EN EL PEKIN MÁS TRANQUILO
Nuestra última excursión aquí ha sido al Pekín que normalmente no se ve, la parte más pobre y tranquila de la ciudad. Son barrios repletos de estrechos callejones que aquí se llaman “hutongs”. Las casas aquí son modestas y se distribuyen en torno a un patio cuadrado en el que no faltan: agua, peces, plantas y pájaros.
La visita empezó a bordo de uno de esos triciclos con remolque que se ven en las pelis y en los que se va de miedo, aunque los conductores son un poco suicidas, igual que los taxistas. En realidad, en Pekín los coches llevan intermitentes, pero deben ser de adorno porque nunca los usan; o al menos, no los hemos visto funcionar en este viaje…
Después de un largo (y divertido para las niñas) paseo, llegamos a visitar una verdadera casa pekinesa. El chino de las fotos es el dueño. Nos la enseñó gustoso y encantado de recibirnos y explicarnos que su familia vive allí desde hace varias generaciones y otras cosas curiosas. Por ejemplo, las habitaciones de la casa tienen dueño fijo: la que da al sur, más calentita, para los abuelos; la del este que ve el sol salir es para el hijo varón, más considerado que las hermanas a las que les toca la del oeste, por el simple hecho de ser mujeres…
Luego hemos subido de nuevo a los triciclos para ir hasta una guardería pública donde las niñas nos han cantado una canción y hemos visto cómo es un día en el cole. Ha resultado muy entrañable ver a los niños, o quizá sea que vamos con los sentimientos a flor de piel.
A mediodía, mercado de las imitaciones. Una verdadera locura. Un edificio de 6 plantas llenas de tenderetes con todo tipo de falsificaciones: relojes, informática, maletas, bolsos, ropa de niños, artesanía, juegos, zapatos y ropa de marca, mucha ropa de las marcas de ropa más conocidas a precios absolutamente ridículos. Ellos empiezan pidiendo muchísimo dinero y tú tienes que regatear un buen rato. Por poneros un ejemplo, le he comprado a Guille camisetas que, en principio, valían 36 euros por 2 euros… o polos para Rafa de 40 euros a 3… La primera vez resulta divertido, pero al final cansa mucho la discusión porque te agarran del brazo y no te sueltan. Guille estaba ya harto de que todas las chinas le dijeran que era guapísimo y que vaya ojazos que tenía (el otro día en
Antes de que me olvide ¿alguien quiere algo de las olimpiadas de Beijing 2008? Mamá, se que alguien del cole coleccionaba pins, pero no me acuerdo quien es…
Mañana vamos al consulado a por los visados de las niñas para poder salir de China y después recorreremos unos cuantos el centro peatonal. Ya nos queda muy poquito para volver a casa y todos tenemos muchas ganas de regresar. Pero también nos apena dejar este país porque, a pesar del calor, la comida, los olores, los galipazos y las incomodidades que hemos pasado, su cultura y su gente nos han enamorado. Tanto que hemos prometido volver… algún día.
Guillermo me ha dicho esta tarde que cuando se vaya de aquí va a llorar… yo creo que a todos se nos van a saltar las lágrimas cuando tengamos que decir adiós a Caty y a Elena. Las dos han sido guías y amigas estos 20 días, sin ellas nada hubiera sido igual. Nos las llevamos en fotos y también en el corazón…
Los ronquidos que escucháis de fondo son de mis dos chicos. Voy a hacerles compañía. Besitos, Consuelo.
El Beijin más auténtico, tradicional y tranquilo.
Los taxis-bici esperándonos.
Irene Leijing y Rafa fueron los primeros en subirse.
Y luego, lo hizo Consuelo. Guille se fue con Caty y Elena, las guías.
Irene Leijing en brazos de su padre en el callejón de la casa pekinesa.
Guille, en el patio central de la casa con los pájaros.
Detalle de una de las puertas de una de las habitaciones que dan al patio.
El patio recuerda al de las casas de vecinos de España de hace más de 50 años.
Parte de la familia sentada en el salón de la casa.
El escritorio, con la prensa del día y el polvo de semanas.
La despensa, o algo parecido.
La cocina, mejor no mirarla.
El salón de la casa con todos sus detalles y la tele tapada.
Esto no lo supera ni Almodóvar.
El feliz dueño de la casa al despedirnos.
Y fuera, una improvisada barbería en la calle. Aquí rapando a un niño.
Y aquí, pelando a un viejo.
Guille con algunas de la niñas de la guardería pública.
Guille con Míriam y Rocío.


M. Mar Rosell dijo
Hola, otra vez:
Hoy, por fin, me he sentado un ratito para leeros y ver más despacio las fotos. Desde el otro día que os llamé a casa para ver qué tal estabais y me dijo "Consuelo abu-ya bisa" que habíais ido a recoger a Irene, apenas he vuelto a tener tiempo.
Ese día os escribí un poquito para que supierais que ya os seguimos. Pero, con las prisas, coloqué el mensaje en otro día anterior. Y claro, se ha perdido por ahí, por el pasado.
Pues eso: ya os vemos. Y me da la impresión -por las fotos- de que cuando lleguéis aquí será como si siempre hubierais estado juntos... Que no hará falta esperar mucho más tiempo, porque se os ve cada vez más relajados. ¡Qué bien!... Estábamos hablando aquí de que va a haber que hacer un viaje pronto al sur. Guille está que ya no le conocemos y a Irene hay que recibirla en condiciones. No sé cuándo podremos o, al menos yo. Así que ya hablaremos.
Rafa: mantén el tipo. Tienes una pinta de estar preparado para que tu niña te tome el pelo, que no te lo imaginas. Consuelo, pon orden, no dejes a mi amigo que caiga en la lamentable situación de los papás a los que se les cae la baba. Edad empieza a tener para ello. Así que, por favor... Y si no, intervén tú, Guille. Ya me contarás qué tal van las cosas en esa casa. Creo que vas a ser tú el que imponga la cordura.
Marta y Dani estuvieron también viendoos el domingo cuando vinieron a comer. Me dieron besos para todos. Así que aprovecho para mandároslos. Y de Ele, que está aquí conmigo.
Miles de besos para los cuatro.
M. Mar
12 Junio 2007 | 05:08 PM