Yo no soy un sobón de metro.
Soy autista a tiempo parcial. Cuando leo y el libro me gusta. Cuando escucho música. Cuando pienso en algo. Se me va la cabeza. Me pierdo. Desconecto.
Ya puede pasar lo que sea. Yo, metido en mí mismo, ni me entero.
Aclarado ésto, os cuento lo que me ha pasado en el Metro de Madrid.
Lunes, 8 de la mañana. Línea 10. El vagón atestado de gente. Bueno, debería decir apestado de gente. Se nota el poquito apego al gel que tenemos. Y a la pasta de dientes. Sólo falta el cuesco mañanero del obrero.
Vamos como piojo en costura. Me aferro a una de las barras y abro mi libro. Y me aíslo.
Llevo un rato así cuando alguien me da en el hombro. Una voz chillona me devuelve a la realidad.
- Perdooooonaaaaaaaaaaa.
- ¿Sí? - contesto con gesto de "despertarme".
- Es queeee... llevas media hora con el codo tocándome el pecho. Y estoy aguantando, pero, si no te importa, lo quitas.
La que así me dice es una señora de unos 50 tacos. Podría ser mi madre. Bueno, podría ser la madre de un orco, porque era más fea que Cristina Almeida poniéndose un supositorio. Miro su teta. Me pongo como un tomate, apenas me sale un "perdón, perdóneme... yo.. lo siento" y me muevo a otro sitio.
Siento la mirada de todo el vagón. He pasado de ser un ser humano a convertirme en el violador de la línea 10. Si junto a la palanca del freno de emergencia hubiera una que pusiera "Castracción física" creo que todos hubieran tirado de ella.
No dije nada más. La señora podría habérmelo dicho de otra forma, en voz baja. Pero no, lo hizo aposta, para dejarme bien en ridículo.
No reaccioné, me quedé cortadísimo. Y, ahora, cada vez que lo pienso, me vienen escenas de ultraviolencia a la cabeza. ¿Por qué no reaccioné? Tenía que haberla contestado algo así como:
- Mira qué bien, momia, que te tocan la teta sin tener que pagar... ¿hacía tiempo, eh?
O haberla estrangulado con los pelos de su propio bigote.
Si más que el codo, podría clavarle el talón, que tenía los pechos más caídos que un hosting gratuito.
Hija de puta. Ojalá tu amiguito a pilas, el único que te toca (aparte de mi codo, claro) te electrocute.
Esquerosa. Boba. Salida. Pelleja.
Ahora, cada vez que cojo el metro a la misma hora... siento todas las miradas clavadas en mí. Oigo susurros "Mira, el toca tetas" "Cuidado, cari, ponte en la esquina, que no quita el ojo de tu pezón".
Has arruinado mi vida en el transporte público.
Por eso yo, desde este blog, te grito lo que no supe gritarte en el momento:
ME CAGO EN TU TETA, CHEWACCA.




Alonso dijo
JAjajajajajaaaaaa
Has hecho que me parta de risa, jajajaja
Siento mucho lo que te ha pasado, pero visto desde fuera y tal y como lo cuentas, jajajaja
Solo te digo que esas señoras no solo se encuentran en el metro asi que ten cuidado que ademas seguro que se lo ha ido contando a las amigas y ya eres mas que un tocador de tetas codal!!!
jajajaja
TadEU
22 Febrero 2008 | 01:35 PM