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Categoría: Reseñas de Stan

21 Agosto 2006

SILENT HILL: pobre contenido en lujoso continente

Hace poco se estrenaba en nuestras pantallas una de las películas más esperadas del verano, especialmente para los fans del famoso videojuego en el que se basa. Ante todo he de aclarar que no sé casi nada de este juego, nunca lo he jugado, por lo que basaré mi crítica de Silent Hill exclusivamente en la película, como es lógico. Si alguna de mis objeciones son guiños a la trama de la saga, espero vuestros comentarios.

La premisa de la película es bastante simple. Rose (Radha Mitchell) tiene una hija, Sharon, que sufre un preocupante sonambulismo en cuyos ataques repite el nombre de Silent Hill. La madre, desesperada por curarla, decide ir a ése lugar al que llaman “el pueblo mancillado”, un sitio fantasma, deshabitado tras una misterioso incendio. En el camino, huyendo de una policía que pretendía impedirles el acceso al pueblo, tiene un accidente que deja a Rose inconsciente. Al despertarse Sharon ha desparecido. Para encontrarla deberá adentrarse en Silent Hill, un lugar en el que aprender ciertas reglas es cuestión de vida o muerte.

Esta sencilla premisa es suficiente para que Christophe Gans, el director (responsable de la original “El pacto de los lobos”), se encuentre en su salsa a la hora de desarrollar un estilismo visual impecable, de los mejores del tantas veces maltratado género de terror. El diseño de producción es sencillamente magistral. La ambientación de Silent Hill, desde ese misterioso cartel de entrada hasta los propios edificios, es genial, consiguiendo transmitir tensión, peligro y malestar por sí solos. Con ese plató ya es difícil fallar. Para rematar la faena, Gans saca el mayor provecho de todo ello, demostrando que sabe cómo administrar los efectos visuales con los recursos más sencillos y, lo que es aún mejor, sin recurrir al efectismo. Encontramos ejemplos durante todo el metraje. Para empezar, en la primera escena de terror puro, cuando Rose se adentra por primera vez en las profundidades del pueblo sin saber el significado de la señal del toque de queda, la pantalla se envuelve en las tinieblas pero el espectador no pierde detalle de la acción gracias a acertados toques de luz y a los planos elegidos. En esta secuencia, nos provoca miedo algo tan tonto como tropezarse con un cubo de basura, algo nimio comparado con la sorpresita que aguarda a nuestra sufrida madre... Y, a lo que quería llegar, aún valiéndose de todo tipo de recursos gráficos para recrear a las perturbadoras criaturas que habitan el lugar, no se opta por resaltarlas con burdos acompañamientos sonoros, algo más que típico en estas historias y que, más que dar miedo, te deja sordo. Lo diseñado se vale por sí solo para provocar angustia.

Ya más adelante, conforme avanza la trama, se introducen nuevos y horribles personajes que no me agradaron demasiado, como esas cucarachas carnívoras propias de “La momia” o ese penitente satánico con muy mala leche. Pero esto no significa que no acojonen lo suyo. Además, aunque no es lo que abunda, el gore también tiene su hueco en la película, con un par de escenas brutales (más ese final, más propio de Hellraiser) que te dejan bien plantado en la butaca.

Otra cosa digna de alabar es la representación de los momentos en los que sobreviene la oscuridad. El mobiliario se pudre, los muertos reviven (increíble escena del aseo) y, en definitiva, la locura se apodera del mundo. Cuando todo acaba, los restos se convierten en ceniza que se eleva hasta desaparecer. Claro está que todos estos aciertos no vamos a atribuírselos al director en exclusiva. Se puede decir que “Silent Hill” ha congregado a un grupito de profesionales bastante inspirados que han subido el nivel de una premisa que otros habrían destrozado (y si no, que Uwe Bowl haga la secuela y ya veréis). Por otra parte, la acción compagina muy bien las escenas en la penumbra con otras que suceden a la luz del día, con lo que no acabas con las pupilas como un lechuzo de tanta oscuridad, algo muy propio de algunas películas de terror.

Por si no hubiera alabado la película bastante, todavía tengo que hablar de su buenísima banda sonora. No la compraréis nada más salir del cine, pero se adecua a la perfección a la trama. Según tengo entendido (si me equivoco, corregidme), el responsable, Akira Yamaoka, es el mismo compositor contratado para escribir la partitura del videojuego. Una acertada elección, desde luego. Los temas sencillos a piano se mezclan con los sonidos electrónicos ignorando las grandes orquestas y los típicos coros seudosatánicos (lo más fácil) sirviendo perfectamente como acompañamiento a la acción.

