Tal vez nuestro pobre fotógrafo del capítulo anterior no consiguió encontrar en el fondo de la botella la dignidad perdida, tal vez tenía muchas bocas que alimentar, tal vez llegó a un punto en el que nada importaba demasiado. El caso es que como había demostrado una capacidad más que sobrada para la colocación casual de modelos en sus fotografías, y dado el entusiasmo de los clientes, que probablemente eran inmunes a cualquier tipo de críticas, decidió que si lo había hecho una vez, bien podía hacerlo de nuevo, así que no se cortó ni siquiera un poquito y volvió a las andadas. Y éste fue el resultado: