La Fuga de San Diego
La fiesta de San Diego se celebra el 13 de noviembre y todos los años, por estas fechas, los alumnos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria planean fugarse de clase unos días.
¿Por qué surgió esta especie de tradición? Debo reconocer que no tengo ni la más remota idea. San Diego fue un fraile franciscano español que vivió en el siglo XV y fue canonizado en el siglo XVI. Residió durante unos años en Canarias y en concreto en la isla de Fuerteventura.
¿Pero qué relación puede tener con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, fundada hace menos de 20 años? Es más, ¿por qué los alumnos planean fugarse en su honor? Yo no lo sé y lo más probable es que ellos tampoco.
Obviamente no hay ningún tipo de trasfondo o justificación detrás de esta fuga. Es una excusa para no ir a clase como otra cualquiera. Pero vamos, que si alguien quiere tomarse unos días libres yo no me voy a oponer. Será tarea suya ponerse al día en la materia dada durante las clases a las que falte.
El problema no es que algunos alumnos falten a clase durante unos determinados días. El problema es que se trata de institucionalizar esta fuga como algo oficial. Existe la creencia generalizada entre los alumnos de que esos días no habrá clase si ellos no vienen. Por supuesto, esta creencia es absurda. Las clases seguirán su ritmo normal, dado que la Fuga de San Diego no es una festividad oficial ni nada que se le parezca.
Esta situación causa una división entre los alumnos. Por un lado están aquellos que, por simple sentido común, van a venir a clase. Por otro lado están los que no quieren venir a clase. Como ya he comentado, que un alumno no quiera venir a clase no es un problema, eso es asunto suyo. El problema es que un alumno que no quiera venir a clase pretenda que no haya clase.
¿Y qué es lo que ocurre cuando estos alumnos descubren que sí ha habido clase? Pues en ese momento comienzan las recriminaciones contra los compañeros que asistieron por considerarles culpables de que hubiera clase. Y nada más lejos de la realidad. Las clases seguirán su ritmo con todos los alumnos, con la mitad o con ninguno. El temario se considerará dado independientemente de la cantidad de alumnos en clase.
Mantener este principio básico es muy importante, porque si nosotros, los profesores, admitiéramos que no hubiera clase cuando los alumnos no asistan, estaríamos cometiendo dos graves errores. Por una parte, estaríamos otorgando a los alumnos el derecho a decidir cuándo hay clase y cuándo no. ¿Qué les impediría entonces fugarse un mes entero y reducir drásticamente el temario de la asignatura?
Pero por otra parte, y es esto lo que más me preocupa, podrían surgir presiones (vamos a no usar la palabra amenazas) por parte de alumnos que no quieran venir a clase sobre los alumnos que sí quieran venir. ¿Es justo que un alumno presione a otro para que no venga a clase? Pues los profesores estaríamos dando pie precisamente a eso si nos prestáramos a no dar clase cuando no asista ningún alumno.
Sólo hay un camino para solucionar esta situación de una vez por todas y es cortar por lo sano. La Fuga de San Diego funciona gracias a los rumores y el boca a boca. Si los rumores que se propaguen el año que viene dicen que la Fuga es posible, entonces lo volverán a intentar. Sin embargo, si los rumores dijeran que la Fuga no es posible, que los profesores siguen dando clase, al final terminarían por desaparecer y la Fuga de San Diego quedaría enterrada en el olvido.
Yo lo tengo claro: a todos los efectos, la Fuga de San Diego no existe. Es una leyenda urbana.

adastra dijo
Jojojojojo... Veo que perteneces completamente al Lado Oscuro }:-)
14 Noviembre 2006 | 05:45 PM