Bueno, hemos hablado de la dirección, el diseño de producción, los efectos especiales y la banda sonora. Y, ¿qué hay de los actores? En mi opinión los actores están bien, nada espectacular eso sí, pero resuelven eficazmente sus arquetipados personajes. Quizás destaque del resto a Radha Mitchell (Rose en el film), aunque también es cierto que su papel es protagonista casi absoluto de la función y la actriz tiene más posibilidades de mostrar sus registros. En cuanto a Jodelle Ferland (Sharon), resulta ya un poco cansino tener que escuchar lo magníficos actores que son los niños cada vez que uno interviene. Salvo contadas excepciones (y pienso en Dakota Fanning) lo mejor que puedo decir es que no molestan.

Visto lo visto, parece que todo va sobre ruedas; sin embargo hay alguien del equipo de “Silent Hill” que no ha trabajado tan bien como el resto. Sí, es ése que estáis pensando, Roger Avary, el guionista. Avary, famoso por coescribir “Pulp Fiction”, se ha decantando por complicar una historia de una manera que, al menos a mí, no me ha hecho mucha gracia. El argumento en sí es bastante sencillo, e incluso poco original, pero hubiera bastado para dejar un mejor sabor de boca si no se viera tontamente complicado con una investigación paralela en otra “dimensión” (no es el spoiler que parece, tranquilos) que poco o nada tiene que añadir a la historia principal. Esta línea argumental sirve únicamente como vehículo para que actúen Sean Bean y Kim Coates, interpretando lo que bien podría aislarse como un sosito capítulo de “En la otra dimensión”. Para colmo, al cerrar la película e intentar hacer coincidir ambas historias, el bueno de Roger sólo consigue liar más al personal y dejar un final tan abierto como el casco del Titanic (vale, había pensado una comparación más brusca, pero ya os la contaré en privado jejeje).

Bueno, he de admitir que esperaba mucho menos de esta película. En general fue una grata sorpresa. Lástima que el señor guionista no se lo hubiera currado un poquito más. Aún así, de lo mejorcito que se puede ver actualmente en el cine.

Lo mejor: el diseño del pueblo y los pasajes de oscuridad.
Lo peor: como he dicho, el guión cojea, sobre todo al final.
Nota: 6/10

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Fdo: Stan

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14 Agosto 2006

BANDIDAS: descubierta cura para el insomnio

En estos momentos de estío, en los que los salas se llenan de películas prescindibles, el calor que anestesia nuestras neuronas hace que más de una vez se nos apetezca ver algo que nos proporcione dos horas de entretenimiento y aire acondicionado. Tras ver Bandidas a uno sólo le queda la impresión de haber perdido tiempo y dinero. Y esto es lo peor que le puede pasar a una producción como ésta, con vocación de perecer y caer en el olvido, pero con la única misión de entretener, no de adormecer.

Bandidas es un western (por clasificarla, porque es una ofensa al género) que pretender reforzar el arquetipo de mujeres de armas tomar, vertiente película del Oeste – robo de bancos – buddy movie. Esta iniciativa ya se ha intentado con anterioridad sin mucho éxito, como es el caso de “Rápida y mortal”, con Sharon Stone. Aquí se opta por unir a dos mujeres mexicanas de orígenes muy distintos pero con un objetivo común: acabar con un sanguinario “banquero” norteamericano y devolver al pueblo sus tierras. Sara (Salma Hayek) es una niña bien educada en los finos ambientes europeos, mientras que María (Penélope Cruz) es hija de un humilde granjero. Hipotéticamente, el choque entre estos dos mundos tan opuestos debería ser una fuente de gags y una excusa para valorar el cambio que los acontecimientos causa en nuestras heroínas. Debería. Pero no lo es.

Durante la hora y media que dura la proyección no se produce nada verdaderamente importante. Básicamente la historia sigue igual: se atraca un banco, se planea otro golpe, el malo mata a alguien y vuelta a empezar. La verdad, da la impresión de que escribieron la premisa argumental de la película y el guionista simplemente la encuadernó. Me cuesta trabajo creer que Luc Besson, el director de películas tan buenas como “Leon, el profesional” o “Nikita”, sea uno de los escritores de este bodrio. Bien es sabido que el galo se dedica a producir cine de lo más comercial (algo perfectamente normal) pero una cosa es poner dinero y otra muy distinta ser uno de los guionistas. Si el trabajo es suyo, está en horas muy muy bajas. Y es que cuando intentas escribir una comedia de acción debes intercalar precisamente eso: situaciones graciosas con escenas de riesgo. El guión de Bandidas lo mezcla todo de la forma menos acertada posible, pretendiendo mostrar, por ejemplo, que un tipo armado que te está disparando es una escena de lo más divertida, sensación que pretende reforzar la patética y mal insertada banda sonora.

