“Quería tan sólo intentar vivir lo que tendía a brotar espontáneamente de mí ¿Por qué habría de serme tan difícil?”. Eso digo yo, porqué es tan complicado contestar a esta pregunta. A lo largo de nuestras vidas llegamos en muchas ocasiones a un punto en que no sabemos seguir adelante. Cómo mirar al exterior, si el mundo es un espejo y ante sus exigencias que cumplir, sólo se refleja un país devastado, en violencia contra sí mismo. La contestación a la pregunta que planteo al principio de este post es el comienzo de uno de los libros más fascinante que jamás he leído.
La persona que escribió Demian, tuvo la lucidez suficiente para vislumbrar que su única salvación fuera y dentro de su ser, consistía en registrar su lucha interior y que la novela sólo podía tener un posible término: la victoria final sobre sí mismo.
Estamos en 1917, en aquel momento no podía haber piedad para la humanidad, todos contra todos por culpa de un mecanismo de alianzas y débitos de favores entre países, los cuales nadie que se dejó la vida en los campos de batalla entendió muy bien como funcionaban.
Herman Hesse, que se encuentra en Suiza, siente como suya parte de la culpa por esta guerra, la crisis creativa le deja prácticamente mudo, pero no solo eso, todos los valores inculcados que durante todos estos años ha potenciado con reflexiones y pensamientos han llevado a una ratonera, a una carnicería sin fin. A lo largo de su vida había llegado en diversas ocasiones a un punto en el que no sabía como avanzar, pero esta vez era distinto. Ninguna crisis había hecho que se volviera contra sí mismo. La hace personal, generando una violencia interior que le culpa por haber intentado ser algo que no es.
En el otoño de ese mismo año, estimulado por el psicoterapeuta Lanz, Hesse comienza a llevar un “diario de sueños”. El escritor cree encontrar una manera de salir de su atolladero respondiendo a los enigmas que le plantean su subconsciente. Lejos de la racionalidad que hasta ahora ha guiado su camino, cree con esta nueva etapa conseguir soñar imágenes poéticas propias que le sirvan como respuesta. Pero todavía le falta encontrar esa visión que le de la contestación de cómo vencer esa lucha interior.
En uno de los sueños anotados le sale al encuentro un "personaje nocturno" que está borracho, es un varón llamado “Demian”. En el sueño, Hesse lucha contra él y es vencido. Esta derrota, más que vergonzosa, es un estímulo, porque desde entonces se siente cada vez más atraído hacia Demian.
El sueño incita de nuevo a Hesse a escribir. Desde el comienzo de la guerra apenas ha producido nada, con excepción de reseñas y artículos de prensa. Se siente preparado, pero no quiere forzar nada, esta vez no debe ser artificial, sino que prefiere aguardar a que algo brote espontáneamente. Se encuentra en ese punto, al que llegan muchos escritores, que después de haber dirigido el timón de su creación, esperan que su talento sea ese barco robusto y equipado, que sepa navegar en cuanto despliegue las velas hacia donde la creación lo lleve. Y el viento vino de golpe con la historia de Demian, que no le deja ya sosiego y la pone por escrito en unas cuantas semanas. Por la escasez de papel va mecanografiando el manuscrito en el reverso de las cartas recibidas de las autoridades de Berna.
El resultado es lo que los alemanes llaman una Bildungsroman o novela de formación. En el fondo es la historia de la propia evolución de Hesse, desde que vivió en la casa paterna de Calw, hasta que llegó a ser escritor famoso. El personaje principal de la obra es el joven Sinclair que desde el primer capítulo, con una visión que se antoja infantil, hace la distinción de dos mundos: el cálido y seguro creado por la seguridad del hogar, donde todo estaba organizado, no había inequívocos y complicaciones siempre que siguieras las reglas, y el mundo exterior, donde todo es cambiante, donde existían los problemas, donde era difícil distinguir los bueno de lo malo.
Todo cambia cuando conoce a Max Demian, que poco a poco le proporciona el impulso para ir cuestionando un mundo sólidamente estructurado. Curioso es el capítulo que tras una clase de religión Demian le explica a Sinclair, más hallá de una lección religiosa, rígida e incuestionable, que pueden existir múltiples explicaciones del estigma de Caín, de porque esta sociedad se empeña una y otra vez en marcar a los individuos. Poco a poco, el protagonista lucha contra sí mismo, dando rodeos y siguiendo muchas veces rutas equivocadas, hasta llegar a la intuición que generó todo. Al final, el camino que le muestra Demian se extiende a lo personal, conoce a la madre de éste, de la que se siente fascinado comprendiendo de esta forma la educación que recibió su amigo.
Para Hesse a lo largo de su vida llegar hasta el final significó siempre plantearse la religión. “Nunca he vivido sin religión y no podría vivir sin ella ni un solo día”, para Hesse la religión nunca significó proposiciones de fe o pertenecer a una comunidad, sino una “emoción honda”. Demian fue el comienzo de todo, de una metamorfosis que le hizo pasar de tener fe a ser un hombre de fe. De aquello que he en muchas ocasiones he comentado en algunos post: rechazar las respuestas dadas y dogmáticas impuestas por una religión, para pasar a buscar tus propias respuestas. Fue el comienzo de dejar constancia por escrito de la idea de intentar sentir esa voz interior que todos tenemos.
Al final del libro, Sinclair no necesita ya de quien le ha guiado. Más aún, se da cuenta de que Demian no era propiamente un guía, sino que, como un demonio interior, despertó las respuestas que habían estado ya siempre presente en él. Hesse creyó cerrar círculo con arreglo al lema que comienza el libro y este post: “Yo sólo quise tratar de vivir aquello que espontáneamente quería salir de mí. ¿Por qué fue tan difícil lograrlo?”.
No sería así, la búsqueda le llevaría toda su vida, libros como el Lobo estepario o Siddhartha son testimonios de ello. Por el camino la gloria: el Premio Nobel y el reconocimiento mundial. Nada comparable, creo yo, con la satisfacción de haberse planteado un día aquella pregunta. De llegar al convencimiento de que todos los seres humanos guardamos dentro la contradicción de poder ser una obra maestra si llegamos a ser conscientes de que nuestro mejor patrimonio son nuestros sentimientos, pero que también tenemos intrínseca la dificultad de expresarlos. Hesse, comenzó con esta obra a recorrer un arduo camino de sentimiento,pensamiento y consecución, obteniendo una gloria, la mayoría de las veces invisible, pero inmensamente satisfactoria.
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servido por davichof
14 comentarios
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bantabah dijo
Muy interesante...un viaje iniciático, una búsqueda interior...lograrlo debe ser, como dices, realmente emocionante.
Un beso, Davichof. Un placer leerte.
23 Mayo 2008 | 05:59 PM