Eugenio, el conejo, estaba enfermo de mixomatosis. Una enfermedad muy común en ellos que arrasa con la vida de muchos individuos. Sus ojos pegados, unidos por un grumoso fluido purulento, inflamados, ciegos. Flaco y pulgoso, lleno de garrapatas, hongos, sus testículos inflamados, pequeñas tumoraciones en el hocico. Lo cogimos sin dificultad del terreno agreste, lugar en el que este animal vive, alimentándose de la paja seca dejada por el verano. Lo metimos en el coche.

El veterinario nos contó que la mixomatosis es una enfermedad de origen vírico, mortal en la naturaleza en dos semanas, si ningún depredador se anticipa antes, pero que puede tratarse. El virus ataca las mucosas, creando heridas y llagas, que son bien aprovechadas e infectadas por las bacterias (esos animales no sintientes, que tanto bien y tanto mal hacen), privándole de defensas, dejándole ciego y provocando apatía y falta de apetito. Esas infecciones son las que finalmente le provocan al animal la muerte, y la falta de alimentación, así como la indefensión ante posibles ataques, por lo que eliminando las infecciones, curándole las heridas, sobre todo los ojos, e incitando su apetito, es posible y muy probable una recuperación exitosa.
Eugenio le pusimos de nombre, pues era el nombre que había puesto en la caja de cartón que nos dieron nuestros amigos, para llevarle, el nombre del padre de uno de ellos. Como agradeceros vuestros esfuerzos, amigos.
Al salir de la clínica, muy por la noche ya, se volvió a repetir la escena. De nuevo una conejita, más joven quizá que Eugenio, acurrucada en la calzada. Otra víctima de la enfermedad. ¿Qué podíamos hacer? ¿Y si tenía otra enfermedad y se contagiaban mutuamente?... decidimos rescatarla de una muerte segura y dolorosa. Si no por el asfalto con sus aplastantes ruedas, sí por la enfermedad agónica.

Ya antes de llegar a casa, retiré de la calzada otro conejo anónimo, del sucio y gris asfalto. Uno más atropellado por nuestra ¿imperiosa necesidad? de trasladarnos a toda velocidad, por nuestra imprudencia y falta de respeto al hogar de los demás. Este estaba sano.

Fue llegar a casa y, a los pocos minutos, Eugenia falleció ante nuestros ojos. No hubo ninguna posibilidad, nada que hacer a esas horas de madrugada. Sin veterinario, ni experiencia, ni conocimientos, aplicamos el mismo tratamiento a esa jovencita, pero no hubo opción. Murió dejándonos tristes y desamparados, exhaustos.
Eugenio, sin embargo, pareció adaptarse bien en su pequeño hospital de campaña, muy casero e improvisado, pero creemos que le resultó acogedor. Una caja de cartón suficientemente amplia, con mantita, empapador, cestito de pienso de conejo y agua. Así estuvo todos estos días (ni una semana), recuperándose poco a poco, cada vez más animado y despabilado. Sus ojos parecían mejorar y su apetito crecía. Las curas eran cada vez más dificultosas debido a la fuerza que estaba adquiriendo, se revelaba, mordía en ocasiones con esos enormes dientecitos. Vitaminas, antibiótico, desinfección, comida, agua, cariño y tranquilidad, evitandole todo estres posible, es lo que se le ha dado. Pero algo anoche no parecía ir bien y esta mañana... se ha confirmado.

