MAYO EN LAS ROZAS
Mes de mayo. Demasiado calor. Es de noche, y Ella está justo mirando por la ventana. Entonces te ve. Te reconoce por los andares. Ese caminar tuyo más propio de los cojos que de un chico joven y sano. Vas caminando con un objeto en una de tus manos. Has engordado. Llevas el pelo largo. Has cambiado los zapatos por las zapatillas deportivas. Muchas cosas han cambiado. Ella sigue siendo la misma. Lleva un vestido de tirantes: azul turquesa. Ella se está cepillando el cabello, y lo hace en la ventana. Se acaba de aplicar una refrescante crema por todo el cuerpo, y por eso ha dejado el cepillo sobre la mesilla para extender bien el exceso de crema en el cuello, brazos y pecho. Ella se siente sexy. Entonces es justo cuando tú crees verla. Sabes dónde vive, así que es fácil. Vislumbras su figura en la ventana, con el pelo tan largo, tiene la piel bronceada porque acaba de llegar de pasar unos días en la playa, y tú la ves tan sexy. Ahora ves cómo El la toma por detrás: la rodea con sus brazos y la besa. En ese instante tú llegas a la esquina, y has de torcer para tu casa.
En el camino hacia tu casa, te la imaginas planchando sus camisas, preparándole la cena y cogiendo sus citas para el médico. Te la imaginas con él en la cama. Te la imaginas tumbada junto a él charlando sobre cualquier tema, con la sonrisa en toda su cara. Te la imaginas tomando su mano. Te la imaginas con su mano sobre sus muslos, metiéndose su pene en la boca mientras acaricia sus testículos. Te imaginas su pelo sobre el pecho de El. Te la imaginas canturreando mientras hace las tareas de la casa. Te la imaginas presentándoselo a sus padres. Te la imaginas con un vestido de novia mirándole con pasión, con un cariño infinito, con una promesa de un para toda la vida. Echas de menos lo que se llama vida en común: el aguardar el sonido de un timbre o de una llave; el mirar el reloj porque parece que se retrasa; el dejar que la conversación resbale y decaiga porque el silencio se instala como un huésped benéfico en medio de los dos; el dar las buenas noches con un beso liviano que abre camino a otros besos más hondos; el discutir qué película ver; el tener los libros en el suelo o en cajas por no tener sitio para estanterías. La vida en común que sabes que Ella tiene y adora. Esa vida en común que muchos detestan, que muchos tildan de difícil. Pero es que esa lucha y ese arduo camino es lo que tú quisieras y te parece delicioso de veras poder compartir todo con alguien. Y te refieres a todo: la pasión, la dulzura, la ternura y también los malos modales, las facturas, el estrés, las enfermedades, la risa, la calma, la música, el día de trabajo agotador, y todo, todo, absolutamente todo.
No has llegado aún a tu casa, aunque falta poco. De repente te imaginas que Ella está contigo, que plancha tus camisas y besa tus párpados. La recuerdas perfectamente. Eres consciente (en realidad siempre lo has sido) de que no merecías tanto como Ella te dio. Ella no es para ti. Ella es para El. Son tan felices. Y tú... tú ya has llegado a tu casa. Esa casa que los arquitectos construyeron para la soledad. Esa casa en la que nadie te espera. En la que no esperas a nadie. Quizá tan sólo ocasionalmente. La gente va y viene, como tu ánimo. Hay más pisos. Hay más habitaciones. Pero una casa que se conoce entera no merece habitarse. Total, tú siempre entendiste de casas. Cada uno tiene lo que se merece. Al menos esa certeza tienes.
Diario de una desencantada del Amor, aunque buscadora incansable de la felicidad.
Craken dijo
No hace falta rodearse del vacío para sentirse solo, ni ver a alguien para acordarse de ella.
La luz siempre acaba en una sombra. Ahora tú eres la luz y el la sombra, pero presiento que un día no fué así, que hubo un tiempo en que fué al reves, que tú fuiste sombra que engrandeció su luz y que a cambio no recibiste más que sombra, su sombra.
Ahora tu luz ya no se proyecta sobre él, ahora sólo es sombra que rodea las esquinas, que espera en el suelo frente a tu ventana y que seguirá siendo sombra, TU sombra, mientras continues iluminando tus pensamientos y tus escritos hacia él.
23 Mayo 2006 | 03:30 PM