Escena #1.

Caminando de vuelta a casa, me encuentro con un cubo de la basura frente a un bar de Madrid. En su interior, asomando por la tapa, unas manos de cerdo se muestran, con toda crudeza, como una moderna obra de arte moderno, a aquel que por allí pasase. Ahora ya son solo trozos de individuos muertos, desgarrados sus músculos, fisurados sus huesos, arrancada su piel, seccionados sus nervios. Esas manos, pertenecían a individuos que igual que nosotros, querían vivir y sabían quienes eran. Sólo obtuvieron hacinamiento, prisión, golpes... separados de los suyos, fueron mutilados, asesinados, descuartizados.
Escena #2.

Recordé otra imagen impactante y brutal, la de "La Mano" de © Todd Maisel, hecha el mismo día de los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York, en 2001, foto que tras su publicación, generó un gran escándalo. Igualmente, esa mano, pertenecía a alguien, que también sabía quien era, que quería vivir libre y disfrutar de la vida, que también sentía y se relacionaba con los suyos.
Un cerdo no es un humano, ni un humano un cerdo. Hay muchas diferencias, tanto en las generalidades como en pequeños detalles. También muchas similitudes. Y, sin embargo, todos esos individuos que perdieron sus manos, podían hacer algo igual, que sólo a ellos les concernía, que movía sus vidas y que merecía ser respetado: sentir.
Escena #3.

Aunque nadie quiere la guerra, causa de la escena #2, probablemente, ni tú ni yo hubiesemos podido hacer nada por impedirla. Por contra, para detener la causa de la escena #1, todos tenemos la solución, con un sencillo cambio de hábitos en nuestro modo de alimentarnos: házte vegano.