Ya solo me resta pensar que no haya sufrido más de la cuenta, tras unos agónicos minutos de convulsiones y pataleos. La enfermedad debía estar más avanzada de lo que creíamos, o quizás, algo hicimos mal al tratar su enfermedad. No lo sé, pero intentaremos enterarnos que le ha sucedido, porque parecía que se estaba recuperando sin problemas, antes de ser liberado a la naturaleza de nuevo, cuando mejorase y estuviese en perfecto estado de salud. Es importante para la vida de otros que puedan necesitar nuestro auxilio, para otros que puedan pedir su Derecho de Auxilio, como dice Tom Reagan en “Jaulas vacías”.
No nos arrepentimos de haber intervenido. No vamos por ahí buscando animales enfermos para ayudarles. La vida es muy cruel y nuestro tiempo y recursos limitados... muy limitados para tanto sufrimiento. Pero aquel con el que nos topamos, le ayudamos. Creemos que es un derecho que tenemos todos los que somos capaces de sufrir. Es una necesidad que no se puede obviar y si se puede, se auxilia, se ayuda en la medida de lo posible. Soñábamos con un lugar idílico y bucólico para Eugenio y Eugenia. Ya estábamos buscándolo. Sucederá ahora en nuestros sueños y, seguro, se hará realidad para otros con los que nos crucemos por el camino y lo necesiten.
Mi última reflexión es para todos aquellos que, a diferencia de ellos, no han visto siquiera la luz del Sol. Eugenio vivió en libertad y pudo relacionarse como un conejo con los suyos. Sin embargo, miles de millones de conejos en España son criados en cautividad, en minúsculas celdas, jaulas de metal que les arruinan, que les hacen la vida miserable y tortuosa, para llegado un día concreto, ser matados para consumir sus músculos y piel. Degollados en vivo colgados cabeza abajo, despellejados y descuartizados. Quizás a día de hoy, no podamos afrontar el reto de erradicar todo sufrimiento en la naturaleza, pero si podemos erradicar la esclavitud, tortura y muerte de nuestros pequeños hermanos de vida, siendo veganos, no demandando sus cadáveres. Libérate de ataduras y convencionalismos, porque no necesitamos de sus cuerpos ni para vivir ni para vestir. Su sufrimiento es igual que el tuyo y su vida tan suya como la tuya es sólo de tí mismo.
MATADEROS | Conejos - SLAUGHTERHOUSES | Rabbits, de la investigación Mataderos, de Igualdad Animal.






Sentir Bajo el Agua













Irene
20 sep 2008 | 01:41 PM
Pobrecill@s, lo que han debido de sufrir. Pero al menos me alegro de que hayan pasado sus últimos días con personas que les ofrecieron ayuda y mucho cariño. Eso para ell@s es una gran diferencia. Y al menos con esta experiencia sabréis qué hacer en caso de ver otro conejo con este mismo problema, porque cada individuo, independientemente de la especie que sea, se merece nuestra ayuda ya que se la podemos dar.
Saludos veganos!
diario-v
21 sep 2008 | 12:38 AM
Gracias Irene por tus ánimos!
Esperamos encontrar alguna razón que explique su muerte si, como decía, todo parecía ir bien, para que, si surgiese una situaición similar, tengamos claro como ayudar de la mejor manera.
Un abrazo vegano!
Laura
23 sep 2008 | 04:20 PM
Al menos esos conejos tuvieron la suerte de toparse con vosotros y sus ultimos días los pasaron entre las mejores manos y no entre las ruedas de un coche.
Todos deberíamos tener tan buen corazon como vosotros y seguir el ejemplo ;)
Un abrazoo!
Sharon
23 sep 2008 | 04:54 PM
Lo siento muchisimo, aunque al menos tuvo la suerte de pasar sus últimos días con gente maravillosa que le cuido y se preocupaba por el y no de morir agonizando en la carretera.
Un abrazo muy fuerte campeones!
Pablo
24 sep 2008 | 01:40 AM
Jo, me pasaba por vuestro blog ha echar un ojo, a ver qué tal y me encuentro con esta noticia. Lo siento mucho. Ha debido ser muy duro. Pero como pasó con otros, como Barry, al menos tuvo unos días felices, gracias a vosotros. Gracias por ser como sois. Un abrazo.
diario-v
24 sep 2008 | 12:41 PM
Laura, Sharon y Pablo,
joer, se agradecen vuestros ánimos. Lo cierto es que fué una semana muy dura, física y emocionalmente. "Vemos" su sufrimiento y, por momentos, nos ponemos en su piel, en la medida de lo posible. Carol muchísimo más, además, ella es muy empática y muy exigente con las curas, limpieza y medicaciones.
Casi seguro que Eugenio ha estado mejor en casa que ciego y dolorido en el campo, pero en casa también ha pasado miedo. El caso de Eugenia es diferente porque en sus últimos momentos, seguro solo sintió miedo y la enfermedad la fulminó justo al llegar a casa.
Un abrazo a todos!
silvy
24 sep 2008 | 06:28 PM
Hola.
Me da mucha lastmia lo que les sucedió a los conejos pero hicisteis lo que pudisteis.
Un saludo