burstyn pone presencia y edad más que otra cosa en su papel de matriarca comunal; Kate Beahan estropea su escaso (pero importante) papel con una interpretación de lo más sosa por no decir directamente mala; y, por último (y por destacar un rostro conocido), Leelee Sobieski repite el rol que todos parecen ver en ella, el de ‘Lolita fatal’ inocente pero peligrosa.

Llegamos ya a lo más curioso del tema: que la dirección corra a cargo de Neil LaBute. El autor (también escritor y dramaturgo) que ha sido tachado repetidamente de misántropo (y aquí entran en juego consideraciones personales) ha comprobado (sin mucha sorpresa imagino) que ahora se le acusa de misógino. En su reciente visita al Festiva de Sitges (donde Chico Viejo tuvo oportunidad de verla en primicia) LaBute declaro: "si la primera versión hablaba de un choque entre religiones -el mundo pagano enfrentado al católico-, yo quise trasladar el conflicto al terreno del género: al choque primario entre hombre y mujer. Quise abordar temas de política sexual, abordando una visión perturbadora del concepto de matriarcado. Como consecuencia de ello, me han acusado de misógino". Supongo que la pregunta que toca hacerse es: ¿’The Wicker Man’ es una película definitivamente misógina? A mi parecer no. Es cierto que las mujeres son malas, los hombres son lerdos y hasta existe algún toque de violencia de género si alguna feminista quiere sacarle punta al tema. Pero todo se enmarca en una película de ficción destinada al gran público para su entretenimiento puro y duro. Ir más allá es buscar donde no hay. Supongo que buscar polémica es una estrategia tan buena como cualquier otra para promocionar un producto que se sabe de antemano que necesitará un empujoncito.

En resumen, una película que resulta mínimamente entretenida, con algún toque memorable y un final de lo más desconcertante. Nada del otro jueves y algo totalmente prescindible viendo las geniales propuestas que encontramos actualmente en cartelera. Para algo existe el videoclub.

Lo mejor: las expresiones de Nicolas Cage. Los últimos veinte minutos, de locura.

Lo peor: un desarrollo muy predecible. Escasos sustos. Unos secundarios muy justitos. Un aire de “ya visto” que rodea a todo el conjunto.

Nota: 4/10

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Fdo: Stan

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26 Octubre 2006

'LA DALIA NEGRA': el más flojo cine negro al servicio del De Palma menos inspirado

Justo cuando uno empezaba a creer que todo eran pétalos de rosa en el camino nos llega la primera gran decepción de la temporada: ‘La Dalia Negra’. Y la desilusión se acrecienta considerando que el género negro me encanta, James Ellroy es uno de sus máximos exponentes en la actualidad y Brian de Palma ya se había aproximado a él con gran maestría en ‘Los intocables de Elliot Ness’. Desgraciadamente, lo que aquí encontramos no será mucho más que bonitas postales de los años 40 con los más reconocibles arquetipos como protagonistas.

La película nos sumerge en la vida de Bucky Bleinchert (Hartnett), un joven policía, ex púgil, que tras una pelea patrocinada por el propio cuerpo, consigue ascender a detective. Su nuevo compañero, Lee Blanchard (Aaron Eckhart), el boxeador que luchó con él en el ring, está liado con Kay (Johansson), una atractiva mujer, trasunto de femme fatale, que los unirá en un triángulo marcado por la amistad y el deseo. La obsesión de Lee por encontrar al responsable del brutal asesinato de Betty Ann Short, una chica apodada “la dalia negra”, hará peligrar su cordura, su amistad y su relación con Kay. Si crees que tendrías que repasar este sencillo esquemita para meterte en la trama ni te imaginas la de nombres, datos, lugares y pistas que se diseminan por toda la película para conseguir atar todos los cabos sueltos.

Bueno, hablamos de una novela de James Ellroy, no se podría esperar otra cosa. El torturado escritor es un cronista de una época que para él parece congelada en el tiempo. Conoce todos los detalles de su universo y todos tienen su lógica e interrelaciones. Conseguir plasmar eso en un guión en unas dos horas es muy complicado, así que no meteremos más leña en el fuego. Sin embargo, y para desgracia de De Palma, en esta ocasión sí que tenemos un referente directo para comparar su nueva película, y qué referente amigos, ni más ni menos que esa obra maestra que es ‘L.A. Confidential’ de Curtis Hanson. Ésta, a diferencia de ‘Black Dahlia’, consigue meternos de lleno en Los Ángeles más corruptos de los años 40, donde Hollywood, las drogas, la mafia, los polis corruptos y los asesinatos estaban a la orden del día (o al menos así permanecen en la imaginación de Ellroy). Pero claro, no hay color entre una película y otra, empezando por lo más obvio: el film de Hanson tenía un reparto excepcional al que Hartnett, Johansson y compañía no le llegan ni a la suela de los zapatos, o al menos no se los ha exprimido lo suficiente para dar lo mejor de ellos.

Y es que el apartado interpretación la película va muy justita con dos peros: el doblaje (que en este caso le hace mucho mal al conjunto) y la actuación de Aaron Eckhart (que desde ‘Gracias por fumar’ no deja de sorprenderme). Personalmente opino que Josh Harnett no es mal actor, tiene presencia y algún que otro registro interesante, pero no le veo capaz de sostener el peso de toda una película. Es como pasaba con ‘El reino de lo cielos’, los secundarios se comen con patatas al protagonista. Por su parte, Johansson tiene un papel muy limitado, sin demasiado peso y sobre la mitad de la película llega a desaparecer durante un buen rato. Creo que es el momento idóneo para aclarar que todo el bombo sexual con el que se ha vendido esta película es un timo como una casa. Lo más erótico que vais a ver de la guapísima actriz es un poco de pierna y algo de escote. Si los mandamases han recortado esa escena tan supuestamente tórrida es agua de otro costal. Volviendo al tema principal, sólo nos queda reseñar la labor de Hilary Swank, que está correcta y poco más. No quiero olvidarme de Fiona Shaw, que realiza una actuación desastrosa en un papel aún más lamentable.

