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Blog Sobre la clonación

17 Junio 2007

César Nombela. Células madre, encrucijadas biológicas para la Medicina

César Nombela. Células madre, encrucijadas biológicas para la Medicina.

Edaf. Madrid (2007). 226 págs. 20,20 €

La investigación con células madre se ha convertido en uno de los campos más prometedores para hacer realidad la Medicina regenerativa. Pero muchas veces las informaciones se ven condicionadas por una visión parcial de las cuestiones bioéticas y médicas que están en juego. César Nombela, catedrático de Microbiología en la Universidad Complutense, acaba de publicar en la editiorial Edaf el libro "Células madre, encrucijadas biológicas para la Medicina", con el fin de divulgar la realidad actual y las posibilidades abiertas por estas investigaciones. Reproducimos algunas páginas en las que contrasta los avances obtenidos con células madre adultas y con las de origen embrionario.

No hay experiencia del empleo de células de origen embrionario en clínica humana. Al contrario de lo que sucede con las adultas, no se ha podido diseñar estudio alguno de terapia experimental con líneas de células madre humanas de origen embrionario. Las células de origen embrionario crecen con mayor vigor en las placas de cultivo, y muestran una pluripotencialidad notable comparadas con las adultas. Por ello se ha logrado inducir su diferenciación "in vitro" hasta generar la mayor variedad de tipos celulares. Sin embargo, sigue siendo inseguro tratar con células de este tipo.

Células embrionarias: empleo inseguro
Dejando aparte la valoración ética del empleo de embriones humanos para derivar células madre, hay dos razones por las que el hipotético empleo de células madre embrionarias resulta tan inseguro que hasta ahora no se ha podido abordar ningún tratamiento con células de este tipo. En primer lugar, está el problema de la compatibilidad inmunitaria, por la limitación en el número de líneas celulares. El segundo problema es el del potencial cancerígeno de las células de origen embrionario cuando son trasplantadas a un organismo adulto, como ha puesto de manifiesto la experimentación animal.

Las líneas existentes de este tipo de células madre derivan de unos pocos embriones, lo que supone por tanto un conjunto muy limitado de posibilidades desde el punto de vista de la histocompatibilidad. Los trasplantes de médula ósea son en muchos casos trasplantes alogénicos, es decir, el receptor del trasplante recibe células de otra persona. Generalmente, la compatibilidad se logra buscando posibles donantes entre parientes próximos, con lo que las probabilidades de que haya compatibilidad son altas.

Pero, a falta de donantes emparentados histocompatibles, hay posibilidades de encontrar donantes compatibles no emparentados en los bancos de médula ósea o en los de células de cordón umbilical, dotados generalmente de un número muy elevado de muestras. No es el caso de las células de origen embrionario. De hecho, el establecimiento de bancos dotados de miles de líneas celulares representaría un notable esfuerzo, tiempo y recursos. Hoy por hoy, estamos lejos de disponer de bancos con decenas de miles de líneas que facilitaran el hallazgo de células compatibles para muchos receptores.

Se han tomado iniciativas para la creación de bancos de células humanas de origen embrionario. El UK Stem Cell Bank, fundado por dos de los consejos de investigación británicos (el Medical Research Council y el Biotechnology and Biological Sciences Research Council), albergaba, en octubre de 2005, 24 líneas celulares, ninguna de las cuales puede ser usada en tratamientos en humanos. El US National Stem Cell Bank, que se situará en el WiCell Research Institute, en Madison (USA), cuenta con una importante dotación económica de los National Institutes of Health para archivar y distribuir las líneas de células madre humanas de origen embrionario, aprobadas para su manejo en proyectos financiados con fondos federales. Con carácter más especializado, se ha creado en Edimburgo la rama europea del Stem Cell Sciences de Melbourne (Australia), que desarrolla células madre neurales, similares a las encontradas "in vivo", y derivadas tanto de embrionarias como de fetales y de tejido cerebral de adulto. Se plantea su puesta a punto sobre todo para investigación biomédica y pruebas "in vitro" de fármacos. (…). Se han aprobado otros bancos, como el de Granada (España), cuya evolución y posibilidades están por sustanciarse.

Formación de tumores
En cualquier caso, el establecimiento de líneas de células madre de origen embrionario no es una tarea sencilla, son varios los problemas técnicos que han de superarse, sigue siendo un reto asegurar la obtención de líneas de células de origen embrionario de suficiente madurez, funcionalidad y pureza. Entre las dificultades está la sustitución, en los medios de cultivo, del lecho nutritivo de células de ratón (fibroblastos) normalmente empleado para su cultivo. Esta sustitución ya se ha logrado en algunos casos, pero está por resolverse con carácter general. Por ello, las células madre pueden incorporar productos de origen animal a los componentes de su membrana, lo que determina una modificación química que potencia su capacidad antigénica, con mayor riesgo de rechazo inmunitario (…).

El segundo problema, el de mayor envergadura, está en la capacidad tumorgénica de las células madre de origen embrionario. No cabe en esto, ni en casi nada, establecer generalizaciones, pero es de lógica pensar que el mayor potencial de crecimiento y diferenciación puede hacer menos controlable el desarrollo de las células. La experimentación animal demuestra en muchos casos esta capacidad de formación de tumores, fundamentalmente teratomas, en los que aparecen células diferenciadas de los tipos más diversos (…).

¿Embrionarias frente a adultas?
(…) La contraposición de un tipo y otro de células madre está directamente en la raíz de una cuestión de capital importancia. Se trata de valorar lo que significa el embrión humano en sus estadios más iniciales, la consideración ética que merecen las intervenciones que puedan destruirlo para propósitos instrumentales y la protección jurídica que se le debe conceder en el ordenamiento legal.

(…) ¿Cuál es la realidad actual de su empleo en tratamientos experimentales? Aparte de ensayos de reducido alcance, ya hemos señalado que la única forma de avanzar será realizar ensayos clínicos rigurosos y fiables, cuyos resultados puedan ser contratados para alcanzar conclusiones de valor científico. La web www.clinicaltrials.gov recoge un buen resumen de ensayos clínicos en todo el mundo. En ella se informa de más de 550 ensayos registrados con células madre adultas, la mayor parte ensayos diseñados para tratamientos de enfermedades, mientras que unos pocos se refieren simplemente a la recogida de materiales celulares que podrían utilizarse para tratar. Solo aparecen dos estudios planteados con células madre embrionarias, ninguno de los cuales constituye un ensayo clínico con enfermos, sino que se refieren a la creación de bancos de líneas celulares a partir de embriones que puedan ser donados para investigación y, en su caso, experimentación clínica. (…)

Ensayos clínicos con células madre adultas
La cantidad más que notable de ensayos con células madre adultas que están en marcha nos permite pronosticar que su número se incrementará notablemente (…). Es imposible detallar la riqueza de posibilidades, y lo sugerente que resulta para el avance de la medicina regenerativa tal cantidad de planteamientos de experimentación con estas células. Las principales conclusiones son:

– La inmensa mayoría de los ensayos –la práctica totalidad– se basan en células madre hematopoyéticas, por algo constituyen la fracción de células madre con propiedades mejor documentadas y con un notable potencial para el tratamiento.

