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Volvemos después de la publicidad

Aburridas reflexiones sobre la decadencia del mundo occidental a través de la publicidad. Casi nada, oiga.
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Categoría: Nos vamos a publicidad

29 Agosto 2008

Joder, joder, joder. Es que es de traca esto. Me comentan que el sobrecogedor eslogan comentado hoy no es nuevo, que hace ya tiempo que sale en la radio; lo que pasa es que yo la radio en este país ni la escucho, de hecho hasta que cuatro indocumentados con una paradójica excelente opinión de sí mismos comenzaron a fastidiarla, lo único que valía la pena escuchar en las ondas era Radio 3, así que sólo cuando viajo en coche de copiloto y el dueño del vehículo en cuestión tiene un gusto musical como para matarlo (la mayoría, vamos), la escucho con la siempre eficaz excusa de "¿escuchamos las noticias?". Pero aún así no puedo, obviamente y teniendo en cuenta que soy como soy, resistir la tentación de comentarlo.

La cosa es que en un anuncio radiado de una compañía gestora de créditos o algo así (tampoco iba haciendo ningún caso), después de contar sus cositas, finalizaron su anuncio con un soniquete tan acojonante que tres días después aún estoy flipándolo, neng. "Te ayudamos a conseguir tus sueños, te buscaremos la mejor opción posible, bla, bla bla", hasta ahí todo dentro de la normalidad, hasta llegar a ese glorioso: "Los bancos necesitan tu ayuda".

Con dos cojones. Expresión ésta que utilizo muy a menudo y lo lamento, porque debería estar inmaculada para que sonase con la necesaria rotundidad en momentos como éste. La economía se para porque la gente ya está hasta los mismísimos de que se rían de ellos en la puta cara poniendo un precio de 45 kilos por un piso de protección oficial en el extrarradio (caso real). Que un constructor le venda un piso sobretasado al electricista que hizo la instalación del edificio, para que éste lo revenda aumentándole el precio en cuatro o cinco millones para que a su vez el siguiente se lo venda de segunda mano apenas un año después a otro pardilllo previo aumento, alehop, de otros cinco kilos, y así hasta el infinito y más allá. Y cuando resulta que después de un tiempo de locura colectiva que sería digno analizar parece que la gente ya ha decidido que ese no es el mejor sistema para hacerse millonario y comenzar a codearse con la realeza, nos encontramos con la dura realidad, una que ha conseguido el imposible de hacer derramar lágrimas a Chuck Norris: que los bancos nos necesitan. Si no tienen opción de tenernos agarrados por los huevos durante quince a veintinco años mediante tres hipótecas más la puente más la del coche más los préstamos rápidos para irnos de vacaciones, todo el mundo se irá al infierno. Por el amor de Dios, sé persona y no una rata sin corazón, los bancos te necesitan, ahora es el momento de actuar y ser un hombre, en estos tiempos de crisis la valentía de los curritos como tú y como yo de ir a la entidad bancaria más cercana a tu casa y pedir un sustancioso préstamo para comprarse otro piso aunque no tengas ninguna necesidad y de paso pagarle todos los meses un dinerito fresco en forma de intereses a tu banco es un acto de patriotismo de inconmensurable valor.

Hazlo por quien lo más te necesita, compañero. Sus accionistas y directivos con contratos blindados y sueldos de sesenta mil euros al mes te lo agradecerán con lágrimas en los ojos. Los bancos necesitan tu ayuda.

19 Agosto 2008

Joder. Si es que ya llega un momento en el que la estupidez rampante que nos rodea en forma del debe usted ser perfecto hasta en la calidad de las bacterias de su tracto digestivo me supera. Reconozco que hay que tener imaginación (y mucho morro, pero esa es otra) para buscar resquicios por donde inventarse nuevos productos cosméticos por muy absurdos que sean. Ya hace tiempo comentaba que lo de mejore usted el blanco de sus ojos me parecía una gilipollez insuperable, pero mira, siempre hay posibilidades de sorprenderse aún más a cada día que pasa. Ahora se meten con los talones, que parece ser no hay nada peor que llevarlos con la piel un tanto agrietadilla y ajada, seguramente porque un despiste así no sólo evitará que ligues con el mejor partido de los alrededores, sino incluso que te contraten para trabajar o algo así. Por momentos me imagino al responsable de invención de nuevos productos de una compañía cosmética cualquiera con un dummie en su despacho, marcando con un rotulador todas las partes del cuerpo para las que ya se han lanzado productos de belleza, inasequible al choteo de los compañeros cuando cuenta con los dedos y se dice "el blanco de los ojos ya lo tenemos, el detergente que cuida las manos también, los bronceadores que no necesitan del sol también... coño, los talones. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?".