Obviando ya a sus actores, creo que el principal defecto de ‘La Dalia Negra’ es que no consigue en ningún momento despertar interés. Al contrario que en ‘L.A. Confidential’, yo, como espectador, no encontré motivo alguno para mover mis células grises e intentar seguir la tan enrevesada trama. Bueno, con esto quiero decir que la película se entiende perfectamente (al menos en su esquema más simple), pero es la típica historia que uno tiene que ver una y otra vez para dominarla del todo sin perderse. Lástima que en esta ocasión no creo que la revisione de aquí a mucho. Y es precisamente por esto, por su falta de intensidad y sentimientos, por ser demasiado fría y formal, que uno no encuentra motivación alguna para seguir las pistas de un asesinato tan despiadado como insignificante. El motor de la historia sigue siendo el poli duro pero bueno, capaz de doblar la ley para hacerla cumplir, pero con unos ideales férreos. Bleichert es un reflejo de Bud White, pero donde la fiera interpretado magistralmente por Russell Crowe se movía por fidelidad y sus demonios personales, el personaje de Harnett es un poco hueco y sin una ética identificable por el espectador. No sé si la novela adolece de los mismos fallos, no la he leído, pero lo que sí es evidente es que Curtis Hanson en ‘L.A. Confidential’ supo dibujar unos personajes inolvidables y del todo creíbles (impagables Kevin Spacy y Guy Pearce), cosa que no ocurre en la película que nos ocupa. Aquí prevalece al estética más que la historia, como una celebración de “mira qué bonitos y elegantes eran los años 40 con cigarros y tipos duros”. Pasan coches de época, la gente pregunta pistola en mano y uno, ahí sentado en la oscuridad, se pregunta cuándo pasará algo medianamente interesante. Además, aunque os será casi del todo imposible averiguar quién mató a quién, uno ya se imagina que a) la víctima no merece tanto esfuerzo y b) pase lo que pase no irá nadie el talego.

En el apartado técnico, por el contrario, no queda más que destaparse el sombrero: ambientación, fotografía, vestuario, etc son sensacionales. Sólo una pega: una banda sonora de lo menos inspirada posible, plagio de la elaborada por el gran Jerry Goldsmith para la película de Hanson. En cuanto al trabajo del propio Brian de Palma hay que decir que, en cuanto a dirección, ha elaborado una película formal pero sosa: abundantes primeros planos metiéndonos en la visión subjetiva de los protagonistas, juego de sombras y enfoques forzados que no son santo de mi devoción. Prefiero al De Palma más brutal de ‘Scarface’ o al dinámico de ‘Snake Eyes’. Tan sólo en una escena desarrollada en una escalera (¡qué bien se le da a De Palma rodar en escaleras!) pude encontrar lo que había ido buscando: la elegancia y crudeza propia de 'Los intocables' y la violencia de 'El precio del poder', lástima que fuera un rayo de luz en un día de nublado.

En definitiva, una película tan buena técnicamente hablando como desprovista de interés. Cine negro de estereotipos y cortinas de humo al servicio de una enrevesada historia llena de giros, “sorpresas” y pistas que desembocan en un final tan inesperado como absurdo y ridículo. Lo dicho: postales enviadas por Bogart.

Lo mejor: Aaron Eckhart, un actor que vuelve a despegar. La escena del asesinato en la escalera. El diseño de producción.

Lo peor: su poca claridad narrativa, propia del Elrroy más perdido en su mundo, pero impropia para una película. Lo plano de algunos de sus personajes. Las comparaciones con ‘L.A. Confidential’ son inevitables.

Nota
: 4/10

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Fdo: Stan

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3 Octubre 2006

WORLD TRADE CENTER: Stone y el lado humano de una catástrofe

El día 29 de septiembre llevaba encerrado en un círculo rojo desde hace tiempo a la espera del estreno de la nueva película de Oliver Stone, director cuyo talento sólo es equiparable con la polémica que siempre le acompaña. Por si fuera poco, en esta ocasión ha elegido los atentados al World Trade Center, el primer ataque serio sufrido por los EE.UU. dentro de sus fronteras. La expectación era mucha, sobre todo habida cuenta de la gran decepción que un servidor se llevó con la insulsa "United 93". Curiosamente, cuando llegué al cine y me encontré con varios amigos y conocidos, el ambiente general era de ir a ver "Click". ¡Vaya! pensé, parece que la mayoría de la gente está por ignorar un acontecimiento cinematográfico a cambio de una comedia fast food. Afortunadamente, la sala en que proyectaban WTC estaba muy llena, signo de que los cinéfagos no estamos solos en esta cruzada. Y por si fuera poco la predisposición era bastante seria, de respeto. Los adolescentes sobrehormonados se habían equivocado de sala.

Pero metámonos en materia. Un sobrio fondo negro acompaña al título y vemos como la ciudad de Nueva York despierta. Miles de personas se levantan y siguen su rutina diaria para ir a trabajar. Entre ellos, John McLoughlin (Nicolas Cage) y Will Jimeno (Michael Peña), dos miembros de la policía portuaria que están a punto de vivir el peor día de sus vidas. Stone retrata como todas estas personas de distinta condición y raza se desplazan hacia la zona sur de Manhattan, mostrando sin tapujos el tristemente desaparecido Skyline, con las Torres Gemelas como símbolo. Nuestros protagonistas comienzan su jornada de trabajo en lo que iba a ser un día tranquilo. Pronto sucede el atentado y las fuerzas de seguridad se movilizan para organizar el desalojo y rescate de los heridos, pasando de la calma a la incredulidad, miedo y puesta en acción en escenas llenas de tensión y pulso (genial la escena en que la sombra del avión se proyecta sobre los edificios). El desconcierto y falta de organización ante algo tan brutal como inesperado se muestra sin tapujos a través de escenas que evidencian la excepcional capacidad de Stone para coordinar con maestría el rodaje de varias acciones simultáneas, con un diseño de producción digno de alabanza. Otro aspecto digno de resaltar es que Stone no recurre a imágenes de telediario, ni a la mil veces vista secuencia del segundo avión impactando desde la izquierda. Aquí se opta por planos distintos, ninguno de impacto, pero sí de gente saltando desde el edificio y otras tomas menos conocidas, de una calidad sorprendente. La recreación de la zona cero es sencillamente impecable, como si las imágenes hubieran sido captadas en directo. La inmersión en aquél día es de lo mejor de la película. No obstante, una vez que los edificios acaban por desplomarse comienza la otra cara del 11-S, es decir, la de los intentos de los servicios de emergencias por rescatar a los supervivientes y el sufrimiento de sus familias. Esta visión del día es la que realmente interesa al director (la primera acapara tan solo unos 30 minutos, magistrales eso sí), personificando tanto dolor en la historia de los rescatados 18 y 19, McLoughlin, Jimeno y sus allegados, como esquema del dolor sufrido por las miles de personas que perdieron la vida aquel día.

