El enfoque positivo es aquel considerado como "científico y demostrable", es decir "racional". El enfoque normativo es aquel que incluye elementos de valoración en el análisis. Es por tanto un enfoque más "subjetivo".
Esta separación se ha venido empleando desde la Ilustración, para eliminar según convenga el pensamiento que incluya la valoración de aspectos del comportamiento humano y su influencia en los distintos entramados sociales. En lo más concreto, es rechazado de forma interesada aquello que trata de la ética, la moral y la religión. Cómo parece que "no es demostrable", entonces vende bien el argumento de que hay que irse a las posturas "científicas".
De este modo se sitúan en primer plano los planteamientos de gestión y eficiencia económica. En la cuestión política las ideas son eliminadas para hablar de quién gestiona mejor.
Es aquí donde se produce el gran Error.
La sociedad influye en la economía para que esta vuelva a influir en la sociedad. Y los valores, como elementos institucionales primarios influyen de forma decisiva en el individuo y en la sociedad.
Pensemos en lo más obvio. Dejando al lado por ahora el problema que se cierne sobre las futuras pensiones debido a la disminución de las cotizaciones sociales, ello consecuencia de la crisis de natalidad, podemos decir que los últimos datos reflejan en España un gran aumento del número de familias con todos sus miembros en paro. Por otro lado, el crecimiento de los hogares mononucleares en este país ha crecido de forma exponencial en los últimos años. Frente a la familia extensiva de antes, hoy priman las familias con uno, dos o tres miembros a lo sumo.
Ello es a su vez consecuencia de la desestructuración y el debilitamiento de la institución familiar. Retraso en la edad de concebir matrimonio, reducción del número matromonios, altas tasas de ruptura familiar, descenso de la natalidad, aumento de la conflictividad familiar...
Lo que conduce a generar una mayor dificultad para enfrentarse a los elementos aniquiladores del mercado. Pues una familia quebrada dispersa a sus miembros y ello va parejo el debilitamiento de la variable "compartir recursos y utillajes"; lo que significa que el individuo se enfrenta por sí mismo al mercado, dependiendo exclusivamente de su trabajo para salir adelante y no habiendo un soporte de ayuda manifestado en otros miembros de la institución familiar. Además, se multiplican los gastos o bien dejan de dividirse implicitamente entre los miembros del hogar. Esto es, por ejemplo, el gasto de tener que asumir individualmente el coste de una vivienda; e incluso el de tener que asumir el coste de dos viviendas, cuando la mujer de la que uno se divorcia no trabaja y no puede hacer frente a pagos como ese.
Todo esto provoca inequivocamente a un descenso en el consumo, pues hay una disminución del poder adquisitivo generado ni más ni menos que por problemas sociales y familiares que conducen a retrotraer eficientemente los recursos económicos.
La cadena sigue, conformándose un círculo que como hemos dicho se constituye en "la sociedad que influye en la economía para que esta vuelva a repercutir en la sociedad".
"Ir a una universidad privada, lo bueno que tiene es que te obliga a ir a clase y a mantener una disciplina."
Esta frase, expresada por muchos, consta de un elemento de obligatoriedad. Sin embargo, ello no es tachado como erróneo a la hora de juzgar, sino que son las consecuencias positivas del hecho imperativo las que permanecen en la mente de las personas.
Ahora bien, si pensamos en la televisión, ¿no podemos trasladar este planteamiento cuando hablamos de los contenidos?
Y es que podemos afirmar: "La buena programación en los medios, lo bueno que tiene es que no corroe la sociedad".
Parece que esto atenta contra la libertad, en este caso la libertad de expresión, sin embargo hay que pensar en los aspectos positivos para el individuo y la sociedad de que se cuide la programación en la televisión.
Es entonces que quizás podamos hablar de una "censura positiva", en cuanto que lo que se censura es el contenido que agrede a la persona, sin coartar su libertad de expresión. Pues es ella la que podrá rebatir en cada caso, y si es de su interés y atrevimiento, posturas cercanas a las que se plantean en este post.
