Hoy os voy a dejar parte de un artículo que considero (al contrario que los paises de la última cumbre) de vital importancia...., pero claro, yo no tengo intereses en el petróleo como Rusia, ni la economía desacelerada como EEUU, yo tengo una mísera nómina, como verde y procuro andar o ir en bici...

El deshielo descubre nuevos intereses en el Artico, los países con límites territoriales como Canadá, reclama el derecho a controlar el paso y anunció el pasado agosto, que va a construir una base militar con mil personas, en un asentamiento donde hoy apenas residen 200 inuit.
Justo una semana antes , dos batiscafos rusos habían descendido a 4.200 metros en el Artico para plantar una bandera y reclamar un área gas y petróleo.
EEUU, Noruega y dinamarca han puesto en marcha estudios geológicos para armarse de razones cuando se ponga en serio el debate sobre la soberanía de los recursos que el deshielo esta liberando.
Nadie preveía que el paso del noroeste quedaría abierto tan pronto, así es que todas las alternativas para sacar beneficio del deshielo, están siendo estudiadas con muchísimo interés.

el aumento que cambió el planeta....
información recopilada de lo que puede provocar el aumento grado por grado según Mark Lynas en su libro “Six degreés” (seis grados).
Un grado más: se acabaría el hielo del Ártico.
Lynas plantea la desaparición del hielo del Ártico durante medio año si la temperatura sube solo un grado centígrado más. Liberación de gases tóxicos congelados como el DDT mortales para los animales y el hombre. Además, las mareas podrían sumergir todas las viviendas de la costa de la Bahía de Bengala, entre Birmania e India, donde habitan más de un millón de personas. Habría huracanes en el Atlántico Sur, sequías severas en el oeste de Estados Unidos donde se ubican ciudades como San Diego, San Francisco, Las Vegas y Los Ángeles y se verían cambios inesperados en la agricultura de Inglaterra, donde hay más de 400 viñedos.
Más 2 grados: se acabarían las barreras de coral.
Se aceleraría el derretimiento de los glaciares de Groenlandia. Del glaciar Jakobshavn se desprenderían porciones de hielo que si se derritieran serían suficientes para abastecer con agua potable a todos los habitantes de Nueva York por un año. La extinción de los osos polares no tendría vuelta atrás y los insectos podrían comenzar a migrar a muchas regiones que se han vuelto más templadas, un hecho que ya es evidente en regiones de Brasil, Venezuela y Colombia. La isla-nación de Tuvalu, en el Pacífico sur, podría quedar sumergida por las mareas y las barreras de coral desaparecerían, porque no resistirían el aumento de la temperatura del agua.
Más 3 grados: la amenaza caería sobre la selva del Amazonas.
La nieve de los Alpes se derretiría y las olas de calor serían habituales en el Mediterráneo y en la mitad de Europa central.
Los huracanes de categoría 6, peores que ‘Katrina’, serían más frecuentes y la selva del Amazonas podría desaparecer por la proliferación de incendios.
Más 4 grados: desaparecerían Venecia y parcialmente Bangladesh y Egipto.
El derretimiento de los glaciares del Himalaya, que alimentan el río Ganges, se produciría antes del 2035.
La inundaciones serían frecuentes. Sin nieve que produzca agua, habría hambrunas en la mayor parte de la Tierra.
El norte de Canadá se convertiría en la zona agrícola más prolífica del planeta y los hielos del oeste de la Antártida podrían colapsar elevando el nivel del mar hasta la destrucción de zonas costeras de América Latina.
Más 5 grados: no habría agua para Los Ángeles, El Cairo, Lima o Bombay.
Ante un escenario de este tipo, la guerra por el líquido sería inminente, una situación de emigraciones y hambrunas insostenible.
Más 6 grados: nos devolveríamos al periodo Cretácico.
Por falta de nutrientes, y ante la extinción de más del 70 por ciento de las especies, el océano se vería azul brillante. Los desiertos avanzarían sobre los continentes y muchas de las principales ciudades del mundo, como Nueva York, resultarían sumergidas.
El mundo podría parecerse al período Cretácico, 144 millones de años atrás, en el que solamente un 18 por ciento de la superficie de la Tierra estaba sobre el nivel de las aguas, cifra que hoy se acerca al 30 por ciento.
