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19 Abril 2008

Nunca es tarde

COMENTARIO/ANTÓN LUACES

ANTÓN LUACES Hace más de un año que LA OPINIÓN denunciaba la venta fraudulenta de capturas en las instalaciones portuarias coruñesas, al margen de todo tipo de control y sin que pescado y marisco pasaran por la lonja como está estipulado. Transcurrido el tiempo, son ahora los propios usuarios -minoristas, especialmente- del puerto los que reclaman actuaciones que permitan controlar adecuadamente todas las partidas de productos de la pesca y el marisqueo que se descarguen -ya sea de un barco o un camión- en el recinto portuario coruñés.
Nunca es tarde; pero los que ahora reclaman estas acciones de vigilancia son los mismos que hacían como que llovía cuando veían que un barco descargaba directamente a un camión sus capturas. Parecía no afectarles. Sin embargo, cuando los responsables del sector pesquero en Galicia ejercen sus funciones de control, demandan que estas se realicen en la mar, durante el desembarque, etc., y que la medida será bien recibida porque el incumplimiento de las normas les perjudica seriamente.
La venta de pescado y marisco sin pasar por lonja posibilita -como ya había denunciado LA OPINIÓN- no sólo un fraude a Hacienda -que no tiene constancia del valor del producto vendido irregularmente-, sino que deja indefenso al tripulante porque no sabe realmente cuál es el valor de la venta y él vive exclusivamente de lo que el armador le paga basándose en un porcentaje estipulado y admitido bajo el epígrafe de "a la parte". ¿Qué parte? ¿La que le correspondería si esas capturas pasaran el control de la lonja, o aquella que el armador comunica y que es consecuencia del reparto estimativo en el que el propietario del barco nunca pierde?
Este procedimiento ilegal llegó a crear aquí, en el puerto coruñés, una especie de "mafia" que disponía de su propio sistema de control de los funcionarios encargados de la vigilancia de los desembarques y, en general, del movimiento portuario. Así, ni los inspectores de pesca ni la policía portuaria podían intervenir en este tipo de ilegalidades porque cuando el desembarque del producto se registraba era cuando esa red de "vigilantes" daba el visto bueno a la operación con la seguridad de que no había "moros en la costa". Estos "vigilantes" recibían de sus "contratadores" una cantidad de dinero que se correspondía con el valor de la venta; pero los tripulantes de los buques debían fiarse de la palabra del armador que, del monto total del valor de la pesca descontaba, qué remedio, el porcentaje entregado al sistema de vigilancia contratado, los gastos generados por el barco, la parte o partes que corresponde al propietario del buque y los porcentajes que van a parar a los técnicos del barco. Lo demás, lo que resta, es la parte que se divide entre los tripulantes del pesquero.

Link: www.laopinioncoruna.es

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