Algunos políticos hablan para todo individuo y grupo expresándoles que su posicionamiento político es el centro.
No importa ni a ellos les interesa el hecho del debate acerca de lo que engloba ideológicamente ese posicionamiento.
Lo que sí interesa es la misma palabra, que se convierte en una palabra-cliché. Aquella por la cual cada persona piensa implícitamente que el centro tiene que ser bueno porque es ponderado.
¿Y cómo ponderan el bien y el mal? ¿Es acaso el centro situarse entre ambos?, ¿o la verdadera justicia e imparcialidad sólo corresponde al primer concepto?
Mientras sigan conceptualizando como positivo un vocablo que coge un poquito de la izquierda y otro de la derecha, para ser amable con todos y para venderse a uno mismo y a cualquier ideal, la sociedad seguirá dejándose gobernar por unos "líderes" necios y nunca honrados.
Quizás es por esto por lo que otro concepto, el de "político", es parónimo en la mente de las personas al de "falto de principios".
Elegida ministra de Defensa semanas antes de dar a luz. Ha dado luz, y enuncia que compartirá la baja con su marido. Eso sí, es ella la que porta el niño en brazos, y es ella la que llora.
Ya nos hemos acostumbrado a las provocaciones de este gobierno progresista. Que lejos de buscar la eficiencia y la verdadera capacidad de los altos cargos, gusta de hacer manifestaciones electoralistas.
Les gusta hablar de aquello de la igualdad de sexos. ¿Igualdad para todo? ¿Por qué no porta el esposo de Chacón a su hijo en brazos al salir del hospital? ¿Por qué llora la ministra de Defensa y su marido no?
La cuestión es que no todos somos iguales. Y aunque sólo sea por montar un numerito, a la mujer le gusta desarrollar esa escena tan maternal. Eso sí, también le gusta decidir si quiere abortar por su cuenta... Pero no nos olvidemos de que ella también tiene derecho a quedarse casi siempre con la custodia de sus hijos, etc.
¿Qué hay de verdad en todo esto? Pues que si la mujer tiene derecho a quedarse con sus hijos, muchas veces es porque su aspecto maternal tiene su reflejo en el Derecho Naural. Y al igual que esto es algo denotativo del genero femenino, no tiene sin embargo por qué serlo el que tenga que haber una ministra de Defensa; sobre todo, cuando la misma está en su cargo por una maniobra mediática y burda.
Muchas veces nos hallamos dispersos. Un poco de trabajar, un poco de ponerse a mirar el correo electrónico, y otro poco de atender a ciertos motivos que no son productivos y no se corresponden con los verdaderos momentos de ocio.
Al estado de centramiento se tiende con el trabajo constante. Ese no parar en la búsqueda de la consecución del objetivo provoca la calma mental, la tranquilidad de conciencia y, además, la progresiva mejora en lo que el individuo hace y elabora.
Es la unión con la verdad. Es el "cabreo positivo"; por el cual el hombre no es que esté "enfadado", pero actúa como si lo estuviese en cuanto a tomar de este estado el aspecto de la "frialdad". Se elimina así todo acto ineficiente y se tiende hacia la corrección en la forma de estar y de proceder.
Si ponemos un solo ejemplo. Aquel por el cual conducimos una moto con la cabeza desviada, pensando en tonterías. Acelerando de más... Hasta que estamos a punto de tener un susto sin tenerlo. Es entonces cuando entramos en "cabreo positivo" y cuando vemos que hay que estar tranquilos y hacer las cosas bien.
Por todos es conocido que hoy la gente no se casa. Y si se casa es a edades avanzadas. Y cuando se casa, se divorcia a los dos años, o a los dos meses.
Esta afirmación, lejos de ser una exageración, tiene bastante de realidad.
Pues bien. Cuando esto sucede, no nos encontramos sin embargo un debate simultáneo acerca de "las causas". Sin embargo, las consecuencias que en un ámbito u otro se producen, siempre se deben a algo.
