Convencido como estoy de que la publicidad tiene el poder de modificar muchos comportamientos sociales, en su momento pensé que incluso hasta podrían hacer cierto bien al publicitar productos de limpieza y similares con la idea de que los hombres también debían ser partícipes de las interminables tareas caseras. Para ello, nada mejor que hacer entender a todo el mundo, sin faltas de respeto ni lugares comunes varios, de la necesidad de que todos arrimen el hombro a la hora de conseguir que la vida en un hogar funcione correctamente, sin pseudoesclavitudes femeninas permitidas en aras de una ya felizmente superada tradición de siglos.

Sin embargo, varios publicistas deben creer que el hombre es un animal duro de mollera y con un único pensamiento en su, por lo demás, diminuto cerebro, porque llevan algún tiempo dedicados a retratar un método bastante ofensivo tanto para ellos como para ellas a la hora de conseguir que ellos cojan la escoba y pongan lavadoras. Método que se puede resumir de forma creo que bastante certera con el lema, sugerido de forma harto evidente en estos anuncios, de “sexo a cambio de que pases la mopa”. La minihistoria que se muestra en estos spots es de una sonrojante falta de sutileza, y muestra a la progenitor B, como siempre bella como una actriz de cine, mostrando sus obvios encantos al macho de la manada para que éste sepa que esta noche va a mojar. Y para ello, tan solo deberá hacer algo tan insignificante como coger el mocho y dejar el baño resplandeciente como si fuera a presentarse en una exposición internacional de azulejos y/o sanitarios con sistema de autolimpieza.

Ignoro si estos anuncios son muy sutiles y yo un poco exagerado, pero lo dudo. Esos arrumacos en el sofá después de que el muchacho haya utilizado el plumero para quitar unas asombrosas cantidades de polvo acumulado (talmente parece aquello una excavación arqueológica en vez de una salita al uso), esas miraditas por parte de la chiquilla de “has cumplido y ahora vas a tener tu recompensa” ni me parecen casuales, ni creo que pretendan decir otra cosa distinta a la aquí comentada. Lo cual, opino, es como mínimo censurable y desde luego bastante insultante. Para ellos, porque a estas alturas seguir insistiendo en la promesa de sexo como elemento de chantaje es irreal y una bajeza, y para ellas, porque no parece de recibo que se siga haciendo creer que no tienen más que ofrecer que el sexo en cualquier circunstancia ó situación.

Claro está que como los anunciantes no son tontos, tampoco es que pregonen lo aquí criticado con toda crudeza. Solo faltaría, claro está. Pero las meras insinuaciones, tantas veces repetidas y obvias salvo para quien no quiere verlas por conveniencia comercial, son un elemento más que suficiente como para que este tipo de spots resulten totalmente criticables y rechazables.