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Categoría: consolatione philosophiae

John Rawls, la concepción de la justicia

16 May 08

John Rawls, la concepción de la justicia

La concepción de la justicia probablemente más influyente en los últimos tiempos es la del norteamericano J. Rawls.

En su obra “Una teoría de la justicia”, que data de 1971, presenta una elaborada argumentación destinada a justificar unos principios de justicia aplicables a las instituciones sociales y que si se respetan darían como resultado una sociedad bien ordenada.

En concreto parte de la idea de contrato social de Locke, Rousseau y Kant, que pretende llevar a “un nivel más alto de abstracción”. Crea para ello una situación hipotética, la posición originaria, en la que se sitúa a ciertos agentes que han de establecer por consenso los principios de justicia aplicables a la sociedad futura.

Precisamente para asegurar la vigencia de estas reglas procesales y la imparcialidad de quienes se encuentran en la posición originaria, Rawls introduce el concepto de “velo de la ignorancia”: supone que esos agentes se encuentran privados de ciertos conocimientos, aunque naturalmente deben ser ciertas cosas para poder discutir racionalmente.

Así no deben conocer a qué sociedad pertenecerán, cuál será su estatus social, su suerte en la distribución de las dotes naturales, los datos particulares de su plan racional de vida...; pero sí los hechos generales acerca de la sociedad humana, los principios de la economía política, las leyes de la psicología humana...

Pues bien, los individuos situados en la posición originaria y bajo el velo de la ignorancia deben “jugar” hasta llegar por consenso a la formulación de los principios de la justicia.

En opinión de Rawls el consenso se lograría en torno a los dos siguientes principios:
Primer principio: “Cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos”.
Segundo principio: “Las desigualdades económicas y sociales han de estar estructuradas de manera que sean para: a) mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con un principio de ahorro justo (principio de diferencia), y b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades”.
Como se ve, la enunciación del segundo principio pone de manifiesto que Rawls presupone que una sociedad justa es una sociedad desigualitaria. Ello se debe a que él piensa que una sociedad con ciertas diferencias socioeconómicas es más eficiente (produce más bienes) que otra en la que rija una igualdad absoluta; y la existencia de más bienes a repartir posibilita que los individuos peor situados puedan salir beneficiados con respecto a la otra situación.

Pero para ello (para ponerse de acuerdo en este principio, que viene a ser una forma de entender la regla de justicia de Perelman) se requiere que los jugadores sean individuos racionales, esto es capaces de apreciar las consecuencias de sus acciones; autointeresados, en cuanto persiguen su propio interés; no envidiosos, por lo menos dentro de ciertos límites, pues aceptan que otros individuos puedan estar en una situación social y económica más ventajosa, si de esa forma mejora también su propia situación (y siempre y cuando se haya respetado el principio de igualdad de oportunidades); y dotados del “sentido de justicia” que, en su opinión, todo ser racional desarrolla bajo “condiciones sociales normales”.

El centro de la teoría de Rawls parece estar en una concepción de la racionalidad que combina la noción de lo racional con la de lo razonable.

Racional significa aquí la acción dirigida a la satisfacción de los deseos o los fines de un agente: lo que para cada cual (o para cada grupo) constituye el bien o lo bueno. Lo razonable supone que el agente está dispuesto a gobernar sus acciones por un principio de imparcialidad desde el cual él y los demás pueden razonar en común. La clave (y de ahí la influencia de Kant) estaría en la prioridad de lo justo, de lo correcto, sobre lo bueno; de lo razonable sobre lo racional.

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Andrómeda

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al borde de un precipicio

5 Abr 08


El miedo a la muerte es el fruto enfermizo del sufrimiento.

A medida que los dolores maduran y se agravan, alejándonos de la vida, nada nos aleja más de la muerte que su cercanía.

He aquí por qué para ti separado de lo inmediato por lo infinito, tus esperanzas no pueden reverdecer sino al borde de un precipicio.

Basta con sufrir, con sufrir largamente, para tomar conciencia de que en este mundo todo es evidencia excepto la vida.

Tú, escapado de sus redes, haces todo lo posible por situarla en otro orden, darle otro curso o, finalmente, inventarla.

