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	<title>Comencemos por el final</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Todo es movimiento irregular y contínuo, sin dirección y sin objeto (Montaigne)</tagline>
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	<modified>2008-06-27T21:41:19+00:00</modified>
	
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		<title>All tomorrow’s parties</title>
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		<updated>2008-06-27T22:07:16+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Te equivocas y escribes mal una fecha antes de comenzar a tomar apuntes en clase, rellenando una solicitud o tecleando un mail. En vez de poner 26 de junio del 2008, escribes 26 de junio del 2080: un rápido y fácil calculo mental (2080-1981=99 años) y acto seguido tu mirada se torna melancólica mientras te preguntas: ¿estaré viva en el 2080? La duda consuela y continúas sin más con la tarea que tenías entre manos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es peor cuando en lugar de equivocarte en muchas décadas te equivocas en un par de siglos (¿qué tal el año 2300?). Entonces es cuando, de golpe, esa hipotética fecha te empuja, como si se tratase de un zoom de película, durante milésimas de segundo, a un futuro lejano que observas con los ojos muy abiertos pero sin ver ninguna idea concreta. Regresas, pues, con una mezcla de sentimientos contradictorios (melancolía e incredulidad, pesar y ligereza), y algunas cuestiones obvias (¿cómo será el hombre del siglo XXV?, ¿qué pasará con nuestras ciudades?... pero ¿habrá entonces mundo?). Al final una triste sonrisa se dibuja en tu rostro mientras te preguntas: y a mí qué si no estaré, a mi qué si no sufriré, según decía hace ya unos veinticinco siglos Epicuro, cuando mencionaba que &quot;la muerte es sinónimo de perdida de sensaciones. No hay que temer, pues, el post mortem como tampoco la idea de muerte porque mientras vivimos no nos afecta, y cuando se impone no causa dolor&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como no todos somos tan racionales y lógicos como desearía Epicuro, me quedo con una frase que leí en una entrevista de Félix de Azúa en El País: a medida que envejecemos nos importa menos morirnos, la juventud es un período narcisista: lo jóvenes se sienten únicos pero una vez que va pasando el tiempo esta sensación desaparece.    &lt;/p&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2008/06/03/del-arte-la-arqueolgia</id>
		<title>Del arte a la arqueología</title>
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		<issued>2008-06-03T16:46:56+00:00</issued>
		<updated>2008-06-27T22:15:27+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Dedico una oda a la mediocridad, pero a la mediocridad sincera despojada de altanería, pretensiones, alardes. Rindo tributo a la mediocridad ética, rigurosa, disciplinada y académica, esa que se confunde a menudo con humildad, y que sirve de marco, relleno o contexto, a grandes ideas. Pienso, por ejemplo, en teóricos que basan sus estudios en datos, en eruditos satisfechos, en músicos maestros, en alumnos metódicos, en pintores medios…&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mirando a la mediocridad desde la mediocridad se comprende el alcance de ésta: cohabitar con nosotros y describir nuestro contexto, como por ejemplo, esas pinturas que cuelgan en nuestro salón, o los grupos locales que descubrimos en pequeños conciertos, o la novela de tu mejor amigo… todas estas creaciones, tienen como común denominador que nos pertenecen, nos describen y nos entretienen&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El brillo, la originalidad y la excelencia que caracteriza a las obras de arte, tan pronto las eleva a otras esferas como las aleja de la nuestra. No hay que huir de la mediocridad (se tiene o no se tiene), sólo hay que crear, aunque sean obras mediocres, o bien por que lo son…&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pienso en un futuro lejano, cuando ya no estemos, y tal vez sí permanezca ese libro que te decidiste a escribir, sin valor alguno, o los poemas de ese poeta del barrio que se fue entre cenizas…o la caja que hiciste para guardar calcetines. Todas las creaciones son parte de la cultura material de la época… y ¿a quién no seduce la inmortalidad que otorga la arqueología? &lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2008/04/27/deseos</id>