Por lo que respecta a la dirección, he de decir que es sencillamente desastrosa, de una originalidad que tiende a cero y, lo que es aún peor, se han necesitado dos tipos para tal hazaña. Joachim Roenning y Espen Sandberg, los responsables, se estrenan en el mundo del cine con esta película, pero no creo que esto sea óbice para no hacer un buen trabajo. Es cierto que en su defensa podemos decir que es un encargo con un tema que no daba para mucho, pero es que el resultado final, al menos para mí, no es ni siquiera decente. Muchos afirman que al menos la cinta no tiene pretensiones, sino que su mayor objetivo es el anteriormente mencionado, entretener. Creo que esto es para partirse de la risa. ¿Pretensiones? Es una forma de decir algo positivo de una película citando un aspecto que no está en ella. Es como si digo que no me gustan las manzanas, pero al menos no tienen pelo. Estamos hablando de una película mediocre hasta decir basta, donde nada cumple su objetivo (ni los tontos diálogos, ni los cutres decorados, ni la música...), y lo peor del caso es que nos queda la certeza de que, con menos presupuesto incluso, un maestro como Clint Eastwood nos montaría otro “Sin perdón”. Hacia el final, cuando ya eres consciente de que el show no va a mejorar, los geniales directores deciden montar una escenita supuestamente espectacular valiéndose de los manidos efectos visuales de “Matrix”, consiguiendo únicamente una sucesión de imágenes borrosas en las que difícilmente puede seguirse la acción, causando vergüenza ajena ante tanto despropósito.

Como hemos visto el guión y la dirección, dos pilares fundamentales de toda película, flaquean a más no poder. Consecuencia directa: todo el peso de “Bandidas” recae en sus protagonistas. El trabajo realizado por Hayek y Cruz puede calificarse de “correcto”, considerando que no están en la mejor posición para mostrar su talento. De este modo, son las protagonistas, pero podrían no serlo, tan sólo se necesitaban dos mujeres atractivas, y si una es mexicana y otra española, pues ya tenemos mayor tirón en dos mercados más. Ambas actrices ya han dado muestra de su capacidades en otros trabajos ( como “Volver” o “Frida”) y aquí sirven como escaparate hacia sus suculentos escotes ( cuyo contenido hemos podido ver más de una vez, todo sea dicho), es decir, meros objetos sexuales. Me pregunto qué pensaran estas dos mujeres cuando una escena está dedicada en exclusiva a ver como hacen flexiones en la orilla de un río, con un primer plano de sus pechos en remojo. En fin, supongo que el prestigio está bien pero da menos dinero que las producciones tontas.

Resumiendo, una película mala a más no poder. ¿Qué tienes mono de cine? Pues entra en cualquier otra. ¿Qué las has visto todas? Pues repite cualquier otra, es mejor, créeme. ¿Qué te la ha recetado el médico? Pues le pides un genérico. Creo que me expresado con claridad.

Lo mejor: lo estupenda que está Salma Hayek a sus casi 40 años.
Lo peor: que a sabiendas de lo que venden los distribuidores le den tanto bombo.
Nota: 0

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Fdo: Stan

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2 Agosto 2006

LA SOMBRA DE LA SOSPECHA: Michael se traga el marrón

Decir que “La sombra de la sospecha” es la típica película de inocente perseguido sería algo muy benevolente. La trama nos pone en la piel de Pete Garrison (Michael Douglas) un alto cargo del Servicio Secreto norteamericano encargado de la protección de la primer dama (Kim Basinger). Pronto se verá inculpado en una conspiración que pretende matar al presidente en la que él aparece como el principal sospechoso. Para demostrar su inocencia deberá huir y encontrar al verdadero topo.

“La sombra de la sospecha” es otro claro ejemplo de lo mal que está el nivel de originalidad en la meca del cine. Resulta obvio para la industria que ofrecer un refrito impresentable es una buena opción cuando consigues que lo protagonicen algunas estrellas, aunque estén en horas bajas. Y es que estamos hablando de una película que en cuestión de media hora (o menos) ya ha desvelado todas las sorpresas que nos tenía guardadas. Douglas está huyendo, sigue huyendo y continúa huyendo hasta que al final se resuelve todo de la manera más típica posible. Para que se hagan una idea, un servidor fue a verla con ChicoViejo y puedo atestiguar que nada más empezar me señaló sin lugar a dudas quien era el infiltrado. Acertó.

Si la premisa argumental ya pintaba mal, debemos sumar la mala labor de Clark Johnson, (SWAT) que apuesta por una dirección efectista con la intención de dar dinamismo a la trama, rodando unos planos que pretenden reforzar la grandeza de la Casa Blanca y la extremada profesionalidad de sus cuerpos de seguridad. Por otra parte, se vale de recursos estúpidos para crear una atmósfera de tensión que nos recuerde que la vida de un hombre está en juego, introduciendo de la manera más torpe posible una serie de mensajes terroristas con voces y textos islámicos que no hacen más que echar leña a una hoguera que ya está más que caliente.