Los reformadores eligieron las dos primeras vías; la última es la solución extrema de una extrema soledad.
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Clitemnestra

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impacto de cultura

4 Abr 08

Para el status de realidad del universo

propio resulta menos chocante tener que

tratar con grupos minoritarios de desviados

cuya posición se define “ipso facto” como

locura o perversidad que enfrentar a otra

sociedad que considera nuestras propias

definiciones de la realidad como ignorancia,

locura o perversidad.

Se trata de lo que la antropología conoce

como el “impacto de cultura”.

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Clitemnestra

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krishnamurti, un maestro moderno y sin escuela

31 Mar 08

Krishnamurti nació en la India en 1895 y murió en 1986. A los 13 años lo tomó bajo su protección la Sociedad Teosófica, le consideraba que él era el vehículo para el "instructor del mundo", cuyo advenimiento habían estado proclamando. Krishnamurti. Emergió como un maestro inflexible e inclasificable.

Sus pláticas y escritos no tenían conexión con ninguna religión específica y no pertenecían ni a Occidente ni a Oriente, sino que eran para todo el mundo. Repudiando firmemente la imagen mesiánica, en 1929 disuelve de forma tajante la vasta y caudalosa organización que se había construido en torno a él y declaró que la verdad era una tierra sin senderos a la cual resulta imposible aproximarse mediante ninguna religión filosófica o secta convencional.

Por el resto de su vida rechazó insistentemente la condición de gurú que otros trataban de imponerle y negando él mismo su autoridad, no queriendo discípulos y hablando siempre como un individuo habla a otro. El núcleo de sus enseñanzas estaba la comprensión de que los cambios fundamentales de la sociedad podían tener lugar sólo con la transformación de la conciencia individual: acentuaba constantemente la necesidad del conocimiento propio y la captación de las influencias restrictivas y separatistas originadas en los condicionamientos religiosos y nacionalistas.

Fue educado en la india y después en Inglaterra y viajó a los EEUU donde vivió y murió a los 90 años. Pero no se trata de un maestro adscrito a una escuela ni religiosa ni filosófica. Tan sólo estuvo en la escuela Teosófica de la india que abraza todas las religiones. Pero no está relacionado ni con el brahamisno ni con el budismo y adopta al mismo tiempo un porte y un estilo occidental y también fluye a través de su gesto sus raíces hindúes, no cabe duda.

Todas sus pláticas desarrollaban esencialmente un tema primordial: la verdad puede ser descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente en un sólo instante.


La libertad es el cese absoluto de llegar a ser algo.

¿Puede haber una educación en la que no haya ninguna clase de autoridad?


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vacíos y seguros (los principios lógicos)

29 Mar 08

Estimado Zenon:

Frente a esa vacuidad que hablas del ser se me ocurre hablarte de otro vacío, el de los principios de la lógica.


Los principios lógicos son a un tiempo vacíos y seguros, y en eso se diferencian de los restantes principios científicos, falibles pero informativos. La lógica no es sino un conjunto de vaciedades -o de tautologías, relaciones de implicación: de igualdad, negación y tercio excluso-, pero vaciedades tan importantes que -de no ser por la seguridad que nos ofrecen- toda ciencia sería imposible.


Pero espero que sí seguiremos aportando todo aquello que sea objeto de nuestra atención. Gracias, un beso!

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Clitemnestra

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madres e hijas

22 Mar 08


madres e hijas

Para establecer o prolongar las relaciones consigo misma y con el otro es indispensable disponer de un espacio. A menudo, las mujeres quedan reducidas a los espacios internos de su matriz o de su sexo, en la medida en que estos son útiles para la procreación y el deseo de los hombres. Es importante que dispongan de un espacio exterior propio que les permita moverse de dentro afuera de ellas mismas, de experimentar su condición de sujetos libres y autónomos. ¿Cómo conceder una oportunidad a la creación de este espacio entre madres e hijas? Veamos algunas propuestas:

a) Sustituir, siempre que sea posible, las magnitudes artificiales por las magnitudes humanas.
b) Evitar alejarse de los espacios naturales, cósmicos.
c) Jugar con los fenómenos que produce el espejo y los de simetría y asimetría (especialmente derecha-izquierda) para reducir la proyección y la anulación en el otro, y los fenómenos de indiferenciación con el otro, ya sea la madre, el padre, la futura pareja amorosa, etc.
d) Aprender a no moverse siempre en el mismo sentido, lo que no significa dispersión, sino un saber circular de dentro afuera y de fuera adentro de una misma.
e) Interponer entre la madre y la hija pequeños objetos realizados a mano para compensar las pérdidas de identidad espacial, las fracturas del territorio personal.
f) No contentarse con describir, reproducir o repetir lo ya existente; saber inventar o imaginar lo que aún no ha tenido lugar.
g) En los intercambios verbales, crear frases en las que el yo-mujer hable al tú-mujer, especialmente de ella misma o de una tercera mujer. Esta clase de lenguaje, prácticamente inexistente, contrae enormemente el espacio de la libertad subjetiva de las mujeres. Podemos empezar a crearlo sirviéndonos de la lengua habitual. Madres e hijas pueden practicarlo bajo la forma de juegos afectivos y didácticos. Esto significa concretamente que la madre-mujer se dirige a la hija-mujer, que utiliza las formas gramaticales del femenino, que habla de cosas que les conciernen, que habla de ella misma e invita a su hija a hacerlo, que evoca su genealogía, en especial la relación con su madre, que habla de ella misma, que habla a su hija de las mujeres que tienen una dimensión pública en la actualidad y de aquellas que la tuvieron en la Historia o en la mitología, que pide a su hija que le hable de sus amigas, etc. Cuando las hijas comienzan a frecuentar el colegio aprenden el discurso del él/ellos o del entre-él/ellos. En cuanto a las escuelas mixtas, aunque presentan ciertas ventajas, desde este punto de vista serán poco favorables al desarrollo de la identidad de las niñas mientras los códigos lingüísticos -gramatical, semántico y lexicológico- no evolucionen.
Sólo la madre está actualmente en condiciones de preocuparse de dar a su hija, a sus hijas, una identidad como tales. Las hijas que somos nosotras, más conscientes de aquellas cuestiones que conciernen a las necesidades de nuestra liberación, podemos también educar a nuestras madres y educarnos entre nosotras. Todo ello me parece indispensable para los cambios sociales y culturales que estamos necesitando.
Andrómeda

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la razón, estructura de intelección sentiente

22 Mar 08

Como buen conocedor spinoziano que es suscribo lo que usted dice y me gustaría destacar estas palabras, que también me dirigía la anterior vez, para poder ahora dar una respuesta más concluída:


Utilizando el "logos", el sentimiento es relegado a su debido sitio, aparte. Sus mixturas están muy bien, son muy bonitas, pero me son completamente ajenas. Llegará con la mezcla de "Logos", "Ethos" y "Pathos" al color gris ceniza de la vuelta a la astrología y la ignorancia”. (Daven dixit)

Por otra parte esta vez usted se atreve a ir con la razón por el camino de la comunicación y el lenguaje y nos trae a wittgenstein y ello le honra y me parece un acierto.

No obstante, voy a dar también ahora mi planteamiento abordando otras filosofías de cómo se puede pergeñar hoy un pensamiento acerca de la razón y de la racionalidad.

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Para no sucumbir al riesgo de “masividad” y de percepción nómica que tiene la concepción de una “actitud natural” ante la vida, por el efecto de la presencia masiva y real de las actitudes primarias en la vida cotidiana hemos adoptado un concepto de “subjetividad” que se lleva hasta sus últimas consecuencias, hasta su “física” realidad.

Efectivamente por socialización primaria aprehendemos un mundo efectivamente dado, en la experiencia directa, como real y mundo nómico, es decir, ordenado y jerarquizado dentro de un lenguaje y de un conocimiento más o menos típico, de receta o formulario y que considera problemático todo lo que tiene un aspecto oscuro o fuera de la presencia nómica y efectiva de las cosas.

Este efecto de masividad y de percepción nómica genera un concepto de subjetividad indefinido, por ello hemos adoptado la última crítica que Javier Zubiri (Inteligencia y logos) hace a Edmund Husserl.

Siendo la estructura de la intelección distintos “modos físicos” de estar ante las cosas -o siguiendo el lenguaje que nos ofrece la psicología contemporánea, serían modos de asimilación física y de integración orgánica sobre la información que recibimos de las cosas (M. Merlau-Ponty, J. Miller).

De estos modos, la “razón” sería uno de ellos, como también lo es el “lenguaje” (el logos) y la “afección primordial”.

De esta forma el efecto radical que tiene establecer la “primera impresión” en cada uno de esos modos -pues la impresión primaria tiene así mayor riqueza de contenidos que en sus sucesivas actualizaciones, aunque éstas puedan ser luego más exactas o adecuadas con su realidad actual pero se adecuan sobre la base de aquélla impresión primordial.

