Un inicio por naturales y un final por tunelinas
Vaya día, amanecida a las siete y pico de la mañana (¿cuánto tiempo llevabas sin madrugar, cabrón?), sales a la calle y llegas al destino pegándole naturales a los coches, ¡A cortar las orejas! Vuelves como si te hubieran pegado los tres avisos. Dios, qué daño hacen los clarinazos.
Nadie se moja -tú sí-, después de varias horas estrujando la materia gris para ver si cae alguna gotita de zumo de acierto lo único que consigues es poner el cuero cabelludo a temperatura de herrar becerros.
No mato a nadie porque es delito y en la cárcel tarde o temprano te tienes que agachar en la ducha a recoger la pastilla de jabón. Igual soy el santo Job sin saberlo y Dios me manda pruebas. Como siga así, Dios, -a éste sí que le digo de usted- voy a dejar escrito que cuando me muera no me digan la misa de mes, y una misa que deja de ingresar.
Busco la luz en el que, según sigue contando gente de mi pueblo, era tan humilde que si no se comía todo el plato de lentejas pedía que se las guardaran para el día siguiente -palabrita del Niño Burbuja que en el pueblo hay gente que lo cuenta convencida-. No encuentro ni la luz que buscaba ni referencia alguna a las lentejas recalentadas del día siguiente, empiezo a sospechar que a lo mejor es una información sin constrastar. La pongo en cuarentena, pues.
Al día le queda Gente, el Telediario de Milá y lo que echen después del Telediario de Milá, que no se lo que es porque yo de tele nada más que veo Operación Triunfo, y a mí todavía me queda tomar la decisión correcta y jugar un partido de fútbol sala.
Sin madrugar llevaba, podemos decir, meses, pero es que sin hacer deporte -y no digamos jugar al fútbol- llevo años. ¿Después de cuántas carreras me van a venir las primeras arcadas, de una o de dos?
Decíaos antes que tengo el cuero cabelludo a la temperatura de herrar becerros. Mirad de lo que era capaz de hacer tiempo ha con el cuero cabelludo: ¡Horadar calles asfaltadas!

En cierto modo, si al final es que sí, seguiré horadando, haciendo de tunelero, haciendo el túnel, como casi todos los que por estar haciendo el túnel nos condenamos los unos a los otros a hacer el túnel.
¡Dios, a ver si te enteras de que yo no soy el santo Job! Y vosotros tampoco, nenicos, vosotros tampoco.

Rosa J.C. dijo
Lo de "job" es por trabajo, ¿no?
23 Noviembre 2006 | 02:59 AM