El objetivo último es vendernos la idea de lo magnífico que es el Servicio Secreto norteamericano y de lo entregados que están a la causa de proteger a un presidente de ciencia-ficción más bueno que un trozo de pan y con unas buenas intenciones de cartón piedra (firmar el protocolo de Kioto, la paz en Oriente Medio ¡por favor!); una tarea que sólo podría tener éxito en los EE.UU. En el resto del mundo nos reiremos un rato con lo que catalogamos irremisiblemente como gran americanada. Da la impresión de que George Nolfi, el guionista, ha intentado recrear una fusión entre “En la línea de fuego” y la citada “El fugitivo” y lo único que ha conseguido es demostrar su incompetencia total (algo que ya hizo adaptando “Rescate en el tiempo” de Michael Crichton o escribiendo la tonta “Ocean’s Twelve)

En cuanto al reparto (lo mejor de la película), Michael Douglas hace lo que puede, pero se ve descaradamente que sus días de héroe de acción están llegando irremisiblemente a su fin. Su cuerpo ha tomado la dirección directa a la de su padre, con una barriga y unas hechuras que proclaman a gritos su edad. Kiefer Sutherland, uno de esos actores que nunca han llegado a despegar del todo y que ha tenido que esperar a la serie “24” para alcanzar la gloria, repite el mismo papel de Jack Bauer, lo que no hace más que encasillarle. Con todo, una interpretación discreta. Eva Longoria esta ahí pero podría no estar. Su papel es totalmente prescindible y su única misión es poner la nota sexy y latina a toda la ecuación en un intento de atraer al público latino. Por último nos queda Kim Basinger, que sale más bien poco y no tiene oportunidad de lucirse.

En fin, una película de sábado por la tarde en Antena 3, con la diferencia de que me cobraron por la entrada. Al menos me queda la satisfacción de desaconsejarla a todo el mundo.

Lo mejor: sinceramente, no caigo.
Lo peor: un final más que penoso.

Calificación: 2 /10

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Fdo: Stan

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26 Julio 2006

LA CASA DEL LAGO ~ reseña de Stan

Si digo que no tenía la más mínima intención de ver esta película seguramente me creáis. Sin embargo, una serie de circunstancias me llevaron a hacerlo, aunque he de reconocer que conseguir meterme en una sala de cine no es algo muy difícil. En fin, visto lo visto mi impresión es la siguiente.

La casa del lago (remake de “Il Mare” dirigida por Hyun-seung Lee en el 2000) es una película romántica con tintes dramáticos y un toque fantástico. Es la típica historia con Sandra Bullock pero con una premisa un poco más atractiva: dos personas se enamoran, pero sin saber cómo están separadas por un espacio temporal de dos años. Esta anormalidad podría haber dado algún fruto, pero el guionista opta por mostrarnos sus cartas a la primera de cambio, a lo que debemos sumarle el hecho de que los tráilers promocionales ya nos destripaban toda la sorpresa, con lo que el golpe de efecto es nulo. Además, en mi opinión, recibir cartas de alguien del futuro / pasado es, cuanto menos, desconcertante y para nada motivo de risa, tal y como nos quiere indicar la banda sonora que acompaña la escena en que los protagonistas descubren el secreto.

Resulta curioso que diga esto tras el párrafo anterior, pero en cierto sentido lo que hizo que la película no me pareciera aún peor es la ausencia casi total de humor. Los protagonistas son personas que se sienten solas aún estando acompañadas, que han llegado a una edad en la que quizás están estancados tanto profesional como personalmente. En ningún momento cambia esta situación, es decir, los personajes se muestran coherentes en sus actos durante todo el metraje, lo que es de agradecer en este tipo de cintas.

En cuanto a la labor de los actores, podemos calificarla de discreta. Bullock está más calmada de lo habitual, sin recurrir a esa supuesta vis cómica que posee, interpretando ajustadamente su papel (quien sabe, a lo mejor está recibiendo clases de actuación); y Keanu Reeves tampoco es que se luzca demasiado. Destacar la presencia como secundario de lujo de Christopher Plummer, un gran actor que a su vejez se prodiga más que ninguno (y si no véanle en “Plan oculto”, “El nuevo mundo” o “Syriana”)

Como podéis ver, la cosa no iba tan mal al fin y al cabo. No había chistes tontos, el almíbar estaba estabilizado (dentro de lo que cabe, claro) y los actores aguantaban el tipo. Tuvo que venir la parte final para que me volviera diabético con tanta azúcar en sangre. Creo que de hecho se me caramelizó el estómago. Lógicamente no voy a meter spoilers, aunque tenga ganas, pero baste decir que el final original no gustó en Hollywood. Este nuevo final resulta incoherente, forzado y torpe. No sabría decir en cuántas paradojas temporales se cae con tal de lograr un final feliz. No hay peor forma de concluir una película: con un desenlace estúpido. Si el final es fundamental para que nos guste una historia, en este caso se han resbalado pero bien. Un insulto a la inteligencia para cualquiera. Estoy seguro que de haber mantenido el final original esta película habría ganado mucho y se habría distinguido de tantas otras.