– Una mayoría absoluta de los ensayos experimentan sobre el tratamiento de trastornos hematológicos de muy diversa índole, incluyendo aplasias medulares, hemoglobinopatías y otras deficiencias de sistema hemático, pero sobre todo tumores del tipo de las leucemias y linfomas. En general, se trata de reconstituir el sistema hematopoyético del enfermo. Los trasplantes de células derivadas de médula ósea, que se plantean en los ensayos, pueden ser autólogos (células extraídas del propio enfermo, que son posteriormente trasplantadas tras suprimir su sistema hematopoyético) o alogénicos (células procedentes de un donante distinto del enfermo).

– La utilización de células de cordón umbilical –entre las que abundan las células madre– constituye un capítulo también muy bien representado, su papel es similar al de las células derivadas de médula ósea.

– Se extienden notablemente los ensayos de reparación de músculo cardiaco, asi como de corrección de otros daños como los de válvulas y arterias, siempre con células madre derivadas de la médula ósea, administradas directamente mediante perfusión en el órgano, en enfermos afectados de cardiopatías de distintos grados.

– La apuesta por las células derivadas de médula ósea es tan grande que se plantean muchos ensayos para estimular su sobreproducción y liberación a sangre periférica, lo que facilita su obtención y/o su efecto terapéutico, por tratamiento con sustancias diversas.

– Igualmente se intenta en diversos ensayos aprovechar el potencial de estas células para regenerar el tejido periodontal, reparar fracturas óseas, traumatismos cerebrales o corregir trastornos diversos como la diabetes tipo I, todo un catálogo de posibilidades abiertas.

– De forma muy limitada, se plantea ya obtener otros tipos de células madre adultas para tratamientos, entre ellas están progenitores de oligodendrocitos humanos, tras cirugía craneal o células madre de tejido mamario.

No hay ensayos clínicos con células madre embrionarias
La enorme cantidad de ensayos resumida anteriormente contrasta con la ausencia de tratamientos experimentales con células derivadas del embrión. Las razones fundamentales ya se han explicado anteriormente; a pesar de todo, muchos insisten en señalar que la verdadera medicina regenerativa empezará cuando se puedan emplear células embrionarias. ¿Es esta una propuesta razonable? Para responder a esta pregunta hay que analizar en qué medida las células madre embrionarias podrán superar el "impasse" y entrar en la experimentación clínica, así como valorar qué limitaciones existen en las células madre adultas que pudieran superarse con células de origen embrionario.

Está fuera de duda que las líneas de células pluripotentes derivadas de embriones constituyen sistemas muy adecuados para experimentar y profundizar en las características de este tipo de células. Bien es verdad que, a mi juicio, la mayor parte de las preguntas de investigación que cabe abordar se pueden formular investigando con células de animales. Entre ellas están todo lo relacionado con los mecanismos de multiplicación y transdiferenciación, los controles del proceso, los genes que actúan y su programación, así como la forma de "domesticar" estas células para su utilización en trasplantes, sin que su descontrol conduzca a la formación de tumores. Asimismo, cabe pensar en introducir modificaciones genéticas en estas líneas celulares, como un instrumento más, tanto para su estudio como para su potencial empleo terapéutico.

Desde un punto de vista metodológico, en cuanto a su puesta a punto para posibles tratamientos, es necesario mejorar la obtención de líneas celulares a partir de embriones. Hace falta suprimir los materiales de origen animal de los medios de cultivo, incluyendo las células de ratón que se usan para nutrir a las líneas de células madre que se propagan. Es esta una limitación que parece comienza a superarse. Sin embargo, no está claro si la totalidad de las células de la masa interna del blastocisto tienen la misma opción de crecer y dar lugar a líneas estables, o es más bien una fracción de las mismas, lo que plantea el problema de la homogeneidad de los cultivos.

Igualmente hace falta establecer los mejores controles para la diferenciación "in vitro" de las células, al objeto de dirigirlas hacia el tipo de células que interese, dada la notable plasticidad de las células de origen embrionario. Tal vez, inducir una diferenciación previa al trasplante pudiera limitar el problema de la formación de tumores, como sugieren algunas observaciones obtenidas con ratón y rata. Pero esto no es muy seguro, por lo que las dudas antes de administrar células madre embrionarias en cualquier tratamiento experimental en humanos pueden persistir notablemente, hasta hacer el ensayo éticamente inaceptable.

Se necesitaría una gran cantidad de embriones
Sin embargo, aun contando con la superación de los escollos anteriores, si se aceptara tratar enfermedades con células derivadas de embriones, habría que superar uno nuevo de forma rápida, casi inmediata, el de la disponibilidad en gran escala. No me refiero a la cantidad de células cultivadas, que podría resolverse con su cultivo en grandes cantidades. Me refiero a la variedad de líneas de células embrionarias que deberían estar disponibles, para cubrir un elenco suficiente en el que encontrar células histocompatibles, desde el punto de vista inmunitario, para la mayoría de los enfermos que pudieran someterse a este tratamiento experimental, propio de un ensayo clínico. (...)

Descartada la posibilidad de trasplante autólogo, ¿cuántas líneas embrionarias habrían de estar en los bancos para disponer de una variedad suficiente de compatibilidades? Cualquier cifra que se considere, aunque sea muy inferior a las de los bancos existentes de médula ósea o de cordón umbilical, supondría siempre un esfuerzo grande, se necesitaría una gran cantidad de embriones para destinarlos, no a la procreación, sino a la creación de bancos de células madre.

En definitiva, no es de extrañar que la ventaja notable de las células madre adultas esté en su disponibilidad. Tanto por ser adecuadas para trasplante autólogo en muchos casos, como por su disponibilidad en bancos ya existentes, u otros que se creen, como por la opción siempre posible de buscar nuevos donantes adecuados. La introducción en clínica de las células madre adultas, bien es verdad que hasta ahora muy limitada, lleva no obstante una notable ventaja a la de las células embrionarias.

Ello, a mi juicio, justifica conceder a las células madre adultas un grado notable de prioridad.

Las células del adulto existen en nuestro propio organismo o en el de personas que pudieran donarlas a otras con garantías de histocompatibilidad. Con las técnicas actuales, para disponer de células de origen embrionario en una variedad suficiente, siempre será necesario crear los embriones adecuados y proceder a su destrucción para extraer las células correspondientes. La vía embrionaria requiere como mínimo la valoración de que el embrión humano pueda ser también un instrumento terapéutico, con todo lo que eso implica.

Publicado en Aceprensa 09-05-2007
049/07

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31 Mayo 2006

El hijo, ¿don o derecho?

El hijo, ¿don o derecho?
Fernando Pascual, LC
Profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio
Regina Apostolorum

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=12234&idNodo=-5

Que unos esposos quieran tener un hijo parece lo más normal del mundo. Que lo quieran tener “a cualquier precio” puede llevar a serios problemas éticos.

