
Tenía que pasar: alguno de los 6 episodios de
Películas para no dormir tendría que disgustarme. Lo que no esperaba es que fuera precisamente la entrega dirigida por el padrino del invento, Narciso Ibáñez Serrador (no sólo gran pope de la televisión española, sino también director de dos de las más interesantes películas de terror que jamás se han rodado en España,
La Residencia y, especialmente, la fascinante
¿Quién puede matar a un niño?) la que viniera a aguarme la fiesta que había comenzado con
La habitación del niño y había continuado con
Para entrar a vivir. Pero por una vez, y mal que me pese, tendría que decir que los alumnos han superado al maestro y que la labor de "Chicho" ha quedado anticuada y casi insípida en comparación con las desarrolladas por Alex de la Iglesia y Jaume Balagueró en sus respectivas cintas.
Narciso Ibáñez Serrador no dirigía ficción desde 1982, año en que estrenó dos Historias para no dormir, El trapero y El fin empezó ayer. Y lo peor que podemos decir de su trabajo en La Culpa es que, siendo algo maliciosos, parece que por su mente no hayan pasado ya más de veinte años desde entonces, tal es el clasicismo de su propuesta. No es que tenga problemas con la artesanía cinematográfica de toda la vida. De hecho, ahí está John Carpenter haciendo las cosas (cada vez menos) a su bola y sigue siendo uno de mis directores favoritos. Pero el principal problema de La Culpa es que no sólo "parece hecha" hace unos treinta años, sino que además parece "pensada" en esa época. Ignoro de qué fecha data el relato de Luís Murillo que Serrador ha adaptado (bajo su seudónimo habitual de Luís Peñafiel), pero la película no sólo está ambientada a comienzos de los 70, sino que parece concebida en ese contexto. Y eso, aparte de constituir un ejercicio nostálgico que pueda llegar más o menos al espectador dependiendo de su grado de acercamiento a dicha etapa de nuestra historia, supone un problema cuando los elementos dramáticos que se manejan se han quedado anclados en el pasado y pierden eficacia en el panorama actual.

Veamos si no la caracterización del personaje interpretado por Nieve de Medina, Ana: una ginecóloga que vive sola, es lesbiana, practica abortos de estranjis, suele acostarse con sus ayudantes femeninas a las que camela invitándolas a trabajar y vivir junto a ella y, por si fuera poco, fuma. ¡Madre mía, qué barbaridad! Ejem, ejem... ¿a alguien le sigue impresionando esto? Puede que en 1970, apenas unos años antes de la Apertura, sí que estuviéramos hablando de un personaje revolucionario. Pero teniendo en cuenta que estamos viendo una película de terror (o eso creíamos) y no una dramatización histórica (que es a lo que se parece), tanto nos da que la mujer sea lesbiana, hetero, bisexual o zoofílica cuando lo que queremos es verla pasando miedo. De hecho, el recurso no parece más que una excusa para aportar un par de escenillas pseudo insinuantes entre Nieve de Medina y Montse Mostaza, tan castas que son incapaces de causar morbo alguno al público de hoy, acostumbrado (y afortunadamente, según mi opinión) a ver a personas del mismo sexo besándose en la parada del bus o en las butacas del cine con toda la normalidad del mundo. La otra protagonista, un tanto de lo mismo: madre soltera que, para colmo, vuelve a quedarse embarazada de alguien con quien únicamente mantiene relaciones sexuales que no van más allá del polvo furtivo. Llegados a este punto uno se pregunta si la película es más feminista que machista o es al revés: que yo recuerde, no hay ningún personaje masculino con frase (tan sólo se ven en forma de extras) y, aunque las mujeres protagonistas muestren unas actitudes que apenas hace treinta años podrían considerarse socialmente como "incómodas" o "transgresoras", al final reciben de un modo u otro un castigo por estos hechos que se salen de lo que alguien extremadamente conservador entendería como propios de "una mujer como dios manda". Principalmente en el acto del aborto (que no sólo practican las dos protagonistas a otras féminas, sino que también a una de ellas mismas) está "La Culpa" a la que hace mención el título del telefilm y en ese sentido Chicho no engaña: de lo que verdaderamente nos está hablando aquí es de remordimientos y penalidades morales. Y eso, perdonen que les diga, me parece un error que supondrá una fuerte decepción para los que han ido siguiendo el devenir de la serie con los dos estupendos episodios previos, llenos uno de tensión y el otro de adrenalina, elementos que aquí (casi) brillan por su ausencia.

