BORAT: No apto para hipócritas

Habrán notado los más avispados que no soy muy amigo de las salas de cine, y que lo mío es paladear con un margen de calma y espacio el cine. Y claro está, poder disfrutar de la versión original. Ya apunté en el avance de la presente que el doblaje sólo hace que llevarse por delante el factor lingüístico, cebándose en el énfasis y los matices léxicos. Y si hablamos de algo tan rico en significados y lecturas como es el humor, pues se corre el riesgo de convertir una comedia cáustica en una comedia simpática.
Algo así ocurrió con el primer film de Sacha Baron Cohen, la alocada ‘Ali G anda suelto’. La doblaron los discutiblemente graciosos Gomaespuma y la mayoría de chistes culturales se perdieron por el camino. Vamos, lo que se hacía por aquí con las aventuras de Cheech y Chong...
Debo decir que en el caso de ‘Borat’ la tragedia ha sido amortiguada por una (en la medida de lo posible) fiel traducción. Así uno puede disfrutar de gran parte del humor contenido en la original.
Como en el caso de Ali G, se parte de nuevo de la figura del ‘misfit’ o inadaptado social, jugando la carta de las minorías étnicas para alegría de muchos (yo el primero), hartos ya de la censura encubierta que campa a sus anchas en estos días que nos ha tocado vivir. La tiranía del buen rollete, del socialismo de boquilla y del mantener las buenas y filantrópicas formas, no se vaya a ofender a alguien. Las feministas, los machistas, los racistas, los homófobos, los terroristas... todos reciben lo suyo. Basta decir que muchos abandonaron la sala a media proyección, cuando seguramente no sabían qué les había desagradado.

Y qué mejor forma de tirar por tierra toda la pantomima con un documental (el género predilecto de los salvapatrias). Bueno, semidocumental, pero ahí está la gracia del invento, pues el aparente objetivismo sirve para ilustrar mejor lo poco evolucionado que está el planeta, concretamente la zombificada sociedad norteamericana (en su mayoría, ojo).
El garrulismo sureño y la incultura de mucho yanqui (sea cual sea su extracción social) queda patente en más de un tronchante momento. La escena del rodeo en Texas acaba provocando puro terror al ver a tanto ultraderechista mascatabaco y comemazorcas, convencidísimos todos de su noble y cristiana causa, mostrando una esforzada deferencia al bueno de Borat. Porque el protagonista de este singular análisis social es un pobre hombre que poco sabe más allá de su propio país, y ahí está el chiste. La contraposición hombre de costumbres-mundo moderno, como en el cine de Jacques Tati, lo de siempre en el psicotrónico y moralista universo de Paco Martínez Soria.
Pero los mejores momentos se dan alrededor de los judíos, quienes son tratados como auténticos demonios; un salto al vacío, teniendo en cuenta que el propio Baron Cohen lo es y práctica una rama de humor judío de intenciones subversivas, al igual que el célebre Lenny Bruce. La escena del bed & breakfast es antológica, parodiando El Proyecto de la Bruja de Blair con resultados de una hilaridad que casi me cuesta la vida.
Se acierta al no abusar del chiste sangrante, alternándolo con momentos tiernos o incluso reflexivos, donde brilla el aturdimiento de Borat frente a los extraños norteamericanos. La dirección de Larry Charles es puramente funcional, aunque cabe decir que ‘El Show de Larry Charles’ estaba planteado de manera muy similar a este film. El mismo Charles se codeaba con gentes del espectáculo, era invitado a fiestas y les insultaba o provocaba accidentes sólo para sacarles de sus casillas, todo en tono documentalista.

Será muy relativa la gracia del film, también la necesidad de su existencia, pero no se puede negar que es un tipo de comedia que brotó con fuerza a mediados de los 90 para luego desaparecer, y es precisamente su aparición ahora la que ya le otorga su mucho de relevancia.
Con un muy buen ritmo, que sólo decae hacia el final, la película no deja de ofrecer momentos de un atrevimiento elogiable y una mala leche muy necesaria, lo que lleva a cuestionar el estado de salud actual de la comedia. Claro que la mayoría del público que me encontré en la sala no tenía ni puñetera idea de qué es lo que había ido a ver. Supongo que un tipo con bigote y cara de besugo en el cartel siempre es resultón, lo que no deja de ser ilustrativo en cuanto a que nos dice que muchos van al cine por el simple hecho de ir.
Una comedia más sólida y profunda de lo que puede parecer en primera instancia, que ofrece múltiples lecturas sin perder su delirante comicidad.
NOTA: 8/10
LO MEJOR: Su frescura y descaro, su doble naturaleza, el gag del bed & breakfast
LO PEOR: Que se la despache como una comedia de temporada, algún bajón considerable en su último tramo
Fdo: Paul Kersey
Crítica de Chico Viejo sobre Borat en BlogdeCine aquí.
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