		<title>Deseos</title>
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		<issued>2008-04-27T12:56:02+00:00</issued>
		<updated>2008-06-27T15:32:17+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Comencemos, hoy, por el final de una vida, ya sea imaginada, proyectada, pensada, dibujada, poetizada...la frase que la ilustra es del escritor Alexander Pushkin, y me la dijo un amigo al oído, a gran distancia:&quot;puedo decir que sobreviví a mis deseos&quot;. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Caben varias interpretaciones, como siempre. Una podría ser, no haber contado el suficiente coraje para enfrentarse a ellos, y pese a ello, vivir y bien. O no haberse arrodillado por ellos, y entonces, el orgullo, (o honra, promesa, respecto) estaría por encima de ellos, o más qué el orgullo fuese quizás, el miedo a no sobrevivirlos lo que impide que se cumplan (¿No hay más y ahora qué? (nos preguntamos): no llega la alegría, no hay belleza...).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tal vez, no sabía que, hablaba en voz alta y se le escapó su deseo carente ya de anhelo, porque quizás al deseo no haya que sobrevivirlo, ni combatirlo, tal vez educarlo para que nos empuje hasta poder contemplarlo a media distancia, como Pushkin desde su horizonte &lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2008/03/13/parentesis</id>
		<title>Paréntesis</title>
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		<issued>2008-03-13T13:34:14+00:00</issued>
		<updated>2008-03-15T15:38:50+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Hoy no pienso en finales, ni en comienzos, sino en intermedios, en pausas que duran más que el acontecimiento al que asistimos, esas que nos hacen olvidar la batalla que teníamos pensada para mañana. Quizá más que a una película (dicen que eso es la vida hasta que llega un acontecimiento trágico que te golpea y, se acabó la representación, se acabaron los anuncios… por un tiempo) primero se nos invitó a una batalla, la propia, de ahí que no empuñáramos las armas…&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; Estos intermedios donde transcurre la mayor parte de la vida han sido magníficamente tratados en el cine y en los estribillos de algunas memorables canciones. Ahora sobre todo me viene a la cabeza el personaje principal de La Dolce Vtia, Marcello, el cual anda siempre demasiado liado en sus quehaceres cotidianos: persecución de famosos y fiestas (podría también haber sido trabajo y familia, ipod y sonar) como para concentrarse en su afán de escritor de novelas; casi sin darse cuenta, es arrastrado por continuas olas de placer vacío que lo alejan de su isla, sin poner, también, ningún un impedimento: que me arrastre la marea, así es la vida, olvidémonos de las batallas y de los sueños.&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2008/02/10/fe</id>
		<title>Fe</title>
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		<issued>2008-02-10T22:11:25+00:00</issued>
		<updated>2008-02-13T20:51:27+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Me planto delante de un cuadro y lo contemplo durante cierto espacio de tiempo; voy a una librería y miro la parte de ensayo (puedo estar horas); leo &lt;EM&gt;Esto no es una pipa&lt;/EM&gt;, incluso cojo notas…pero solo intuyo su significado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cómo ignorar a Pollock, pero cómo comprenderlo, cómo no apreciar a Foucault, pero qué decir de él, cómo ir a la librería del CCCB y no echar un vistazo a esos sabios del presente de los que no sabemos nada. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pienso en la religión, la católica, en su celebraciones, en sus feligreses y, por primera vez, me inspira cierto respeto la fe de algunos que se aferran en creer aquello que no sienten, que no ven y que incluso no profesan, pero que en el fondo les gustaría sentir y comprender y, me veo a mi delante de un cuadro, o una escultura, o frente a un libro y los veo a ellos y, estoy a su vera. &lt;/p&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2008/02/02/murmullos</id>
		<title>Murmullos en Roma</title>
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		<issued>2008-02-02T23:54:06+00:00</issued>