Porque como todo el mundo sabe, los talones femeninos son el segundo lugar en el que un macho-alfa se fija cuando mira a una mujer (sí, tal y como estáis pensando, el primero son los ojos. Obviamente.), y claro, en esa disyuntiva, nada hay más patético que el susodicho posible candidato a gozar de tus encantos tuerza el morro ante la contemplación de esos talones mal cuidados y una piel hecha un asco por culpa de tu costumbre de utilizar zapatos. Y que se gire de inmediato en busca de una mejor candidata, una que probablemente tenga los talones tan perfectos como el blanco de sus ojos, esos en los que él tanto se fija. Por supuesto, tan dolorosa perspectiva, además real como la vida misma y absolutamente cotidiana (seguro que a todas os ha sucedido en más de una ocasión, ¿verdad?), puede, qué digo, debe ser corregida de inmediato, y como es posible, e incluso probable (aunque es lamentable, también es verdad) que necesitas caminar y utilizar calzado al menos mientras cuatro fornidos porteadores no te lleven en volandas las 24 horas del día tal y como mereces, para evitar que tan terrible destino te alcance por fin la industria farmaceútica, que no tiene tiempo ni ganas por lo que se vé para dedicarse a buscar remedios contra el ćancer, tiene para ti el remedio, con lo que por fin lograrás la merecida perfección hasta en tus sufridos talones, que tanto dicen de ti.

La verdad es que cada día que pasa me acojona menos que sigan apareciendo este tipo de productos. La industria en general y la cosmética en particular utilizan un eficiente sistema militar de tierra quemada consistente en tirar para delante arrasando con todo, por lo que no importa el número de productos absurdos que saquen al mercado, ya que precisamente viven de él. Lo que de verdad me pone los huevecillos a la altura de las meninges es que haya, justamente, un mercado para ellos. Porque por más que lo intento no logro aceptar que pueda haber alguien que gaste su dinero en chorradas de semejante calibre. Pero teniendo en cuenta que este tipo de empresas utilizan sondeos e investigaciones varias para ver por dónde pueden ir los tiros con un nuevo producto antes de gastarse un pastizal en almacenamiento y distribución, así como publicidad y promociones varias, si no tienen una cierta previsión de beneficios, me temo que sí, que dicho mercado existe. Lo que me confirma, de nuevo, en que cada vez nos volvemos más bobos.

12 Junio 2008

Hay que ver cómo discurre la humanidad en las cosas verdaderamente importantes. Es posible que en el mundo haya cantidad de gente que palme por no tener un mendrugo que llevarse a la boca, pero en el glorioso occidente en el que por fortuna nos encontramos, hay otras cuestiones que reclaman nuestra inmediata atención de forma mucho más prioritaria.

El caso es que como parece que el mercado de sustancias que uno puede ponerse en la piel ya está saturado por la nueva moda del aloe vera ese, se ha empezado a discurrir con rapidez antes de que la gallina de los huevos de oro en forma de sensatez y realismo se muera de puro éxito. Así que como ya no hay crema para la piel ni desodorante ni after-shave ni jabón ni matarratas sin aloe vera de ese, una empresa gaditana ha discurrido meter las plantas en un estuche y repartirlas por los supermercados para que las asiduas de la revista Mujer Hoy se la coman mezcladas con las ensaladas y lleguen así al nirvana de sus majestuosas propiedades en favor de la inmortalidad.

De momento, la cosa es más bien una experiencia piloto, pero por una vez y sin que sirva de precedente, conociendo como conozco a este país y sus dicharacheros moradores, me atrevo a hacer una predicción cual Rappel cualquiera: antes de un año, nuestras cajitas tontas se verán inundadas por toda una nueva generación de productos milagro que contendrán aloe vera comestible. Yogures de todas las marcas, sopas de sobre ahora con más fideos, galletas con chocolate y pasas ideales para seguir dieta, leche con soja/vitamina E/aloe vera/fibra/partículas radioactivas hipersaludables, etc.

Y si no, al tiempo.

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26 Mayo 2008

Bueno, pues ya tenemos la nueva idea de la dirección general de tráfico para su nueva campaña publicitaria con la que se pretende (supongo, aunque no sé yo) concienciar al conductor de los peligros de una conducción peligrosa.