En resumen, transcurridos unas semanas, puedo decir que “La casa del lago” es una película distraída. No es de lo peor pero dista mucho de ser buena. La típica opción que encantará a vuestras novias y que no os matará de sopor (aunque lamentéis no estar en la sala contigua viendo cualquier otra). En fin, creo que viendo el trailer nadie se sentirá engañado.
Lo mejor: Ver como al protagonista de “Nip / Tuck” siempre le cogen para hacer de cornudo apaleado.

Lo peor: Los pasajes súper almibarados que las chicas no paran de comentar agggg!!!

Nota: 3,5 /10

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Fdo:Stan

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8 Julio 2006

EL SEÑOR DE LA GUERRA: primando el contenido y olvidando el continente

Si algo queda claro tras visionar “El señor de la guerra” es que la ética, la paz, y la ley están, en última instancia, supeditadas a los negocios y deseos de los poderosos. No hay forma más directa de mostrar como el poder y el dinero mueven el mundo, y ése es el propósito de Andrew Niccol. De hecho, el prólogo es toda una declaración de intenciones: asistimos a la vida de una bala, desde que nace en una oscura fábrica hasta que es entregada a un ejército soviético, revendida a unos guerrilleros africanos, introducida en un AK –47, disparada y artífice de la muerte de un niño. Más claro agua ¿no?

La historia de este señor de la guerra no es otra que la de Yuri Orlov, un nombre falso para un personaje real, que vio como el fin de la Guerra Fría supuso que quedaran abiertos a golpe de talonario los grandes depósitos de armas de la antigua URSS. Pronto (demasiado pronto en la película, quizás) nuestro protagonista se convierte en uno de los más grandes y eficaces traficantes de armas del mundo. La película juega con estas dos líneas: una de tratamiento casi documental que nos habla sobre el negocio de las armas y su evolución desde los 80; y otra que aporta el lado humano a la historia, sobre el progreso del protagonista, que vive por y para vender armas, lo único que sabe hacer y que le mantiene con vida.

El retrato humano que nos ofrece la película es la típica historia sobre la llegada a la cumbre y sus consecuencias. Yuri consigue convertirse en uno de los mejores traficantes de armas, pero este “logro” tendrá serias repercusiones en lo personal. De este modo asistimos a un proceso de extirpación de la conciencia del protagonista, que cada vez siente menos emocionalmente hablando. Éste es, en mi opinión, el principal fallo de “El señor de la guerra”, los personajes no tienen la suficiente profundidad como para comprenderlos y los actores tampoco hacen nada extraordinario para transmitir la evolución de los mismos. Nicolas Cage interpreta su papel sin demasiada pasión y los segundarios o no tienen ocasión de lucir su potencial (ahí tenemos a un desaprovechado Ian Holm) o no dan para más (como es el caso de Bridget Moynahan) Por otra parte, también encontramos la presencia de Ethan Hawke, el policía de la Interpol obsesionado por atrapar a Orlov, una suerte de “geyperman” que lo mismo viste traje que se monta en un caza... demasiado pintoresco para ser cierto, la verdad.

Todos estos personajes, al fin y al cabo no son más que marionetas articuladas para que nos traguemos de buen grado un magnífico reportaje sobre el mundo y el negocio de las armas. Tal y como decía Tony Montana en “Scarface”, Orlov es el tipo malo y sin escrúpulos que todos podemos señalar con el dedo, “el genocidio hecho carne” como él mismo dice. Lo terrible del caso es que, mientras que el foco le apunta, se desvía la atención del origen del problema: las grandes naciones productoras de armas necesitan a gente como Orlov para que hagan ventas que estarían muy mal vistas de cara al mundo bonito y civilizado. Este es el mensaje que justifica toda la película y que sirve como epílogo.

Hasta aquí, argumentalmente, lo visto se ajustaba bastante con lo que me esperaba como espectador, sin embargo, visualmente las expectativas eran mucho mayores. El tráiler prometía una sátira mordaz del tráfico de armas (más sarcástica de lo que en realidad es) y un estilo visual cuanto menos llamativo. Pues bien, las imágenes ofrecidas como anticipo eran, con alguna excepción, las más originales de todo el metraje (como la del símil entre los disparos de un Kalashnikov y una caja registradora). El resto del film se muestra bastante convencional, algo que unido a la voz en off resta dinamismo al conjunto y otorga un tono más serio, con la intención de no distraernos de lo verdaderamente importante, es decir, los políticamente incorrectos chanchullos del protagonista.

La impresión final es la de haber visto una película interesante, necesaria si queréis, pero desprovista del gancho necesario para preservarla en nuestra memoria.

