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Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

23 Octubre 2006

“Ciudad de cristal”, de Paul Auster, Paul Karasik y David Mazzucchelli

Donde empezó todo


Primera novela de quien en aquel tiempo era el ya maduro poeta y ensayista Auster (si exceptuamos Jugada de presión, que publicó bajo pseudónimo). Primera historia de Auster que leí, mucho antes que la propia novela original que es adaptada aquí. Este relato en viñetas apareció en español hace casi diez años editado por La Cúpula . Y la impresión que me deja sigue siendo la misma: sublime obra.

Ciudad de cristal (La ciudad de cristal, antes de que Jorge Herralde le echase el guante) se dividía en tres números: “La torre de Babel”, “La busqueda de Quinn”, y “Paul Auster encuentra a Paul Auster”.

Leí los tres seguidos en una gran librería bien surtida de cómics del centro de la ciudad que utilicé como biblioteca para profundizar en este género literario del que precisamente carecían las bibliotecas públicas. Además era más cómodo que hojear libros.

De Auster conocía nada más que un extracto suyo de la misma obra, un párrafo que aparecía en El arte de la ficción, de David Lodge y que ilustraba la obsesiva investigación que el personaje de Stillman realiza en torno a Babel y la Caída, así como la búsqueda del lenguaje perfecto:


La primera tarea de Adán en el Edén había sido la de inventar el lenguaje, darle su nombre a cada criatura y a cada cosa. En ese estado de inocencia, su lengua había ido directa al meollo del asunto. Sus palabras no habían sido simplemente adosadas a las cosas que veía, sino que habían revelado sus esencias, las habían traído literalmente a la vida. Una cosa y su nombre eran intercambiables. Tras la caída, eso ya no era cierto. Los nombres se alejaron de las cosas; las palabras se convirtieron en una colección de signos arbitrarios; el lenguaje se había apartado de Dios. La historia del Paraíso, a partir de entonces, no solo narra la caída del hombre, sino también la caída del lenguaje.

Sintetizaba a la perfección el espíritu de la obra. Y era tan poderosa que podría haber ido a buscar directamente la novela, pero llegué antes a los cómics. Desde entonces nunca abandoné a Auster. Ni siquiera anteayer, por lo que sirva esta reseña como compensación, ya que realicé la lectura el mismo día que le comunicaron que había sido galardonado con el premio .

En todo caso, una magnífica adaptación, que capta el sentido de la historia y lo retraduce a través de su propio lenguaje visual. Que menos. Una pequeña joya del cada vez mejor considerado género de la novela gráfica. Y respecto a esto último resultan muy convenientes las primeras páginas del prologo de Art Spiegelman que acompaña la edición.

Coda: Comentarios de especialista a un advenedizo.

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