Era una opción lógica: quién mejor para contar lo ocurrido que alguien que lo vivió. Sin embargo, tras el prometedor comienzo uno se plantea cómo se va a mantener la acción con los dos protagonistas atrapados tras seis metros de escombros. Un reto difícil, sin duda. La respuesta que nos da WTC es mostrarnos como estas dos personas, compañeros de trabajo pero prácticamente desconocidos, se afanan en sobrevivir, a la par que contemplamos retazos de su vida y la sufriente situación de sus familias. Lo verdaderamente importante es que estos policías son personas con vida, con motivaciones y sentimientos. No son personajes planos como los que muestra Greengrass. Stone no ha querido posicionarse; hacer una película política, uno de sus fuertes, desde luego. Esta vez no quiere meter el dedo en la llaga (¿Se puede decir más que con Farenheit 9/11 de Michael Moore?), sino que pretende mostranos la cara más humana de las víctimas. Si en United 93 nos servían un cóctel de (des)información, aquí lo primordial es sintonizar con la parte emocional de la historia. Sin duda, el excelente guión de Andrea Berloff consigue su objetivo a través de una mezcla de sinceridad, credibilidad y, aunque parezca difícil, pequeños toques de humor, aunque maldita la gracia que les haría a los protagonistas. Pero ya se sabe que lo escrito sirve de poco si los actores no están a la altura, cosa que afortunadamente no sucede en este caso. No podemos hablar de grandes interpretaciones, pero sí de un trabajo muy bien hecho, destacando sobre el resto el cada vez mejor Michael Peña. Por el lado femenino encontramos a Maria Bello (con unas lentillas propias de Underwold) y Maggie Gyllenhaal como esposas de Cage y Peña respectivamente, dos actrices de probado talento que reflejan a la perfección la angustia ante la espera de cualquier noticia. Por su parte, Nicolas Cage, el "reclamo" de esta película, está correcto, aunque debo decir a su favor que su actuación está limitada por lo apurado de su personaje (hora y media atrapado bajo toneladas de cemento) así como por el hecho de tener que escucharle doblado (sé que por lo menos un cinéfago de este blog está limpiando su fusil ante la casa de Jordi Brau).



Michael Peña, un actor a seguir

Debido a lo delicado del tema, no han faltado las personas que han decidido sacar punta a cualquier tema espinoso. Muchos de los que la han visto la tachan de ser una americanada, patriotera y deliberadamente católica. Una postura que algunos consideran como una forma de oposición frontal a cualquier otro tipo de credo. Yo no lo veo así y el propio Stone, en su reciente visita al Festival de Cine de San Sebastián, justificaba tales afrimaciones remitiéndose a lo que ya aclara en el prólogo de su obra: los sucesos relatados son reflejo de las experiencias vividas por sus protagonistas. Lo más controvertido del film es sin duda una visión que tiene el agente Jimeno, cuando el pleno estado de agotamiento y deshidratación imagina a Jesucristo tendiéndole una botella de agua. ¿Por qué causa tanta polémica esta imágen? No me haré el loco, a mi también me sorprendió pero, si la persona real la tuvo, ¿Por qué omitirla? Lo mismo sucede cuando los protagonistas, desesperanzados, optan por rezar un último padrenuestro. Yo opino que es lógico que un católico creyente rece en una situación tan apurada, incluso el más pasota lo haría. ¿Sería mejor (para algunos) que no lo hicieran? O mejor, ¿Que se hubieran trastocado un poco los hechos para que de los polis atrapados uno fuera católico y otro musulman?. Si hubiera ocurrido hubiera sido la repera argumentalmente, pero no fue así.

El asunto del patriotismo sigue esta misma estela. Que una persona decida colarse en la tragedia para ayudar rememorando sus tiempos de servicio en los Marines no puede sonar más americano. Pero, de nuevo, sucedió. En el fondo, podemos ver forzadas todas estas actitudes, pero es que ellos son así. Su cultura no es la nuestra, al igual que nuestra forma de ver la vida. Si vemos cualquier documental o programa americano comprobamos que en las películas no se inventan nada. Las frases de este personaje, el marine Karnes, son de vergüenza ajena para algunos, pero no me cuesta imaginármelas en boca de cualquier militar estadounidense. Cada persona tendrá una opinión sobre el tema, pero creo que todas estas pegas se resumen en que los árboles les impiden ver el bosque. Una cita muy inspirada (creo que de Berlanga)dice: "El ser humano es el mismo gilipollas aquí y en Pekín". Pues eso. No obstante, resulta evidente que WTC es la película que necesitaba Oliver Stone para reconciliarse con el público norteamericano, harto de sus devaneos con Castro y demás puyas al modelo político de los USA.

En definitiva, lo que sí que nos une es nuestra actitud ante la tragedia. En lo profundo, en nuestros sentimientos, todos funcionamos igual. Tanto en Nueva York como en Madrid, los atentados reflejaron lo peor y lo mejor del ser humano. Las muestras desinteresadas de solidaridad, humanidad y colaboración se repitieron aquí y allí de igual forma. Este es el mensaje final que Oliver Stone quiere transmitirnos con su proyecto, apostando firmemente por la bueno que hay dentro de todos y cada uno de nosotros. Una buena apuesta para una buena película.

Lo mejor: una puesta en escena impecable. Michael Peña, se come a Cage. Una emotividad directa y sin maniqueísmos.

Lo peor: tener que escucharla doblada.

Nota: 8/10

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Fdo: Stan

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28 Septiembre 2006

AGENTES SECRETOS: sosa e incompleta película de espías

Con dos años de retraso nos llega esta coproducción entre Francia, España e Italia nacida con vocación de plantar cara dignamente a las producciones norteamericanas. Como todos sabemos, los franceses son los mejores en este campo, y quizás por ello acaban por zamparse casi todo el pastel, cosa que, por otra parte, no hace sino mejorar el resultado final.