Ya he comentado alguna vez que me molesta la costumbre de las campañas institucionales (pagadas con el dinero de casi todos, por cierto) de acometerlas como el resto de publicidad, es decir, buscando ser originales. Pues no: lo que hay que ser es claros, y dejarse las ínfulas de publicista "artista" para cuando le paguen por anunciar condones.

En esta ocasión, tenemos a una persona en una silla de ruedas que nos cuenta una historia dramática, un accidente del que él fue culpable, y hubo mucho drama por su imprudencia, bla, bla, bla. Cuando ya estamos todos con un nudo en la garganta, pensando seriamente en la posibilidad de devolver nuestro permiso de conducir para no acabar como el pobre hombre, resulta que nos dice que no tengamos pena por él, que es sólo un actor. Así que se levanta de la silla de ruedas, y se larga. Se supone en ese momento que los espectadores tenemos que reflexionar, pero tengo la impresión de que en realidad no lo hacemos. Seguramente porque si se pretende que uno se siente a meditar lo que acaba de ver, la mayoría no pensarán en "coño, a mí me podría pasar lo de quedarme paralítico por hacer el ganso con el coche", sino en "hay que joderse con las chorradas que se sacan de la manga los de la dgt". Porque es así, y punto.

Cuando hace uno o dos años, no recuerdo, hubo una huelga de grúas, recuerdo especialmente las carreteras del País Vasco llenas de accidentes de todo tipo y condición. Uno se podía hacer cien kilómetros y encontrarse con tres o cuatro leñazos. Durante aquellos días, el índice de accidentes bajó casi hasta cero: los conductores veían, por primera vez y siendo la realidad, lo que sucede todos los días en la carretera.

Obviamente, no se puede reproducir en una campaña oficial algo así. Tampoco se pueden poner imágenes reales de accidentes, porque detrás de ellas hay (o hubo personas). Así que reconozco que hay que esforzarse por llegar al conductor-espectador. De todas formas ¿sería mucho pedir evitar las genialidades de turno e intentar hacer las cosas sin tanto sentido artístico y tanta murga?

13 Mayo 2008


Pop Rocks
Cargado por vince_suelze

Y ahora, hagamos un poco de ciencia-ficción. Vamos a imaginarnos que por estos lares alguien tiene las gónadas de hacer un anuncio así, y pasarlo por televisión. Vale, sé que no es fácil de imaginar, porque por desgracia en este supuesto país de golfos nos hemos vuelto bastante gilipollas por el que dirán y ese cáncer contra la humanidad que es lo políticamente correcto. Pero hagamos un esfuerzo, y vamos a pensar por un momento que sí, que lo pasan. Veamos, paso a paso, lo que sucedería:

-Primer día: Pase del spot en horario nocturno, para pasmo general del televidente. La gente normal se regocija, se echa unas risas, y lo mismo hasta se come unas patatas.

-Segundo día: Asociaciones feministas en general y el Instituto de la Mujer Fashion en particular monta un pollo tal que el atentado de las torres gemelas a su lado carece de toda importancia.

-Internet se inunda de chascarrillos, bromas, y entre medias, algún pichafloja protesta porque aquello le parece poco edificante. De forma obvia y matemáticamente exacta, el resto de la humanidad que todavía podemos pensar por nosotros mismos le mandamos a freir espárragos.

-Tercer día: El Gobierno en pleno, hasta este momento ocupado en la difícil tarea de que la crisis económica no nos deje hechos unos zorros, aparca esas nimiedades para poner cartas en el asunto. La vicepresidenta in person, exclama ante los medios que la libertad de expresión (y mucho menos esa tontería del sentido del humor, que es cosa de chalados y freaks en general) no debe permitir atentados contra la dignidad de la mujer de tamaño calibre. Y que como el anunciante no se la envaine a la voz de ya, le van a caer por todos los lados.

-Tercer día, poniéndose el sol: Efectivamente, el anunciante se la envaina, porque que a uno le llamen de todo menos bonito no le gusta a nadie. Aunque se ha ganado mucha publicidad gratuita a cambio, eso sí. Tenía razón el hijoputa de la agencia.

Gracias a jaimixx, de Insert Coin, por pasarme el enlace del anuncio. Sin embargo, las polémicas opiniones del texto son mías, y nada tienen que ver con él,.

