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Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

22 Julio 2007

Impresiones arriesgadas

Ayer en Madrid se habían agotado todos los ejemplares de Harry Potter and the Deadly Hallows (vendimos hasta los que estaban expuestos en el escaparate de la librería) y del último número de la revista El Jueves, ambos por causas similares: una amplia campaña de marketing, fría y calculadora en un caso, fresca e improvisada en el otro.

Del caso de El Jueves me interesa la orden de secuestro de la imagen, que además de recordar a tiempos lejanos ignora cómo se editan las cosas hoy día. El juez dictó orden para que de la editorial que había publicado la ilustración moralmente ofensiva se retirase la pieza "que lleva toda la información imprimible y que al recibir la tinta, distribuye ésta de forma significativa para que después se traslade a donde se va a imprimir (directa o indirectamente)": o sea el molde o plancha original. Un invento del milenio pasado que forma parte de las leyendas que los editores más viejos les cuentan a los más jóvenes. Oh, en aquellos tiempos sí que era peligroso el oficio de impresor, hijo mío; si te descuidabas se te podía enganchar la manga en una plancha de la reimpresión del Ulises de Joyce y acababas con el monólogo de Molly Bloom tatuado en todo el antebrazo de por vida. La judicatura desconoce el mundo editorial. Y menos mal.

En los comentarios de otro blog , ya se ríen tal que así de esa brecha digital entre los viejos modos de aplicar la ley y las nuevas formas de satirizar instituciones públicas.:

¿Nadie habló con éste magnánimo jurista antes de enviar la sentencia para decirle que conceptos como "molde, Siam, Prusia, autogiro y enaguas" no pertenecen ya a nuestra era?

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23 Febrero 2007

“Moonlight Blues”, de Stefano Casini

Esta película ya me la han contado antes

Boxeador sonado. Mujer fatal. Saxofonista que toca en un tugurio. Matón a sueldo. Prostituta de corazón de oro. Una gran ciudad en la que enamorarse de la chica del jefe o pelear un combate amañado. Una pistola en un callejón...

Es verdad, es un película; hasta tiene el aroma de un clásico. Pero está muy vista.

Y no ayudan unos diálogos tan largos, ni una voz en off (perdón, un narrador omnisciente) que se extiende, más bien se derrama, demasiado en el relato de los hechos. ¿No era el género negro dado al laconismo? Así, la historia increíblemente se hace pesada a lo largo de sus 48 páginas, cuando un capítulo de Sin City con el doble de extensión se lee en un suspiro trepidante.

Historia correcta como homenaje a otro tiempo y a otra forma de contar las cosas, pero no da para más.

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18 Febrero 2007

“Los misterios de Madrid”, de Antonio Muñoz Molina

Paleto en la gran ciudad

Lorenzo Lorencito Quesada es una persona media con un trabajo medio que vive en Mágina, una ciudad media de la Andazulía profunda: o más bien un pueblo grande, que no cuesta imaginar como una representación de la Úbeda natal del autor. Por su labor de periodista de provincias, a Lorencito el cacique local le encarga que vaya a la Capital y recupere la imagen robada del Santo Cristo de la Greña, una escultura de la cofradía del pueblo tenida por muy valiosa. Entonces el protagonista viaja a Madrid y le pasan cosas. Sobre todo cosas divertidas, para el que las lee.

Madrid se describe aquí tal cual era en el año de gracia de 1992, cuando se publica esta historia por entregas en el El País (episodios de cuatro páginas exactas cada uno, lo justo para seis paradas de metro): era un poblachón asfaltado con aspiraciones de ciudad cosmopolita. Todavía lo es. Recordemos, en todo el país no se hablaba de otra cosa que del Quinto Centenario, la Expo, salvad a Curro, las Olimpiadas, ya semos europeos, ubicar España en el mapa del mundo y todo aquello... Así que ¿quién es más provinciano? ¿el beatillo pueblerino Lorencito Quesada, que investiga un misterio religioso cual casposo padre Brown que llevará el traje pringado con lamparones de aceite y tomate?; ¿o la recién estrenada Capital Cultural (el timo de fin del siglo) que rivaliza con Sevilla y Barcelona en gastar más dineros para aparentar modernidad mientras sigue sin desatornillarse la boina de la cabeza ni quitarse la manta burrera?

En esta novela hay mujeres misteriosas, engaños, magnates poderosos, asesinos exóticos, confesiones, descubrimientos y mucha ironía comedida de la que se gasta Muñoz Molina. Los esquemas de los subgéneros vienen bien para este tipo de historias, porque dan el camino a recorrer ya hecho. Y además lo divertido es reconocer el esquema: poco antes Eduardo Mendoza se había puesto a patear las calles de Barcelona en busca del alienígena Gurb, mientras describía disparates inmobiliarios y sociales parecidos. Mendoza y Molina son señores educados, ya vendría luego el relevo generacional con gamberros como Pablo Tusset y Rafael Reig para describir las dos urbes en el nuevo milenio.