'Agentes Secretos' nos mete en la piel de dos espías del servicio de inteligencia francés durante una misión que realizan en común. Lo curioso es que la misión en sí carece de toda importancia, ya que ni siquiera ellos saben con certeza qué están haciendo, limitándose a cumplir órdenes. Por ello, el título está muy bien elegido, ya que no vas a ver más que a dos agentes secretos en acción. El argumento (principalmente perdido en explosionar un carguero), es una suerte de McGurffin que sería totalmente aceptable si el guionista basara el largometraje en una detallada descripción de los personajes y sus motivaciones, que es precisamente lo que intenta, lamentablemente sin demasiado éxito.

Los protagonistas, George y Lisa (Cassel y Bellucci, pareja en la vida real) son personajes muy distintos. El primero es un hombre de acción, que vive para su trabajo y cuya familia es su equipo táctico. Por el contrario, Lisa nota cómo su tiempo de agente ha tocado a su fin, y ansía ser madre en un ambiente más tranquilo. George ama secretamente a Lisa, pero no es correspondido. En el transcurso de la misión que deben cumplir juntos, tendrán que convivir como pareja, simulando una vida que realmente no conocen, intentando actuar con naturalidad sin conseguirlo. Cuando “la casa”, como llaman a su organización, sepa de las intenciones de Lisa, intentará hacerla desaparecer, cosa que George no está dispuesto a aceptar.


Nimri apunto de hacerle un favor a la profesión...

Un buen punto de partida para explorar los sentimientos de dos personas en una situación tan peculiar. Sin embargo, en un intento de mostrar sotisficación y presupuesto, se opta por introducir escenas totalmente prescindibles que pretenden impactar al espectador: un sueño en el que Lisa se tira desde una azotea, un tonto salto desde avión o unos créditos iniciales tan artificiosos que parecen infantiles. No creo que sea necesario nada de esto para llegar a contar una historia memorable. Si no se hubiera tratado de meter con calzador muchas de estas escenas y se hubiera reforzado la historia de los dos protagonistas, primando el lado humano de la historia, que es el que finalmente nos interesa, “Agentes Secretos” hubiera sido una mucho mejor película. Directores como Michael Mann o los franceses Luc Besson y Oliver Marchal (responsable de la muy recomendable “Asuntos sucios”) saben como dotar de humanismo historias policíacas que en principio tienen poco que aportar. El destino de dos personas que van matando y espiando por toda Europa no nos importan demasiado si no llegamos a conocerlas, a comprenderlas. Y este es el principal defecto que perjudica a la película.



Cerrarle el pico a Peris-Mencheta

Demasiado modelo americano, por decirlo de algún modo, cuando en Europa hacemos las cosas de otra forma, para bien o para mal. Se quiere ofrecerlo todo: acción, amor y emoción, pero ni el guionista ni el director tienen talento para guardar ese equilibrio. Por otra parte, el hecho de que los países coproductores quieran aportar su granito de arena al proyecto otorga un toque un tanto forzado al conjunto, por no mencionar la parte que nos toca. Ver en una misma escena a Vincent Cassel, André Dussolier y a Sergio Peris-Mencheta resulta cuanto menos chocante. Solo falta un subtítulo que rezara: ¿Quién sobra? Y que conste que el hecho de que hayan doblado a este ¿actor? Le beneficia enormemente, privándonos de su “genial” dicción (y si no se convencen, vean el trailer de “Los Borgia”). Así, para hacernos ver que los espías protagonistas se mueven por Europa a sus anchas, se introduce una escenita un poco tonta en pleno centro de Madrid. Todo esto, en mi opinión, no nos beneficia un pelo, sobre todo porque no está bien hecho. Cuando vemos “El caso Bourne” por ejemplo, comprobamos el partido que los norteamericanos saben sacar de dos días de rodaje en Barcelona o París, y caemos en la cuenta de que en este caso, las escenas transmiten poca fuerza aún sirviéndose de las mismas localizaciones durante semanas. Así, John Frankenheimer con dos pistolas y un maletín vacío consigue hacer una película tan emocionante como “Ronin” con similares escenarios.

En definitiva, encadenando misiones, traiciones y ajustes de cuentas transcurren los minutos hasta desembocar en un fin tan apresurado como vacío de contenido. El desenlace es tan abierto y ambiguo que uno sólo puede tratar de rellanar los huecos que le faltan para que todo cuadre. En mi opinión, y sin intención de destrozar la película a nadie, creo que ese desenlace hubiera estado bien si la relación entre los protagonistas hubiera avanzado algo más, dándonos indicios de cierta atracción mutua más allá de la soledad que les une. Una película que da menos de lo que promete en el trailer, pero que es entretenida en su justa medida. Nada del otro mundo.

Lo mejor: la pareja protagonista.

Lo peor: podría haber dado mucho más de sí desde otra perspectiva más humana y menos enrevesada.

Calificación: 5 /10

(Ver Ficha)

Fdo: Stan

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24 Septiembre 2006

UNITED 93: o cómo hacerse controlador aéreo sin estudiar

El pasado día 25, adelantándose a lo nuevo (y genial) de Shyamalan, se estrenaba la primera gran producción dedicada a los terribles atentados del 11 de Septiembre. La expectación era mucha, sobre todo considerando la buena acogida que había tenido en los EE.UU. Yo, particularmente, albergaba una mezcla de esperanza y escepticismo, sobre todo por ese cartel promocional lleno de críticas positivas. Con todo, United 93 tenía todas las papeletas para ser uno de los estrenos del verano.
Tras haberla padecido, la impresión general es la de haber visto una película tan seria y realista que casi me cuesta no catalogar como documental. El director, Paul Greengrass, ha apostado fuerte por el realismo y la veracidad, no dejando cabo suelto a la más mínima muestra de imaginación. Comprendo que el tema es indudablemente material explosivo, y que cualquier salida de tono le hubiera hundido durante años en lo más oscuro de Hollywood, pero su trabajo parece propio del realizado por la segunda unidad de dirección, ya que lo que rueda son las escenas más rutinarias y desprovistas de interés de lo que podría haber sido una gran película. Hay quien en este frío distanciamiento al drama humano ve una forma de transmitir imparcialidad, sin juzgar ni a unos ni a otros. Tonterías. Si quieres ver una gran tragedia de manera imparcial primero te ves “Salvad al soldado Ryan” y, cuando acabes, “Stalingrado”. En mi opinión, las películas que no se posicionan lo tiene difícil para ganarse mi corazón. Ya sé que es fácil soltar el rollo y luego no ponerse en el pellejo de Greengrass, pero veamos, en esta situación tan particular (el vuelo 93, sus pasajeros y sus secuestradores), en esta micro representación de un problema tan grande y complejo, los malos sin tapujos son los terroristas islámicos. Ellos secuestran y matan a gente inocente y ajena a sus estúpidos y anacrónicos fanatismos religiosos. ¡Uy, lo que he dicho! Lo que la mayoría piensa. Claro, empezamos así y acabamos haciendo una película política, y eso, en tiempos de esa otra forma de censura que se llama corrección política, es impensable. Soy consciente de que las cosas no son tan fáciles y que nadie es un santo en esta particular guerra, pero aún así, en el vuelo 93 yo sí que puedo distinguir sin vacilar quién es el malo. ¿Vosotros no? Supongo que ningún cineasta (o muy pocos) estarán dispuestos a filmarlo de ese modo, pero luego viene el Papa y dice lo que le sale del alma. En fin, en temas como este hay más opiniones que colores.