		<updated>2008-02-03T00:04:14+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Una obra de arte expresa, evoca, enseña, documenta, pero no habla, o al menos eso pensaba yo hasta que llegué a Roma y empecé a sentir el murmullo de los monumentos: fuentes, esculturas, tumbas, cúpulas...La sensación general era de extrañamiento (cómo si no supieran que han llegado al año 2008, cómo si nadie les hubiera contado cuál es su finalidad en este siglo) y de huida (desaparecer, y quedar en el recuerdo de tantas y tantas cámaras de fotos y videos y lienzos...).Los entendía y cómo no, la inmortalidad cansa, y no tiene sentido cuando no puedes disfrutar en una plaza de la contemplación de una escultura que ha sido creado para ello: ¿Para qué degradar su origen?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me viene a la mente el protagonista de À Rebours el duque De Esseintes, que abandonado a los placeres de su castillo, decide un día partir a visitar Londres, pero a última hora prefiere perder el barco y permanecer en la taberna: teme no encontrar aquello sobre lo que ha leído, coge sus guías, sus libros de arte y acompañado de un exquisito Jerez camina sentado por la City&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y si la verdadera contemplación ya no es la verdadera, es decir, si el recuerdo pesa más que la visión directa, es decir, y si reconociera que puede desaparecer Roma pero no la Dolce Vita. Quizás viajemos para disfrutar más de nuestras películas favoritas&lt;/p&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2007/07/19/piscinas</id>
		<title>Piscinas</title>
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		<issued>2007-07-19T01:26:24+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T08:04:07+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Tengo una particular fascinación por las piscinas. Esta me viene de la infancia. Me pasaban las horas nadando y buceando, sobre todo buceando. Creo que fue en una de esas tardes de verano cuando empecé a oír mi yo interior. Me gustaba estar bajo el agua, oculta para los demás y rodeada de azul. En la superficie tampoco se estaba nada mal: colchonetas, juegos, saltos…Contar con una piscina en verano era la mejor promesa de diversión. Pero terminó de repente, de cuajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde mi perspectiva actual las veo como receptáculos de sueños, promesas, y posibilidades no cumplidas que cada nuevo verano se vuelven un poco más inmensas. Es curioso, siempre están llenas y a la vez vacías: nadie se baña, nadie bucea. Hastiadas esperan que alguien se sumerja, y dé sentido a su existencia, a la propia. Me viene a la cabeza Ed Ruscha. Las piscinas ocupan gran parte de su obra: quietas, silenciosas, perennes. Se ofrecen como consuelo y condena. Ruscha pintó las piscinas de las grandes mansiones de Los Ángeles, y con ellas recogió todas las tristezas y desidias de sus omnipresentes bañistas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde hace bastante tiempo que sueño con piscinas, no me ocurre muy a menudo, pero sucede de vez en cuando. Hace poco soñé que saltaba desde un trampolín a distintas. No sé que significado tendrán para el psicoanálsis, pero sé que cuando sueño con piscinas sueño sobre mí. De ese yo protegido que buceaba y jugaba feliz.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;IMG id=img_1 height=350 src=&quot;http://www.lacoctelera.com/myfiles/comencemos-por-el-final/piscinas.jpg&quot; width=351 class=&quot;imgcen&quot;&gt;&lt;/p&gt;

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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2007/06/05/imagenes</id>
		<title>Imágenes</title>
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		<issued>2007-06-05T18:10:39+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:56:41+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Un terceto recien formado escuchan Erik Satie, y beben cava a las cuatro de la madrugada. Hablan sobre situacionismo, constructos, y demás objetos surrealistas, y dadaístas. Llega una enfermera recien dormida en camiseta....Es el comienzo de un gran amistad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vuelo imposible de una cometa en una tarde sin aire. Cuatro adultos en lo alto de un tejado buscan a un niño de 9 años para que les ayude a volarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me gustan tus gafas, dijo ella, y a mi tú. Eso fue lo primero que me dijistes. Es verdad, no me acordaba, dije yo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Flaca, dame un beso. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Indiscutiblemente, Estrella, la pátina es un valor añadido a la obra de arte. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final de la escapada: Tú eres nouvelle vague, dijo él, y tú Baudelaire.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Crecen en secreto las niñas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces pregunté a un distinguido catedrático (especialista en Vanguardias): ¿Cómo se lleva eso de la historia del arte y empujar un carrito de niño pequeño?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como dice Vicente Verdú en &lt;EM&gt;La forma del mundo&lt;/EM&gt;, ya no existe la naturaleza, sino parques temáticos. Recuerdo cuando lo dijistes. Fue en clase de Contemporáneo, hablamos del expresionismo alemán, y de la crisis de sujeto causado por la no naturaleza. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Haré como Duchamp y te traeré aire embotellado de Londres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me quedo con esta imagen: los dos sentados en las escaleras de la facultad, repartiéndonos las fotocopias de no sé que asignatura. El viento sopla y tú me dices que echarás de menos momentos como este.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;EM&gt;No volveran esos días en el que tiempo nos reunía, ma jolie...&lt;/EM&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nunca te lo dije, pero te quiero y te echaré de menos infinitamente. Un beso sin fin.&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2007/05/01/continuar-y-recordar</id>
		<title>Continuar y recordar</title>
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		<issued>2007-05-01T20:37:36+00:00</issued>
		<updated>2008-06-04T01:27:07+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;EM&gt;&quot;Eso es lo mejor que nos ha ocurrido en toda la vida -dijo Frederic.&lt;br /&gt;
Sí, tal vez. Es lo mejor que hemos tenido nunca -dijo Deslauries&quot;&lt;br /&gt;
&lt;/EM&gt;(La educación sentimental, Flaubert)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muchos finales dan pie a comienzos, pero la mayoria se terminan una vez has cerrado ese libro que te tenía subyugado, o apagado la caja de luces. Amontonadas en la memoria, reparecen esas historias en una conversación, &quot;ese libro lo leí, pero hace mucho tiempo...&quot; Con frecuencia no recordarmos haber visto una película, y pasamos el rato intentado adelantarnos a alguna de las escenas para comprobar efectivamente si la vimos, o no. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Suelo acabarme los libros por la noche, entonces experimento una especie de vacio y temblor, de coherencia y desasosiego. Da igual la temática del libro, el final siempre es el mismo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Continuar y recordar. De eso se trata cuando acabas con un libro importante. Los mejores finales son los que te impulsan con más energia a buscar otros nuevos, donde perderte y encontrarlos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo tuve un amigo que me invitaba a entrar en las películas; nos cogíamos de la mano y nos lanzábamos directamente contra el celoluide: Bacall, Bogart, él y yo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algún día contaré como termina la película. El final es triste pero así suelen ser los mejores.&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2007/04/01/recuerdos-recuerdos</id>
		<title>Recuerdos de recuerdos</title>
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		<issued>2007-04-01T02:48:43+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:44:07+00:00</updated>
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&lt;p&gt;A veces me pongo a recordar épocas pasadas que yo no he vivido aunque sí imaginado a menudo. De las que más me gusta recordar es la Época Clásica; a la mente me viene luz del Mediterráneo y el sentimiento ingenuo de saberlo todo. La admiración con que enseñan estos siglos en la escuela ha hecho mella en mi mente. Lo mismo me ocurre con los romanos. Una vez escribí un relato que se desarrollaba en el cabo Finisterre; intente imaginarme que sensación tuvieron que experimentar al toparse con el fin de la tierra. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como no poseo apenas conocimientos de historia y últimamente por cuestiones de estudios también tengo abandonada a la historia del arte, imagino a personas anónimas en días anodinos de la historia. Es más sencillo que recordar el sabor de una gran batalla, o la resolución de una obra arquitectónica. Solamente pienso en momentos de silencio, aburrimiento, y vacío, y los traslado a otra época; la visión fugaz de una chica del 1400 que imagina el 1900; a nuestros bisabuelos regresando del campo con los trastos a rastras por –hermosos- senderos ya borrados, con un cigarrillo a medias… al ángel de la &lt;EM&gt;Melancolía&lt;/EM&gt; de Durero pensado, entre otros, en la noche de los tiempos… &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Existe un recuerdo que descubrí hace poco y me es el más apreciado por su unicidad e intimidad: yo recordando a mi padre (muerto), recordando su niñez (de mayor). La imagen es conmovedora:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi padre me habla desde el sofá, una tarde más de inverno, yo tengo unos 10 años, un azul Klein apagado colapsa el cielo, escucho atenta. Me imagino en blanco y negro a mi padre de niño, jugando con otros niños por el pueblo. Pero yo aún no he ido a Zafarraya, y la veo con viento y sin aceras. Mi padre me enseña una foto de pequeño, no hay duda, se parece a mi. &lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2007/01/28/la-vida-como-obra-arte-picasso</id>
		<title>La vida como obra de arte: Picasso</title>
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		<issued>2007-01-28T02:33:29+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:33:52+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Leía no hace mucho sobre el psicoanálisis y su relación con la historia del arte: De como los artistas acudían a éste para indagar en sus propias mentes, o los críticos recurrían a metodologías psicoanalíticas para interpretar posibles simbologías en cuadros, dibujos, esculturas…&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Existen dos posibles vías para no renunciar a la satisfacción de los instintos: a través de procedimientos artísticos (Freud entendía el proceso artístico como el contacto que el artista mantiene con su realidad oculta, primitiva, instintiva y erótica), y transformando nuestro entorno real, camino más largo y dificultoso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras leía esto último me vino a la cabeza la vida de Picasso. No podemos hablar de Picasso como un excelente hijo, ni marido, ni padre de familia. Creo que era él quién se presentaba en los salones más refinados de París con el mono de trabajo y haciendo gala de malos modales. Su vida es tan interesante de estudiar como su obra. Llegó a Barcelona cuando el modernismo hacía mella en la ciudad (los cuadros de esta época reflejan el hambre, la soledad, el abandono, la prostitución…) Anduvo por los sitios más bajos y oscuros tanto de Barcelona como de Paris, esto cuando aún no era más que un adolescente. Hubo muchas mujeres, amantes, artistas, marchantes… en su vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras Picasso satisfizo sus instintos por ambas vías, otros aún ni la artística ni la vital:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cómo le digo a mi madre que no iré a casa por vacaciones, o, a los compañeros de trabajo que paso de ir a la cena de navidad, que prefiero estar escribiendo o…lo que sea. A estas cosas nos gustaría decir que no, pero aunque nos molesten acudimos porque es lo que nos mantienen con los pies en la tierra. Por eso creo que nunca rozaré el mundo de los instintos y del arte por mi misma. Será por las vivencias de aquellos que bajen a los infiernos y me ofrezcan sus tesoros&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;TO BE CONTINUED....&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.lacoctelera.com/comencemos-por-el-final/post/2006/09/25/lo-terrorifco-</id>
		<title>Lo terrorífco.</title>
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		<issued>2006-09-25T22:23:29+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:15:40+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Experimentar el abismo, contemplar un precipicio, sentir terror, soledad, desamparo... son sentimentos que ha sabido reflejar y descubrir el arte. Para los que no vivimos al borde de la locura, detenernos a reflexionar, momentaneamente, sobre estos sentimentos puede ayudar a conocernos mejor. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este verano ví una película demoledora: &quot;Secretos de un matrimonio&quot; de Ingmar Bergman. Son varias las escenas que muestran con gran crudeza, a través de una puesta en escena sencilla y sobria, los pensamientos y acciones que giran alrededor del amor; pensamientos que ocultamos a los que nos rodean, y a nosotros mismos, pero que están ahí latentes. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Daré un gran salto, aunque la película no lo merece, hasta la escena final: el matrimonio (divorciado ya hace bastante tiempo) se encuentran, en secreto, en su antigua casa campo. La velada trasncurre hablando de su actual vida sentimental, y de los descubrimientos que han hecho sobre ellos mismos. En mitad de la noche, Marianne, se despierta por una pesadilla. Abrazada a Johan, su ex marido, le habla del miedo a morir sin haber experimentado el verdadero amor. Su rostro, que aún contempla la pesadilla, se va relajando cuando comprende que el amor imperfecto es la única forma de amor que conocerá. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero lo terrorífico no tiene que ver con este final semifeliz, si no con lo que podría haber sido de haber seguido juntos. En una escena anterior, una mujer de unos sesenta años quiere poner fin a un matrimonio apacible. Admite no querer a sus hijos, ni a su marido. Sabe que la única forma de salvarse es a través del divorcido: se asfixia hasta tal punto de no sentir nada, ni el tacto de una mesa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante la imposibildad de concer el amor verdadero, el mayor consuelo es conocerse a sí mismo. &lt;/p&gt;

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		<title>Escritura automática</title>
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		<issued>2006-08-14T01:08:41+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:11:29+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Ante el miedo de la página en blanco, los surrealistas ponían en prácitca algunos ejercicios o juegos, como el cadaver exquisito, o la escritura automática. Para prácticar el primero es necesario por los menos dos personas, para el segundo, uno mismo con sus fobias, basta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al principio se dudó de que los pintores pudieran adherirse a esa nueva tendencia: dejar aflorar el inconsciente requeria, entre otros, rápidez, y la pintura era una práctica que necesitaba de tiempo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La verdadera práctica surrealista, se revelo, en formato fotográfico. Un artefacto, que sólo precisaba apretar un boton de forma aleatoria para que surgiese una imagen, y además fidedigna.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Buenas noches, y buena suerte.&lt;/p&gt;

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		<title>Comencemos por el final </title>
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		<updated>2007-11-06T07:11:09+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Un amigo me dijo que yo siempre estoy pensando en el final de las cosas: cuando desaparezca mi perra, cuando desaparezca yo, cuando muera Woody Allen...y ahora gracias a él también pensaré- en la noches de invierno- en el meteorito que chocará contra la tierra dentro de unos 50.000 años. Cuando ayer me decía esto rápidamente vino a mi cabeza, Miguel Ángel y todo el arte del Renacimiento. Es decir, todo aquello que yo he estudiado, y he elegido como parte de mi vida. Me producía escalofríos imaginarme el Laoconte en mil pedazos flotando en el espacio. Ni rastro de hombres, ni de sus obras. Realmente terrorifíco. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Antes de dormirme encontré consuelo, momentáneo, en un pensamiento que tengo desde hace algún tiempo: Nos hacemos antiguos, lo que nos interesa a nosotros no interesará a nuestros descendientes. Si cuando eramos adolescentes nos introducía en la música los grupos de los 60/70 como los Doors, la Veltve Underground, Jimmy Hendrix, dentro de 10 años será Nirvana, Pearl Jam, y los Pixies. Dejamos de interesarnos por aquello que está demasiado lejos de nostros. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algo parecido me pasa a mi con el arte prehistórico; no dejo de mirarlo con cierto pavor, huellas de lo que fuimos pero que nada tiene que ver conmigo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Antes de cerrar los ojos pensé nuevamente en Miguel Ángel, pero también en Dalí, Picasso, en Warhol -bueno en este último no, porque no tenía mucha fe en nosostros- Pobres la inmortalidad no les alcanzará.&lt;/p&gt;

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