La técnica ofrece hoy muchas posibilidades para ayudar a quienes desean tener un hijo. Pero no todas las técnicas son igualmente buenas. Conviene valorarlas según varios criterios: económicos, psicológicos, sociales, biológicos, éticos.

Si dos esposos no pueden tener hijos, lo primero que habría que buscar es curar las causas de la esterilidad (de él, de ella, o de los dos a la vez). Según estudios recientes, alrededor de un 70 % de parejas estériles pueden recuperar, con la ayuda médica, la fecundidad. Pero si esto no resultase posible, el recurrir a técnicas que implican sustituir a uno de los esposos con un “donante anónimo” (en las así llamadas técnicas heterólogas) no parece una solución adecuada, porque hiere, de un modo no siempre consciente y claro, a aquel esposo o esposa que se siente sustituido a la hora de lograr la concepción del hijo.

En efecto, un hijo que nace de un donador extraño al matrimonio depende, biológicamente, de un padre o de una madre desconocidos, y ello puede influir muy negativamente en la vida de la pareja, aunque al inicio los dos digan que están de acuerdo con el método escogido.

A pesar de estos inconvenientes, hay clínicas que ofrecen la “solución” del recurso a los donadores anónimos de esperma o de óvulos, como si esto fuese algo “normal”. No parece, sin embargo, algo normal que un niño no pueda saber quién es su verdadero padre o su verdadera madre. No pueden saberlo ni siquiera los padres legales (los que han pedido la fecundación heteróloga).

Alguno dirá que en el adulterio puede pasar algo parecido: nace un niño que proviene de alguien ajeno al matrimonio. Sin embargo, incluso en esos casos la madre puede llegar a recordar de qué persona ha nacido su hijo. En la fecundación artificial heteróloga, sin embargo, sólo el hospital o las autoridades públicas, si llevan los registros adecuados, saben quiénes son los verdaderos padres de la nueva criatura.

El secreto acerca de un dato tan importante como el del propio origen genético no parece ni justo ni democrático en un mundo que quiere ser libre y que defiende, con numerosos acuerdos internacionales, los derechos del niño. Entre ellos encontramos el siguiente: “El niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos” (Convención sobre los Derechos del Niño, Asamblea General de la ONU, 20 de noviembre de 1989, artículo 7).

En un nivel distinto del anterior, hay que recordar que no pueden ser justas aquellas técnicas que impliquen daños en los embriones, o, incluso, que planeen la destrucción de los que “sobren”. Esto ocurre con frecuencia cuando se hace recurso a la fecundación in vitro (FIV), en la que se fertilizan bastantes óvulos con el fin de asegurar un mayor porcentaje de éxito. Los embriones que sobran, o son congelados para ver si los padres deciden acogerlos en un nuevo intento de embarazo, o son destruidos, si es que no son “vendidos” o regalados, como se regalan los alimentos que llegan a su fecha de caducidad en los grandes supermercados... No puede ser buena una técnica que toma a los seres humanos como un objeto sin valor o como un pobre animal minúsculo con el que se pueden hacer experimentos (aunque estén regulados por “normas muy estrictas”).

Los esposos deben comprender que buscar un hijo “a cualquier precio” no puede ser algo bueno, si en ese “precio” se incluyen desórdenes como los que hemos mencionado antes. El hijo es un don, es algo que se recibe, que no se merece. Los dones se aceptan con respeto, con cariño, con responsabilidad. Si el hijo se convierte en un objeto fabricado por la técnica o es conseguido de un modo injusto o violento, los padres corren el riesgo de verlo como una posesión más, como el abrigo que hoy se compra y mañana queda olvidado en un armario. Por lo mismo, técnicas como la FIV o la ICSI (microinyección intracitoplásmica de espermatozoides), que implican una concepción de seres humanos en laboratorio, por la acción de los médicos que trabajan sobre las células reproductoras, implica un dominio sobre la vida que no puede recibir un juicio ético positivo.

El don, en cambio, interpela a la acogida en un clima de respeto y de amor. De este modo, si Dios así lo quiere, cada hijo también podrá llegar un día a ser un nuevo padre o madre en el mundo de los humanos. Podrá, además, respetar y querer a los padres que lo amaron por lo que era, sin permitir que fuese “producido” según planes prefijados con la mirada atenta de científicos expertos, pero no siempre capaces de reconocer la dignidad de cada uno de los embriones que manejan en sus laboratorios.

Cuando no llega el don, cuando no es posible que nazca el hijo, no se priva a los esposos de algo a lo que “tenían derecho”. Podrán vivir entonces su amor de un modo especial, distinto del de la mayoría de los que sí pueden tener hijos. Tal vez podrán adoptar un niño, pero siempre en función del bien del pequeño, y no simplemente para satisfacer los propios deseos personales.

La vocación al amor pide a los esposos aceptarse hasta la muerte, “en la salud o en la enfermedad”, en la esterilidad o en la pobreza. Es cierto que fracasan matrimonios con hijos y que fracasan matrimonios sin hijos. Pero también es cierto que los unos y los otros pueden triunfar, pueden vivir el amor hasta el final. A todos se les pide una generosidad total, sin la cual no es posible el éxito de ningún matrimonio. Así es el verdadero amor, sin condiciones. Así una pareja, con o sin hijos, puede llegar a vivir, con plena madurez, su mutua donación, quizá incluso más allá de la muerte...

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31 Mayo 2006

La concepción humana: ¿un simple dato científico?

La concepción humana: ¿un simple dato científico?
Fernando Pascual, LC
Profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio
Regina Apostolorum

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=12391&idNodo=-5

Cada vida humana inicia a través de un proceso sumamente complejo, que avanza entre continuas disyuntivas: hacia nuevas etapas de vida o hacia el camino irreversible que lleva a la muerte.

La inmensa mayoría de los seres humanos empezamos la aventura del vivir desde el encuentro de dos gametos, uno paterno y otro materno: es lo que podemos llamar “concepción” o fecundación. La penetración de un espermatozoide en el citoplasma de un óvulo permitió el momento “cero”, la fase inicial: empezó a existir un nuevo ser humano. Luego siguió un desarrolló regulado por leyes concretas, según etapas más o menos definidas: el desarrollo intrauterino, el desarrollo post-parto, las demás etapas hasta llegar, si todo ha ido bien, hasta la vida adulta y la vejez.

Obviamente, no todos los procesos llegan a completar su ciclo propio ni lo hacen según las modalidades más comunes: existen innumerables variantes y situaciones que permiten que muchos procesos queden truncado de modo precoz.

Intuimos en seguida que estos datos, comprensibles por la ciencia, suponen también una serie de elementos extracientíficos. Por ejemplo, acoger una terminología con significados más o menos precisos; aceptar la validez del recurso a ciertos instrumentos como fuente segura de conocimientos; interpretar los datos observados en un contexto comunitario (no sin razón se habla de “comunidad científica”) y desde ideas más o menos definidas.