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28 Abril 2008

Con dos cojones. Todavía me dura el pasmo, y eso que hace ya un par de días que me encontré con el reportaje publicitario poco y mal camuflado como entradilla de salud de una revista que no mencionaré (por que no me acuerdo, básicamente). Vale que no lo dijeran de forma tan exagerada, pero no nos engañemos, la cosa estaba clara:

El cambio climático puede acabar con la vida de millones de seres humanos. Eliminar de la faz de la tierra centenares de especies que han evolucionado durante miles de años para llegar hasta el día de hoy. Provocar guerras del agua, hundimientos económicos, desastres de todo tipo y condición... minucias, migajas con las que se asusta a la plebe. Lo verdaderamente importante, preciosa, es que el cambio climático supone que, si no te cuidas como te mereces por ser tú y nada más que tú, tu hermosa piel, envidia de las envidiosas que te rodean con envidia, pueda verse afectada por el aumento de la temperatura, la mayor presencia de tiempo soleado, ese viento descontrolado que tanto reseca, por Dios, etc. Así que ponte las pilas, no vaya a ser que mientras algunos científicos pierden su precioso tiempo alertando de la posibilidad de que las cotas oceánicas suban unos cuantos centímetros tú, que para algo vives en la alta sierra y todas esas gaitas ni te van ni te vienen, te encuentres de pronto ligeramente estropeado tu amado cutis por tomar el sol en tu terracita particular. Porque en este mundo todo tiene su preferencia y su orden de importancia, y vale que uno es buena persona y le horroriza que un tsunami descontrolado deje echos un asco esos arrabales caribeños tan pintorescos en su cutre pobreza que visitaste con tu churri el verano pasado, pero a la hora de la verdad no vamos a comparar esas cosas, que todo el mundo sabe que son ley de vida y que cosas veredes, Sancho, con el grave atentado que supone que tanto cambio descontrolado en el clima pueda tostarte, o provocar (Dios en su infinita bondad no lo quiera) algún grano, punto negro, o rojez varia que modifique aún infinitesimalmente la perfección que es tu rostro de marfil pulido. Hasta ahí podríamos llegar: no pasa de hoy que no haga una donación a esos perroflautas de ecologistas que, mira tú por dónde finalmente van a servir para algo.

Pero que no cunda el pánico. Hoy en día las ciencias avanzan que es una barbaridad. Quizá sea tarde para salvar a las ballenas o para que la Antártida (que, bueno, la verdad es que tampoco es un destino turístico muy allá) deje de derretirse como un cubito en un Long Island ice tea, pero las compañías cosméticas están trabajando con su conocido esmero para evitar el problema. Y ya tienen en el mercado un selecto grupo de sus productos especialmente formulados para evitar que tu piel, ese auténtico damnificado del cambio climático que tantos malnacidos preocupados por focas, abetos o malvineses habían dejado de lado hasta hora, siga sufriendo los rigores de tamaño problema que debe ser atajado cuanto antes. Tu cutis así lo reclama. Pero a la voz de ya.

26 Marzo 2008

Parece que pintan bastos en lo que se refiere al jugador brasileño del F.C. Barcelona. Por lo que se ve, no debe estar a gusto con el simple hecho de que en un mundo tan complejo e injusto como éste el muchacho tiene el resto de su vida resuelta sólo porque sabe (¿sabía?) hacer cosas con un juguete -pelota de fútbol- que la mayoría no podría por mucho que lo intentase, así que se dedica a pegarse la vida padre -aún más- con unas juergas nocturnas de las que hacen época. Por lo visto, como su rendimiento futbolero ha bajado lo suyo, ya se está pensando en empaquetarlo rumbo a algún club turco o similar que se deje una pasta por aquí, y a los aficionados al balompié en general esto les parece una pérdida. A mí, como el fútbol ni me va ni me viene, reconozco que la noticia, si se confirma, me alegra bastante. Y no porque tenga nada en contra del muchacho salvo afearle su absoluto desprecio al currante medio, ni porque desee fastidiar las tardes de domingo a los fans de la pelotita. No. En realidad, como soy un bicho raro, me alegro porque así conseguimos dejar de ver a Ronaldinho, y la madre de Ronaldinho, y el hermano de Ronaldinho, y a los imitadores de Ronaldinho en general, aparecer en tres de cada cuatro anuncios televisados a todas horas, cual plaga bíblica. Porque si se puede llegar a entender que un astro deportivo sirva para vender cualquier cosa, lo de su señora madre primero, y lo de su hermano después, ya clamaba al cielo. Ver a prácticamente toda la familia del jugador repartida por los minutos de publicidad de las cadenas vendiendo casi de todo era la leche. Qué descanso, por Dios.