De esta manera se postula un determinismo desde la primera y física percepción de una cosa, según sus modos físicos, es decir, se trate bien de un “sentir primordial”, bien de una “alteración lógica” por medio de relaciones o del lenguaje, o bien finalmente como una determinación fundamental de la “razón”.

Del modo cómo sea esta aprehensión primaria así se originan las posteriores, aunque a veces corremos el peligro de encerrarnos en un universo de sentido como en un “hortus conclusus” del modo que ello puede originar conductas desviadas de la realidad o distrofias,al escapar del sentir libre.

En cuanto al problema de la “objetividad” y de la “causalidad” del conocimiento no tiene otra entidad que la de ir situando los distintos modos de “estar” en la realidad. Se trataría de convertir una tipificación social en el proceso de sus unidades de conciencia subjetiva y en internalización de la conciencia.

El mismo proceso de la tipificación objetiva de la norma lo haríamos coincidir con los distintos niveles de la estructura intelectiva, que son: la “afección primordial”, el “lenguaje” (logos y relación) y la “racionalidad” (o fundamentación), en los procesos de comunicación entre realidad y mundo social, y entre las estructuras del lenguaje y la racionalidad.

El problema quizá está en la definición de los sujetos como algo separado de su objeto, tal ocurre en un racionalismo como el kantiano o como si al contrario no hubiese más objeto que percibir que la pura percepción, lo que ocurre en un subjetivismo.

Más bien hay que definir el sujeto como producto también de sus objetivaciones y, por tanto, como producto social (Peter Berger) y de la función ideológica del lenguaje (Adam Schaff) y de las tipificaciones sociales y la burocracia (Jack Goody). En este sentido su objeto es también una percepción real suya pero en tanto que real no es sólo del sujeto. También las leyes científicas obedecen a la posibilidad de orientación lógica, pero esta orientación depende de una acción de sentido y se origina en el sentir.

Por tanto, no hay sujeto y objeto sino unidad estructural de afección de sentir y realidad. Sabiendo que “la” realidad es un constructo, un concepto construido también y que de ella se toman sus notas percibidas en una unidad y en un momento de la aprehensión “actual” de lo real.

Tanto el criticismo racionalista, como el subjetivismo, como el realismo ingenuo, no acogen este sentido de la realidad, sino que toman las notas de la realidad respectivamente como “objeto”, o como “sujeto” bien como “cosas” cuando son cualidades sensibles.

De este carácter de actualidad van a derivarse conceptos tan importantes para la lógica de la argumentación como la “coherencia”, la “consistencia” narrativa y la “adecuación” a un proceso intelectivo.

La necesidad es un “valor” y una categoría lógica de actualización distinta que la obligatoriedad pero ambas son modos de actualización de la fuerza de la realidad. La obligatoriedad sería un modo de ulterioridad sobre la necesidad, toda norma de obligatoriedad tiene intrínsecamente una condición de necesidad -o “modal” de contingencia o posibilidad- pero no a la inversa.

Por ello cabe decir de un valor moral que puede ser un “hecho moral” desde el momento que se realiza efectivamente en la realidad y puede ser observado por todos como un hecho evidente de que estamos ante una pauta o un comportamiento que se constata, eso es para mí un hecho moral.

Otra cosa es que quiera hablar de un derecho o una moral que no se cumple, ahí no hay hecho. Sólo existe el hecho de su tipificación objetiva, pero como tal se ve que no es eficiente o por desuso se ha invalidado a sí misma.

Sólo desde una epistemología ingenua se puede creer que los hechos no pueden convertirse en valores y viceversa los valores no pasan a ser hechos. Otra cosa es que los operadores lógicos del lenguaje los usemos con distinta funcionalidad. No es posible postular un mundo de hechos como diferente de un mundo de valores, es una falacia (otras veces se ha hablado de la falacia naturalista -Hume- pero su contraria también lo es), debido a una mala comprensión del modo en que opera el lenguaje valorativo (Searle, Frankena).

