PERROS EN EL TAXI

¿Debemos dejar subir perros en nuestro taxi? Una gran pregunta difícil de contestar. Lo políticamente correcto sería dejar entrar a los perros, pero no a todos los dueños de esos perros.
Nos ocuparemos primero de los perros lazarillo. Esos son los mejores, son discretos, educados, nobles, listos... bellos (parece que estoy hablando de mi enamorada). Da gusto "tratar" con ellos. Cuando se abre la puerta del taxi, entran, se tumban en el suelo del coche, y hasta que no llegamos al destino deseado "no dicen ni guau".
Ahora ocupémonos de los perros en general. Bueno, como es de esperar, hay de todo. Pero en primer lugar, hay que decir que en ningún transporte público les dejan viajar, al menos sin su correspondiente jaula de viaje. ¿Por qué tenemos nosotros que dejarlos viajar? La legislación nos lo deja a nuestro juicio, bamos, que nos podemos negar. A mí personalmente, me da igual. Pero claro, los dueños tienen que decir bastante en esto. Yo tenía una cliente fija, (una artista de revista, nada menos) que siempre viajaba con su perro, un galgo "enano". Antes de subir al coche, extendía una mantita en el asiento trasero para posar allí a su querida mascota. Así sí, con educación y respeto. Otros lo llevan en su jaula de viaje. Pero también los hay que van sucios, y claro, dejan una peste impresionante, y aunque algunos clientes (los menos) dejen peor olor aún, cuando entra otro cliente y le huele a perro sucio, pues no es muy agradable.
Con todo esto, yo siempre he dejado subir perros a mi taxi, eso sí, exigiendo que vallan posados en el suelo. Hasta que una clienta entró con su perro, y pese a la advertencia que le hice de que le posara en el suelo, ella dijo: "no te preocupes, lo llevo en brazos al pobrecito". Bueno, tansigí. Y de pronto oigo decir a la vieja: "Huy lo que te ha hecho el perrito... ha vomitado el pobrecito". Miro para atrás, y toda la puerta y medio asiento lleno de pota. ¡¡¡Dios!!! Tragé saliba, o mejor dicho, me tragué mi veneno, pensé: lo hecho, hecho está; y sin ensañarme con la dueña, me retiré a mi casa a limpiar el deshecho que me hizo el perrito de los cojones. Ya no pude trabajar en toda la jornada, ya que hasta que no se seque el asiento no se pueden sentar los clientes si humedecerse sus nobles posaderas.
Así que cuando alguien me dice que por qué no dejo entrar a su perro, le contesto que no, porque no conozco a su dueño. Y lo siento por todos los perros y dueños educadísimos que existen en el planeta. Así es este trabajo, a veces tienes que tomar decisiones que te hacen quedar como un intransigente. Pero no vuelvo a limpiar el bómito de ningún animal, de eso podéis estar seguros.



cardiax dijo
Me gustan las cosas que cuentas
un saludo
21 Agosto 2007 | 04:51 PM