¿Qué hay del mensaje electoral?
Como simple elector, no soy una persona que a la hora de votar se deje llevar por las campañas electorales, por lo que dicen los políticos desde las tribunas de sus mítines o por la imagen que se vende de las masas apoyando a los candidatos con banderas y comparsas de escaparate.
Sin embargo, sí soy un gran interesado en el marketing político y en el valor que adquieren detalles tan explícitos y con un mensaje subliminal tan amplio como son la vestimenta, el gesto, la fotografía o el decorado.

Xavier Roig, como buen experto en campañas electorales, parece estar también muy interesado en estos asuntos y defiende la postura optimista de las técnicas electorales modernas como “un nuevo instrumento para la movilización política de los ciudadanos (...) y como un reto intelectual para los candidatos.”
Estoy totalmente de acuerdo con Roig en el hecho de que no hay otra manera de vender un producto que haciendo uso de técnicas desarrolladas para tal fin y deduzco de ello que, en la era de la imagen, las apariencias valen más que los contenidos.
Precisamente por este motivo, albergo también la duda de los socialistas europeos según la cual, la tecnificación y profesionalización del mensaje “podría ser visto como una simplificación excesiva y una cierta banalización del debate político.”
Roig se centra en dos aspectos fundamentales de la campaña: el mensaje (“formulación coherente de las ideas, propuestas, sentimientos o valores que sintetizan la propuesta electoral propia”) y el contraste (“que ha de conducir al elector a la identificación de las alternativas con claridad y a la opción por una de ellas, claramente distinta de la otra”).
Sin duda esta es la realidad y tal vez no haya otra manera para llegar a un amplio número de personas que a través de la concisión y el eslogan atractivo.
Sin embargo, esta realidad no se deja de asemejar a la venta de productos de consumo masivo que no son tan exitosos por su calidad intrínseca como por el buen planteamiento de la campaña comercial sobre la que se sustentan. No tengo ningún problema en aceptar este hecho y darlo por válido pues al fin y al cabo el cliente es el que elige y en caso de quedar insatisfecho no repite tal elección; pero la política va mucho más allá de su semejanza al producto de consumo de turno y sus efectos son de una relevancia e intensidad críticas para cualquier país. El electorado no se puede decantar por un partido político en función de sus apariencias y estrategias electorales ni los partidos políticos pueden simplificar su discurso a semejantes términos, ocultando un entramado ideológico y un programa político considerados demasiado enrevesados y espinosos para servir de estandarte electoral.
Hoy en día, los partidos políticos mayoritarios están vendidos a los intereses electorales y son los minoritarios, precisamente los tildados de radicales, los que con campañas menores aún conservan su fidelidad a la coherencia entre teoría y práctica.
Entre unos y otros, entre la rendición a la imagen y la fidelidad al contenido, yo también tengo una visión optimista del asunto: por un lado, el uso del mensaje y el contraste como una herramienta electoral más y, por el otro, la construcción sobre discursos serios y profundos de campañas abiertas al debate público y a la participación de la sociedad como un miembro activo e inteligente de la política, y no como un número indefinido de votos fácil de manipular.
Nadie está a salvo de los avances en técnicas electorales y no queda más remedio que adaptarse a la nuevas circunstancias. No obstante, según Roig un militante del SPD dijo “realmente la gente no se entera hasta que repites una cosa trescientas veces” y yo tan sólo espero que no sea suficiente repetir una mentira trescientas veces para que la gente la tome por verdad.


Agustín Jiménez dijo
Guau... vaya post.
No empieza nada mal tu blog. Vaya columna chaval!
Me gusta mucho tu exposición, y de hecho comparto todo lo que dices. Más de una vez he pensado en lo que comentas.
Particularmente el final me ha encantado >.
Te animo a seguir escribiendo y deleitarnos con tus profusas líneas.
27 Septiembre 2005 | 10:31 AM