Albornoces y calcetines
Frente al espejo de la habitación de un hotel la mujer con albornoz pero sin calcetines se mira, se piensa, recorre su imagen desdoblada como si fuese otra mujer con albornoz. Pone posturas que la divierten y la excitan, apaga la luz, corre las cortinas y riega el suelo con velas del todoacien. No se reconoce en ciertas posiciones, se acerca a su imagen y la besa, el albornoz se desbarata y, al punto, suena el teléfono.
El recepcionista del hotel informa de que M viene a verla, tal como habían quedado y ella olvidado. Se recoloca el albornoz, apaga las velas y al poco entra M por la puerta, se saludan y hablan sobre lo ocurrido en los últimos días. Se sientan en la cama y durante la conversación la mujer sin calcetines mira de reojo el espejo que le devuelve su imagen y la de las piernas de M al cabo de la falda. Habla sin parar, pensando en otra cosa, y la charla discurre por el cauce de la frivolidad y la liberación, lo cual facilita que las dos terminen frente al espejo sin calcetines pero con albornoces jugando a las gemelas.
Al rato M sale del hotel y coge un taxi. La mujer con el albornoz despeinado y un café en la mano sonríe desde la ventana de su habitación mientras piensa que todavía es viernes y tiene todo el fin de semana por delante. Y yo, contemplador omnisciente de la escena, limpio mi labio inferior y me pregunto lo que ya alcanza la categoría de reto ¿Hay acaso algo más hermoso?



123 dijo
jajajaja...muuuy bueno
...no sé, si seguimos con las combinaciones aún quedan posibilidades ;)
un besazo
9 Junio 2007 | 11:38 PM