En cualquier caso, lo que no es de recibo es montar toda una película alrededor de dos salas de control aéreo, filmando escenas donde el guión no es que no tenga importancia, es que sencillamente no existe. Greengrass, en un propósito de acercarse a ese gran cronista de la Norteamérica del siglo XX que es Oliver Stone (cuya “World Trade Center” lo tiene fácil para superar esto) ha intentado transmitir la máxima veracidad contratando a verdaderos pilotos y controladores aéreos. El resultado es una total inmersión en el stress y la preocupación que debieron sentir estos profesionales en aquel duro día de septiembre. Una buena idea si no se hubiera abusado (y de qué manera) de ella. Aproximadamente casi la primera hora es así: controladores gritando números de vuelos y preguntando por radio control la situación en los diferentes aviones. “Vuelo 175, responda. Vuelo 175, responda. Aquí control aéreo de Nueva York, respondan. Señor, el 175 no responde” Corten, peguen y solapen con otros diez controladores dando órdenes similares y extiendan durante una hora. O se vuelven locos o se duermen (opción ésta que a punte estuve de ejecutar.) Y la verdad no sé si es peor un realismo continuado o tener que escuchar las ridículas frases del guión, algunas de las cuales me arrancaron una carcajada, símbolo inequívoco de que algo definitivamente falla. Me refiero naturalmente a esa escena en que los pilotos del United 93 (aún sin secuestrar) reciben el mensaje de que dos aviones se han estrellado contra las Torres Gemelas. Las explicaciones de éstos al suceso son: a) Habrán sido dos pilotos novatos ó b) ¡Qué raro, si el día está muy despejado! Ante esto me pregunto: ¿Pero qué clase de pilotos tiene esta compañía?

No sé vosotros, pero yo esperaba una historia humana. Esperaba encontrarme con las historias personales de algunos de los pasajeros, acercarme a sus miedos y al sufrimiento de sus últimos minutos. Poco hay de esto en United 93. No creo que el rigor y la seriedad tengan que estar reñidos con la emotividad. Esta película adolece de ser demasiado técnica y fría, como si se difundieran en pantalla grande las cámaras de seguridad de las torres de control de los aeropuertos implicados. Algunas personas insisten en que en ocasiones como ésta se agradece lo que llaman “un cine adulto y serio”. Cierto, pero éste no es el caso. De hecho, maestros con Eastwood afirman que su pretensión es exactamente ésa, ofrecer un cine profundo, con contenido. Y lo hace, pero con historias tan emotivas y grandes como “Mystic River” o “Million Dollar Baby”. Como dije antes, para Greengrass, el realismo está reñido con la humanidad y sólo sabe filmar un seudo documental. No hace mucho, el canal Discovery Channel produjo precisamente un documental con la misma temática que resultaba más ameno y didáctico que esta película. Si quieres contar algo con un rigor documental, haz uno. Si quieres combinar realidad con ficción hay que tener muy buen pulso para no resultar aburrido o pretencioso, dos faltas presentes en United 93. Y con esto no quiero decir que al comprar mi entrada esperara toques espectaculares en plan “Aeropuerto”, ni mucho menos. Para efectos especiales hay tenemos “Matrix” y compañía. Quería seriedad, realismo y emotividad. Mucho de lo primero, nada de lo último.

Visto lo visto, United 93 tiene menos detalles que un SEAT Arosa. Sin embargo, no todo van a ser piedras, llega la hora de los elogios. Una vez digeridos con pesadez los 40 o 50 minutos iniciales, la película mejora notablemente hasta llegar a un desenlace que roza la brillantez. Y es que en este último tramo por fin nos introducimos en el vuelo 93 y conocemos un poco (muy poco) a sus pasajeros. No obstante, aún tratándose de personas, se opta por un desarrollo nulo de los personajes. Solamente sabemos que uno es piloto, otro sabe kárate y punto. Además, el guión, antes enfermo, empieza a mostrar síntomas de cáncer terminal. De nuevo, el “ingenio” del guionista (Greengrass otra vez) brilla por su ausencia. Si durante el primer acto cortó y pegó órdenes de vuelo, ahora hace lo propio con frases como “¿Qué está pasando?, ¡Han atentado contra el World Trade Center ó “Te quiero”. Estoy seguro de que se dijeron en ese avión. Segurísimo. Tan seguro como que no fue lo único de lo que se habló. United 93 sólo nos muestra lo que los pasajeros transmitieron por móvil a sus familias antes de morir. Cuando llega la hora de mostrar lo que nadie sabe, cómo planearon tomar la cabina de control y neutralizar a los terroristas, la acción y los diálogos son muy cortos e imprecisos. Pasado todo este tramo, la toma del avión, lo que habíamos ido a ver, se nos muestra en todo su esplendor, con un pulso y una fuerza dramática ejemplar, que nos hace desear aislar ese acto final para que no se vea perjudicado por todo lo anterior. En esa escena final sí que sufrimos y la adrenalina se nos dispara, queriendo albergar la esperanza de que un final feliz es posible, aún a sabiendas de la triste realidad.