De los hechos sólo se puede predicar la verdad/falsedad, está bien, es así. Pero Leibniz ya dejó constatado en esta lógica que siempre cabía la posibilidad de un “tercio excluso”, es decir de algo totalmente diferente por pertenecer al concepto de lo “indeterminado”. Pues bien ahí es donde se incluye esa realidad y ese concepto que permite hablar de algo, de una cosa, que no es ni verdadera ni falsa sino que está indeterminada, generalmente porque se trata de una tipificación social y depende de su valor de actualización social en la realidad, lo cual es de difícil determinación, a pesar de todos los adelantos tecnológicos y estadísticos con que contamos.

De este modo la razón deriva hacia lo “razonable”, depende de conceptos como la habituación o la frecuencia de un lenguaje.

Por otro lado, las normas “no” son enunciados de verdad o falsedad, sino enunciados que “accionan” algo, que están en función de la alteración de algo, que actúa como mandatos e imperativos.

De una norma no se puede decir que es verdadera, y esto es lo más seguro que quizás quiso decir Nieztsche con aquellas expresión. La norma se cumple o no se cumple, de ella sólo se puede enunciar su racionalidad, su fuerza de obligatoriedad, su validez normativa.

Lo que en ningún caso debemos hacer es decir que por que se utilizan determinadas categorías morales o jurídicas estas son necesarias y convenientes e incluso verdaderas. Más bien hay que partir de la justificación de los hechos (y de ahí mi rechazo del platonismo también y del idealismo y quiero que lo entienda y que justifique así que me extienda en el discurso). Más bien habría que partir del contexto social, cultural, personal donde se sitúa la norma y ver si cumple el requisito de fundarla en un valor universalizable que justifique a la norma, y que haga posible que sea argumentable y comunicable su conocimiento de lo real y de su valor moral.

En cuanto a la “razón” usted no me da ninguna definición precisa, se limita a incluirla en el “logos”, lo cual me parece certero pero insuficiente. Y alabo su nivel de introspección filosófica como su intuición en la orientación del pensamiento hacia la historia.

Para que se construya el conocimiento de racionalidad es necesario que se cumplan los postulados de adecuación, coherencia lógica y también conformidad con la realidad (éste ultimo concepto usted no lo ha reseñado y se ha quedado simplemente en el lenguaje absorbido). La racionalidad se puede construir no sólo por “logificación” sino por “modelización” de la realidad y usted debe saberlo para no caer vencido por cualquier positivismo o lógica del lenguaje.

La racionalidad se puede construir, primero, por “modelización” o por la presentación física de la realidad -por estándares admitidos de conducta (taken for garanted), pautas orgánicas-, segundo, por “homologación” o logificación de la realidad y, tercero, por “postulación” o una determinación fundamental. Ambas modalidades se apoyan en tres aspectos de la realidad respectivamente: experiencia libre, sistematización libre y libre construcción.

Pero más que la fuerza de su propia coherencia lógica o de su sistematicidad es la fuerza de “la” realidad lo que está imponiendo una racionalidad u otra.

Por eso para mí es muy importante hablar de la fuerza de modelización de la realidad, y por eso usted me achaca en mi anterior alocución que haya eludido referirme al “lenguaje” para poder definir qué es la razón.

El lenguaje es muy importante para la coherencia lógica de la razón no lo niego pero por ello mismo se corre el peligro de eludir la otra variable: la de la presentación física, la de la primacía radical de la realidad por “modelización”.

Es esto, la fuerza de la realidad, y no el lenguaje en sí -aunque también puede serlo éste por su fuerza institucional que no podemos olvidar-, lo que constituye la dinámica y la alteración constitucional de la racionalidad. Es esto lo que da sistematicidad orgánica a un lenguaje, su fuerza de sentido psico-social y de validez normativa.

Lo que sí efectivamente Nietzsche es en teoría, es un opositor del hedonismo ético, Y en este sentido que albergo aquí, Nietzsche, sí, lo considero un racionalista también, como tú dices, pero no porque haya construido una lógica del lenguaje, ni un sistema de filosofía, sino porque se da cuenta mucho antes que nadie de la clave psicológica y la fuerza por la que se mueven los movimientos sociales. Construye la realidad por “modelización”, es decir, por la presentación de su fuerza, y en cierta manera se da cuenta del “hecho institucional” y de la fuerza que tiene este hecho en la misma experiencia de los pueblos y en la reproducción de ella, así como de los movimientos que se sucederán después, en forma de revolución o de transvaloración ética.