El estudio científico sobre el ser humano está, por lo tanto, en un contacto fecundo con aquellas reflexiones que las ciencias humanas, la filosofía, la religión, y otras disciplinas, ofrecen a la hora de explicar lo que significa “ser hombre”. Es cierto que un biólogo puede decir que la fecundación humana sigue más o menos los mismos mecanismos que se dan en otros mamíferos similares a la especie humana. Pero el biólogo sabe que toda fecundación en el mundo humano está rodeada de un contexto cultural que va más allá de lo que pueda decir su ciencia empírica.

Así, por ejemplo, una concepción puede ocurrir a raíz de una relación sexual entre esposos que se quieren, o entre esposos que viven en una dramática situación de violencia doméstica, o entre novios, o entre amigos ocasionales, o como resultado de una violación, o a raíz de una inseminación artificial, o desde la fecundación in vitro (FIVET) o desde la ICSI (microinyección intracitoplásmica de espermatozoides). Cada una de estas modalidades puede tener un número elevado de “variantes” (edades de los padres, circunstancias humanas en la historia de la mujer, del varón, de la familia, de la ciudad, del país, etc.) que superan en mucho la frialdad del dato científico.

Esta simple enumeración nos hace ver que cada concepción humana queda enmarcada en una enorme cantidad de dimensiones extracientíficas. Considerarla simplemente como un evento más en el mundo de los intercambios entre seres vivos del planeta significa aplicar una óptica reductiva y empobrecedora. Una óptica que, según algunos, sería propia de la “seriedad” del método científico, pero que en realidad muestra cómo, al hablar del ser humano, el científico necesita reconocer que está delante de “algo” que va mucho más allá de lo que pueda ser visto desde el microscopio y desde los análisis de componentes químicos.

Querer prescindir de ese “algo” en nombre de la ciencia no es más que una curiosa falacia. En el fondo, implica asumir un presupuesto filosófico implícito: “la ciencia debe limitarse a estudiar al embrión (ahora lo llaman pre-embrión si no ha llegado a los 14 días de vida) desde una perspectiva neutral para alcanzar conocimientos válidos y universalizables, lo cual implica excluir cualquier interferencia no científica en la realización de los experimentos sobre embriones”. Tal presupuesto va más allá de la ciencia, supone el uso de una visión filosófica concreta, en la que quedan excluidas otras perspectivas filosóficas y antropológicas de importancia.

Se hace necesario, por lo tanto, escuchar voces de otras instancias humanas. Especialmente de la filosofía y de las religiones, que han evidenciado durante siglos la singularidad del hombre entre las formas vivientes que compartimos el mismo planeta tierra, que han exigido para nuestra especie un trato “privilegiado”. Las elaboraciones de teorías éticas y de legislaciones destinadas a una mayor tutela de la vida humana son algunos de los mejores resultados de esta comprensión filosófico-religiosa de la dignidad del hombre. Allí donde tal comprensión es puesta entre paréntesis por presupuestos de tipo materialista y reduccionista, se producen graves atropellos sobre millones de seres humanos, que pueden ser tratados con graves formas de brutalidad y de violencia (abortos, infanticidios, genocidios, etc.).

El origen de cualquier vida humana no puede ser, por lo tanto, objeto de un simple estudio de laboratorio. En el hombre hay algo muy peculiar, que el mundo antiguo y medieval denominó con la fórmula “alma espiritual”. Tal peculiaridad nos lleva a estudiar y reflexionar sobre la reproducción (mejor sería hablar de “procreación”) humana con presupuestos éticos irrenunciables, so pena de caer en mentalidades que vean a los hombres (en su fase embrionaria, fetal, infantil o adulta) simplemente como “medios” para el progreso científico o para satisfacer los deseos de algunos grupos de poder. Grupos de poder que buscan someter las vidas de los más pequeños e indefensos en función de intereses que nunca pueden justificar la muerte de ningún ser humano.

Podremos evitar nuevos abusos, experimentos sobre embriones, fetos, niños, adultos o ancianos, con la ayuda de una sana filosofía. Hoy es, quizá, una de las tareas más urgentes. Para nuestro bien y el de las generaciones futuras.

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31 Mayo 2006

¿Un embrión vale sólo si es útil?

¿Un embrión vale sólo si es útil?

Mujer Nueva
Bosco Aguirre
22-05-2006

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=12382&idNodo=-7

Fabricamos zapatos y corbatas, relojes y pulseras, tenedores y cuchillos. Si un producto no sirve, se tira. Aunque se haya perdido tiempo en su producción, aunque la empresa pierda un poco de dinero. Todo su valor residía en su utilidad, y si no hay utilidad el producto “no vale nada”.

Pronto será posible “fabricar” embriones con características predeterminadas, embriones que algunos han llamado “bebés-medicamento”. Esta novedad técnica ya es una realidad, y no faltan las primeras leyes que van en esa línea, como la aprobada recientemente en España.

De este modo, nos dicen, se promoverá el desarrollo de la medicina, serán curados muchos enfermos, quedará satisfecho el deseo de algunos padres de familia.

Los así llamados “bebés-medicamento” nacerán a través de un proceso muy sencillo. Una familia, por ejemplo, tiene un hijo necesitado de un transplante de tejidos. Se “producirían” en el laboratorio varios embriones in vitro a partir de los óvulos y espermatozoides de los esposos. Esos embriones pasarían por diversos análisis para seleccionar aquel o aquellos embriones que tengan las características deseadas, que sean “útiles”. Ese embrión (o esos embriones) serán transferidos luego en la madre, y así podría nacer un “niño útil” que, con algunos de sus tejidos, curaría a su hermano.

¿Y los embriones que no reúnan las características deseadas? Esos “embriones inútiles” serán guardados indefinidamente en el congelador, a más de 190º bajo cero, o serán destruidos después de algún tiempo y (así nos dicen) en el respeto de las máximas “garantías” legales y éticas. O quizá, si tienen mucha suerte, podrán ser salvados, si alguien les descubre algún valor, algún interés, alguna “utilidad”.

De este modo, un grupo de embriones serán analizados y seleccionados bajo la lógica de la producción y de la utilidad técnica. En otras palabras, serán tratados de un modo o de otro según lleguen a satisfacer un deseo, según posean o no ciertas características, según sirvan para curar o para investigar. El embrión o los embriones “valiosos” serán respetados y tratados con suma delicadeza, los demás serán discriminados, serán manipulados como si se tratase de seres humanos de menor importancia.

Nos dirán, y es verdad, que con estas técnicas se curarán cientos de enfermos, niños y también adultos. Pero al mismo tiempo tendrían que decirnos que serán eliminados cientos de embriones. No es correcto airear beneficios reales y ocultar una injusticia que va contra el principio de igualdad.

La justicia se basa sobre un presupuesto básico: todos deberíamos ser iguales ante la ley. Si una ley permite que un grupo de embriones humanos (de hijos, que esa es su definición más completa) sea sometido a un trato discriminatorio, tal ley permite una grave forma de injusticia. Aunque a través de la misma otros sean beneficiados: ¿no es ese el mayor drama de toda injusticia, que unos ganan porque otros pierden?

