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Cuchilladas

Tajos de pensamiento para descongestionar una vida hipertensa

22 Noviembre 2006

Un inicio por naturales y un final por tunelinas

Vaya día, amanecida a las siete y pico de la mañana (¿cuánto tiempo llevabas sin madrugar, cabrón?), sales a la calle y llegas al destino pegándole naturales a los coches, ¡A cortar las orejas! Vuelves como si te hubieran pegado los tres avisos. Dios, qué daño hacen los clarinazos.
Nadie se moja -tú sí-, después de varias horas estrujando la materia gris para ver si cae alguna gotita de zumo de acierto lo único que consigues es poner el cuero cabelludo a temperatura de herrar becerros.
No mato a nadie porque es delito y en la cárcel tarde o temprano te tienes que agachar en la ducha a recoger la pastilla de jabón. Igual soy el santo Job sin saberlo y Dios me manda pruebas. Como siga así, Dios, -a éste sí que le digo de usted- voy a dejar escrito que cuando me muera no me digan la misa de mes, y una misa que deja de ingresar.
Busco la luz en el que, según sigue contando gente de mi pueblo, era tan humilde que si no se comía todo el plato de lentejas pedía que se las guardaran para el día siguiente -palabrita del Niño Burbuja que en el pueblo hay gente que lo cuenta convencida-. No encuentro ni la luz que buscaba ni referencia alguna a las lentejas recalentadas del día siguiente, empiezo a sospechar que a lo mejor es una información sin constrastar. La pongo en cuarentena, pues.
Al día le queda Gente, el Telediario de Milá y lo que echen después del Telediario de Milá, que no se lo que es porque yo de tele nada más que veo Operación Triunfo, y a mí todavía me queda tomar la decisión correcta y jugar un partido de fútbol sala.
Sin madrugar llevaba, podemos decir, meses, pero es que sin hacer deporte -y no digamos jugar al fútbol- llevo años. ¿Después de cuántas carreras me van a venir las primeras arcadas, de una o de dos?
Decíaos antes que tengo el cuero cabelludo a la temperatura de herrar becerros. Mirad de lo que era capaz de hacer tiempo ha con el cuero cabelludo: ¡Horadar calles asfaltadas!

En cierto modo, si al final es que sí, seguiré horadando, haciendo de tunelero, haciendo el túnel, como casi todos los que por estar haciendo el túnel nos condenamos los unos a los otros a hacer el túnel.
¡Dios, a ver si te enteras de que yo no soy el santo Job! Y vosotros tampoco, nenicos, vosotros tampoco.

servido por cuchilladas 6 comentarios compártelo favorito

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rosa J.C.

Rosa J.C. dijo

Lo de "job" es por trabajo, ¿no?

23 Noviembre 2006 | 02:59 AM

alberto

alberto dijo

eh campeón , yo te ví bien en el partido, y te ví bién porque eres el doble de grande que cuando jugamos la última vez en el verano del 97. No en serio que te vi bién, en el driblin, en el pase, hombre de cara a puerta se te nota la inactividad, además de que ivas sin gafas y sin lentillas y eso quieras que no es un handicap.

de la foto del hiphop que decir...otro día grande para la historia de los wisagras.
Los wisagras...esa si que es otra historia.

23 Noviembre 2006 | 10:25 AM

Niño Burbuja

Niño Burbuja dijo

Anoche me dijo Pepino que las consecuencias del partido las iba a pagar al día siguiente. "No hombre, no creo", le contesté. Joder, sí creo. Me duelen las ingles, colega, así como en los abductores.
No al deporte.

23 Noviembre 2006 | 12:07 PM

Victoria

Victoria dijo

Agua con azúcar después de jugar, remedio casero de abuela, no falla ;)

23 Noviembre 2006 | 11:46 PM

DPH

DPH dijo

Ja, ja, ja... vaya si es duro

24 Noviembre 2006 | 09:37 AM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

No elegí nacer en aquel lugar ni en aquel momento -ni siquiera elegí nacer-, pero tampoco me quejo. Pasadas las fiebres futboleras de una feliz infancia, el espectáculo ese de la bestia y el hombre del trapo rojo me hizo más llevadera la adolescencia. Ahora, a mis veintitantos, con una licenciatura en Periodismo a la que quiero y odio a partes iguales, sin un duro y más rojo que La Pasionaria (que nooo, que soy muy moderadito, que lo digo pa tocar los huevos), lucho por no hacerme mayor. Por eso, entre otras muchas razones (la de mucho trabajo y poco dinero también puede valer), dejé de engordar mi panza en la redacción de un diario digital y me fui a Londres. Recién llegado del Reino Rancio, con la tranquilidad del que sabe que el de enfrente también habla castellano, abro las ingles de mis sesos para dar a luz a este cuaderno escrito a base de cuchilladas. No por nada, sino porque el que lo escribe se llama Israel Cuchillo Castillo y se crió en la Muy Noble y Muy Leal Villa de La Roda (Albacete).

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