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En cuanto al problema de la libertad le digo también como le he dicho a Zenon lo siguiente:

La libertad sería una “ilusión”, pero una “idealización” al cabo posible, sí, así es como la veo yo, pues a pesar de nuestros condicionamientos, creencias, genética y ambiente, la realidad es tan múltiple de formas y siempre nos supera con sus leyes -llamémosle así-, que nos vemos obligados a “elegir” de alguna forma entre toda la vorágine aglutinadora que se nos ofrece.

Y ello es así aunque esta “elección” dista un tanto de ser una elección absolutamente libre y sin condicionante alguno. Casi siempre nos debemos a las impresiones primarias que tenemos de la realidad y a las que hemos aprendido en nuestra socialización primaria, o, al menos, debemos partir de aquí, de un conocimiento compartido y aprendido como “recetas” o en forma de historias contadas o modelos, en nuestra primera socialización. De nuestra libertad depende que lo cambiemos precisamente y que podamos alejarnos todo lo que sea posible de él para construir otros nuevos modelos más adecuados con nuestra percepción física de la actualidad.


En este sentido, inteligencia y sentir es lo mismo, es una unidad de intelección sentiente en aprehensión de realidad en actualidad.


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Clitemnestra

La falacia naturalista

Sobre física cuántica

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La razón, unidad de intelección

21 Mar 08

Estimado daven,

como nuestro amigo Zenon no está en su blog he preferido seguir conversando con usted sobre la ética de Spinoza y la razón aquí en mi blog.

A veces es tan poco lo que interesa la filosofía que cualquier oportunidad merece la pena.

Transcribo aquí primero el texto de su consideración que se originó en medio de una discusión sobre la índole aceptable o no de la “culpa” y del sentimiento de remordimiento en el plano moral.

Usted decía lo siguiente:

lo dijo Daven :

La culpa no ocupa lugar alguno dentro de las figuras del "logos". Es una apelación persuasiva que pertenece al "pathos".

Tal y como aparece en la "Ethica" de Spinoza:

Proposición LIV:

El arrepentimiento no es una virtud, o sea, no nace de la razón, el que se arrepiente de lo que hace es dos veces miserable e impotente.

(Ethica - Parte IV)

La demostración viene después. Se trata sencillamente que la conmiseración es una tristeza y como tal, una represión de la alegría, y por tanto hablando de la naturaleza ineluctable de los hechos pasados, una conmiseración acerca de estos no es adecuada a los principios de la razón.

Spinoza observa la utilidad tanto del arrepentimiento como de la humildad en las formas en que un Gobierno puede someter las pasiones de un pueblo y hacerlo más previsibles.”

A lo que yo le respondí sobre la contradicción que se creaba en Spinoza entre la razón y la libertad del hombre que era determinada por leyes universales y cómo él mismo hablaba de la arbitrariedad de los valores, así como pretendía justificar, pese a todo, en la razón el mostrarse contrario a la sumisión y los valores de una religión, de ahí su justificación de la razón. Pero la expresión "no nacer de la razón", referido al arrepentimiento, a mí me resultaba bastante chocante y le acusé de haber cierto platonismo en ella.

Y nuevamente usted me respondía así:

“lo dijo Daven

No veo ninguna contradicción en el planteamiento de Spinoza. De hecho es él quien utiliza la expresión "nacer de la razón". Esto solo significa "ser consciente de su coherencia". Aquí Platón no tiene cabida.

Utilizando el "logos", el sentimiento es relegado a su debido sitio, aparte. Sus mixturas están muy bien, son muy bonitas, pero me son completamente ajenas. Llegará con la mezcla de "Logos", "Ethos" y "Pathos" al color gris ceniza de la vuelta a la astrología y la ignorancia.

Evidentemente, los valores son convenciones humanas. No hay hechos morales (Nietzsche). Si usted no lo soporta, no es mi problema. ¿Si la tierra estalla y nos convertimos en polvo cósmico se ha realizado algo "malo"? ¿Quién juzga y función de qué? No existen valores ultramundanos, solo sociales.

Termino como siempre con el dialéctico sin vicios, Heráclito de Éfeso

"No escuchándome a mí, sino a la Razón, concluiréis que todo es Uno y lo mismo"

Yours

Lord Gordon Byron, salami's machine”

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Hasta aquí se quedó su respuesta, después yo por no abusar del espacio de Zenon, preferí dejar la polémica suspendida pero ahora con renovadas fuerzas y tras un pausado momento reflexivo, me propongo continuar con semejante debate o charla filosófica sobre qué sea la índole de la moral o de un valor moral, así como espero que esto mismo nos lleve a una definición compartida del concepto de razón.