En definitva, un balance muy negativo para una película que tenía mucho campo para explorar. Greengrass no ha estado a la altura en ninguno de los aspectos, ni como director ni como guionista, una verdadera lástima, y la labor de los actores (los pocos profesionales que actúan) tampoco es destacable. Curiosamente, antes de ver United 93 mi hermano me preguntó: “¿Es posible hacer de eso una película?” Ahora sé que, al menos Paul Greengrass, no. Esperemos que Oliver Stone nos regale algo mejor.
Lo mejor: los últimos 10 minutos, geniales.
Lo peor: se hace muy pesada y lenta. Se abusa de la jerga técnica. No hay rastro de la más mínima humanidad.
Nota: 3,5 /10

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Fdo: Stan

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23 Septiembre 2006

MALEFICIO: Terrorífica falta de talento.

Con el verano dando (por fin) sus últimos coletazos se estrena 'Maleficio' ('An American Haunting' en el original), otra peli de terror variante posesiones demoníacas. Esta película ha causado diferentes y opuestas impresiones entre los habitantes de esta Tierra. Debido a ello, tras la reseña de mi compañero Darkman, llega mi turno de discrepar y poner a caldo esta muestra del más simplón cine que se puede ver hoy día.

Maleficio se supone basada en una historia real, sobre una sucesión de fenómenos paranormales que acosaron a dos miembros de la familia Bell, el padre y la hija, hasta que el primero murió. Con eso (y con menos) los grandes estudios montan una película en un plis plas. Y eso han hecho, sin complicarse mucho la vida. Ya se sabe, hay que estrenar cada viernes. Se coge el manual de estilo para pelis de miedo y se sigue religiosamente paso a paso. Como la historia por sí no es de lo más original se necesita a un actor de prestigio: Donald Sutherland, uno de tantos (como Christopher Plummer) que antes de retirarse definitivamente se están hinchando de hacer pequeños papeles para engordar un poco la pensión. De hecho, al pobre señor Sutherland parece que lo han trasladado directamente del plató de “Orgullo y prejuicio”, sin cambios de vestuario ni nada. Como partenier femenina cogemos a Sissy Spacek, alias Carrie, que actualmente da más miedo por sí sola que cualquier fantasma. Por último, como protagonista elegimos a una joven promesa, Rachel Hurd-Wood, sin duda, lo mejor del film. Para dirigir todo el meollo se contrata a uno de esos directores que deambulan por el limbo hollywoodiense por haberla cagado en algún momento: Courtney Solomon, el responsable de esa joya imperecedera que es “Dragones y Mazmorras”. Con todo esto, ¿Qué puede fallar?


Los Bell viendo "Bola de Dragón" por la TDT

Para ponernos en antecedentes he de aclarar que fui a ver esta película con la idea de que iba a ser mala, tal y como había leído en más de un sitio. Ya sabéis, cuanto más bajas estén tus expectativas menor será el chasco. Tonto de mí, ni con esos ánimos perdono esta chorrada. La acción nos sitúa en un juicio del siglo XIX en el que el patriarca de los Bell es condenado por usura. A la salida, la otra parte contendiente, una mujer a lo que todos los habitantes del pueblo creen bruja, maldice al hombre y a su hermosa hija. Los maldice y punto, sin medias tintas, en un acto de maldad un tanto excéntrico. ¿Por qué maldice a la hija? Supongo que al director eso le venía de perlas para lo que nos tiene preparados. Y lo señalo porque decir que “Maleficio” es engañosa y traicionera sería quedarse corto. Sus reveses y giros no son más que insultos a la inteligencia del público. Pero no adelantemos acontecimientos.
Creo que no se puede llenar una película de terror de más tópicos por fotograma cuadrado. Desde la mala malísima, hasta el creyente convencido salpican la escena para recordarnos que lo que estamos viendo es un repaso de lo mil veces visto: el escéptico que cree que una niña que es arrastrada por fuerzas invisibles es fruto de la imaginación colectiva (¿?), el hermano monigote que actúa tanto como el perchero de la entrada a la mansión o las criadas negras que como todo buen esclavo es graduado en vudú cum laude. Hasta las escenas de tensión son burdas copias de “El exorcista” o “The ring”, aunque parecen más propias de esa descacharrante parodia que es “Reposeída”. Resulta un poco sorprendente que cualquier programa sobre fantasmas sea más entretenido y eficaz que esta producción. De hecho, en digital se emite un espacio dedicado exclusivamente a casas encantadas que, en sus recreaciones, alcanza más veracidad y tensión que todo lo que aquí se nos ofrece. Creo que esto lo resume todo bastante bien. La única salida mínima de tono que se permite la historia es un relatarla desde el presente, donde la familia que actualmente la casa de los Bell empieza a padecer los mismos síntomas. Un recurso que al final de la proyección sirve de vehículo para una escena tan ridícula que nos confirma que lo mejor que podemos hacer es olvidar todo lo más pronto posible.

Supongo que aquí el colega Solomon se creerá la releche con esas imágenes que nos muestran la visión subjetiva del ente atacante, en blanco y negro, copiando lo que ya hizo, con un sentido, James Cameron en Abyss. Y es que lo del ente es para partirse el píloro. Este malvado fantasma deambula por el piso mirando a los acojonados familiares y cuando los tiene a caldo hace alguna putadita. Si quiere hablar en privado con alguien se sienta a su lado, marcando su peso en las sillas, para que interlocutor sepa dónde mirar, supongo. El director no se cansa de mostrarnos esta perspectiva del fantasma, recurriendo sin parar a una suerte de travelling que recorre toda la estancia hasta llegar a la habitación de la hija, donde ocurren los peores poltergeists, como si fuera un paseíto por la casa del terror de cualquier feria de pueblo. No sé vosotros, pero a mi esto no me da miedo, me da vergüenza ajena.