Hay que abrir los ojos a la verdad: cada embrión es un ser humano, es un hijo, digno de respeto. Por eso mismo, es necesario y justo oponerse a cualquier ley que permita un trato discriminatorio de los embriones: unos salvados y otros destinados a usos no bien definidos.

Tal oposición, desde luego, debe ir acompañada por la búsqueda de alternativas justas y éticas para un genuino progreso de la medicina: para que muchos niños enfermos puedan ser curados; y para que ningún ser humano (embrión, niño o adulto) sea tratado simplemente como un producto a merced de técnicos o de médicos sin escrúpulos.

El verdadero progreso pasa por la ética. Es entonces cuando la investigación dignifica al ser humano. Conviene recordarlo, por el bien de nuestros hijos, que valen siempre por lo que son, no por la posible utilidad que descubramos en ellos; y por el bien de los adultos que queremos un mundo capaz de defender también la vida de los más pequeños seres humanos: nuestros embriones.

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31 Mayo 2006

Bioética y reproducción asistida

Bioética y reproducción asistida

El Diario Montañés
Luis Sánchez de Movellán de la Riva
29-05-2006

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=12381&idNodo=-7

La aspiración a la reproducción está considerada como un objetivo esencial de la vida, legítima e incontestable. La infertilidad acarrea a muchas personas una crisis existencial prolongada y un consecuente estrés que a menudo conduce a un malestar emocional y a problemas interpersonales. Uno de entre seis casos presenta infertilidad y, para el 20% de ellos, el único camino para conseguir la gestación -y consecuentemente hijos- es la reproducción asistida, la cual es un conjunto de técnicas de laboratorio encaminadas a obtener un embarazo sustituyendo o facilitando una etapa deficiente en el proceso reproductivo.

El nacimiento de Louise Brown, el primer 'bebé-probeta', en 1978, dio una nueva perspectiva a los casos de infertilidad. Hoy, millares de niños nacen anualmente a través de técnicas de reproducción asistida y los nuevos avances tecnológicos aumentarán todavía más las posibilidades del tratamiento por infertilidad. La utilización de la donación de gametos, de la congelación de embriones y de la maternidad de sustitución ha propiciado nuevos métodos y nuevos tipos de constitución familiar.

La primera manifestación ética en relación con la reproducción asistida vino de Inglaterra, a través del Informe Warnock, publicado en 1984. A partir de entonces otros países, sociedades científicas y grupos religiosos también se manifestaron sobre el asunto. Las técnicas de reproducción asistida y el contexto en que son utilizadas constituyen un extenso campo de discusión ética que protege el bienestar de la criatura, de la mujer y de otros implicados, como, por ejemplo, los donantes o la madre de sustitución. Otro aspecto interesante es la posible destrucción involuntaria de embriones humanos. El desdoblamiento de la reproducción asistida -selección del sexo, reproducción póstuma- y principalmente su asociación con la genética -diagnóstico preimplante, clonación- generan preocupación en relación con el control sobre la procreación.

Hay un tema clave en todas las cuestiones de reproducción asistida y su debate ético: el status moral del embrión. Asunto éste que está íntimamente ligado con la problemática de cuándo comienza la vida humana y con la definición de persona. La controversia se produce en la consideración del embrión como ser humano desde el momento de la fertilización. Para los que piensan que la vida humana comienza en el momento mismo de la fertilización, el embrión tiene los mismos derechos que una persona y es merecedor de todo el respeto, debiendo protegerse como tal. Dos argumentos sustentan este criterio: el primero es que el embrión tiene la potencialidad de convertirse en una persona, y el segundo es que el mismo está vivo y tiene derecho a la vida. Por el contrario, los que consideran el embrión como un conjunto de células, juzgan que él no merece ninguna diferencia de tratamiento con respecto a cualquier otro grupo celular. Y existe una posición intermedia, defendiendo que el embrión tiene un status especial, pero que no se justifica el protegerlo como a una persona. Un punto de discusión importante es el que suscita la problemática de los embriones excedentes, ya que la reproducción asistida puede generar un número de embriones mayor del que se pretende transferir. La obtención de óvulos es un proceso oneroso y no exento de riesgo -y por ello, estas células son extremadamente valiosas- lo que justifica su total utilización. Hasta recientemente no se disponía de la tecnología adecuada para la congelación de óvulos, lo que llevaba a que todos fuesen inseminados. Ahora, en por lo menos un 30% de los ciclos se obtienen embriones excedentes, que pueden ser congelados, utilizados para investigación, donados o destruidos.

Desde el punto de vista ético, la destrucción es indefendible, y la manipulación a la que los embriones pueden ser sometidos debe ser limitada, siendo aceptables solamente procedimientos que sean benéficos, lo que no existe en este momento. La opción de la donación para la investigación hiere a la dignidad del embrión, a pesar de ser práctica aceptada en algunos países e ir en contra de lo fijado en el 'Código de Nüremberg'. La donación para otros casos de infertilidad debe ser considerada como una adopción pre-natal, y para los embriones que no sean utilizados es la única posibilidad de llegar a la vida. Se considera un acto de altruismo.

La congelación embrionaria tiene como objetivo posibilitar la transferencia de embriones excedentes con posterioridad, sea en el caso de que se malogre el embarazo o cuando se tenga deseo de otra gestación. De esta forma, no habría necesidad de someter a la mujer a un nuevo ciclo de inducción de la ovulación, lo que podría generar desazón, riesgos e incluso ser inviable por cuestiones económicas o biológicas. La problemática del método está ligada a las cuestiones bioéticas del respeto al embrión y del destino de los mismos en el caso de que los padres desistieran de la transferencia, se separaran o murieran.

La congelación es extremadamente discutible bajo la óptica de la ética, pues hiere la dignidad del embrión. Es francamente objetable que los embriones puedan ser deliberadamente colocados en una situación donde su desarrollo natural está en suspenso y sus vidas y futuro colocados en peligro. Muchos embriones no sobreviven al proceso de congelación y descongelación, siendo el índice de supervivencia después de la descongelación del orden del 70% aproximadamente.

Actualmente se discute a nivel mundial la cuestión del uso de los embriones depositados en las clínicas de reproducción asistida y su utilización para la clonación terapéutica. La congelación se considera éticamente aceptable si su fin ha de ser el que los embriones lleguen a la vida. Esos embriones, sean o no personas, reales o potenciales, viven solamente gracias a la ciencia y a la técnica. Pero la intención es que vivan, aunque se sepa que sus posibilidades son ciertamente limitadas.

La selección de embriones sí plantea serias objeciones éticas respecto al uso de esta técnica, pues la manipulación de embriones podría acarrear lesiones o muerte embrionaria, por un lado, y también se plantearían serios problemas con la selección genética, por otro. No deja de ser una forma de eugenesia pues determina la destrucción de las personas en su estadio inicial de desarrollo, lo que refleja una injusticia y una falta de respeto total a la vida humana.