Me debo permitir empezar haciéndo la afirmación de que se trata de una "ilusión" creer que la razón existe sólo dependiente del entendimiento humano y aislada de resto de las leyes universales y ese fue el error que cometió Spinoza al igual que su predecesor Descartes. Y que después cometería Kant al postular que la razón puede aislarse en el “objeto” fuera del sujeto, lo que vendría después Husserl a enmendar.

Por tanto, bájese de su ilusión que es idealista o materialista, o mecanicista.

Sí pueden existir “hechos morales”. Lo que pasa es que Nietzsche juega con las palabras, pues él es un gran prestidigitador de las palabras y especialmente en convertir valores morales en hechos.

¿Cómo lo hace?

Pues a través de eso que él llama la “transvaloración de todos los valores” que opera cuando la clase esclavizada asciende al poder y esos valores propios de una moral de esclavos se convierten en los valores aristocráticos de la clase dominante, comenzando así un nuevo orden moral.

De esta forma se demuestra cómo la humillación y el resentimiento, así como el hecho de sentirse culpable opera una transformación psicológica en la persona que adopta como un hecho los nuevos valores. Llámese ideal guerrero o del sacerdote o moral del superhombre.

Desde el momento en que la moral aspira a realizarse aquí en la tierra y no en otro sitio puede empezar a llamarse a su afirmación la de un hecho moral o un fenómeno moral y sociológico.

Lo que caracteriza -en la lógica- a los hechos, como Durkheim decía, es que son fenómenos que pueden observarse universalmente (por tanto no estoy hablando de astrología o ciencia oculta).

Como tal de los hechos sólo se puede predicar la “verdad/falsedad” de los mismos. (De ahí su reticencia por tanto a que se pueda hablar de un “hecho moral”, como buen wittgensteiniano que es).

Pero ello no quiere decir que los mismos hechos cuando se someten entre sí a “reglas” o medidas de relación, entre ellos mismos se transformen en otras categorías de hechos y valor. Son lo que llamamos reglas o valores. Y sobre ellos se puede predicar la necesidad o contingencia, como la posibilidad e imposibilidad de su afirmación.

Aquí es precisamente cuando empieza el Logos, que empieza con la regla y el lenguaje. Por medio de estas reglas de necesidad hemos transformado al hecho en un hecho de valor (aunque sólo sea un valor psicológico, es decir no todavía normativo), pero ello no significa que haya dejado de ser un hecho.

Del mismo modo, y para determinar qué es la Razón, por mucho que queramos separarla de la realidad nunca podremos. La razón sólo existe en “unidad” de impresión "sentiente y realidad".

La razón sería una postulación radical de la realidad desde aquí hacia el futuro aunque normalmente solemos ponerle un límite de un plazo para que se realice, esa sería su condición incondicional.

Pero la misma fuerza de los hechos y de la necesidad es lo que hace que una razón se imponga sobre otra, por ello la razón se construye homologando los hechos, verificando, certificándolos. Y ella misma es también un hecho de razón, la verdad racional. Sus postulados son universalidad e información general, y “libre” postulación de la realidad, es decir, libertad. Precisamente porque la razón es una modalidad del “sentir” o intelección sensible, por eso necesita de libertad.

La “razón” sólo es una modalidad “más” del sentir, además de la “inteligencia sensible” y del “logos”. Pero su formalidad está más recubierta sobre el sentir, el sentido del centro (cinestesia y kinestesia), de la intimidad y su ser reflexivo.

Como dice Heráclito todo es una sola “unidad” en dialéctica.

Pero sólo hay una “unidad”, que es la unidad de intelección y realidad. Esta unidad no la podemos separar, incluso por encima del sujeto (que sería otra ilusión), lo único que de verdad existe es la unidad de “inteligir y realidad”, en una sóla impresión de realidad.

Esta es la única “unidad” que yo conozco y a la que me debo, mas que le pese a usted. Ni leyes universales, ni científicas o mecánicas absolutas (a no ser que sea la revolucion de la cuántica que viene a establecer algo diferente), y no puedo saber qué hay objetivamente en la realidad, ni fuera de mi impresión, sólo podemos abarcar lo que sentimos, no puedo decir tampoco que la realidad sea en sí misma una cosa absoluta y sólo una.


Clitemnestra

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