Escenas cotidianas masculinas
¿Hay algo más hermoso que un hombre desnudo, recien levantado y con los calcetines hasta la pantorrilla? Si le seguimos por el pasillo hasta el baño vemos cómo se aplica en puntería mientras el gato le observa; ya en la cocina tira el azúcar mientras la cafetera silba, mira por la ventana y cruza su mirada con la de una vecina perpleja.
No hay alegría en sus ojos mientras se abrocha la camisa y sube la cremallera del pantalón y el humo del cigarro se cuela en casa al cerrar la puerta para ir a trabajar. En la oficina rastrea los huecos de las faldas, hace unas bromas, toma café y rellena facturas. El rato del café se esfuma entre vaguedades y comentarios sosos.
De vuelta a casa concierta una caña, lee una revista, escribe un correo y se acaramela con su amante mientras enrosca el cable del teléfono en su dedo índice. Mira el reloj, son las ocho y media. Se desnuda, hace la cena, devora un documental sobre la China comunista. A la ducha, que se lleva el sudor y el ardor de estómago.
Sale de la ducha, se pone los calcetines y el albornoz, remolonea por la casa y se acuesta. La cabeza en la almohada, los ojos abiertos ¿Hay algo más dulce? Tampoco he subido en parapente, pero tengo que probarlo porque debe ser lo mas.


pablito dijo
Ser hombre no es nada fácil. Hay que implicarse de lleno para alcanzar la mediocridad necesaria que nos lleva a la paz mental. Pero sí hay cosas más hermosas: una mujer en albornoz y sin calcetines.
7 Junio 2007 | 03:25 PM