Vale que el espectro interpretativo está bien cubierto, que la fotografía de José Luís Alcaine está elaborada, que en términos generales no podamos decir que aburre... pero
La Culpa sabe a poco. Y es así no porque estemos ante una producción de metraje escaso o por su tono minimalista, sino porque durante buena parte de la cinta el director se dedica a marear la perdiz y a jugar con elementos transitorios que pueden poner de los nervios al espectador más impaciente y ávido de emociones fuertes. Un claro ejemplo es el uso de una "misteriosa" puerta al lado de la escalera cuyo pomo se mueve "de manera extraña" cuando una de las protagonistas pasa a su lado. Desde luego, la resolución de esta subtrama te hace pensar algo así como "
¿para eso tanto?". Y más o menos esa es la sensación general que te deja el mediometraje una vez visto, lo cual sólo puede significar que estamos ante un proyecto fallido. De cualquier modo, no me extrañaría que Serrador estuviese muy orgulloso de su "criatura": si lo que pretendía era hacer una historia de leve suspense progresivo con buenas dosis de dramatismo, ambientada en una época pasada y centrada en la labor de sus actrices,
chapeau por él. Pero, repito, no es lo que muchos de los que nos enfrentamos a estas
Películas para no dormir deseamos ver. Parece mentira que el director al que censuraron algunas escenas de ducha y sadomasoquismo lésbico en
La Residencia, y que plasmó en pantalla el asesinato en serie de y contra niños en su segundo largometraje (repito, sobrecogedor y altamente recomendable), se muestre aquí tan apagado, tan "correcto y formal", tan "amable" con el público, a quien no se lo hace pasar mal en es exceso (sentimiento que en teoría uno busca cuando ve cine de terror, pasarlo mal desde la seguridad del sofá), tan, en definitiva (y con esto me estoy aventurando), autocensurado. ¿Se habrá hecho mayor Chicho? ¿Habrá acercado su postura creativa en contra de la violencia audiovisual y conceptual que practicaba antaño? Diría que sí. Pero como dije antes, sólo son conjeturas propias. En un principio esta película llevaba por título
El Ser y su argumento hacía pensar en algo así como una versión patria del magnífico
Estoy vivo de Larry Cohen. Pero el resultado final se asemeja más a la típica película de terror a la que parece que le da vergüenza dedicarse plenamente a provocar miedo o, cuanto menos, suspense. Esperábamos más de ti, Chicho.

Para quienes sufran demasiado con el cine de terror y sólo se atrevan con películas light.
Lo Mejor: El trabajo de las dos actrices protagonistas. La fotografía de Alcaine. La elegancia de la puesta en escena del director.
Lo Peor: Resulta insípida.
Calificación: 5'5 / 10
(Ver Ficha)
Fdo: Darkman
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OTRAS PERSPECTIVAS:
- Ciclo. Peliculas Para No Dormir. La Culpa (Narciso Ibáñez Serrador, 2006) por Javier Angulo Ikazuriaga en OtroCine.com
- Chicho Ibañez Serrador, Maestro del Terror por Ramiro Garcia Bogliano en Que no se culpe a nadie.
servido por cinefagos
5 comentarios
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JUAN dijo
Hola pedro!!!! esta peli la tengo que ver tio!!! aun tengo k ver la de regreso a moira y la anterior k no recuerdo el nombre jeje!!! aver si molan las 3!! vaya articulo te felicito no te desanimes ee!! k ay veces k la gente no escribe, pero no pasa nada!! ya escribiran!! animo
PD: Las pelia asi de niñas dan miedo ee jeje....eso espero
SALUDOSS
13 Octubre 2006 | 11:17