SUPONGO QUE LLEGARÉ...
A más de 10.000 metros de altitud, embutida dentro de un tubo metálico y rodeada de desconocidos, supongo que llegaré a mi destino. Digo "supongo" porque en mi lugar alguien supersticioso habría optado por quedarse en tierra. A punto estuve de cambiar los billetes por culpa de toda una serie de acontecimientos sucedidos previamente. Pero, al contrario que aquel 11 de Septiembre del 2001 en que sí varié mi viaje -esa es otra historia que puede que os cuente otro día-, en esta ocasión he preferido hacerle un guiño al destino. Claro que, también es cierto que no me sucedió la señal más importante de todas: el ser avisada de manera onírica. Pero mejor vayamos por partes.
No me tengo por alguien asustadizo, exageradamente hipocondríaco, ni tampoco supersticioso, pero lo cierto es que algo en mí me empujaba a quedarme en tierra. Tal vez fuera porque a nivel personal estoy viviendo una etapa preciosa, serena, ilusionante, feliz y dulce y lo que menos deseaba era poner más de dos mil kilómetros de distancia entre los culpables de tanta dicha y yo. Así que, hace un par de semanas, acariciando uno de tantos tarots, en silencio, le pregunté directamente: "¿me la pegaré en el vuelo?".
Agarré la carta escogida con los ojos cerrados y dicho naipe habría sido motivo de infarto para más de uno: la dama negra, la muerte, jugueteaba entre los dedos de mi mano izquierda. Sonreí y le dije a mi amor de vidas: "ahora sí que la cagamos del todo, jeje".
Él le quitó importancia porque, como ambos sabemos muy bien, ni se pueden hacer tales preguntas al tarot, ni la Muerte ha de conllevar el estar pronto criando malvas. Aún así, dentro de mí, continuaba anclada cierta inquietud.

Pasaron los días, llegaron las noches y las últimas cuatro madrugadas se sucedieron entre sueños que me hablaban de la muerte de un vecino anciano al que hace semanas que no veo y a cuya esposa, a través de mis ventanas, contemplo sola y vestida de negro, y entre sueños con accidentes aéreos. Dos aviones estrellados -cada uno de ellos en un sueño diferente- al ir a tomar tierra en un lugar costero que relacioné con mi islita querida, con mi Tenerife, el lugar hacia el que vuelo en estos precisos momentos.
Como aquel mes de agosto del año 2001, en ambos escenarios era una lejana observadora de sendas catástrofes aéreas. Es decir, era testigo de los choques, pero yo no iba en las naves, ni mi vida corría peligro puesto que me hallaba a una distancia considerable del lugar de los hechos. Eso sí, el último de estos sueños, ocurrido justo anoche, era más cercano y peligroso ya que tenía que esquivar pedazos pequeños de chatarra del fuselaje del aparato destrozado.
Supongo que llegaré pese a que ayer por la tarde, justo cuando me metí en la cama para descansar un rato, desde la caja boba me di de narices con la película "¡Viven!", relato que narra la historia real de un grupo de jóvenes chilenos de la década de los 70, cuyo avión se estrella en Los Andes y que para sobrevivir allí arriba, solos, en pleno invierno y durante meses, se vieron obligados a alimentarse de los cadáveres de sus compañeros muertos. Recordé entonces cuando di con el libro original y escrito por ellos (si no me equivoco), en la biblioteca de mi colegio, una mañana, por pura casualidad, hace ya muchos lustros. Yo debía tener alrededor de diez u once años y la historia me subyugó, impresionó y "me encantó". La película hace tiempo que forma parte de mi videoteca particular, pero así y todo, no pude evitar robarle horas a mi descanso para volver a verla.

Supongo que llegaré pese a que, esta mañana, al despertarme, Barcelona habría dejado a Londres a la altura del betún. En siete años vividos en la Ciudad Condal, jamás vi cosa igual, podía cortarse la niebla con un cuchillo jamonero.
Supongo que llegaré pese a que, tras 40 años con el mismo ascensor, a la comunidad de vecinos se le ha ocurrido cambiarlo justo ahora y hemos tenido que bajar desde un sexto piso -para los efectos, un séptimo real- cargando con casi 20 kilos de equipaje.
Supongo que llegaré pese a que en el aeropuerto éramos miles los pasajeros que rebosábamos en las colas de facturación de mi compañía aérea por lo que tuve que esperar 45 minutos de pie, calzada con unos botines nuevos de taconazo, comprados el día anterior, hasta que me llegase el turno.

El avión comienza el descenso. Ya se adivina la silueta picuda de mi triángulo terrenal, gracias al Padre Teide. Supongo que llegaré.
(Texto escrito durante el vuelo Barcelona-Tenerife Norte del domingo 24 de febrero del 2008)

























































Peta's Super Chick Sisters



























catalaneta dijo
Clito preciosa,
Pasa por mi Blog a buscar tu nominación
Un besazo
Cata
27 Febrero 2008 | 12:04 AM