El objetivo es plantear interrogantes y llevar a la reflexión estimulante y participativa a la sociedad en decisiones de grueso calado moral y existencial, ya que los dilemas éticos acompañan a la historia de los hombres pues son consecuencia de sus propias acciones. Esos dilemas pueden adquirir mayor o menor relevancia dependiendo del contexto histórico-temporal de donde surgen las ideas que guían moralmente a la sociedad en una u otra época.

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23 Mayo 2006

GUÍA RÁPIDA SOBRE LA CLONACIÓN: ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS

GUÍA RÁPIDA SOBRE LA CLONACIÓN: ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS

15-05-2006

http://www.profesionalesetica.com/avizor/index.php?aid=1#816

Definición de clon

Un individuo clónico, con respecto a otro, es aquél que contiene su misma información genética. Los gemelos univitelinos o monocigóticos originados por un proceso natural de fisión embrionaria, son en realidad individuos clónicos, ya que contienen idéntico genotipo.

Tipos de clonación en el laboratorio

a- Clonación por transplante nuclear: Es fácil encontrar ejemplos de clonación natural: las protozoos o bacterias generados por división, o los gemelos monocigóticos. En el laboratorio, los experimentos de clonación están ligados a los trabajos sobre transplante nuclear o a los métodos de gemelación experimental. Nos ocuparemos primero de la clonación por transplante nuclear.

Las células del adulto muestran un importante grado de diferenciación, cada tejido u órgano se encuentra comprometido en la realización de diferentes funciones, por ello es muy difícil que esas células puedan recuperar la capacidad que tienen las del embrión para originar todo tipo de tejidos (totipotencia), muchos de los genes de las células diferenciadas quedarían bloqueados (impronta) para expresar sus capacidades. En el adulto la Impronta del genoma es impresionantemente estable. El grado o tipo de diferenciación de los cromosomas en cualquier célula adulta, podría imposibilitar la capacidad de esa dotación genética para revertir el proceso, dejar de diferenciarse, y manifestar la totipotencia del genoma. Para responder a la pregunta de si es posible que el genoma de una célula no embrionaria, sea capaz de revertir a una situación de menor diferenciación y asumir la capacidad de dirigir todo el desarrollo embrionario, se han realizado experimentos de transplante nuclear.

Muy sugestivos a ese respecto son los trabajos realizados sobre anfibios. Se ha demostrado que cuando se inyecta en un ovocito de sapo, -del que previamente se ha eliminado su núcleo original- el núcleo de una célula diferenciada procedente de otro sapo, por ejemplo un núcleo de una célula intestinal de un renacuajo, el citoplasma del ovocito es capaz de interactuar con el núcleo del donante y borrar la impronta génica, de modo que sea capaz de dirigir la segmentación y posterior desarrollo embrionario del ovocito, dando lugar a un sapo adulto que será clónico (idéntica información genética) con respecto al renacuajo donante del núcleo intestinal Estos experimentos, demostraron por un lado, que ningún gen esencial para el desarrollo embrionario, se pierde o queda inhibido irreversiblemente en las células diferenciadas, y por otra parte, la posibilidad de la clonación de animales inferiores mediante el transplante nuclear.

En mamíferos, el asunto parecía mucho más difícil de conseguir. De todos modos, se han realizado experimentos de transplante nuclear en mamíferos, incluidos primates, utilizando núcleos procedentes de células embrionarias, consiguiéndose animales adultos.

El problema fundamental de la clonación en mamíferos usando núcleos de células no embrionarias, reside en que, una vez introducido el núcleo en el ovocito, es necesario un tiempo bastante largo para que el citoplasma actúe eliminando la impronta nuclear y posibilite la activación del genoma. Durante ese tiempo los cromosomas del núcleo transplantado deben de estar en reposo en lo referente a la duplicación del ADN y a su entrada en el denominado ciclo celular (situación quiescente). Esto es difícil de conseguir en los animales usuales de laboratorio (ratones). Sin embargo, en algunas especies (la oveja, por ejemplo), tras la fertilización natural, el genoma del cigoto permanece muchas horas inactivo dando lugar al desbloqueo génico. Esta circunstancia ha sido aprovechada por Wilmut y colaboradores para efectuar la clonación por transplante nuclear en ovejas.

El procedimiento de clonación, comienza por la obtención de ovocitos de una oveja. Estos ovocitos son cultivados In vitro y desposeídos de su núcleo mediante irradiación con rayos ultravioleta. Por otro lado se dispone de un cultivo de células epiteliales de glándula mamaria de otra oveja (células completamente diferenciadas y adultas), estas células debidamente preparadas serán las donantes de los núcleos que se transplantarán a los ovocitos ya indicados. Antes de efectuar el transplante, la población celular donante es sometida a un tratamiento especial que consigue sacar del ciclo celular a los núcleos a transplantar, convirtiéndoles en núcleos quiescentes o en reposo, este es un punto clave para el éxito de la técnica, ya que estos núcleos situados fuera del ciclo de proliferación, se asemejan más a los núcleos de los gametos, y al penetrar en el citoplasma del ovocito tardan más tiempo en activarse, lo cual permite que los factores citoplásmicos del ovocito actúen en la reorganización del genoma del núcleo inyectado para la desinhibición de los genes responsables del desarrollo embrionario.

La transferencia de los núcleos mamarios, se efectúa del modo siguiente: se cultivan juntos los ovocitos enucleados con las células de glándula mamaria quiescentes y, mediante una pequeña descarga eléctrica, se consigue que las células mamarias fusionen su citoplasma con los ovocitos. De tal manera, se obtienen ovocitos que han incorporado el núcleo de las células epiteliales mamarias de la oveja donante. Un pequeño porcentaje de esos ovocitos se activan y comienzan el desarrollo embrionario. Al cabo de unos días de cultivo In-Vitro, los embriones mejor desarrollados se implantan en el útero de otra oveja que se ha preparado hormonalmente para desarrollar un embarazo. De todos los embriones implantados, algunos se desarrollan a término y la oveja receptora pare corderos que serán clónicos con respecto a la oveja donante de los núcleos transplantados.

b-Clonación por fisión gemelar: Decíamos que una manera por la que en la naturaleza se producen individuos genéticamente idénticos (clónicos), es la gemelación. En el laboratorio se puede aprovechar el carácter regulativo de los embriones de muchas especies animales para realizar experimentos de gemelación artificial, y por lo tanto para producir clones de individuos gemelos. Como siempre, ha sido en animales inferiores donde se comenzó la experimentación en este terreno. Ya a primeros de siglo, los embriólogos consiguieron fragmentar embriones de erizo de mar y desarrollar cada fragmento hacia un embrión completo, y, finalmente hasta el estadio adulto.