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17 Febrero 2007

“Y vendrán... Las migraciones en tiempos hostiles”, de Sami Nair

Vienen para quedarse

El sociólogo Sami Naïr, elabora un documentado ensayo sobre el fenómeno migratorio en la actualidad. Si bien un capítulo está dedicado a los movimientos a través de la frontera entre México y los EE.UU, se trata principalmente de un estudio sobre la situación en, y alrededor, del continente europeo. Una mirada estadística que analiza las directrices de la Unión Europea y las políticas de contratación y regularización de sus diferentes estados. No por ello se pierde una perspectiva más humana, relativa al deterioro y la pérdida de derechos tan fundamentales como el de asilo. Tampoco se excluye una denuncia efectiva del estado de los campos de internamiento en los países fronterizos de la UE (el Magreb y el este europeo), reducidos a la condición de gendarmes y filtro de la mano de obra necesaria. Quien quisiera una metáfora visual de esta situación tenía hasta hace poco la oportunidad de ver en el cine Hijos de los hombres

A proposito de esta referencia cinematográfica: la oposición que pueda hacerse ante el movimiento migratorio, según el autor, choca con la realidad de una pirámide demográfica en progresivo envejecimiento. La emigración extracomunitaria no sólo pagará la pensión del viejo caballero europeo orgulloso de sus raíces cristianas: también llenará sus guarderías. De ahí que Naïr difiera de políticas que establecen minorías vigilantes unas de otras y generan guetos étnicos (el modelo anglosajón). Aboga en cambio por engendrar un gran mestizaje a través del llamado modelo brasileño, dentro del cual nadie es discriminado por su cultura ya que esta es común a todos. La integración a fin de cuentas.

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14 Febrero 2007

Vino a hablar de su libro (también)

El viernes por la noche tenía que salir en un conocido programa, televisado por todo el país. Era un programa de entrevistas de carácter literario que duraba noventa minutos. Pedí que me proporcionaran dos botellas de un buen vino blanco en la tele. Entre cincuenta y sesenta millones de francese vieron el programa.

Empecé a beber a primera hora de la tarde. Lo siguiente que recuerdo es que Rodin, Linda Lee y yo estábamos pasando por seguridad. Después me sentaron delante del maquillador. Me aplicó muchos polvos, que fueron inmediatamente vencidos por la grasa y las cicatrices de mi cara. El maquillador suspiró y me echó de allí. Después estuvimos sentados en grupo esperando a que empezara el espectáculo. Descorché una botella y me tomé un trago no estaba mal. Había tres o cuatro escritores y el moderador. También estaba el loquero que le había dado electroshocks a Artaud. Se suponía que el moderador era famoso en toda Francia, pero a mí no me pareció gran cosa. Me senté a su lado y él golpeó el suelo con el pie impacientemente.

-¿Qué pasa? -le pregunté-. ¿Estás nervioso?
No contestó. llené un vaso de vino y se lo puse delante de la cara.

-Venga, tómate un trago de esto... Te sentará bien...

Me apartó con cierto desdén.

Después estábamos en el aire. Me habían puesto un micrófono en la oreja a través del cual me traducían el francés al inglés. Y yo debía ser traducido al francés. Yo era el invitado de honor, así que el moderador empezó por mí. Mi primera afirmación fue:

-Conozco a muchos escritores americanos importantes a los que les gustaría estar en este programa. Para mí no significa gran cosa...

Tras esto, el moderador saltó rápidamente a otro escritor, un viejo liberal que había sido traicionado una y otra vez pero aún conservaba la fe. Yo no tengo ideas políticas, pero le dije al buen hombre que tenía un bonito careto. Hablaba y hablaba. Siempre lo hacen.

Después empezó a hablar una escritora. Yo estaba bastante borracho y no estoy muy seguro de qué escribía, pero creo que era sobre animales, la señora escribía historias de animales. Le deje que si me enseñaba las piernas podría decirle si era una buena escritora o no. No lo hizo. El loquero que le dio los electroshocks a Artaud seguía mirándome asombrado. Alguien más empezó a hablar. Un escritor francés con un mostacho que tenía forma de manillar de bicicleta. No decía nada pero no paraba de hablar. Las luces ganaban en brillo, un amarillo viscoso. Lo siguiente que recuerdo es que estoy en las de París y hay ese molesto y continuo rugido y luz por todas partes. Hay cien mil motoristas en las calles. Exijo ver unas bailarinas de cancán, pero me llevan de vuelta al hotel con la promesa de más vino.

(Charles Bukowski, Shakespeare nunca lo hizo)

La cámara parece decir otras cosa. Y el poeta David González llega a la conclusión de que el mito bukoskiano del programa "Apostrohpes" no fue para tanto. Hank, viejo borracho, escribes mejor de lo que actúas.

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10 Febrero 2007

Peligros de la literatura (VI)

1984, de George Orwell: rechazado por "pro-comunista y contener sexo explícito".

