Otra vez caí en la tentación y le compré a los niños una mascota. Esta vez una tortuga por aquello que es más fácil de cuidar que un pájaro y por supuesto mejor que perros, gatos, cobayas, ardillas y toda serie de mascotas. La compramos en Sábado pasado con todos sus avíos, un estanque con su palmerita de plástico verde enmedio, su zona de tomar el sol y el bote de camarones, que es lo que se supone que comen. La señora de la tienda sólo nos advirtió que deberíamos ponerla al sol cada día y que el agua en esta época no debería estar demasiado fría.
Ha caido en letargo.
La tortuga, se me ocurren muchos adjetivos pero ninguno suave, se pasa todo el día con la cabeza dentro de la concha. O por lo menos siempre que yo me asomo a verla. Debe sacarla porque moverse se mueve, apareciendo en distintas partes del acuario. Pero a mí me tiene completamente en un sinvivir ¿se habrá muerto ya?, me está empezando a crear un complejo de que tenemos mala suerte o mala mano con los animales.
Angélica dice que ella tuvo tortugas en su casa en un barreño en la azotea y que duraron mucho tiempo casi sin cuidados, y la tortuga Diana mortificandome escondiendo su pequeña cabeza en su caparazón.
Por Dios, que nos dure y se aclimate porque el pájaro voló pero como no digamos que Diana se tiró por el balcón porque vió pasar a sus amigas de parranda.
Rosa
23 Mar 2007 | 01:05 PM
Gracias por los ánimos... estamos acojonados con la tortuga y la impresión que le puede dar a los niños si se muere!!!