Lo mejor: Las escenas en las que Orlov /Cage demuestra su sangre fría, y sus frases lapidarias: “Los vendedores de coches y tabaco no se llevan sus problemas a sus casas, y sus productos matan a más personas que el mío”

Lo peor: La escasa originalidad de la puesta en escena. Me hubiera gustado con un tono más trasgresor.

Calificación: 6 /10

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Fdo: Stan

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5 Julio 2006

ROSARIO TIJERAS: un cóctel de violencia, sexo y pasión

Que una coproducción hispanoamericana logre cierta repercusión ya es un logro en sí mismo. “Rosario Tijeras” ha sido todo un fenómeno en Latinoamérica (especialmente en Colombia, donde se centra la película), donde arrasó en taquilla, desplazando a producciones norteamericanas. Con este prestigio como garantía, me dirigí al cine, entre curioso y esperanzado.

Rosario Tijeras es la historia de la mujer fatal que titula la película. Con un físico que quita el hipo, a primera vista nadie diría que es una asesina a sueldo, llena de ira y rencor surgidos de una vida de miseria: drogas, muertes, violaciones, etc. Ahora, consciente de su atractivo, ejerce de prostituta de lujo y asesina eventual, jugando con los hombres que marcaron su manera de ver las cosas. Sin embargo, sus esquemas se derrumbarán cuando conozca a Antonio (Unax Ugalde) y Emilio (Manolo Cardona), dos amigos de clase alta que se enamoran de ella. El primero es tímido y sincero, el segundo, un seductor nato. Rosario se sincerará con Antonio, pero se acostará con Emilio, lo que ocasiona que el primero lo sepa todo de ella pero esté a dos velas; mientras que el segundo conoce cada rincón de su anatomía pero ni siquiera sabe a qué se dedica. El triángulo amoroso se desarrolla en el turbulento y sangriento ambiente del Medellín de finales de los 80.

Rosario Tijeras es una bajada a los orígenes de “El precio del poder”, en el sentido de que es la respuesta a la pregunta ¿Cómo es la sociedad desde la que se exporta toda esa droga?. Si en la película de Brian De Palma los escenarios eran playas, discotecas y lujo, en la de Emilio Maillé los clubes de diseño contrastan bruscamente con el chabolismo, la pobreza y la violencia descarnada de las calles. Rosario se mueve entre esos dos mundos, uno es en el que trabaja, el otro, de donde procede. Y, en mi opinión, funciona mejor como reflejo de la sociedad que retrata que como drama humano y amoroso. Rosario encarna lo peor de una época y su paso por la vida será tan rápido y brutal como sus propias acciones. Su redención al descubrir su amor por Antonio, le harán ver que también hay espacio para la bondad en el hombre, pero el mensaje llega demasiado tarde, ya que finalmente será asesinada por otro sicario. Esto, no es el spoiler que parece, pues la película se inicia así, y la trama se desarrolla a base de flashbacks.

El mayor inconveniente que presenta la película es la falta de claridad. Conocemos bien a los personajes principales, pero los negocios y enemigos de Rosario nunca llegan a conocerse suficientemente, de modo que muchas de las acciones decisivas para que la historia avance no tienen una explicación satisfactoria. Es como si nos dejaran mirar como espectadores pasivos, sin derecho a saberlo todo. El montaje de los flashbacks contribuye bastante a crear ese desconcierto. El resultado es que la película adolece de partes repetitivas y que llegan a aburrir, de modo que, al final, el mayor interés es conocer quién mató a Rosario, pero sin resolverse tajantemente el por qué. Quizás la respuesta a todas estas preguntas se encuentren precisamente en todo lo anterior, es decir, que en una sociedad donde las lealtades son débiles y donde dinero, religión y venganza a partes iguales hacen girar la rueda, pocos son los que saben realmente quién es tu enemigo o que bala lleva tu nombre.

Como no todo van a ser quejas, la película también presenta varios aciertos. El principal es la elección de Flora Martínez para encarnar a la protagonista. La actriz aporta suficiente dureza y sobrada presencia física como para hacer creíble a su personaje. Por su parte, Unax Ugalde (un actor que generalmente no me apasiona) logra confeccionar un personaje extrañamente ingenuo a pesar del ambiente en el que se mueve, como un último reducto de inocencia. El resto de personajes no actúan ni mal ni bien, sino que parecen directamente sacados de lo peorcito de Medellín, con lo que crean un background bastante adecuado.

Además de lo anterior, algunos de los pasajes de Rosario Tijeras bastante buenos, sobre todo aquéllos que conjugan la más profunda religiosidad con la violencia de las mafias, con especial mención a la escena del entierro (en la que se llevan de fiesta al cadáver) y a la del “asesinato” de un muerto (en la que la venganza llega tarde, pero llega).

