LAS COLINAS TIENEN OJOS ~ reseña de Darkman

Alexandre Aja nació en 1978 y es fan del cine de terror. Este dato podría sonar a perogrullo, pero lo considero básico para entender su cine. Aparte de las envidias que a uno le pueda suscitar que alguien de su edad esté haciendo el cine que más le gusta y le paguen por ello, se nota a leguas que Aja entiende lo que hace, se mueve en parámetros conocidos y disfruta con ello con energía y pasión. No intenta hacer reinvenciones ni homenajes posmodernos, simplemente hace el tipo de películas con las que seguro que se ha quemado las retinas de pequeño. Y, si ya con Alta Tensión me dejó un sabor de boca más que bueno (quitando la innecesaria y casi molesta sorpresa final), con su nueva cinta se ha confirmado como uno de los directores a los que seguiré en el futuro con interés y excitación.
Y es que, además de su pericia narrativa y su buen gusto para lo malsano, Aja es un tipo inteligente: a la hora de hacer un remake optó por un título de Wes Craven bastante conocido dentro del fandom, pero poco recordado por el público en general, y además un film no demasiado brillante pero con un argumento sencillo y directo que serviría de buena base para un nuevo derroche de adrenalina y gore como ya fue Alta Tensión. Vamos, que Aja (me encanta lo sencillo que es escribir el nombre de este tipo) no ha rehecho ninguna obra maestra, y eso hace que la idea del remake tenga algo más de sentido o justificación de lo habitual.

Y el concepto de "rehacer" es también esencial a la hora de hablar de esta versión 2006 de Las colinas tienen ojos: Aja casi ha vuelto a rodar lo mismo que Craven paso a paso, con escenas casi calcadas y diálogos miméticos, sólo que mejor hecho de lo que veíamos en la versión de hace casi 30 años. Para los que tenemos reciente la versión de Craven, ver esta reinterpretación es acudir a los mismos lugares, con casi los mismos personajes y escucharles decir prácticamente lo mismo, pero aún así no es difícil encontrar ciertos cambios entre ambas: para empezar, la ambientación sucia y polvorienta ha sido suavizada relativamente, sobre todo gracias a la diferencia de medios con las que ambas producciones han sido rodadas, y que le daba a la película de Craven un cierto toque amateur en el que residía algo de su encanto. Aja, en cambio, ha rodado en scope, con buenos recursos técnicos y un plantel de actores algo más creíbles. Sin embargo, y a pesar de trasladar la acción de los años 70 a la actualidad, el tono conservador de los personajes protagonistas ha sido elevado hasta convertirlos en unos antidemócratas que se sienten seguros sacándole brillo a sus armas mientras piden perdón a Dios por sus pecados. Sólo uno de los personajes (el interpretado de manera sorprendente por Aaron Stanford, demostrando que es más que el Pyros de los X-Men) se muestra más propio de nuestro tiempo, y en él intuyo que el director pone parte de su personalidad y todo su cariño (aunque, repito, es una apreciación personal), regalándole las mejores escenas y convirtiéndolo en la parte final de la cinta en un héroe icónico (ese plano en el que, ensangrentado, recoge sus maltrechas gafas, me provocó una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja) acompañándole incluso con acordes musicales que se dirían ligeramente reminiscentes del mismo Morricone.

Otro aspecto que ha variado ligeramente es el que atañe a los villanos de la función: si en la original de Craven estaba más o menos claro a cuántos mutantes se enfrentaba la familia protagonista, aquí nunca sabemos exactamente cuántos son ni dónde están en cada momento. Pierden algo de protagonismo, sí, pero aparecen en el momento oportuno para poner los puntos sobre las íes a cuchillazos o balazos. Sin olvidar las humillaciones y el asedio que aplican a los perdidos veraneantes. En este sentido, estoy totalmente de acuerdo con lo que expone Snake en su reseña: es una peli de buenos y malos, en la que los buenos tienen que hacer todo lo posible por sobrevivir a unos malos muy salvajes y expeditivos. Y está claro que, con estos mineros mutantes caníbales, la opción del diálogo no es aplicable con resultados victoriosos. Me gustaría recordar también que todas las atrocidades que cometen estaban ya en la película original del 77, así que si alguien va a acusar a Aja de ser una mente retorcida (que seguro que lo será, y a mucha honra intuyo) será mejor que revise la cinta de Craven y verá que no ha añadido demasiado de su cosecha.

Entonces, si estoy diciendo que no estamos ante una obra original ni demasiado creativa, ¿por qué me ha causado tan buena impresión? Pues, además de todas las virtudes que he mencionado de Aja, de unos efectos especiales superiores, y de una concepción del sadismo y el sufrimiento más profunda e incómoda que la de Craven, gran parte de la excitación que la película provocó al goremaníaco que llevo dentro reside en el clímax, un enfrentamiento brutal entre humanos y mutantes (otra vez con X-Men en la cabeza...) que acontece en un escenario fantasmagórico y que no estaba en la cinta original. Casi podríamos decir que Aja ha vuelto a hacer una película que distaba mucho de ser perfecta, corrigiéndola durante sus primeros 80 minutos y sacándose de la manga una media hora final de órdago, salvaje y sangrienta (pero no en el sentido más asqueroso o enfermizo del término), coronada por un plano final que me hace esperar con ganas la secuela que se estrenará (previsiblemente) el próximo año.
Así que buena parte del mérito de la película hay que otorgárselo a las ideas de Craven, del mismo modo que el mérito de alguien que canta bien una canción antigua con elementos modernos debe atribuírsele en parte a quien la compuso originalmente, pero no todos los remakes que nos echamos a la cara tienen la calidad de éste ni consiguen aportar demasiadas novedades. Aquí la novedad, repito, es una traca final adrenalítica y descontrolada al máximo, unos 30 minutos que podría ver un par de veces seguidas aislándolos del resto del largometraje, y que me seguirían pareciendo brillantes.
Bravo por Alexandre Aja. A ver cuándo sale alguien en España capaz de dirigir cine con cojones como el que hace este joven.

Para amantes del cine extremo en general y del terror en particular.
Lo mejor: Aaron Stanford. El clímax final. La lenta agonía de un cuerpo en llamas.
Lo peor: Que Aja se vea obligado durante la primera mitad a meter sustos intrascendentes cada 10 ó 15 minutos para que el público adolescente no se aburra. Que Billy Dragon no tenga más presencia.
Calificación: 7'5 /10
(Ver ficha)
Fdo: Darkman
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com















Stan dijo
¡Eso, tío! ¡Con dos cojones! Jajajaja...Bueno, en cuanto a la reseña, pues lo que ya dije en la de Snake, está bien, entretenida y punto. Es verdad que la cosa se anima hacia el final, pero por muchos mutantes que haya, ¿cuántos eran peligrosos? Si quitamos al cabezón invalido, a la gorda calva, al que lleva sujeta la cabeza (¡!) y a la niña deforme... los malos son el largo horrible, el Kiko veneno y el otro que queda (que ese hace por lo menos tres papeles distintos...)
Pos eso, na de la otra galaxia. Más me gustó "Jeepers Creepers", por citar otra del mismo estilo.
4 Julio 2006 | 02:10 PM