'RAMBO', la soledad de la máquina de matar

Aquí tenemos el film, según dicen, predilecto del difunto Ronald Reagan. Yo creo que eso es porque a Ronnie le habría encantado protagonizar un peliculón de estas características, en lugar de aquellos westerns rancios que jalonaron su carrera.
Rambo es una película perfecta dentro de su género, la acción es prácticamente constante (en especial su intenso tramo final), una virtud de la que pocos films contemporáneos pueden presumir, donde las escenas supuestamente emocionantes se administran con cuentagotas a lo largo de un guión plano y muchas veces pretenciosillo.
En Rambo se mantiene aquel cierto tono de denuncia con el que se abría First Blood, por mucho que todavía hoy en día se le acuse de ser un film propagandista. Es obvio que el gobierno norteamericano no sale muy bien parado, se hinca el diente en su vergonzosa política exterior y megalomaníaca administración militar. Pero ya llegará el momento de ahondar en este aspecto, que la mayoría no ha sabido o no ha querido tratar con justicia.
El guión cuenta con la mano de James Cameron (y de Sly, amigos míos, un pedazo de hombre renacentista), que por aquel entonces disfrutaba del éxito recibido con Terminator y ya preparaba la seminal y electrizante Aliens. Y creo que la participación de Cameron fue de lo más positiva. El director George Pan Cosmatos también se lució en la dirección; un artesano de los de verdad, que cuenta también con mi querida Tombstone en su haber. De haberse producido Rambo en los últimos 90 nos encontraríamos con un engendro rocoso y aburrido, pero en los 80 todavía se empleaban muchos recursos tradicionales. Quizá por ello Rambo haya envejecido tan bien. Uno la ve y lo nota, lo sabe, está ante un clásico indiscutible.

Hospitalidad comunista.
El argumento, lo más discutido siempre en la saga, es algo estúpido en un principio, pero a medida que transcurre la película se vuelve más oscuro, trufado de traiciones, de pasión, de venganza y muy mala uva.
El coronel Trautman (Hombre Trauma, como yo solía llamarle de pequeño en uno de mis absurdos chistes privados) visita a Rambo al penal donde se haya cumpliendo sentencia por el pollo que montó en la primera parte. Johnny está sudado y anda un poco cojo, por lo que uno intuye que las duchas no son una de sus dependencias favoritas. El coronel le propone un trato: volver a Vietnam y conseguir evidencias sobre la existencia de prisioneros de guerra norteamericanos. Eso sí: nada de matar, sólo hacer fotos. Rambo se lo piensa y dice que vale. La operación no empieza demasiado bien. Cuando se dispone a saltar en paracaídas se le enreda el arnés en el helicóptero y para salvar su vida debe cortar la mochila con el equipo, que acaba desperdigado por la jungla. Conoce al contacto, una vietnamita muy guapa con la que se desnudará en uno de los momentos más bellos (sí, bellos) del film, cuando Stallone nos arrebata diciendo “soy prescindible”. Yo es que me emociono mucho. Pues sigue la operación y sí, hay prisioneros. Pero el helicótero de rescate al ver a Rambo con uno de ellos, tan anoréxico y desaliñado, pues da media vuelta y se larga.
Capturan a nuestro hombre y luego llega otra escena genial, donde le torturan hasta que decide hablar por radio con su equipo. Entonces la mano de Rambo estrangula el micrófono y le dice al jefe de la misión, con una voz fría como el hielo: “Murdock...voy a por ti”. Se escapa con ayuda de la chica, la chica muere y él se enfada mucho por todo lo ocurrido. Se va a buscar el equipo y entonces, entonces, entonces todo estalla y tenemos los 40 minutos más intensos que se recuerdan en un film de acción. Rambo ya no es un soldado, es un superhombre, un titán, la conciencia de ese país que tanto le ha utilizado. En una escena se reboza de barro y empieza a masacrar a sus enemigos (vietnamitas aliados con rusos, sí, algo reaccionaria la combinación, pero en fin....) como si de un monstruo se tratara. Cuando consigue rescatar a todos los prisioneros y volver a la base se encarga de destrozar las oficinas y se acerca al tal Murdock para helarle la sangre. Un duelo de caras pétreas inolvidable, Charles Napier vs. Sylvester Stallone.
Y qué más se puede decir de Rambo. Hay que verla más, es un espectáculo como pocos quedan, y otra vez más, como en First Blood, uno se contagia de la rabia que siente Johnny. Y de nuevo la música de Jerry Goldsmith, más épica que antes, el complemento perfecto a este festival de balas, bazookas y flechas.

Te vas a enterar...
Querrán seguirla contemplando como una anomalía, como un producto infecto fruto de una época donde los USA ampliaron su oscura garra política. Pero si se mira bien y se obvian los detalles sacados de la Guerra Fría es posible ver más allá. Y recordad que Firefox es otro peliculón donde los rusos también eran los malos. Aunque claro, Clint Eastwood tiene Oscars y es un señor cineasta. No seamos hipócritas, Rambo es la película definitiva de acción, insuperable en su conjunción de aventura, humanidad y violencia (creo que) sí justificada. Moraleja: todos estamos solos en este mundo, así que es mejor aprender algo sobre arcos, metralletas, cuchillos y lanzacohetes.
PD: Qué buena estaba la china
Calificación: 9/10
LO MEJOR: Su ritmo, su banda sonora, el frenesí que no cesa, el momento en que Rambo se pone triste y nos cuenta como se siente
LO PEOR: Que también lo mejor; algunos diálogos chulescos e hilarantes
Fdo: Paul Kersey
...ahora en http://cinefagos.wordpress.com















El Vaugan dijo
Qué aroma a añejo e irrecuperable me ha traído leer este post, y, ahora que lo pienso, la de años que hace que no veo esta película. (nota mental: videar Rambo) (segunda nota mental: no escribir las notas mentales, pareces subnormal... uoch!)
Todos somos prescindibles pero sólo él se llamaba Rambo...
16 Septiembre 2006 | 09:52 PM