La gemelación artificial en mamíferos es algo más reciente, a comienzos de los años 80 se obtienen terneras clónicas por gemelación artificial, y en 1993, Jerry Hall y Robert Stillman de la George Washington University, en Estados Unidos, informan de la primera gemelación artificial realizada con éxito sobre embriones humanos. Dado que es el primer caso publicado de un intento de reproducción asexual por clonación en seres humanos, merece que describamos con más detenimiento todo el suceso. Para este experimento, Hall y Stillman dispusieron de un grupo de 17 embriones humanos en etapas de dos a ocho células, producidos por fecundación In-Vitro, y que no se habían implantado por ser considerados defectuosos.

Después de disociar las células de esos embriones en un medio de cultivo libre de iones calcio, cada célula individual fue recubierta por una cubierta artificial, que remeda a la zona pelúcida propia del cigoto. A continuación, cada célula se cultivó en un medio adecuado y comenzaron a segmentarse. El resultado: 48 nuevos embriones, un promedio de 3 por cada embrión original. Ninguno de estos embriones clónicos se implantaron en el útero, por lo que el experimento se detuvo en este punto.

Nunca se dio la intención de implantar esos embriones, ya que, en primer lugar, los embriones originales eran defectuosos, y en segundo lugar, todo el asunto se planteó como un simple experimento, científicamente poco original, ya que desde hace años se vienen obteniendo resultados similares en otras especies, pero periodísticamente muy llamativo, ya que constituyó el primer intento de clonación (conocido), que se ha realizado sobre seres humanos, más adelante nos ocuparemos de los aspectos éticos de esta experiencia.

Clonación en humanos con fines reproductivos

Todo lo que se ha dicho hasta ahora es necesario para comprender el entronque de las modalidades de clonación con las técnicas de reproducción asistida extracorpóreas. La clonación por transplante nuclear aún no se ha efectuado con éxito en humanos, y como veremos más adelante puede tener más interés en lo que se ha dado en denominar clonación con fines terapéuticos, en este apartado nos referiremos fundamentalmente a la clonación por fisión gemelar. Ya que la fecundación In-Vitro se realiza en el exterior del cuerpo de la madre, hace posible la manipulación del cigoto en orden a su multiplicación asexual.

¿Donde podría radicar el interés práctico del uso de la gemelación artificial en el contexto de la FIVET?. Hay diversas razones, por las que la clonación podría ser incluida dentro de algunos protocolos de FIVET, veamos las más relevantes:

a- Una aplicación potencial de la clonación por gemelación podría radicar en la generación de múltiples embriones para la implantación después de la fecundación In-Vitro. Sabemos que para aumentar las posibilidades de éxito de la FIVET, ordinariamente se implantan de 3 a 5 embriones. Se evitaría el almacenamiento de embriones congelados, ya que solo se multiplicarían los embriones precisos para la implantación, además se soslayaría la necesidad de repetir la hiperestimulación ovárica, en el caso de un fracaso inicial de la FIVET.

b- Otra posible aplicación radicaría en la posibilidad de obtener abundante material, todo él genéticamente idéntico, en orden a estudiar posibles defectos genéticos de un determinado embrión. Sería como realizar copias de un original, donde también están presentes posibles defectos, que así podrían ser diagnosticados y estudiados cómodamente.

c- Satisfacer el deseo de aquellos padres que quieren tener un hijo gemelo con relación a un embarazo por FIVET previo, estableciendo bancos de embriones clónicos, a partir de los cuales los padres puedan elegir el hijo con las características genéticas deseadas.

Este último apartado es utópico, pues es en humanos, la identidad genética no supone la identidad de los individuos. Es experiencia común el hecho de que los gemelos univitelinos naturales, a pesar de ser genotípicamente idénticos, tienen modos de comportamiento muy diversos, a pesar incluso de su educación en un mismo ambiente familiar. Esta diversidad es una prueba de que el ser humano es algo más que su herencia biológica y de que existe la libertad individual. Los hombres clónicos, a pesar de su identidad genética, son diversos entre sí en la medida de que son seres humanos distintos y libres.

Clonación en humanos con fines terapéuticos

El embrión es una fuente de células madre totipotentes (células indiferenciadas, capaces de originar todas las estirpes celulares del organismo). Diversas líneas de investigación biológica pretenden aislar esas células y conseguir diferenciar distintos tipos celulares (neuronas, células sanguíneas, musculares, etc.) que podrían ser utilizadas para transplantes en variadas enfermedades. Si además estas células proceden de un embrión clónico del paciente destinatario del transplante, su organismo reconocería a las células transplantadas como propias (tienen el mismo genoma) y el peligro de rechazo sería nulo.

Por lo tanto la clonación terapéutica hace referencia al uso de embriones clónicos como fuente de células para un trasplante y funcionaría del siguiente modo: supongamos un enfermo de aplasia medular (su médula ósea no es capaz de fabricar las células de la sangre); se podría construir un embrión clónico de dicho paciente mediante el transplante a un ovocito anucleado, de un núcleo de cualquier tejido del enfermo, una vez que el desarrollo del embrión así generado alcanzara un determinado estadío se destruiría dicho embrión para obtener células madre, que a continuación serían transformadas en células de médula ósea que podrían ser transplantadas al paciente sin ningún problema de rechazo.

Frente a los grupos que sostienen que el embrión es la única fuente rentable de células madre, diversos científicos están consiguiendo dichas células a partir de tejidos adultos (médula ósea), o de cordón umbilical: estas células son también capaces de diferenciarse hacia una gran variedad de tejidos y su utilización evitaría la manipulación y destrucción de embriones humanos.

Valoración ecológica de la clonación

La reproducción asexual natural, tiene menos ventajas biológicas que la reproducción sexual. Aunque permite la perpetuación de la especie y la confiere una cierta estabilidad genética. también ocasiona el estancamiento biológico al no posibilitar la incorporación de caracteres genéticos nuevos y por lo tanto impedir la actuación de la selección natural. Además perpetúa las mutaciones perjudiciales, lo que conlleva al envejecimiento y a la eventual desaparición de la especie. De hecho, es muy raro en la naturaleza que se dé reproducción asexual en estado puro, la mayoría de las especies con este tipo de reproducción, experimentan ciclos con reproducción sexual, o por lo menos con mecanismos similares a ésta (conjugación bacteriana, por ejemplo), que permiten una cierta renovación del genotipo.

Extrapolando lo anterior al plano de la reproducción en el laboratorio, hay que llamar la atención sobre el peligro ecológico que supone la realización masiva de técnicas de clonación en animales. Para una especie dada, el sustituir su modo de reproducción natural por la multiplicación clónica, en aras de la obtención animales con determinadas características ventajosas desde un punto de vista económico (mayor producción de carne, por ejemplo), implicaría la supresión de la biodiversidad, la desaparición de la variabilidad de ciertas especies. Además, un clon determinado podría desarrollar una susceptibilidad para sufrir diversas patologías, ya sean infecciosas o tumorales, con lo que toda la estirpe afectada podría sucumbir ante esos agentes dañinos.

