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Comeclavos

Apodado también dientes largos y ojo de satán y lord high life y sultán de los tosedores y cabeza hendida y pies negros y chistera y bey de los mentirosos y palabra de honor y casi abogado y embarullador de procesos y médico de lavativas...

14 Febrero 2007

Vino a hablar de su libro (también)

El viernes por la noche tenía que salir en un conocido programa, televisado por todo el país. Era un programa de entrevistas de carácter literario que duraba noventa minutos. Pedí que me proporcionaran dos botellas de un buen vino blanco en la tele. Entre cincuenta y sesenta millones de francese vieron el programa.

Empecé a beber a primera hora de la tarde. Lo siguiente que recuerdo es que Rodin, Linda Lee y yo estábamos pasando por seguridad. Después me sentaron delante del maquillador. Me aplicó muchos polvos, que fueron inmediatamente vencidos por la grasa y las cicatrices de mi cara. El maquillador suspiró y me echó de allí. Después estuvimos sentados en grupo esperando a que empezara el espectáculo. Descorché una botella y me tomé un trago no estaba mal. Había tres o cuatro escritores y el moderador. También estaba el loquero que le había dado electroshocks a Artaud. Se suponía que el moderador era famoso en toda Francia, pero a mí no me pareció gran cosa. Me senté a su lado y él golpeó el suelo con el pie impacientemente.

-¿Qué pasa? -le pregunté-. ¿Estás nervioso?
No contestó. llené un vaso de vino y se lo puse delante de la cara.

-Venga, tómate un trago de esto... Te sentará bien...

Me apartó con cierto desdén.

Después estábamos en el aire. Me habían puesto un micrófono en la oreja a través del cual me traducían el francés al inglés. Y yo debía ser traducido al francés. Yo era el invitado de honor, así que el moderador empezó por mí. Mi primera afirmación fue:

-Conozco a muchos escritores americanos importantes a los que les gustaría estar en este programa. Para mí no significa gran cosa...

Tras esto, el moderador saltó rápidamente a otro escritor, un viejo liberal que había sido traicionado una y otra vez pero aún conservaba la fe. Yo no tengo ideas políticas, pero le dije al buen hombre que tenía un bonito careto. Hablaba y hablaba. Siempre lo hacen.

Después empezó a hablar una escritora. Yo estaba bastante borracho y no estoy muy seguro de qué escribía, pero creo que era sobre animales, la señora escribía historias de animales. Le deje que si me enseñaba las piernas podría decirle si era una buena escritora o no. No lo hizo. El loquero que le dio los electroshocks a Artaud seguía mirándome asombrado. Alguien más empezó a hablar. Un escritor francés con un mostacho que tenía forma de manillar de bicicleta. No decía nada pero no paraba de hablar. Las luces ganaban en brillo, un amarillo viscoso. Lo siguiente que recuerdo es que estoy en las de París y hay ese molesto y continuo rugido y luz por todas partes. Hay cien mil motoristas en las calles. Exijo ver unas bailarinas de cancán, pero me llevan de vuelta al hotel con la promesa de más vino.

(Charles Bukowski, Shakespeare nunca lo hizo)

La cámara parece decir otras cosa. Y el poeta David González llega a la conclusión de que el mito bukoskiano del programa "Apostrohpes" no fue para tanto. Hank, viejo borracho, escribes mejor de lo que actúas.

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