Hacia la mitad de la película cualquier espectador con las células grises en activo sabe qué ha pasado en la casa y cuál es el terrible secreto/ sorpresa que el director nos tiene guardado. De modo que el resto de proyección es más de lo mismo a la espera de resolver del todo el misterio. Y creedme si os digo que preferiría no haber visto ese penoso final. Se ve que Shyamalan ha calado fondo en los guionistas, por desgracia en este caso. Aquí se decide a poner la guinda al pastel con una serie de flashbacks, como en “El sexto sentido”, que pretenden descubrir esa terrible verdad que hasta el estampado de mi camiseta ya sabía, rematando la jugada con una de las explicaciones más penosas, tontas e intragables que este humilde cinéfago ha oído en mucho tiempo. A la vista de la explicación, ¿Qué sentido tiene que la hija sufra tanto? ¿A cuento de qué venía esa maldición que mencioné antes? ¿A qué viene esa bola de fuego que refuerza la teoría sobre el maleficio que luego se desmiente? Pues todo viene a lo que ya he comentado, Maleficio es tramposa como pocas, y se sirve de giros argumentales imposibles que desmontan cualquier intención de que la tomen en serio (como entretenimiento de terror, porque como película no digamos). Para rematar la faena, las imágenes se acompañan con una banda sonora que parece sacada de un gramófono averiado. Un despropósito de principio a fin.

De las interpretaciones tampoco podemos sacar mucho en claro, desgraciadamente. Sutherland actúa con tanta desgana que parece deseoso de volver a su chalet o de no saber a ciencia cierta qué película está haciendo (¿Orgullo y prejuicio? Ah, esta es la de miedo, ya me acuerdo). Spacek tampoco pasará a la historia por esto, y del resto del reparto mejor no hablar. Todavía me río al pensar en ese supuesto adolescente amigo de la protagonista, con esa barba cerrada mal disimulada. Lo único salvable del conjunto es Rachel Hurd-Wood, una chica de una belleza angelical cuya carrera seguiremos con interés.En fin, una de las peores películas que he visto en el cine este año. El verano es lo que tiene.
Lo mejor: Rachel Hurd-Wood.
Lo peor: El final, de risa.
Calificación: 2/10
(Ver Ficha)
Fdo: Stan

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7 Septiembre 2006

ALATRISTE: una preciosa caja de regalo vacía


Por fin llega a nuestras pantallas la producción española más esperada del año, llamada a salvar al cine patrio en este 2006. Una vez vista, la impresión es bastante negativa, desgraciadamente. Y lo digo con pesar, como fiel lector de las novelas de Arturo Pérez-Reverte. Si había un espectador predispuesto a disfrutar la película ése era yo. Lo aclaro para que luego no nos tachen de denostar el cine español por el simple hecho de hacerse aquí.

Una vez finalizada la proyeccion lo primero que me pregunté fue: ¿Y esto era todo? ¿De verdad era necesario condensar las cinco novelas en una sola película? En mi opinión, rotundamente no. Díaz Yanes ha intentado contarnos de pé a pá la vida del capitán Alatriste, un soldado viejo del Tercio de Flandes, algo que en las novelas no importa absolutamente nada. Cualquiera que las haya leído sabe a la perfección cuándo y cómo morirán la mayoría de los protagonistas porque, de hecho, conocer los detalles no es la finalidad de la narración. En muchas ocasiones se nos adelanta el final de uno de ellos, incluso del mismo Alatriste, sin que ello sea óbice para que la historia no siga su curso. Las aventuras de este soldado están impregnadas de veracidad, no hay nada estético o elegante en ellas, y no hay verdad más absoluta como que todos moriremos. Lo importante es lo que hacemos en vida y ésa es la temática. Sin embargo, en la película se ha antepuesto conocer de una manera más o menos cronológica el devenir de este matarife de rectos principios, algo que entorpece la acción. Cada uno de los cinco tomos editados hasta la fecha contienen material de sobra para hacer una película emocionante, violenta e incluso divertida.

Desde luego, a mi entender, los miles de espectadores que vayan a ver “Alatriste” sin haber leído ninguna de sus novelas (sino todas) van a verse bastante perdidos. El guión es totalmente inconexo. Han intentado contar tanto que no han contado nada. Díaz Yanes se ha limitado a filmar, con bastante acierto y buen gusto dicho sea de paso, alguno de los pasajes de la saga, y no los mejores precisamente, pues han obviado capítulos tan magistrales como el encuentro en el Portal de las Ánimas o los interrogatorios de la Santa Inquisición. De este modo cogemos el inicio de “El capitán Alatriste”, una mínima pizca de “Limpieza de sangre”, un gran fragmento de “El Sol de Breda”, el final de “El oro del Rey” y alguna escena suelta de “El Caballero del jubón amarillo”. Ea, ya tenemos guión. Y si no sabes leer los huecos entre escena y escena (porque no te has leído los libros) pues ése es tu problema. No sé si en el transfondo de todo esto hay un rebuscado plan de fomento a la lectura, pero aún así, la traslación es desastrosa. Por si no hubieran cosas interesantes que contar en esos libros, el director ha consultado al Pérez-Reverte por dónde irán los tiros de las siguientes novelas, ya sabéis, para que todo le cuadre en su tesis sobre Alatriste. Aquí, amigos, el lío es ya total, porque evidentemente nadie ha leído lo que no está escrito. Que si condenas, ascensos y reencuentros con antiguos conocidos que ni vienen al caso ni casan con la historia. Todo ello metido con calzador en una media hora final tan caótica como prescindible. Incluso se han zanjado cinematográficamente historias aún sin terminar, lo que me ha tocado definitivamente las narices (por no ser más grosero). Aquí, los lectores intuirán que me refiero evidentemente a Gualterio Malatesta, en archienemigo de Alatriste.

Puedo comprender que a Arturo Pérez-Reverte le haya hecho ilusión ver cómo se gastan una millonada en plasmar su imaginación al celuloide y que se han respetado muchos de sus parámetros estéticos; pero ¿no le parece que han cambiado a sus personajes? Porque a mí sí, y bastante. Iñigo es más macarra, Malatesta menos siniestro, Alatriste menos peligroso (le dura a Malatesta un santiamén ¡Por favor!), Angélica menos mala, Rosalía de Castro mucho menos atractiva... ¿Sigo? Parece una versión descafeinada de todo lo que leí. Menudo chasco. Considerando todo esto, ¿De verdad le ha gustado tanto esta película? Supongo que para el polémico académico la adaptación de su obra es perfectamente digerible porque si no la entiendes es que, o no te has leído sus novelas, o no dominas la historia de España en el Siglo de Oro; y habrá primado su deseo de ser didáctico sobre el de ser entretenido. No pocas veces he hablado con amigos de la carencia que tenemos en España del concepto de espectáculo. Podemos ver una producción histórica de cualquier otro país que, sin ser sumamente fidedigna, son espectaculares. Ahí tenemos “Braveheart”o “Gladiator”, a las que no tacho de inexactas (porque no sé si lo son), pero si de espectaculares. Aquí estudiamos el diseño de los botones de las casacas del siglo XVII, pero descuidamos el objetivo de todo: hacernos pasar un buen rato. Después le ponemos cuatro estrellas en el Fotogramas y hundimos la próxima de Hollywood, aunque sea ésta última la que nos tragaremos una y otra vez, mientras que los “Alatristes españoles” cojen polvo en la estantería.