En resumen, nos queda la sensación de que hemos asistido al reflejo de una parte de la historia de Colombia, con sus peligros, costumbres y ambientes, pero sin que los personajes lleguen a importarnos lo suficiente como para que lamentemos sus acciones o sintamos sus preocupaciones. Quizás nuestras culturas son demasiado dispares. Quizás el libro en que se basa la película no sea tan conocido aquí, y partamos con desventaja. En cualquier caso, una buena forma de conocer algo más del mundo latinoamericano.

Lo mejor: Flor Martínez en su faceta letal.
Lo peor: al final quedan muchas dudas por despejar.

Calificación: 5,5 /10

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Fdo: Stan

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25 Junio 2006

CUANDO LLAMA UN EXTRAÑO... como mucho no te hará más daño que ver esto

Creo que cualquiera que vea algo de cine con frecuencia (y por aquí somos unos pocos) sabe desde lejos, con sólo ver el póster y leer una reseña, qué se puede esperar de una película como “Cuando llama un extraño”: una historia previsible, aburrida y falta de imaginación; unas actuaciones justitas tirando a malas y nada de provecho que rescatar.

Esto es justamente lo que nos ofrece esta película en cantidades industriales. Su argumento se basa en el acoso que sufre una canguro adolescente por parte de un misterioso hombre que la llama constantemente al teléfono para susurrar o preguntar si todo anda bien por la casa. Lógicamente la chica se asusta, llama a la poli, no le hacen ni caso y al final tiene que plantar cara ella solita al psicópata de turno, en un intento por salvar su vida y la de los niños a su cargo. Fin. ¿A que es magistral?

Este proyecto es un remake de otra película de culto con igual nombre del año 1979. En unas declaraciones con motivo del estreno, el productor Ken Lemberger afirmaba que se había decidido a adaptar esta cinta porque la original contenía los 25 primeros minutos más terroríficos que había visto en su vida. Supongo que a la vista de los resultados, habrán rodado cabezas por su estudio, porque en caso contrario este tío se asusta con los Lunnis. Por otra parte, lo que resulta aún más grave, es que de la original sólo han conservado la primera parte, porque creían que daba muy bien para una historia entera. ¿Será este el futuro del cine en Hollywood? ¿Desmontar los clásicos por partes? Visto así, una buena revisión de “El padrino” podría dar material para un año de cine...

La canguro que será acosada por el malo. Viéndola yo también la acosaría.

El responsable de este atropello cinematográfico no es otro que Simon West, el tipo que hizo la entretenida “Con Air” y las pésimas “Lara Croft: Tom Raider” y “La hija del general”. Se ve que el hombre no quiere defraudar a sus fans y ha decidido atesorar un fiasco más. Su trabajo en esta película se limita a mover la cámara torpemente por las diferentes estancias de la mansión en que se desarrolla la acción, logrando que nunca tengamos una idea clara de cuál es la verdadera disposición de la casa. Claro que esto derribaría su castillo de naipes, pues el miedo se transmite a través de las persecuciones por las habitaciones, que cada vez son más numerosas, más pequeñas y más siniestras. Por otro lado, al principio, cuando aún es de día y los dueños del lugar le muestran a la canguro el salón, la cocina, etc, todo parece bonito, elegante y luminoso. Es irse los padres y el pisito se convierte en el refugio soñado por Tim Burton: oscuro, tétrico, sin luces (¿Es que no hay bombillas o qué?) y con estatuas de hombres en posturas amenazadoras (¡Por favor, no te pases Simon!) Lo gracioso es que el director afirma que: “Esta es la obra más sofisticada que he hecho” y que “la película suponía una oportunidad para realizar una labor minuciosa". ¿Se lo creerá en serio?

Por otra parte, los golpes de efecto se apañan con un buen golpe de sonido que levantaría de su asiento hasta al campeón mundial de halterofilia. Más típico imposible.

El metraje alarga hasta la saciedad el acoso telefónico para llegar a un corto clímax en el que la protagonista se enfrenta al malo en plan “Scream”, es decir, que el pobre se lleva golpes hasta en el DNI. Tras esto un epílogo innecesario y que empeora aún las cosas, dejando patente que los responsables de todo aquello se están riendo del respetable pero bien.

Salgo del cine de mala leche. Al menos no pagué por verla. Esto me sirvió de mantra hasta que llegué a casa y me puse cine de verdad en vena. Pensad que lo mejor de la película es que yo la he visto por vosotros.