Cuando se nos dice, o cuando nosotros llegamos a decir que "hoy la vida está muy cara y complicada", caemos en un error; al menos relativo.
Fuera de que "si hoy la vida está complicada se debe al menos en parte a los efectos socioecoónmicos negativos de la desestructuración familiar", no hay más que hablar con nuestros padres para saber que hace años la gente no exigía tener tanto para "dar el paso". Es más, se iban incluso de recién casados a vivir a pensiones, y luego se las iban apañando.
Llegados a este punto, yo desde aquí afirmo que una causa fundamental de la falta de matrimonios es la separación progresiva y hoy casi generalizada entre sexo y amor.
Antes es sexo se condiconaba, al menos "más o menos", al amor. Y la consagración del amor era el matrimonio. Y con el matrimonio llegaba el sexo, como una solapación natrural a ese amor, cuyo fin último era la procreación.
Cuando algo tan "atractivo" como es el sexo, se diluye del hecho amoroso en su aspecto de máxima consagración (el matrimonio), entonces se pierde una tensión natural que conduce a la unión conyugal. Ahora ya no hace falta casarse para hacer el amor.
La diferencia es que entonces se da la fornicación. Lo que conuduce a los individuos a vivir sucesivas relaciones cuasimatrimoniales -sin serlo- y por tanto a soportar un desgaste implícito progresivo.
Y cuando se da cuenta, la gente ha vivido así durante unos años. Cuando se da cuenta una chica, o un chico, tiene 38 años y no tienen una vida estable. Les quedan en principio unos 50 años de vida, y esa segunda etapa vital, que debe cosechar ciertos frutos de la primera, pierde consistencia. No hay hijos que les darán nietos o que les cuiden y les den amor en el mañana, y tampoco una pareja con la que vivir el verdadero amor; aquel que es superior al acto sexual, y que emplea el mismo para el fin de la procreación.
No se juzga a las personas. Se juzga al hecho. Un hecho negativo que sin embargo si es defendido y promovido por los medios. Aquellos que imponen una verdadera dictadura y atacan la libertad de infinidad de conciencias que sin haberlo deseado se han visto influenciadas gravemente por los grupos de presión.
"Nada como comer en casa de mi abuela...", dice mucha gente. Entre los cuales se haya el grupo de los que ensalzan el progresismo. Es más, esa frase se la he oído decir a unas cuantas chicas que luego no dudan en posicionarse en el estrato más feminista.
Sin darse cuenta, caen en la propia incoherencia. Cierto es que aprecian el sabor del hogar de los abuelos, en el que la abuela, viuda o no viuda, cocina bien. Pero esto no camina sólo. La anécdota lleva implícita el hecho de que la situación es portadora de entrañabilidad, afectividad y estabilidad; y ello es valorado, al menos de forma implícita, por muchos y muchas.
No es sólo "lo bien que cocina la abuela". Sino, cómo cuida de todos, y cómo de servicial es, también al atender a los nietos; algo gratificante para todos. En el hogar de los abuelos, no destruido por las modernidades, se establece un orden. No hay más que eso, los abuelos.
¿Qué pasará el día de mañana? Pues que esta figura se habrá, en parte, diluido. Hoy no se cuestiona que los abuelos estén unidos; no se dice que están fastidiados por no haber tenido la posibilidad de divorciarse en el pasado. Simplemente, agrada su unión y su figura.
En el mañana, para ellos mismos y para sus decendientes, aquello no existirá como ahora. La comida de la abuela perderá su esencia, que es también la del hogar, y la de ciertos roles diferenciados para el hombre y la mujer.
Unos roles, que hoy se cuestionan de manera necia. Una familia que hoy se destruye con leyes que se proclaman como "justas". Y todo esto porque aquellos y aquellas a quienes gusta la comida de su abuela, se expresan luego a favor de los que venden el placer temporal y la ley que nos favorece "aparentemente"; a favor de aquello que parece más progre y "no retrógado".