Presidenta Roslin:“¿Le importaría prestarme algún libro...?
...Solo me traje uno para leer en el vuelo del Galáctica.”
Comandante Adama: “¿Qué libro?”
Presidenta Roslin: Homicidio en Picon. Me encantan los misterios.”
C.A: "¿Ha leído Día oscuro?”
P.R: “De Edward Prima. Me da pena decir que es un clásico que aún no he leído.”
C.A: “Creo que le gustará.”
P.R: “Gracias, tal vez tarde en devolvérselo.”
C.A: “Es un obsequio, no presto libros.”

Dos veteranos secundarios del cine: la maternal Mary McDonell (en la imagen) como la ministra de cultura ascendida de improviso a presidenta de gobierno de lo que resta de la raza humana; y el chicano Edward James Olmos representando al severo y estoico jefe militar que vela por la supervivencia de esa misma humanidad. Son los principales protagonistas de la revisada Galáctica, una de las primeras series de televisión imbuidas conscientemente del espíritu 11-S, si no la primera; ambos caracteres dan contenido a una narración llena de tintes oscuros, dramáticos, en lo que todos los personajes cargan con sus propios cadáveres, reales o imaginarios.
Gracias a la estética retrofuturista de la serie, Adama puede permitirse en el despacho de su nave espacial de combate una biblioteca con ejemplares en papel y encuadernados en cuero. Libros que regala, no que presta. Junto a Los Soprano creo que es de las pocas historias televisivas de hoy día en donde se ve a algún personaje leyendo -y citando- algo que no sea el periódico de la mañana.