Sobre todo me imagino lo que ha tenido que ser en la sede de los creativos de la marca de desodorantes que planteaban que el numeroso sudor del jugador, ejemplo de trabajo diario, sólo podía ser combatido con la marca que le contrató. Pues anda que no se pueden hacer ahora coñas al respecto sobre lo rápido que ha desaparecido el sudor del futbolista. Espero, por una cuestión de higiene moral, que la lumbrera responsable de tamaña metedura de pata haya sido puesta de patitas en la calle a la voz de ya.

Por otro lado, siempre viene bien confirmar que la famosa Maldición de las Natillas Danone, que por si no lo sabíais deja prácticamente en mantillas la de Tutankamon, sigue estando en plena forma y se ha cobrado una nueva víctima propiciatoria; cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Haced, haced memoria de los involucrados en los susodichos anuncios antes del otrora astro brasileño, y luego me contáis.

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3 Marzo 2008

Apreciado señor fabricante:

Reconozco que, por enésima vez, piqué como un pardillo cualquiera. Y eso que tenía acumuladas malas experiencia de tiempos pasados, que para qué le voy a contar. Pero de nuevo su publicidad, en la que un tipo con, como mucho, media hostia, y que talmente podría ser yo mismo por lo tirillas, se veía rodeado de modelos de pasarela pero de las de 100 de pecho, subyugadas en parte (es un suponer) por la irresistible fragancia de sus desodorantes, pero también (y de nuevo es un suponer) gracias a las ocultas pero seguramente ciertas gracias con las que el tipejo en cuestión (o sea, yo mismo desde otro punto de vista) fue regalado por la naturaleza, me hizo creer que lo mismo todo aquello podría ser verdad.

Pero no. Tengo que decir que, de nuevo, a mí el prometido (y muy prometedor) efecto ese no me ha funcionado. Mira que me he vaciado botes del susodicho producto que ustedes fabrican como para abrir un nuevo agujero de ozono a la altura del mar cantábrico, pero ni por esas. El otrora abundante pelo de mis sobacos se ha vuelto curiosa y extrañamente quebradizo tras multitud de usos del desodorante de sus amores; de hecho, ha llegado un momento en el que tenía que caminar con los brazos ligeramente levantados para evitar roces y heridas varias mientras pensaba en lo que tienen que pasar los esquimales cuando el invierno arrecia. Pues bueno, debo decir que ni una sola de esas chicas que salen en los anuncios (de hecho, ni siquiera alguna que jamás saldrían en los anuncios) se ha dignado a acercarse hasta mi persona, víctima de esa especie de imán odorífero impepinable que me habían prometido con su publicidad tantas veces repetida.

Comprenderá que me sienta vilmente estafado, porque cuando uno se dedica a utilizar desodorante como quien se trajina cervezas para combatir esa caló, joé, lo menos que se espera, si tanto anuncio le ha convencido, es que algo de lo prometido suceda. Y cuando uno se ha quedado con cara de bobo y un palpitante dolor de gónadas tras una noche de continuados fracasos, alguna que otra carcajada malvada, y un par de bofetones, lo mínimo que se plantea es el poner un pleito a la compañía, tanto por daños morales como psicológicos. Y también por las hostias recibidas, por cierto.

Sé que le puede parecer una tontería vacua, una vana amenaza que no irá a ninguna parte, y que probablemente se tomará todo esto a coña marinera. Así que sólo deseo recordarle que unas risitas parecidas se le escucharon a las tabacaleras norteamericanas hace algunos años, y no vea la cara que se les quedó cuando comenzaron a verse obligados a soltar la pasta porque multitud de usuarios descubrieron de pronto que el tabaco hacía pupita. Uno avisa porque es hombre de bien y educado, que conste.

Se despide afectuosamente,

Un cliente cabreado, mosqueado, y engañado.



P.D.: Y mi natural elegancia me ha hecho obviar los múltiples problemas de escozor, picores varios, y encogimiento testicular, derivados del uso de sus productos directamente en la bisectriz. Pero de momento dejo tan escabrosos detalles para las preliminares del juicio.

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Sobre Volvemos después de la publicidad

Bajo el nombre de guerra de Darkpadawan se esconde un ingeniero técnico en la treintena, nacido en el mismo Bilbao, con las vocaciones frustradas de escritor, músico y cineasta. Aficionado a cuestionarlo todo, he encontrado en la publicidad un inestimable filón para comprobar hasta qué punto el mundo en el que vivimos no funciona. Como me gusta escribir, era obvio que algún día terminaría por aquí.

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