El rey Lear, de William Shakespeare: reescrito para tener un final feliz.

Las crónicas marcianas, de Ray Bradbury: rechazado "por profanar y usar el nombre de Dios en vano".

La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe: rechazado por contener el termino "negrata".

El leon, la bruja y el armario, de C.S. Lewis: rechazado por su detallada "violencia gráfica, misticismo y gore".

La muerte de Arturo de Thomas Malory: retirado por "arcaico".

¿Dónde está Wally?, de Martin Handford: retirado por contener la imagen de una mujer sin sujetador. De Wally, ni rastro.

Y muchos otros libros más (y razones absurdas para no leerlos) en la Biblioteca de Libros prohibidos: principlamente se trata de un compendio de estupideces acerca de las listas de lecturas escolares en Estados Unidos, pero también contiene sus dosis de tonterías universales.

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7 Febrero 2007

"Aucassin y Nicolette", de Anónimo

Una historia de amor cortes de entre las más populares en Francia, compuesta entre los siglos XII y XII. En algún lugar, un librero de segunda mano posee la única traducción al español de Gredos, dispuesto a desprenderse de ella a cambio de mi dinero. Mientras tanto, es posible hojear la edición virtual, que incluye acompañamiento músical de época y notas explicativas. Un poco al estilo Turning the Pages. El resumen suena interesante.

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5 Febrero 2007

"La torre de la golondrina", de Andrzej Sapkowski

Nuevos aires para viejas historias

Sexta entrega de la saga protagonizada por el brujo Geralt de Rivia, una serie que supone una renovación en los esquemas de un subgénero literario tan traído y llevado, tan denostado y comercial como sublime (a veces), cual es el de la literatura fantástica. En la mayor parte de sus “diversas” variedades (épica fantástica, fantasía heroica, de capa y espada, de espada y brujería; y así hasta el infinito) esta literatura había quedado atrapada en los manidos clichés generados por el mundillo literario anglosajón, que lo dotaba de héroes demasiado santos o antihéroes demasiado amorales.

Con los dos primeros libros de la serie (los volúmenes de relatos contenidos en El último deseo y La espada del destino), uno podía descubrir a un personaje como Geralt, cazador a sueldo de criaturas mágicas, que se muestra más receloso hacia los seres humanos que le pagan que hacia las criaturas rapaces que intentan masticarle, envenenarle o mutilarle. Por usar una de las muchas imágenes que se parodian postmodernamente a lo largo de las diversas novelas, en sus procedimientos, Geralt tiene más en común con un alimañero furtivo que con un caballeresco San Jorge enfrentado con el dragón. Sus acciones son las propias de un hitman como los retratados por Hammett o Chandler; dos autores que (ahora lo descubrimos) aparte de renovar el género policiaco, escribieron la verdadera novela social de su tiempo.

Con Sapkowski, antiguo funcionario polaco y economista de profesión, ocurre igual. En esta última novela y en un mundo poblado por dríadas, semielfos y magia por doquier, el autor puede ocuparse en algunos párrafos de la minuciosa descripción de un proceso de recalificación de terrenos, un auténtico “pelotazo” urbanístico (como suena) en las tierras de Fantasía. Y cuando al comerciante especulador se le reprocha su actitud lucrativa, este aduce que se confunde el robo con el “espíritu empresarial del individuo”. Nosotros los mercaderes, por nuestra parte, dirá más adelante para justificar un brutal espectáculo de masas patrocinado por él mismo, hemos de actuar siguiendo esta regla: hay que darle al cliente lo que el cliente desea.

Hay una guerra en esta novela. Para ser exactos lleva habiendo guerra desde el tercer libro (La sangre de los elfos) y siguientes (Tiempo de odio, Bautismo de fuego); una guerra amplia que enfrenta a ejércitos poderosos. A diferencia de interminables novelas-río del mismo género, aquí el conflicto importa poco, es casi telón de fondo y ambientación de la obra: sólo se trata de un grupo de grandes cabronazos con títulos nobliarios líandose a espadazos entre sí y contra una superpotencia regida por otro grandísimo cabronazo con rango imperial, mientras se exprime a los pobres cabrones de a pie. En un alarde de ironía esta “saga de Geralt” ni siquiera lo es del todo, porque el autor se centra principalmente en la pupila del brujo, Cirilla y en la narración que va hilvanando a golpe de flash-back.

La técnica narrativa es heredera del hard boiled, un caldero borboteante de personajes de toda clase y condición que suben y bajan constantemente ante nuestros ojos, moviéndose en un mundo amenazante donde la solidaridad es un bien escaso (pero no inexistente) y los peores peligros vienen no tanto de bestias encantadas, que también los hay, como de seres humanos movidos por el interés o la ambición. Todo ello narrado con un excelente dominio de los diferentes niveles del lenguaje –del más culto al más procaz, muy bien traducidos-, economía de medios y uso del diálogo acerado y certero: verdadera novela negra fantástica.

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