Todavía es demasiado pronto para saber si los animales obtenidos por clonación con transplante de núcleos de células mucho más viejas que el ovocito receptor, no serán susceptibles a cambios de envejecimiento muchos más rápidos que en la situación natural, o bien, si el genoma del núcleo donante, aunque haya sido capaz de realizar el desarrollo embrionario, con el paso del tiempo exprese algunos genes responsables del desarrollo de tumores (oncogenes), de modo más intenso o precoz, causando la aparición de cánceres en los animales clonados. Parece necesario el seguimiento de los animales obtenidos, o que se obtengan en el futuro mediante trasplante nuclear, para detectar esas posibles anomalías que no se han presentado en el momento del nacimiento pero que podrían aparecer en el curso de su vida de adultos.

Valoración bioética de la clonación en humanos

Los peligros ecológicos indicados en el apartado anterior, son susceptibles de una valoración bioética, pues el hombre no puede considerarse dueño absoluto de las demás entidades biológicas y por lo tanto, desde el punto de vista ético, no le sería licito el manipularlas de modo que se ponga en peligro su subsistencia. Esto no es debido al hecho de que los animales no racionales sean sujeto de derechos, sino más bien, por que las especies vivas forman un todo armónico, que el hombre, por respeto a su propia dignidad como persona, debe de respetar y administrar para su propio bien.

Pero la valoración bioética más acuciante en relación con las técnicas de clonación con fines reproductivos o terapéuticos, reside en la posibilidad de su aplicación a los seres humanos. Uno de los más importantes sistemas de referencia para la valoración bioética de la reproducción asistida convencional (FIVET) consiste en la consideración del estatuto ontológico del embrión humano. También utilizaremos ese mismo referente a la hora de la consideración ética de la práctica de la clonación en el hombre.

Si partimos de la realidad de que toda persona humana es un fin en sí misma, y que ningún ser humano puede ser instrumentalizado con vistas a otra cosa, o usado en aras de algún otro fin, aunque éste se considere como bueno, y además tenemos en cuenta que ya el cigoto manifiesta todas las potencialidades de un nuevo ser humano, llegamos a la conclusión de que el embrión humano, cualquiera que sea su estado de desarrollo ha de ser considerado como plenamente humano y por lo tanto acreedor al mayor respeto por su integridad biológica.

Es evidente que todas las manipulaciones descritas en los apartados anteriores y que hacen referencia a la posibilidad de la reproducción asexual en el hombre, ya sea la inducción artificial de gemelos o la clonación por trasplante nuclear, implican la disposición de embriones humanos para fines experimentales, lo cual atenta contra la integridad biológica de los mismos, o bien suponen su manejo por conveniencia de los progenitores o de la sociedad (ver las razones por las que se podría aplicar la gemelación artificial en la FTVET). De un modo o de otro, todos estos procedimientos aplicados al hombre resultan altamente inmorales y no se justifican bajo ningún concepto. Del mismo modo la "construcción" de embriones humanos con miras a utilizarlos como fuente de células para transplante implica el considerar a la persona humana de modo exclusivamente instrumental, no como un fin en si misma, además, el que esa instrumentalización concluya con la destrucción del embrión añade a la manipulación la gravedad de la eliminación voluntaria de una vida humana. La clonación está enraizada en una mentalidad claramente eugenista con tendencia a la fijación arbitraría de un determinado contenido genético que se considera como el más adecuado: el valor del ser humano no depende de su identidad personal, sino de cualidades biológicas que pueden seleccionarse. Tiende a considerar la bisexualidad como un residuo funcional y adopta la lógica de la producción industrial.

En el proceso de clonación reproductiva se pervierten las relaciones fundamentales de la persona humana: la filiación, la consanguinidad, el parentesco y la paternidad o maternidad. Así mismo la clonación reproductiva merece un juicio negativo en relación a la dignidad de la persona clonada, que vendrá al mundo como "copia" (aunque sólo sea copia biológica) de otro ser. La identidad síquica del clonado correría serio peligro por la presencia real o incluso virtual de su "otro".

El crecimiento de la popularidad de la reproducción asistida, sobre todo de la extracorpórea (FIVET, técnicas de micromanipulación de gametos, etc.), está disminuyendo de un modo alarmante la sensibilidad general ante las diversas posibilidades de manipulación del embrión humano, y subyace el peligro de que, procedimientos como la clonación de seres humanos, que aún en la actualidad chocan con la sensibilidad de la sociedad, en un futuro más bien próximo queden desposeídos de ese carácter negativo y puedan ser aceptados como algo normal e incluso deseable ante determinadas circunstancias que implican el recurrir a la reproducción asistida.

Es deseable, que para evitar esa insensibilización, se valore de manera mucho más rigurosa la falta de ética de las técnicas extracorpóreas de reproducción asistida, y especialmente, la posibilidad de experimentación con embriones humanos, y que se incremente el respeto por la integridad del embrión, considerándolo como plenamente humano y por lo tanto no susceptible de manipulación y uso.

La clonación y el progreso de la ciencia biomédica

Hay que armonizar las exigencias de la investigación científica con los valores humanos. El científico no debería considerar el rechazo ético de la clonación humana como una ofensa; al contrario, esta prohibición devuelve la dignidad a la investigación, evitando su degeneración deshumanizante. Además, la investigación sobre clonación tiene un espacio abierto en especies animales o vegetales, siempre que se eviten los inconvenientes ecológicos ya indicados. La investigación científica, realizada en beneficio del hombre, representa una esperanza para la humanidad cuando tiende a buscar remedio a las enfermedades y alivio para el sufrimiento. Hay que esforzarse para que la investigación biomédica mantenga y refuerce su vínculo con el verdadero bien del hombre y de la sociedad.

FUENTE : AGEA

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8 Abril 2006

LUZ VERDE A LA CLONACIÓN.

LUZ VERDE A LA CLONACIÓN.

Pese a que atenta contra la dignidad y el derecho a la vida de todos y a la prohición de la UNU, en España se dará luz verde a la clonación. Roto el freno con la clonación terapéutica, ¿qué podrá impedir la clonación reproductiva, si ni siquiera varía la técnica? La clonación reproductiva no respeta la dignidad humana, pero sí la vida de los clones; la terapéutica crea embriones para destruirlos, tratando a seres humanos como materia prima. ¿Quién no se ha enterado de que, pese a innumerables ensayos con embriones, no se ha obtenido un sólo logro? ¿Sabemos, además, que el trasplante de materia embrionaria puede causar tumores cancerígenos? Sólo ha habido resultados positivos y hasta espectaculares, con el empleo de células madre adultas. ¿No será por aquí, por dónde debe caminar la ciencia en España, en lugar de tomar el sendero tenebroso de matanzas de seres humanos en el inicio de su existencia, como si de ratas o conejos se tratara? Esas prácticas no son índice de progreso sino de involución moral. ¿Es ético matar o sacar entrañas vitales a seres humanos vivos para curar a otros? La conciencia no es “un freno artificial”, sino la brújula que orienta los actos humanos y que puede enloquecerla el egoísmo, la soberbia y el afán desmedido de poder.
Josefa Romo. (Cáceres)

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