En Alatriste todo está en su sitio (localizaciones, vestuario, reparto, etc), pero ¿Por qué no he sentido una pizca de la emoción que me proporcionaron las apasionantes sesiones de lectura? Algunos de vosotros me diréis que salvo contadas excepciones el libro siempre supera a la película. Es cierto, no os lo discuto, pero muchas veces sí que se sabe transmitir esa esencia, esa emoción que nos hace identificarnos con los personajes, sentir cómo ellos e incluso lamentarnos de su suerte. A mí me ha pasado muchas veces al visionar (buenas) adaptaciones como “El padrino”, “Entrevista con el vampiro” o “El señor de los Anillos”. Aquí no he sentido nada. Y la culpa de ello la tiene de nuevo su absurda vocación de grandeza. Ésta es la película española más cara, tiene que ser grande. Y ya se sabe: “El que mucho abarca poco aprieta”.

También he leído no pocos comentarios que se preguntaban a dónde habían ido a parar tantos millones de euros. Ahora comprendo que tenían razón. Supongo que todo se lo habrá llevado el señor Mortensen y la ingente cantidad de actores españoles que actúan aunque tengan sólo dos líneas (como Pilar López de Ayala, Pilar Bardem o el prota de ”Los hombres de Paco”), a los que Alatriste habrá pagado más de una letra de la hipoteca. También es verdad que no han reparado en gastos a la hora de contratar a profesionales de la talla Bob Anderson (maestro de espadas) o de Francesca Sartori (vestuario). Con todo, no sé yo si la productora pasaría una auditoría a fondo, ya me entendéis.

Lo que está claro es que predomina el diálogo por encima de la acción, cosa que no me molesta en absoluto. Sin embargo, los diálogos se pierden en situaciones vacías e inconexas y las escenas de acción son cuanto menos pobres. Resulta curioso que con tanto presupuesto no hayan podido ser un poco más épicos. El director opta por planos descaradamente elegidos para compensar el ridículo de rodarlos con planos aéreos, por ejemplo, al estilo de “Juana de Arco” de Luc Besson. Se muestran planos en su mayoría medios y bajos, con muchas picas en alto para dar sensación de multitud, cuando sólo son una treintena. Por todo ello, la batalla final, la única digna de llamarse así en realidad, resulta sosa. Por si fuera poco, en esta final, en la que el Tercio viejo de Flandes está acabado, la acción se acompaña con una banda de Semana Santa. Esto no es para nada gratuito. De hecho, estos tercios se caracterizaban porque cayera lo que cayese mantenían su marcha lenta pero continuada, como si, de hecho, se tratara de un paso ceremonial. El problema es que esa imagen digna de verse es omitida del montaje, con lo que la armonía queda fuera de lugar, y más aún desconociendo lo anterior. Para compensarlo, las escenas de duelos, más numerosas, sí que están bien rodadas y escenificadas. Cortas, peligrosas y violentas, sin ahorrarse detalles sangrientos. La labor de Anderson ha sido magistral. Sólo una pega: la escenita en plan “Blade” que protagoniza Unax Ugalde. De risa.

Ya que antes hemos nombrado al reparto, hablemos ahora de él. En general me han gustado las interpretaciones de casi todos los actores, mención especial para Juan Echanove y su gran personificación de Francisco de Quevedo. En cuanto al protagonista de la función, Viggo Mortensen, para mi da en su justa medida la imagen del Alatriste novelesco. Serio, comedido y sin muchos escrúpulos. Los fallos que pueda tener son sólo responsabilidad del infame guionista (sí, Díaz Yanes otra vez). La única pega es su dicción, demasiada susurrante y ronca, alejada de ése castellano que tanto presumía de haber conseguido. A este particular hay más opiniones que colores en una camiseta de Ágatha Ruiz de la Prada, pero, digan lo que digan, un castellano de pura cepa es el que entona el personaje de Luis de Alquézar.

Del resto del extensísimo reparto, los que de verdad actúan en mayor medida son los competentes Eduard Fernández y Antonio Dechent, la sosa Ariadna Gil (que no me ha convencido nunca), Eduardo Noriega, que da el tipo (el del libro, claro) de Duque de Guadalmedina aunque no sea miembro honorífico del Actor’s Studio que digamos; el citado Juan Echanove, que lo clava; Unax Ugalde, un actor que cada vez me gusta más pero que no ha podido regalarnos a un Iñigo Balboa en condiciones por culpa de una mala adaptación; Javier Cámara, que lo hace bien pero da risa con esa peluca clavada a la de “las Virtudes”; y Elena Anaya, otra buena actriz que padece el mismo mal que Ugalde. De Blanca Portillo en su papel de hombre, mejor no hablar.
En definitiva, para mí, como lector que aprecia las aventuras del capitán Alatriste, la película me ha proporcionado la curiosidad de ver en movimiento acciones que yo ya había imaginado, a veces igual y otras mejor que lo que se ofrece. Una pena, pues esperaba algo mejor, una historia completa, no breves brochazos de todo. Sin ninguna duda, han desaprovechado la oportunidad de ofrecernos cada cierto perído la adaptación de una aventura, pero como Kubrick manda. Con este Agustín Díaz Yanes (guionista) no me queda más que batirme.

Lo mejor: el diseño de producción y la fidelidad con que se plasma lo adaptado.
Lo peor: el guión es desastroso, caótico y sin sentido, intentando contar la historia siguiendo un patrón que no está presente en las novelas, consiguiendo que no nos enteremos de casi nada. Alatriste parece menos peligroso que en los libros. Gualterio Malatesta da menos miedo que Alf en bikini y, para colmo, no entona la siniestra melodía que le caracteriza. El plano final.

Calificación: 3,5

(Ver Ficha)

Fdo: Stan

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