Lo mejor: El tráiler de “El señor de la guerra” que proyectaron antes.
Lo peor: Todo.
Calificación: 0 /10

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Fdo: Stan

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18 Junio 2006

LA PROFECÍA (THE OMEN) ~ reseña de Stan

Mucho se había comentado antes del estreno sobre la necesidad de hacer este remake y sobre la discutida elección del niño Seamus Davey Fitzpatrick para encarnar a Damien, el mismísimo Satán. Lo cierto es que, sin aspirar a demasiado, el resultado que nos ofrece esta nueva Profecía no es del todo insatisfactorio.
Para los que hayan visto la película original de 1976, dirigida por Richard Donner, el argumento permanece prácticamente invariable. El diplomático Robert Thorn (Liev Schreiber) se encuentra en una difícil situación: su esposa acaba de tener un hijo muerto y parece que no podrá volver a quedarse embarazada. La solución le llega de mano de un sacerdote que le propone hacerse cargo de un bebé cuya madre acaba de morir simultáneamente en el parto. Thorn acepta y oculta la verdad a su esposa (Julia Stiles). Con el paso de los años y conforme Damien, el retoño, se acerca a su sexto cumpleaños, una serie de extrañas muertes y terroríficos sucesos envuelven a la familia.

Tras acabar la proyección tanto un servidor como los que me acompañaban coincidimos en que la película sufre de una primera parte previsible y falta de imaginación para luego encarar un tramo final mucho más inspirado y energético que, pese al inicio, consigue dejar un buen sabor de boca y remedia los fallos cometidos. Ese primer tramo se encarga de explicar los orígenes de lo que luego veremos a continuación y, por ello mismo, es menos propicio a infundir miedo directamente. Debido a esto, el director opta por una política de “que no decaiga la fiesta”, de manera que, cada diez minutillos, te pone un ruido de quinientos decibelios para que pegues el bote en tu asiento. Intentar dar miedo con trucos tan manidos como imágenes escabrosas que al final resultan ser sueños o personajes que aparecen de la nada, resulta penoso. Seguro que habéis visto alguna típica película en que eres capaz de anticipar el susto al milímetro, sabiendo que sólo te impresionarás porque el ruido torturará tu tímpano. Es el caso.
Bueno, llegados a este punto, es hora de aclarar que de la mitad en adelante la película encuentra su equilibrio e inicia una apreciable mejoría. Las escenas están mejor planificadas y se consigue transmitir el miedo de una forma más fría y oscura, mostrando que el poder de Damien es algo a lo que no se puede escapar, sencillamente porque trasciende de su persona para pasar a dominar a fieras, esbirros y voluntades ajenas. Por otra parte, la banda sonora compuesta por Marco Beltrami se ajusta a la perfección a la historia y logra crear la necesaria sensación de angustia y pavor.

En cuanto al reparto, y prescindiendo de comparaciones con la original, la elección me parece bastante acertada. Liev Schreiber encarna con soltura al patriarca de los Thorn, que pasa de la mayor incredulidad a la búsqueda de respuestas ante los acontecimientos, hasta llegar un final en el que quizás su interpretación carece del sentimiento y angustia necesarios para lo terrible de la situación. Julia Stiles no es que tenga mucha cancha para lucirse, pero al menos no molesta. David Thewlis (al que hace poco veíamos en Instinto Básico 2) otorga a su personaje la energía necesaria para actuar como motor de la investigación sobre los orígenes del niño sin resultar forzado. Por último, también encontramos como secundarios a Pete Postlethwaite y a Michael Gambon. El primero interpreta al cura que alerta a Schreiber y que, con esa cara, acojonaría a cualquiera; y el segundo pasaba por el plató vestido de Dumbledore y soltó una frasecita, porque hay que tener morro para decir que éste gran actor actúa en este remake.

Si amigos, sé lo que pensáis, que me faltan los personajes más jugosos. Bien, es que quería dejar lo peor y lo mejor para el final. Si empezaba esta crítica hablando de las dudas que generaban las capacidades artísticas de Seamus Davey Fitzpatrick, llegó el momento de decir que, a la vista de su actuación, se confirman vuestros peores presentimientos: el niño es una patata. Se limita a fruncir el ceño y a no mediar palabra con nadie, como si eso fuera especialmente siniestro. Su actuación, por llamarla así, es desastrosa y resta intensidad al conjunto. Una elección más acertada habría dado más jugo, habiendo, como hay, niños verdaderamente buenos (se me vienen a la cabeza Dakota Fanning y Freddie Hilgmore). Para contrarrestar este fallo de casting, encontramos la mejor elección de reparto: Mia Farrow. La eterna Rosemary suma a su carrera este papel de niñera diabólica, servidora de Satanás, que nos ofrece las mejores y más impactantes escenas de toda la película, con especial mención a una en un hospital que realmente pone los pelos de punta. Su candidez aparente contrasta con su mirada fría y sus actos sangrientos.

En resumen, una película de terror algo mejor que la media, que nos brinda algunos buenos momentos y que, inevitablemente, debe cargar con el peso de la comparación.

Lo mejor: Mia Farrow en plan psycho-tranqui y en plan desatada. La escena del hospital.
Lo peor: Los previsibles sustos de relleno que copan toda la primera parte.
Calificación: 6,5 /10

(Ver ficha)

Fdo: Stan

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